PRIMERA PARTE
La sala de espera del médico tiene algo enigmático y magnético; es como si las preocupaciones, los dolores y los silencios de la gente ke pasó por allí en todos los años de uso, se hubiesen kedado pegadas a las paredes. Despues de diez minutos, se me han adherido a mí también, o esa es la única explicación ke encuentro para justificar la inkietud rara ke me tiene moviendo las piernas, como si algo fuese a pasar fuera de la norma, como si fuera a ocurrir algo fuera de mi control. Algún día debería aprender a soltar las riendas.
No me concentro. El libro ke vino conmigo para darle velocidad al reloj no sirve de nada y las agujas ahora conspiran en mi contra, mucho más pesadas; imaginar la vida de la gente a través de sus caras resulta al final más divertido, más entretenido e interesante; imaginar sus dolencias, el porké habrán ido a la consulta del médico, donde irán despues, si , por la cara, me caen bien o me caen mal, con kienes me iría a cenar.
Hay una anciana con dos niños ke no puede controlar y ke gritan y corren por el pasillo mientras recibe del resto de mujeres miradas con pupilas de censura, mientras ella se muestra contenta de verlos llenos de vitalidad. Hay una señora con el carrito de la compra y cara de mal humor. Hay un hombre solo con el pensamiento perdido por el suelo, ensimismado, tan triste ke parece congelado en la tristeza, como si el pavimento se lo fuese a tragar en cualkier instante. Hay dos mujeres de conversación interminable ke comentan cosas entre susurros mientras ahogan sus risas avergonzadas. Y luego hay una chica de treintaypocos ke me lanza ojos descaradamente. Sin ser guapa, resulta de un atractivo peculiar, su rostro brilla con el aire sano y deseable ke da lo inocente, lo no corrompido. Al encontrarse su mirada con la mía siento como si hubiera sido descubierto en mi labor secreta y abro el libro para hacer como ke leo, pero no. De reojo subo los ojos y ella sigue ahí, con la expresión amable y un aire raro, como si ya me conociera, como si kisiera decirme algo en el lenguaje de los ojos y yo no lo pudiera entender. Vuelvo al libro rapidamente. Por encima de los párpados noto sus pies ke se ponen en movimiento hacia mí y hundo más la cabeza, en un absurdo y vano intento a lo avestruz de esconderme en el libro. Se sienta a mi lado. Me hago el no encontradizo hasta ke me dice un Hola burbujeante para, sin esperar respuesta, preguntarme ¿No te acuerdas de mí?
Si ella supiera…Hace tanto tiempo ke renuncié a kedarme con las caras y con los nombres de la gente…Mi memoria no da para más…Me es imposible.Sin embargo, ha sido preguntarme y sí, hay algo familiar…Sus ojos separados…Su boca ke tiende a sonrisa, un cierto aire en su piel….
“Soy la hermana de XXX”
De pronto la consulta se hace tobogán, un torbellino de recuerdos y heridas de hace años ke es un cristal ke se rompe y me salta a la cara hecho mil pedazos ke duelen, ke arañan el alma, ke me dejan sin el verbo, aturdido, keriendo salir, tomar el aire. Hay cosas ke nunca se superan, ke nunca se cuentan a nadie, ke permanecen escondidas bajo cadenas y candados hasta ke por una ranura se escapan, y es tanta la presión, tanto el tiempo reprimidas ke estallan y lo trastocan todo. De la caja de Pandora de mi pasado se escapa también este sentimiento de vergüenza, viejo conocido, ke es alkitrán negro ke me mancha entero, pegajoso, imposible de tolerar; su sabor acre me llena la boca. Como una marea negra ke no ha perdido capacidad de destrucción, esa vergüenza antigua, lejana, esa vergüenza ke durante noches me hizo retorcerme en la cama (como si fuera posible así desaparecer) vuelve tan fuerte como el primer día, y noto ke me arden las mejillas.
Pero como es posible ke ella se acuerde, me pregunto a continuación. Apenas fueron unos minutos, un monólogo y hace tanto ya de eso…Yo ni sikiera recordaba su cara minutos despues. Como si leyera el pensamiento, responde:
“Tú no te acuerdas pero nosotros nos conocíamos de antes, en un curso del XXX en XXX. Fuiste mi profesor durante dos meses.”
Más vergüenza encima de la vergüenza ke llevaba ya. Le doy las excusas de siempre ( excusas ke no lo son porke es la verdad); ke no retengo las caras, ke me es imposible, ke conozco a mucha gente al cabo de la semana, ke así es imposible, ke tengo muy mala cabeza, ke no me es posible…Ella sonríe afable y por momentos me va recordando cada vez más a su hermano; los ojos separados, los labios finos y chispazos de tristeza y alegría simultáneos en la mirada, un pekeño detalle ke los hacía a los dos muy característicos , con un punto especial; ella emana un aire ( ke también emanaba él) y ke daba ( y da) unas enormes ganas de kererlos abrazar, de protegerlos, de ke nada les pase si tú puedes evitarlo. Esa sensación hace ke nuestro encuentro todavía sea más inkietante y pertubador…Es como tenerlo a él cerca, tantos años despues. Los dos visten sin estridencias pero con un atuendo ke grita(ba) individualidad; el siempre iba de negro con un fular de color, distinto según el día, una especie de tarjeta donde se podía leer su estado emocional; eso lo supe luego, kizás si lo hubiera sabido en su momento… Ella lleva una camiseta hecha de recortes de telas de estampados estridentes pero ke en conjunto le iluminan la cara con luz primaveral. Ella, como él, hacían sentir rapidamente la sensación tan frágil y delicada de comodidad en su compañía, en confianza, saltando la fase conversación de ascensor para pasar directamente a la siguiente en la ke rapidamente te puedes relajar; a su al lado la vergüenza es menos vergüenza.
Hay algo en lo ke no se parecen; la voz; la de ella es más común, pero él…Tenía una voz hecha de susurros de terciopelo, melódicamente masculina, tan poéticamente involuntaria como natural, digna de perder todo el tiempo del mundo si era a él a kien había ke prestar atención mientras hablaba. Yo creo ke de lo ke más me enamoré es de su voz; alguien con una voz así sólo podía ser una buena y gran persona de la ke enamorarse, porke con la voz no se puede mentir. O eso me decía a mí mismo en un atake de empirismo basado en nada, basado en normas absurdas ke alguna vez creí ke regían el universo. Olvidaba en esos días ke la voz es como vapor ke vuela, desaparece y se va. Vapor ke calienta pero ke no es nada. Voz de la ke enamorarse.
Pero ke joven y ke gilipollas se puede llegar a ser.
Pregunta ké es de mi vida, como si guardáramos una vieja y olvidada amistad, pero estar con ella me calma y no me importa mantener una conversación banal ke huele a peligro a la vuelta de cada palabra, a marea negra ke me costará días limpiarme de la piel. En otro momento hubiera considerado nuestro encuentro como una señal, pero estuve en tratamiento, fustigándome con pensamientos todas las noches hasta ke por fin conseguí no pensar más ke el universo se rige por normas y señales y ke si uno está atento, las puede leer. Me ha hecho tanto daño pensar así ke es una de las pocas cosas ke, en serio, si me dieran a elegir, hubiera cambiado de mí mismo.
Es mentira.
No hay señales; todo es una cruel y absurda casualidad, así ke no hay posibilidad de interpretar nada; lo ke venga, viene de todos modos, y siempre, aunke lleves puesto un chaleco antibalas, serás alguien atado a la vía del tren ke escucha el pitido a lo lejos . Puto destino ilegible ke sólo se puede leer en pasado y ni sikiera por esas nos hace aprender. No sirve para nada. Es vapor ke vuela y ke se va.
El tiempo en la consulta pasa despacísimo, con agujas de plomo ke desaceleran su marcha a cada vuelta. Vienen unos, otros se van. Parece ke no fuera a llegar mi turno nunca. Me cuenta ke tiene un negocio, ke las cosas no van muy bien pero ke sale del paso y es relativamente feliz con su hija de pocos años y su marido. La conversación fluye y yo pregunto y me intereso, seguramente por desviar la atención de un tema ke apenas recordado me ha sacudido. Ella es una extraña pero con un matiz importante, decisivo; estaba allí, fue testigo de mi desnudez hecha ridículo integral , así ke tengo la misma impresión ke debe tener kien espera un chantaje; culpabilidad sin escapatoria, un error del ke no se puede huir.
La posibilidad de temas superficiales, sin sustancia, se nos va agotando, y el médico parece ke esta mañana se ha levantado con otro concepto del tiempo. Unos minutos de silencio en los ke yo miro para otro lado, haciéndome el ensimismado cuando es ke no; pura pose.
“Me encantó akello ke hiciste”, deja caer, con una normalidad ke me pasma.
Tiembla la sala de espera como si fuera papel.
El alkitrán. El sabor acre en la boca ke pide agua, mucha agua para disolver el sabor acre, el calor en las mejillas ke me kema el rostro. Sería inutil hacer como si no supiera de ké habla porke sólo nos vimos una vez ( o eso era lo ke yo creía) y fue precisamente en el justo y fatídico momento ke estuve años tratando de esconder en un cofre lleno de candados y cadenas, pero no ha servido de nada; sigue doliendo igual. Algo ha debido verme en la cara y contesta:
“Oye, no tienes porké avergonzarte. Mi hermano es buen tío, pero no se entera, nunca se ha enterado. Lo ke hiciste fue muy bonito y valiente, y debería darte igual ke ocurrió despues. De hecho, me hubiera encantado que alguien me lo hubiera hecho a mí, y mira si me impresionaste ke hasta me he acordado de ti despues de estos años”
“Yo me sentí tan ridículo ke durante años he evitado pensar en akella tarde, porke me ponía malo, me hacía mucho daño “, le respondo, haciendo un alarde de mis dotes para el drama, ke son muchos, variados, enormes, infinitos. También duelen mucho, no se vayan a creer.
El caso es ke pienso ke no merece la pena esconderse; ella estaba presente allí y fue testigo, de nada serviría interpretar la escena con mi versión porke ella ya tiene la suya. De pronto el bolso tiembla y rebusca dentro. Sus manos pekeñas…Sus manos pekeñas de dedos ágiles son un molde femenino de las ke a mí me tocaron . Creo ke de lo ke más me enamoré fue de sus manos ; las eché de menos de una forma ke ni yo mismo podía asumir, sorprendido por tal efecto adictivo. Pasaron meses sin ke me tocaran otras y todavía cuando veo unas ke se le parecen, me acuerdo de él en un recuerdo ke me hace coskillas en el corazón.
Su hermana ahora a mi lado, saca un móvil ke corriendo abre mientras se escabulle de la sala para no molestar .
Kizás sería el momento ideal para irme, escaparme, aunke una vez pensada hasta a mí ( ke jamás me censuro) me parece una actitud pueril y tonta, pero sobre todo cobarde, y yo soy muchas cosas pero no cobarde, eso nunca. Así me va. Otra regla absurda de la ke trato de olvidarme, ser valiente no sirve absolutamente para nada, no hay premio al final de la carrera ni recompensa en la vida ke haga ke merezca la pena tener valor; el precio a pagar es caro, demasiado caro, pero eso sólo lo sabes despues de haberte presentado voluntario para ke te ataran a la vía del tren.
La valentía es como el alcohol, engaña a los sentidos y te hace tener una falsa perspectiva de la realidad, con posibilidades, como si las tuvieras, pero es ke no. La noche en ke lo conocí a él estaba así de ciego, pero apenas había tomado alcohol. En akellos años pinchaba en un local y podía haber sido una noche como tantas otras ke no recuerdo ni conseguiría identificar , eso también pensé al principio de la sesión. Pero él llegó temprano, con un amigo, se apoyó en la barra y allí pasó las dos horas ke duró la sesión mirándome, intentando disimular pero mirándome, con una mirada a la ke no estoy acostumbrado, porke era limpia, sincera, llena de cosas ke me gustaban aunke yo no las pudiera interpretar. Las chipas ke salían de sus ojos, tristeza y alegría todo en una, me hicieron dejar de pensar en casualidades y empezar a pensar en una señal. Meses más tarde extraje como conclusión de la historia ke lo ke más me hizo perder la cordura fue su manera de mirarme, distinta, con cuidado, más allá del deseo, más allá de manchas y turbias intenciones, lejos del resto de miradas ke me han dedicado otros tíos. Una mirada limpia ke me hacía sentirme limpio , ligero, casi volar por tan poco peso, liberado de ataduras mundanas y lastres emocionales, tan distinto de la suciedad negra, pesada como una losa ke me hace sentir el recordarlo ahora, adherida a mi piel. Cuando acabé el turno, al salir, se atrevió a decirme ke le había gustado mucho la música y yo pensé…Yo pensé ke era una señal ke no podía desaprovechar…Putas señales de mierda…
Entré directo, sin dudar sikiera si era marica aún sin pruebas evidentes, saké el arsenal de armas para seducir y durante toda la noche jugamos a eso ke, a base de no usarlo, olvidé ; son los peligros del ligoteo en un mundo virtual, donde ya se sabe a ke atenerse porke se ha seleccionado y negociado en conversaciones previas; relaciones esporádicas a la carta. Es una manera más aséptica y práctica y hay ke reconocer ke pierde encanto, aunke también resta posibilidades de salir herido y eso es una ventaja ke, en mi caso, no me puedo permitir el lujo de desaprovechar.
Al principio no iba muy en serio, puedo verme y me reconozco en esas primeras palabras con curiosidad, kizás con intenciones de conseguir otra muesca más en mi historial promiscuo. Supe ke había regresado de Madrid hacía unos meses, ke había estado viviendo allí tres años y volvía a la ciudad intentando rehacer su vida. En nuestra conversación fui descubriendo a alguien dulce sin ser empalagoso, distinto, a tener en cuenta, un tío culto sin ser pedante, maduro, afectuoso ke me hizo olvidar por horas el sexo, porke daba igual ké hiciesemos; de alguna manera, me sentía repleto. Sonreía y dos hoyuelos se le marcaban en la cara en una sensualidad irresistible. Al descubrirme así, otra vez interesado en alguien ke sacaba su tabaco para ofrecerme un cigarro y luego lo volvia a guardar, sin fumar él, ke me ofrecía de su cerveza recien pedida y freskísima para ke fuera yo kien diera el primer trago, alguien ke me pedía por favor ke no me fuera sin despidirme, ke ya me había mandado un sms para no perder su número, ke en breves, sencillos y básicos gestos, como ofrecerme un cigarro ponía un tacto y un cuidado especial, fui muy feliz. Las señales encajaban. La magia cósmica ke prepara el escenario para el encuentro de dos sonámbulos ke despiertan juntos, existía, y sólo había sido cuestión de esperar pacientemente. Hay algo más, algo ke no se puede explicar, algo no lógico ke hace ke esa persona sí y otras no; te sientes bien de un modo distinto, un modo ke sólo se siente cuando estás junto a esa persona, porke antes no lo sentías ( o eso me decía yo). Responsabilizarás a la voz, a la mirada, a las manos, pero en realidad, lo definitivo, nunca te lo podrás explicar sin ke parezca vapor caliente (ke lo es) pero en ese momento a mí no me lo pareció por las dichosas señales, puestas a mi servicio para ke todo saliera bien de una vez.
Psicoanalizándome toscamente, creo ke todo es una cuestión de ego; uno se cree protagonista de una historia, un personaje de ficción ke tiene un cometido y al ke las cosas le pasan por una razón y un fin, sin ser capaz de asumir ke todo es arbitrario, ke eres un secundario más en una ficción con una trama ke te es ajena, repleta de secundarios insignificantes, totalmente sustituíbles o prescindibles como te pasa a ti, por eso tu personaje no importa a nadie, ni se sabe de donde viene ni a donde va, no tiene escrito nada ni es posible saber ke va a sucederle adelantándose unas páginas, porke en la realidad de la ficción, no hay argumento ke te involucre . Es, en definitiva, una ficción en la ke apenas tienes un plano; aparecer atado a las vías del tren.
Seguramente creer en las señales fue un hueco ke se llenó cuando dejé de creer en el catolicismo y en cualkier Dios, no obstante no fui consciente del cambio; sustituí un placebo por otro, una superstición por otra bastante más mediocre y con menos satisfacción.
Menudo avance y menudo plan.
De todas maneras, lo puto peor es creer ke hay alguien esperándote ahí fuera destinado a hacerte feliz, alguien ke fue preparado para ti y ke está aguardando el momento justo de ke lo encuentres y lo despiertes de una ceguera y un sueño ke lo mantenía lejos de tus brazos; por eso hay veces ke no se entera, pero si insistes, tienes paciencia y ve interes, despertará y el amor triunfará. Eso dicen millones de películas, canciones y novelas. Todo basura ke deberíamos prohibir ya por perniciosa y destructiva.
Sólo de escribirlo me da la risa…Nuestro subconsciente emocional occidental está basado en los cuentos de hadas, y así nos va el cuento. Hay tanta puerilidad en las cosas con las ke me eduké ke no sé como he llegado sano y salvo ( y sobre todo, cuerdo) a estas alturas de mi vida.
Sin embargo, precisamente cuando nuestra vida se asemeja a una vida de ficción, es cuando sentimos ke tiene sentido, y precisamente suele suceder cuando estamos enamorados; al menos es lo ke me pasaba a mí y fue la forma ke escogí para explicármelo todo. La noche, el bar, la música, la barra y nosotros incuídos, todo era ficción. Una noche en la ke los acontecimientos se suceden como si la mano invisible ke escribe el destino te hubiera leído el pensamiento y buscara hacerte feliz, sin sorpresas inesperadas, sin conejos en la chistera ni novios escondidos ke te hagan pensar ke te ekivocaste otra vez, porke él cada vez me gustaba más, de una manera protectora ke me hacía, profundamente y en todo el sentido de la palabra, bien. Y la ternura; mi único deseo era tenerlo en una cama para pasar abrazado con él horas. Sin una palabra, sin ningún efecto externo ke pudiera aminorar el sabor y la sensación de lo ke nos estaba sucediento, sólo comparable a dormirse en la arena de una playa desierta despues de una tarde de sexo en el agua del mar, a un prado verde donde refrescarse y rodar ladera abajo, a un río de agua transparente y sosegada en el ke te dejas llevar como un barco de papel ; sólo los dos abrazados y el amor.
Es posible ke me hayan leído alguna vez en terminos parecidos, pero ¿saben? Esa fue la primera vez, con la ke considero ke empezó todo; fue mi big bang emocional; a partir de ahí, mi vida pasó del estado sólido al gaseoso y mis vicencias se convirtieron en vapor . Antes mis relaciones siempre habían salido bien; tuve dos novios y aunke acabó el viaje en tren y me vi sólo en la estación, me duró el buen sabor del trayecto; mirando hacia atrás veo ke fueron años de felicidad, ke mereció la pena el viaje. Pero él… Él fue la piedra en las vías ke hizo descarrilar el tren, seguir su curso por un camino pedregoso imposible para ya nunca más acertar . A veces me da la impresión de ke el resto del tiempo lo único ke he hecho ha sido mantener la velocidad pero sin rumbo, siguiendo una estela de vapor ke nunca alcanzo, como si no estuviera en un punto fijo, como si fuera una locomotora antigua la ke lo lleva y yo ando y ando sin parar detrás de él. A partir del big bang, me convertí en una revisión de pacotilla del mito de Sísifo, condenado eternamente a repetir la misma historia una y otra vez, acarreando una piedra ke no va a ningún sitio porke su única función es la de recordarme ke cometí una ofensa y debo purgar mis pecados, pero…¿Ké ofensa? ¿Y por ké? Tal vez creer ke puedo interpretar las señales ( una osadía imperdonable), puede ke creerme merecedor de un amor bigger than life, como si la vida me debiese algo.
Había dos cosas ke me hacían ver nuestro encuentro como un acontecimiento significativo, digno de considerarlo distinto a los demás; yo nunca ( pero nunca ) ligo o me planteo ligar cuando salgo por la noche, porke yo no salgo a ligar; salgo con mis amigos . La otra razón es ke él no era el tipo de hombre, fisicamente hablando, ke yo había frecuentado hasta ese momento: ni tenía barba, ni era recio, ni sus brazos eran peludos ni el resto de cosas superficiales ke creía ke debe tener la persona elegida. Para mí esa era la prueba ( ¡valiente imbécil!) de ke había algo más; lo inexplicable.
Nos besamos a escondidas de todos, en un pasillo del bar, fundiendo nuestras salivas en un solo líkido, mágico elixir ke nos despertó del sonambulismo y nos hizo descubrir a los dos, por fin, ke estábamos destinados. Abrimos los párpados mientras aún nos besamos y reinaba el asombro; en sus ojos, eso fue lo ke leí. Una punzada de enamoramiento a modo de escalofrío placentero, en un ritmo de vibración imperceptible, me invadía el cuerpo; esa sensación no tenía igual, ni comparación posible; sólo podía ser lo ke los dos estábamos pensando, pero no la podíamos verbalizar porke era…Inexplicable.
Esta es una historia ke no he contado a nadie, aunke se parezca a otras, pero apuesto a ke si lo hubiera hecho, alguien me hubiera comentado eso de ké como es posible enamorarse tan rápido; deben tener un manual científico donde se explica paso a paso cual es el camino correcto ke lleva al amor. Por desgracia, yo no tengo ese libro, y en “la noche perfecta” me dejaba llevar por las emociones y no por la cabeza…De eso se trata ¿No? De abrazar al vapor. Más tarde se verá si se es compatible, si las dos personas se acoplan, si hay entendimiento sexual y otros asuntos importantes aunke sobre todo, prácticos. Pero kien kiere ser práctico si no hay un vapor ke te eleve para subirte a él, una fuerza ke es superior a lo conocido y ke será el combustible ke te dará velocidad más tarde para lo ke keda de recorrido de vías del tren. Casi te hace sentir como un iluminado o esa es la única manera ke tengo de explicarlo; vi la luz de la ficción ke nos envolvía vaporosamente y ya no kise de la vida nada más.
Sin prisas ni ideas posesivas, honesta y diáfanamente, los acontecimientos preparados tan pulcramente eran otra señal de ke nos habíamos convertido en protagonistas de una historia ke alguien debía haber escrito tiempo atrás, estudiada, medida para ke todo saliera ajustado, repasada y corregida más de cien veces, en su punto y con toda la intensidad ; eso sólo podía significar ke estábamos destinados a encontrarnos, ke akella noche en ke me confesó ke ni sikiera pensaba salir, ke no entraba en sus planes ke se le hicieran las ocho de la mañana y mirame akí …Y yo no paraba de mirarle, porke no es posible tanta casualidad junta sin ke sea algo más. Por fin alguien me había ayudado a cortar las cuerdas a las vías del tren para darle un giro inesperado a la trama.
Estaba escrito y yo sólo debía leer las palabras adecuadamente.
Soy capaz de verme a mí mismo pensando esas cosas en ese momento y me daría de hostias. Akel tío ke fui me carga, me sofoca, me harta y me enerva, y espero no parecerme a él mientras lo pienso. Cuanta tontería y ke dañinas son, joder.
No follamos. Preferí decirle ke era mejor vernos la semana ke viene, a la luz del día; a los asuntos ke merecen la pena hay ke darles ceremonia, tiempo, empeño, luz diurna, mimo y cierta frialdad. Y él merecía la pena. Nadie puede imaginarse lo fuera de la realidad ke me sentía, lo pleno y feliz ke me creía al ser correspondido por alguien como él. Salía del bar y volaban mis pies como en una ficción de novela rosa, pisando vapor.
La enfermera me rescató de la ficción cuando salió de la consulta para anunciar ke tendríamos ke esperar, ke el médico había salido a una urgencia. Menuda mañana de suerte, tú.
Continuará….