La otra M

CON M DE MARÍA

Aún recuerdo el primer día en que la vi. Era mediodía y en la calle hacía un calor insoportable. En la oficina había mucha gente, pero de alguna manera, a la primera que vi fue a ella, que detrás de un ordenador sonreía con una sonrisa que iluminaba la estancia. Me acerqué, le comenté una tontería y soltó una carcajada, con una risa brillante que tintineaba en el aire y que alegraba a todo el que tuviera alrededor. Pocas veces he sentido lo que sentí aquella primera vez, como si fuera una premonición; quería que ella fuera mi amiga. nike donna Cuando trabajas con gente, de alguna manera, te haces un escudo porque es imposible mantener relaciones amistosas en el tiempo y como vienen, se van. Pero con ella no me pasó eso; desde ese primer momento, quise entregarme a pecho descubierto, y durante aquellos primeros quince días, siempre que encontraba un hueco, la buscaba para estar junto a ella y volver a verla sonreír y escuchar su risa, porque me daba paz, me daba felicidad y me contagiaba su alegría. Los Angeles Angels Jersey Dos semanas en las que nos emborrachamos, bailamos, hicimos locuras, estuvimos despiertos hasta el amanecer viendo las estrellas, obligamos a Artur, su osito, a suicidarse y mil cosas más. air max 2017 goedkoop Luego vino la despedida y pensé que sería como siempre, que al estar tan lejos iríamos perdiendo el contacto y poco a poco se cortaría la conexión que a tantos kilómetros estaba, pero no, hasta en eso fue distinta. Maglia James Harden Primero mandándonos correos, luego comentando en el Planeta Murciano y haciendo verdaderos esfuerzos por entender lo que allí se decía; yo aún no me explico como consiguió entenderlo y más aún; como consiguió reírse con él. Hasta que un día me dijo que venía a visitarme y yo no me lo podía creer; tanta gente me había prometido que lo haría, tantas personas me habían jurado que su amistad nunca se rompería que pensaba que sería otra más, pero me equivocaba, como en tantas cosas me equivoqué con ella. Fue un fin de semana fantástico que nos dio para salir por Murcia, cervecear, ir a la playa y celebrar una fiesta en la que nos lo pasamos genial y ella encajo casi magicamente con mis amigos. Fjallraven Kanken No.2

Luego vino la despedida y de nuevo, otra vez, pensé que aquella sería la última vez, pero me equivocaba. zonnebril ray ban heren Vino más veces, hasta que un día me confesó que quería venir a España a estudiar español un par de años. Yo no me lo podía creer; me parecía tan valiente y tan arriesgada, a la vez que yo me sentía con tanta responsabilidad…¿Y si las cosas no salían bien? ¿Y si luego cuando estuviera en el Planeta descubríamos que no nos llevábamos bien? Pero antes, fui yo al Planeta Belga, y me sentí tan bien tratado y recibido, fue tan cariñosa su invitación y su entrega conmigo que ya supe que no habría nada que temer y que sería el principio de una grandísima relación, y así ha sido. Han sido unos años que siempre recordaré como de los más felices de mi vida, ha sido una amistad como pocas veces me he encontrado en la vida, ha sido una complicidad y una entrega que por muchos años que viva será difícil que se pueda igualar. Ahora sólo espero que su corazón, uno de los más transparentes, claros, lúcidos y grandes que he conocido y conoceré jamás, siempre permanezca igual aunque no sea a mi lado. Espero que también que a los pocos meses de haberse ido, olvide las cosas malas del Planeta Murciano y que se quede con lo bueno, que también espero que haya sido mucho y que le haya merecido la pena. Espero que sea la mejor embajadora que nunca ha tenido este absurdo Planeta que está en el culo del mundo pero que ya no será lo mismo si ella no está aquí. Espero que otra gente tenga la misma suerte que yo y que la conozca, que sepan de las maravillas de las que es capaz el genero humano. Espero que disfruten de su sinceridad, de su entrega, de su generosidad sin limites, de su buen rollo permanente, de ser capaz de tener lejos siempre la tristeza y la maldad. asics schoenen Espero que sepan valorarla, que comprendan que es un ser excepcional, uno entre un millón, que disfruten de su ternura y de su complicidad como yo lo he disfrutado, que la vean tan bella y guapa por dentro como por fuera, exactamente igual como la veo yo. Y sobre todo, espero que disfruten tantísimo de su risa brillante que ilumina el aire y la estancia, tal como he hecho yo, porque si lo hacen, estarán tocando con los dedos la felicidad, esa que yo he conocido tanto y tan bien durante estos años maravillosos. Under Armour CurryPas Cher Tú casa siempre estará aquí. nike blazer pas cher Nunca podrás hacerte una idea de lo que se te ha querido. Baskets ASICS Femme Escribir esta entrada, ha sido como el final del verano.

UN AÑO DE AMOR

Estaba muerto y me resucitaste.
Moría de sed y me saciaste.
Estaba ciego y me diste la luz
Eres el causante de que vuelva hoy aquí para intentar escribir en una prosa que se desliza abruptamente hacia la poesía. Una poesía que se me escapa a borbotones porque sólo encuentro palabras líricas que te consigan describir. Puedo escribir los versos más tristes esta noche pero libertad no conozco sino la libertad de estar preso en ti. Polvo seré más polvo enamorado que vive sin vivir en mí. Amor de mis entrañas viva muerte, en vano espero tu palabra escrita…

Gracias por un año de amor.
Gracias a tus manos que me elevan, me hacer volar hacia alturas nunca concebidas. Gracias por los momentos salpicados de risa, las confesiones, las palabras dulces de azucar que me hacen temblar. Gracias por llenar mi vida de una intimidad que brilla. Gracias por darme el valor y la fuerza para que hoy pueda escribir esto aquí y pueda calmar mi gratitud eterna. Gracias por tu paciencia, por tu honestidad. Gracias por no aburrirme nunca, porque la vida tenga un sentido y un fin, porque las horas contigo estén tan llenas que no haya un reloj en el mundo que las contenga. Gracias por tus atenciones costantes, por llenarme los días de pequeños detalles que me hacen sentir con alas, a dos metros del suelo. Gracias por ser guarida y cobijo, piedra que aguanta, ola que sube, se eleva, se llena de espuma, se pierde en el mar pero sigue siendo ola. Gracias por regalarme las palabras más bonitas que nadie me ha dicho nunca y casi sin querer, sin haberte dado cuenta. Gracias por haber visto dentro de mí más allá del pozo oscuro en el que me ahogaba. Gracias por hacerme recuperar las ganas de levantarme por las mañanas, de reir a carcajadas, de salir a la calle con cara de gilipollas y que me de igual. Gracias por tu complicidad, por tu compresión. Gracias por cada uno de los segundos en que me has hecho sentir especial, distinto, privilegiado. Gracias por ser un manantial infinito de sorpresas agradables. Gracias por hacerme asumir que no quiero separarme de ti nunca, que la vida sin tenerte a mi lado, ni es vida, ni merece la pena. Gracias por hacer que mis ojos abandonaran el blanco y negro y ahora todo sea en color. Gracias por hacer que el derumbe del mundo conocido me de igual si tú estás cerca .Gracias por hacerme sentir que nada tiene importancia sin ti. Gracias por ser salida y meta, propósito y sentido, argumento, razón, filosofía, religión, estructura , química, fé y pecado. Gracias por compartir tu vida, tus recuerdos, tus circunstancias conmigo. Gracias por hacer que un minuto se pueda concebir como la eternidad, por olvidar que todo es efímero, que mientras nos amemos estaremos escribiendo una historia que durará siempre, más allá de lo que podamos vivir. Gracias por hacerme sentir que no hay ni un hombre comparable, que nadie se te puede acercar ni aunque lo intentara, que ninguno merece la pena nada más que tú. Gracias por confirmar mis teorías, por hacer buenos los años duros que pasé antes de conocerte, gracias por ser la excepción. Gracias porque ahora soy mejor persona. Gracias por convertir a la palabra “juntos” en la palabra perfecta, porque los kilómetros y la distancia son sólo una convención social. Gracias infinitas por la ternura, los abrazos que me dan aliento para que camine, las caricias, los besos, los miles de besos que apenas puedo contener.
Y gracias, sobre todo, por haber estado a la altura de mis sueños y más allá, a unos límites a los que ya no sabría ponerles nombre.
Te quiero.
Y escribirlo con lagrimas en los ojos es la confirmación de que no puedo ser más feliz.

Nota de la redacción; pueden dejar aquí sus declaraciones de amor a quienes deseen aunque no sea el día de los enamorados. O precisamente por eso. Tendrá más valor.

DE PRINCIPES Y LOBOS

Acto tercero

Recuerdo ke me desperté al amanecer, pausadamente, como si el silencio de la penumbra tirara de mis párpados. Recuerdo descubrirlo allí, conmigo. Y digo descubrir porke ocurrió sin kererlo, de hecho, no debía haber ocurrido. Pero en algún momento de la velada debimos kedarnos dormidos. Su cabeza apoyada en mi pecho musicando un sosegado ritmo binario. Sus brazos apretándome la barriga en un abrazo mullido y sus piernas trenzándose con las mías en una sensación de calor y terciopelo. Es tan placentero ke aunke no debería haber ocurrido, me dejo.

Había olvidado el placer de dormir con alguien, porke hace tiempo ke decidí ke nunca más. Para mí dormir con alguien es lo más íntimo. El sexo, despues de todo y por más vueltas ke le demos, no es más ke un ejercicio muscular con deseo y morbo, pero dormir con alguien ya es otro tema muy distinto.
No, en serio; demasiado íntimo para compartirlo con un semidesconocido. Y él lo era. Venido desde lejos porke me descubrió en una página de contactos, no estaba en mis planes ke despues de follar nos kedaramos durmiendo, abrazados. Pero el sexo fue tan intenso, me pillo tan desprevenido su brutalidad con la ternura ke fue como si despues de muchos años, algo en mi cuerpo, antiguo, viejísimo, se hubiera liberado y seguramente fue así como me dejé llevar por el sueño.
Pego la nariz a su pelo y huele bien, a colonia de niño, mientras ke él, inconscientemente, vuelve a acomodar la cabeza en el hueco ke va desde mi hombro a mi cuello y sonríe, entre sueños sonríe con una expresión de felicidad inocente y limpia.

Pero hay algo ke no me deja dormir.
Los cuentos.
Me cago en los cuentos y en toda su filosofía. Creo ke mi problema es ke de pekeño, de alguna manera, los asimilé dentro de mí y he ido por la vida buscando un final feliz en un mundo de mentira ke existía en mi cabeza pero no en el mundo real. Ni existen los castillos, ni los dragones, ni los laberintos, ni hay una recompensa despues de hacer tres pruebas, porke nada de eso existe, yo al menos no lo he encontrado. Pero lo peor es suponer, aunke me joda reconocerlo akí, en público, para ke todos ustedes lo lean, ke de alguna manera había un principe esperándome. Y no hay principes, sólo lobos enmascarados de incognito. Todos lo somos. Todos hemos mordido en alguna ocasión , todos hemos corrido por el camino más corto para llegar antes ke nadie a casa de la abuelita. Por eso no puedo evitar ver su sonrisa como un gesto ke esconde colmillos ke, tarde o temprano, me morderán. Le damos muchísimas vueltas a las cosas pero en las relaciones amorosas me da la impresión de ke todo es más simple; comer o ser comido.

Así, ha llegado un día en ke despues de cientos de dentelladas ni mi cuerpo ni mi corazón sienten ya nada, y un zarpazo puede parecer una caricia, pero no; sigue siendo una herida, sangrante y dolorosa, o esa es la única forma ke tengo de justificar ke todavía cuando me llama el nene yo vuelva a acudir con la cabeza gacha, moviendo el rabo.
El nene, de kien ya he hablado akí en más de una ocasión, es un lobo disfrazado de pobre niño mendigo, de las primeras veces pensé ke podría ser mi principe, pero ya no. Ahora, despues de un año , ya sé ke una bruja malvada debió robarle el corazón. Ahora sé ke sólo disfruta sabiendo ke tiene el poder y el control, usando como si fuera una varita mágica su polla absolutamente perfecta para hipnotizarme, haciendo ke abandone trabajo, amigos, la cama a las siete de la mañana un domingo y ke despues me sienta traidor a mí mismo, porke es incapaz de regalarme nada ke no sea su propio placer.
Cariñoso en sus llamadas y en sus mensajes para hacerme sucumbir como kien ha descubierto una lámpara mágica, despues de follar a veces creo ke estaría encantado de echarme de su casa a patadas. Porke siempre voy yo, porke siempre soy yo el ke dejo lo ke tengo en las manos para acercarme a su castillo. Pero son tantas las mordidas ke a veces una patada sabe a beso. Un beso venenoso ke cada vez ke doy, me hace sentir un poco más muerto.

Contando y lamiendo mis heridas se me pasa el tiempo y a veces conozco a otros hombres, pero ke difícil es sentir si ya no keda epidermis, ni poros, si las puntas de los dedos ya se acostumbraron a tocar el pelo del lobo y el único ke me vuelve a llamar es el nene.
Así, tan ocupado como estaba, ensimismado en mi sufrimiento, lo conocí a él, o más bien fue él kien me descubrió, kien insistió en verme, kien depues de varias cervezas, me dijera ke estábamos predestinados y yo , por dentro, me reí cínico como reiría una madrastra, porke me vi en él como era yo hace tanto ke lo he olvidado; alguien ke todavía cree en los cuentos.
Y nos vamos a la cama y me abraza de una manera ke ni recordaba, porke me desarma con sus ojos cerrados y contentos de estar tocando la magia, acariciándome el corazón hasta ke me siento volar en una alfombra mágica agarrado a sus brazos, en un nudo de labios eterno.

Por la mañana cuando se despierta parece el niño más feliz del mundo pero yo ahora soy un lobo más, como otro cualkiera, y kiero ke se vaya, rápido, pronto; ke no haya ni una posibilidad para el dolor. Insiste en ke desayunemos juntos y aunke tampoco lo había planeado, allí estamos, frente a un café y unas tostadas, mientras me cuenta cientos de cosas suyas, jovial, ajeno a ke hace mucho tiempo la reina de las nieves dejó dentro de mí una eskirla de hielo y no hay ni una posibilidad de ke un beso de amor me traiga de la muerte.
Kería ke se fuera pronto, sin embargo lo acompaño a la estación y mientras me dice ke no lo olvide, ke volverá, ke no podemos perder lo ke acabamos de descubrir entre los dos, miro a otro lado. En la despedida, se abalanza sobre mi cuello y su abrazo es tan reconfortante ke me desarma. Lo veo irse en el autobus con la cara pegada a los cristales, y regresando a casa el estremecimiento me hace temblar . Pero pronto lo olvidaré, pasará como pasaron muchos otros, dejando sólo como recuerdo el eco de un aullido lejano.

Pasan las semanas y a veces me vienen ráfagas del olor de su pelo ke me erizan la piel, pero me esfuerzo en ignorar esa sensación, no kiero tenerla en cuenta. Aunke me manda mensajes de cariño tierno , aunke sus llamadas parecen sinceras y se muere por volverme a ver, no puedo evitar pensar ke hace unos años hubiera sido maravilloso, pero a estas alturas ya ni tengo fuerzas ni ganas, porke yo también soy un lobo ke tarda días en devolverle los mensajes, ke parece ke es incapaz de sentir otra cosa ke no sea desengaño o resignación a un destino ke no elegí yo, como kien sufre un hechizo. Y es ke, aunke fuera posible ( ke no lo es), somos tan diferentes y él vive tan lejos ke me parece absurdo intentar…¿Intentan ké? Otra vez los cuentos, otra vez mejor dejar de regar una historia ke nunca va a crecer, resignado a la posibilidad de tener ke escribir un final ke no puede, ni va a ser feliz. Sin fe no se puede creer en Dios, y es así como me siento; ateo.

Pero ocurrió ke regresó, casi un mes despues no sé como lo consiguió pero logró convencerme y ke yo le ofreciera un fin de semana juntos. Pero antes le advierto de ke no kiero compromisos, ke pasaremos ese finde y luego sería mejor ir olvidándonos. Y accede sin reservas, casi diría extrañamente encantado. Es como si tuviera una información ke yo no sé y fuera a aprovecharla.

Voy a esperarlo a la estación y baja con su mochila envuelto en un halo brillante ke me provoca coskillas y curiosidad. Se me tira al cuello y no puede dejar escapar unas risas ke, como burbujas, inundan el aire a nuestro alrededor. La gente nos mira, pero ke cojones nos importa; son momentos en los ke sientes ke te conviertes en la escena más importante de una película, con la cámara dando vueltas sobre nosotros dos y el mundo alrededor, acelerándose, como en un tíovivo.
Las burbujas me contagian y me contagiarán durante dos días. Cuarentayocho horas ke huelen a sabanas mientras creamos un reino secreto donde los dos, magnánimos y generosos, ejercemos nuestro poder con justicia y templanza. Es un reino donde no existen los relojes y la religión a la ke profeso mi fe ciega es dormir con él, encajado en un rompecabezas de carne a su cuerpo; la cama se ha convertido en un castillo mágico del ke apenas salimos para comer. Es como si nos conocieramos desde hace años, casi diría siglos, y lleváramos toda la vida buscándonos para volvernos a encontrar y recordar akel primer sueño juntos.
Sin embargo, en los cuentos está escrito; el hechizo no es eterno. Me encontré con el Lunes de sopetón, sin haber pensado en ningún momento ke èl regresaría a su ciudad, dándome de bruces con una realidad ke de tan poco rosa me parece oscura . La despedida muerde, hace daño, y me digo ke nunca más , mientras su cara desolada en el autobus me golpea la memoria muchos días despues.

De vuelta a casa me digo mil veces ke no estoy dispuesto a sufrir a estas alturas de mi vida, ke toca ser práctico y no es sano vernos a contrareloj, ke nuestras agendas conspiren en contra y sea difícil, casi imposible, dejar de ser lobos por una vez . Paso noches enteras dando vueltas, sufriendo su vacío en la cama, echando de menos su calor ke huele bien y esas manos ke me afinan como a un instrumento ke ya estaba oxidado y ke él es capaz de hacer sonar de nuevo. Echando de menos ke se enrede con mis piernas sin dejar apenas un centímetro de piel ajeno se me pasan las noches en vela. Pero ya está bien de sufrir. No more tears.
Definitivamente, soy un lobo; es mi naturaleza y no hay nada ke pueda cambiarme esa percepción. Es tal el convencimiento ke me deja paralizado, sin capacidad de actuar porke siento ke no merece la pena rebelarse en contra de lo ke parece ya escrito . No le devuelvo los mensajes, ni cojo el telefono cuando veo ke, otra vez, insistente, tozudo, vuelve a llamarme.

Esa misma semana, el nene vuelve a aparecer en mi vida en forma de mensajes y de correos electrónicos. Como no tiene corazón, sólo busca la emoción de ponerme a prueba, eso ya lo sé; por eso insiste con mensajes en blanco o con una puta interrogación de mierda, como si fueran miguitas de pan ke me llevarán a su casa; me valora tan poco ke ni sikiera merezco una letra. Seguirá insistiendo con sus mensajes hasta ke yo acceda, porke sabe perfectamente ke, tarde o temprano, accederé. Así lo he hecho en el último año.

El sábado por la noche estoy rabioso y la casa se me viene encima, como si me faltara algo, así ke cuando el nene me manda otro de sus mensajes en blanco, le respondo diciendo ke “Voy para allá”.
Y me visto más rabioso aún, tratando de convencerme de ke kien más se rebaja es él, por buscarme. Y sigo el mismo ritual de siempre; conduzco hasta su casa; toco el timbre; subo en el ascensor; me encuentro la puerta de su piso abierta. Entro con cuidado hasta su habitación y allí está desnudo, tirado en la cama, con akella polla con la ke me señala y a la ke daban ganas de describir como perfecta.
Fue un polvo más. Un polvo triste porke el placer estaba en los preliminares del tira y afloja, del pulso por ver kien es el más fuerte, como si no supiesemos de antemano ke iba a ganar él, siempre él.
Mientras me vestía, le dije:
- La semana ke viene hace un año ke nos conocemos
- ¿En serio? Joder, como pasa el tiempo…
- Podíamos salir a cenar para celebrarlo..

En realidad lo dije en broma. Hace tiempo sí, pero el nene ya no me interesaba para cenar porke también es otra de esas cosas ke me parecen íntimas.
Todo debería haberse kedado en una broma tonta pero él, como si le saliera del alma, me espetó:
- ¡ Eso es lo ke tú kisieras!

En ese momento me pareció tan despreciable y yo me sentí tan rastrero. Pero nunca más. Se acabó.

- Trankilo, antes me muero de hambre ke cenar contigo. Gilipollas. Y esta vez te lo digo de verdad; no vuelvas a llamarme porke ni loco kiero volver a verte; prefiero cortármela a volver a echar un puto polvo de mierda contigo.

Y pegué un portazo.
En el coche me juré mil veces ke no volvería a ocurrir y sin embargo, no podía kitarme de encima la sensación de derrota ke me agachaba los hombros. Otra vez arrastrando las heridas hasta mi casa, otra vez sientiéndome humillado y otra vez solo.

Iba mirando al suelo, o no sé, pero el caso es ke no lo vi hasta levantar la cabeza y descubrirlo ya muy cerca de mi portal, allí apoyado con su mochila en el suelo, con la sonrisa ke le llegaba a las orejas y desprendiendo ese halo ke tienen los seguros de sí mismos . Supuse ke había venido a verme y se había presentado por sorpresa, sin avisarme. Supuse ke al ser tan tarde debía estar allí esperándome horas. Lo vi tan guapo. Me pareció tan especial. Las coordenadas en contra se me antojaron de pronto tan poca cosa ke sólo pude correr hacia él.
Y fue la locura.
Un cuento ke estoy protagonizando desde ese día y ke no kiero ke acabe nunca, tan sorprendido de ke me ocurra ke no parece real, pero lo es. Cuando menos lo esperaba, me sorprendió la magia y ya no hay más lobos de los ke tener miedo, porke el principe se hizo carne y todo lo demás, son cuentos.

Dedicado a Con M de Manuel

SIETE ENANITOS

Acto segundo
Tengo suerte ; gracias a mi trabajo he podido hacer un montón de cosas ke por mí mismo nunca hubiera hecho. Bueno, eso hasta ahora, ke con la crisis se acabó lo ke se daba, pero antes, este verano, ocurrió lo ke les vengo a contar; me tocó ir a un festival de música jevi, rock duro o como se llame ahora ( ke la verdad, ni idea) para grupos ke estaban empezando. Cualkiera ke me conozca sabe hasta ke punto es un tipo de música ke no me gusta nada, y la música para mí, como se vió akí, es muy importante, osea ke imaginen con las ganas ke fui; ningunas.
Hacía un calor pegajoso, de esos ke te kieres kitar la camiseta, meterte en una piscina y no salir más hasta ke acabe; la ropa me molestaba y despedirme del ventilador de mi casa se me hizo una tarea de titanes.

Aparké, busqué mis credenciales, y con la cabeza gacha y un cigarro en la mano, entré al recinto al aire libre ke parecía estar casi lleno ya, en cuanto la música atronadora retumbaba en el aire de la noche. Al principio pasó por mi lado un tío que parecía recién bañado en mis sueños más húmedos; cabeza de sandía, noventa kilos durísimos, piernas como torres, rapado y barbota, todo de negro y zapas en las que yo hubiera podido dormir. Lo seguí con la mirada. Cruzándose con él y viniendo hacia mí, apareció un monstruo peludo de barriga esplendorosa y bermudas negras por las que asomaba una pantorrilla con la que hubieran podido alimentarse tres boskimanos. El corazón me hizo un sonoro catapúm. Luego tropezó conmigo un coloso con una barba digna de una religión para adorarla y un culo como para dibujar el Guernica en él, embutido en unos pantalones de camuflaje. Con sus brazacos peludos de marinero me dió tokecitos amistosos en la espalda, a lo machote, en ese lenguaje corporal ke utilizan ellos diciendo “buen rollito, no ha sido na”. Y luego vi a la definición de oso follable andando hacia la barra mientras el suelo temblaba a sus pies; yo pensé ke ardía en el sofoco de observar su movimiento. A su lado, otro que iba con otro más follable aún. Levanté la mirada dando un repaso al público y vi otro, y otro más, y uno más chulazo y más barbudo y más revolcable aún , así ke en los vakeros me saltaba como un pez sacado del agua, la polla, nerviosa y mojada, voraz. Cadenas, muñekeras, botas militares, vakeros ajustados, espaldas imposibles de abarcar…Mi salivación no tenía fin. Ellos eran osos, sexsymbols involuntarios aunke no lo supieran.

Era la osera más desparramada y exuberante ke había visto en mi vida, el parque de atracciones de mis fantasías, decorado con alfombras de pelos andantes , cuellos de dos palmos, barbas de enciclopedia, camisetas negras con dibujos de calaveras y puñales, las barrigas más increíbles del mundo y la testosterona cargando el aire de un olor muy característico; en resumen, el sueño calentorro de un modesto cazador como soy yo . Saké el rifle.
Cuanto pensaba ke había visto al tío más impresionante, aparecía uno nuevo y me hacia cambiar de opinión. La música era una putísima mierda ruidosa, sí, y sin embargo, parecía ke todos los angeles gordinflones y velludos acompañandose de instrumentos celestiales, habían bajado del cielo para acompañarme en mi paseo. Apenas se veía a ninguna mujer.

Tenía tareas por hacer y había kedado con unos colegas laborales pero decidí hacerme el perdido, por una noche, no pasaba na, porke había tanto por disfrutar. Desconecté el móvil. Antes, a la barra, a por un mini de cerveza, ke era lo allí todo el mundo bebía como si no hubiera barriga, así ke era fácil de entender a tanta barriga suelta.

Para hacerme entender con el camarero por encima de los guitarrazos del escenario, tuve ke gritar hasta ke me sangraron las cuerdas vocales, pero el chaval, jovencito, apuntando maneras de futura definición de oso, estuvo muy simpático y divertido, moviendo el piercing de su ceja cuando se reía para tratar de entenderme. Me guiñó el ojo, chispeante, dándome a entender ke me había escuchado y entonces, un fogonazo de recuerdo me vino a la cabeza. Esa cara…Esa cara me sonaba…A ese tío lo había visto yo…

Decidí meterme a fondo en la cuestión y fui hacia el público frente al escenario, rozándome con unos y otros, tratándo de entrar en akella especie de pelusa gigante hecha de pelos y grasa, rozando brazos, barrigas, espaldas, aguantando empujones como caricias, considerándolos una bendición, con akel olor a macho desbocado tan característico , metiéndoseme en los alveolos, pasando a mi sangre, llevándome a un estado de inconsciencia y locura carnívora, mirando a un lado y a otro, como ido. La camiseta me chorreaba en sudor.
Cuando el grupo de jovenzuelos ke aporreban guitarras y cuyo cantante tenía la voz de la niña del exorcista afónica y con nódulos, acabó con su tortura, dejaron el escenario libre para la nueva actuación. Yo ya estaba en pleno ojo del huracán osuno, deseando ke los siete grupos ke aún kedaban por tocar duraran toda la noche y ke vinieran más de akellos especímenes hasta ke se llenara el aforo a reventar.

Al rato, desde arriba, escuché decir “Somos el grupo “Los siete enanitos” y os vamos a hacer bailarrrrrrrrrrrr”, y la gente empezó a saltar como loca. Ke delirio. Ke ingravidez. Ke marea de cuerpos con sobrepeso saltando como locos, carnes al ritmo de una música infernal. Miré al cantante y con estupor, reconocí al camarero. Pero el estupor fue poco para lo ke sentí cuando al verlo con la guitarra, de pronto recordé su foto en una página de contactos de ositos, también con la guitarra delante, pero desnudo y sin micrófono
¡ Como para no acordarse!
¿Me habría reconocido él a mí? ¿Le sonaría mi cara de la misma página de contactos? Nunca le había entrado, por jovenzuelo y por suponerlo inaccesible, pero esa noche iba tan embalao ke le eché morro. Supongo ke la cerveza ayudó, porke con las prisas no había cenado y un litro entre pecho y espalda tienen sus efectos, como es normal.
Reconozcamos ke ni cantar ni tocar eran su fuerte, pero ké más daba; empecé una guerra de tejos sin cuartel ; ligármelo en akel sitio y con akellas condiciones puntuaba por dos.
Aunke ponía todo su empeño en la música, se les escapaban miradas ke iban dirigidas claramente hacia mí, y conforme tocaban su repertorio de mediocridades gritonas, cada vez más claramente y disimulando menos, me miraba a mí, de entre toda la caterva de chulazos me miraba a mí, sólo a mí, en una sonrisa ke iluminaba la noche y mis pies ya se sentían a unos centímetros del suelo. La última canción fue puro descaro y en su manera de tocar la guitarra vi una metáfora fálica ke me tenía los pantalones a punto de reventar, en un tris de follarme encima.
Así pues, armado de valor y con una melopea encima de las ke marcan época, me fui a por él una vez acabado su concierto, de nuevo atravesando la feria de ganado a trompicones y empujones, pero encantado de ke fuera así. Había tanto lío ke no encontraba la salida y tardé un buen rato, así ke cuando por fin salí, él ya estaba otra vez en la barra, sudoroso y activo, muy activo. O eso me pareció…
Aún me kedaban unos metros cuando me descubrió y vi ke entonaba una sonrisa de las ke se acompañan con campanas y sinfonías; hubiera kerido morderle, despedazarle, dejarle sin ropa, pero fui prudente ( aunke zigzagueante) y me acerké para pedirle otro mini de esos.
-¿Te ha gustao el concierto?- me preguntó.
– Sí, ha estado genial. He alucinado por un tubo- mentí descaradamente.
Las gotas de sudor le brillaban en la cara , alrededor del piercing, y entusiasmado me contó lo ke les había costado llegar hasta allí, sus influencias musicales, los días de ensayo, lo duro ke era el mundo de la música cuando a la vez se tenía ke trabajar y otros argumentos a los ke yo asentía dándole la razón en todo con ojos de prestar mucha atención y pensando “Tú habla ke ya chuparás”.

Hice mi campamento en una orilla de la barra , bebiendo otro vaso gigante y espiando por una orilla de mis ojos sus movimientos osunos cuando servía, cuando recibía felicitaciones de amigos ke venían a saludarlo, cuando bromeaba con sus compañeros camareros y rompía a reir. Si encontraba ratos sin trabajar, de nuevo se acercaba y volvía con el tema; ke si el grupo por akí, ke si el grupo por allá, ke si el grupo era así…Un puto rollo, la verdad, pero estaba tan buenorro ke escuchaba como kien se va a confesar. Cuando acabé, pedí otro más y vuelta al principio. Así pasaron horas y la borrachera se me salía por las orejas.
Era tardísimo, a punto de amanecer. Me dijo ” Los del grupo y yo nos vamos a hacer botellón. Si te kieres venir…”
Hostia por claro!
Hasta con semejante nivel alcohólico el palotismo no me dejaba ni caminar. Por suerte sus amigos y colegas de grupo iban bastante más cocidos ke yo, así ke en su grupo nadie se dio cuenta de ke me montaba en uno de sus coches. La verdad es ke no recuerdo nada del viaje, ni como fue ke hice para pasar desapercibido o dar conversación; sí recuerdo ke llegamos a una arboleda escondida de la carretera, a unos kilómetros del pueblo. Debían ser cinco o seis coches, a cual más macarra. Al ir bajándose de los autos, todos dejaban la música puesta, a todo gas, pero cada uno la suya; una especia de akelarre de rock duro donde pa ke se te escuchara una palabra tenías ke dar un alarido, aunke claro, allí no había conversaciones; era un intercambio de gruñidos, risotadas, litronas y porros a los ke yo intentaba hacer frente con cara de estar en mi salsa, pero no, porke todos ellos eran muy jovenes, muy zopencos, muy borrachuzos y muy aburridos; lo menos les llevaba diez años mínimo al mayor y la diferencia física y mental era notable, por suerte con el alcohol ke llevaban encima nadie pareció darse cuenta, ni sikiera él, ke cuando no estaba con uno estaba con otro y parecía haberse olvidado de mí.
A las nueve de la mañana la cabeza me kería estallar y me moría de sueño, pero ellos parecía ke aún tenían fiesta para rato. Me dolían los oídos de akella música infernal y mi aspirante a polvazo no parecía hacerme mucho caso. Alguien, en un gesto torpón, fue a pasarme la litrona y me cayó encima, mojándome hasta la raja del culo pero no como yo hubiera kerido. La cerveza fría fue el cenit; ya no aguantaba más, estaba hasta los cojones ( mojados). Buské a mi candidato para despedirme.
– ¿Te vas ya?- me preguntó con lengua de trapo.
– Sí, estoy muy cansado.
– ¿Y ké me dices? ¿Crees ke tenemos alguna posibilidad?

Mis ganas le pusieron violines al corazón y de nuevo tuve esperanza de un polvazo, de comerme su manzana envenenada.
Aún así, pregunté:

– ¿A ké te refieres?
– A las discográficas, si crees ke alguna nos podría contratar.
– ¿Y eso por ké me lo preguntas a mí?
– Ah ¿Pero tú no curras en el medio? Nos dijeron ke hoy venía un directivo discografico a la caza de posibles talentos. Como te vi tan mayor y tan formal con la acreditación, pensaba ke eras tú…

CENICIENTA EN LA INTIMIDAD

Acto primero
Tenía mirada de cocodrilo, y me pareció tan guapo, ke me froté los ojos, figuradamente, al llegar a su casa. Tan alto, tan educado, tan gentil, parecía sacado de otra época y de otro lugar, vistiendo trajes caros, oliendo a perfume antiguo ke como niebla emanaba de una piel ke resbalaba de puro suave. En la cama se tapaba los ojos como con vergüenza, como si el novio ke me confesó tenía desde hacía kince años lo pudiera ver por algún agujero de la pared, mientras yo le hacía una mamada y èl se ponía hasta el culo de poppers.
El caso es ke fue extremadamente cuidadoso y tierno, y las siguientes veces ke lo llamé
( porke siempre llamé yo, yo fui kien lo eligió, kien insistió, kien pensó ke había esperanza) me dijo ke había acabado su relación y con ese material empecé a construir piedra a piedra cimientos de ilusiones, hasta ke un día, despues de follar, dijo de acercarme al trabajo en su coche, un BMW negro y brillante de status social. Y yo me sentí como una reina Ceinicienta en su carroza mientras alrededor todo brillaba en un ensueño maravilloso y él me ponía la mano en el muslo y me decía…”Mira ke música tan bonita…La mejor ke se puede escuchar…”
Y va el tío y me pone a Il Divo.
Y se keda tan ancho.
Pa rematar la escena, mientras ke con la mano derecha sujetaba el volante, con la izkierda hacía el movimiento de dirigir una orkesta en un gesto hortera sin igual.
Por poco me tiro del coche a setenta por hora.
Empecé a verle las orejas grandes. Empezó a parecerme pretencioso y vacío, mientras el BMW negro se convertía en calabaza gris. Hasta me pareció verle un moco ke relucía, asomando por la nariz.
Al despedirse con un beso baboso en la mejilla me dijo ke lo llamara, y le dije ke sí mientras me faltaban piernas pa salir corriendo.
Nunca más tuvo noticias mías.

INCENTIVOS LABORALES

En los últimos meses mi mundo laboral ha cambiado mucho, rápido, atropelladamente. De pronto me siento de nuevo formando parte de la clase trabajadora más puteada, un hueco agobiante lleno de otros puteados como tú ke buscan hacerse un hueco a base de empujones y codazos.
Mi mundo laboral, decía, se ha llenado de picos de sierra, de la nada al todo igual ke un tobogán, de la desesperación a la alegría sin segundos para respirar o repensar las cosas. Apuesto a ke mucha gente sabe a lo ke me refiero; si se reconocen, también forman parte de la clase terabajadora más puteada. Despues del huracan al ke pusieron de nombre crisis, ahora trabajo mil veces más y tengo bastante menos dinero, consecuencia irónica si tenemos en cuenta ke yo nunca hice nada por amasar dinero rápido; de eso sí ke no soy culpable. De otras cosas, es probable.
Las condiciones también han empeorado, tengo menos tiempo
( ninguno) para mí y menos calidad de vida, pero con la ke está cayendo, no me estoy kejando, ojo, ke ni sikiera tenemos derecho a eso ya. Era una descripción de mi vida para introducir el relato y ke ustedes se vayan construyendo la imagen en su cabeza. Por suerte, sigo trabajando en cosas ke me gustan o ke se parecen a lo ke me gusta.
En uno de esos nuevos trabajos, convivo con un montón de gente en horario laboral pero con la ke no tengo nada ke ver; para ke me entiendan; compartimos el mismo espacio físico pero no el trabajo. Los distintos intereses hacen ke sean normales los roces y ke la mejor posición sea un leve contacto personal, marcando las distancias con muchos centimetros de por medio. Así resulta ke el sitio donde trabajo no acabo de reconocerlo como mío, es una especie de tierra de nadie minada por peligros constantes y amenazadores y hay ke estar siempre alerta, en tensión.

Akel enjambre de seres bípedos tiene toda la variedad de especímenes humanos y por suerte estoy muy bien con mis verdaderos compañeros de trabajo, pero no puedo decir lo mismo del resto de gente . Hay tres personajes en concreto ke me parecen un ejemplo perfecto de hasta ke punto los motivos laborales te ponen en contacto con seres ke no merecen llamarse personas y ke en tu vida personal jamás tratarías. Está uno de los guardias, al ke no le falta ninguna virtud; fantasma, pusilánime, cobarde, pelota, mentiroso y traicionero ke ha hecho de su lema tirar la piedra y esconder la mano. Es tan miserable ke es imposible tenerle odio porke solo produce pena. Desde el primer momento en ke nos conocimos ya intuí ke no nos llevaríamos bien, y tras un par de encontronazos, he decidido dar un paso atrás para ignorarlo y ke no sepa nada de mi vida, así ke me habla y yo miro hacia otro lado sin responderle. A la mierda con él.

Luego hay un directivo de la tercera planta insoportable en sus maneras; rudo y maleducado, con esa mala educación hiriente e invasora típica de gente ke se cree alguien importante por tener despacho y no es sino un pringao más. Grita, se ríe con unas carcajadas ke hacen temblar los cristales y trata a todo el mundo ( a mí incluído) como si fuese un sirviente suyo, aunke él no tenga nada ke ver con mi trabajo. Siempre lo verás con un puro baboseado y apagado en la boca y una sufrida taza de café de la ke no se separa nunca. Cada vez ke está cerca mío me duele la cabeza y encima huele mal.

El tercer personaje de colección es un limpiador, una de las personas con más morro ke he visto en mi vida. Llega siempre tarde, no hace nunca nada y está enfermo día sí y día también. Sin embargo, está deseando soltar discursitos para demostrar ke es un antisitema convencido ke culpa a políticos, vecinos, democracia, sindicatos y dice ke está sociedad es una mierda mientras nosotros cambiamos las bolsas de basura ke el no se ha dignado a tocar. Si no lo conoces, hasta te podría convencer por la pasión ke pone, pero menudo elemento. Vade retro, satanás, me digo a mí mismo cuando lo observo acercarse a mi rincón cargado de mopa y cepillo.
Comprederán entonces porke hay un día a la semana ke es mi favorito. Ese día, no hay nadie en el trabajo y mis funciones son estar de guardia con los teléfonos , solo con cinco plantas, las oficinas, un bar, el ascensor, el sotano , los balcones, las ventanas, la garita del guardia jurado, los despachos, los pasillos y el silencio. Sin nada ke hacer y con un ordenador encendido.
El primer día ke hice esa jornada de ocho horas enteras fui con desgana, pero resultó ser ameno y pasó rapidísimo; me sirvió para tomar confianza, subir, bajar, entrar en los sitios ahora vacíos y ke no son mi territorio natural. Curioseé, abrí cajones, probé cosas ke no eran mías, más por el regusto de lo prohibido ke porke me interesaran.
Despues de comer estuve curioseando porno. Inevitable si estás en un sitio donde normalmente es imposible hacerlo, el morbo es kien mueve el ratón y pulsa las teclas. Además hacía semanas ke no había tenido oportunidad de pillar ni un cuarto de carne peluda de tan ocupado como estaba. Me puse caliente y tontorrón.
En esos momentos, recibo un mensaje:

“¿Donde estás? ¿Ké haces?”

Es el nene, tío del ke ya les hablé hace cosa de un año y ke se ha convertido en el hombre ke en la actualidad habitualmente frecuento. Me refiero a follar. Me refiero al único con el ke repito, porke monógamo como ke no me he vuelto con la vejez. Siendo un hombre ke me provoca sentimientos violentos y encontrados, lo cierto es ke en la cama funcionamos bastante bien, por no decir de putísima madre. Ya nos conocemos, nos tenemos medidos y nos olemos a distancia; por eso somos prudentes y sólo nos vemos para follar, sazonado el polvo con conversaciones ke nos ponen al día de nuestras respectivas vidas. No se crean ke es poco. Hoy en día un polvazo como los ke echamos el nene y yo no se encuentra en la calle fácilmente.
Como somos de ir al grano, cuando me hace esas preguntas vía sms sé perfectamente ke busca un revolcón. Sentí mucho estar trabajando; las páginas de internet me habían puesto en sintonía y perderme en el cuerpo del nene era un plan ke siempre me podía apetecer. Pero no, estaba trabajando. Bueno, estaba trabajando, pero estaba sólo. No tenía porké enterarse nadie. Además ¿A kien le importaba? No era nada malo, no iba a gastar ni a romper nada, mi misión allí era estar y esa no la iba a incumplir. Sentí un ser vivo moverse entre mis piernas. La sensatez, ke por un momento pareció asomarse, se fue a tomar viento fresco con la primera corriente de aire ke entró por la ventana abierta. Ni cuatro segundos duraron las dudas y los remordimientos, así ke en vez de devolverle el sms, lo llamé y le conté mi situación:
-¿ A ti te importa ke vaya?
- A mí ke me va a importar! De hecho, te estoy insinuando ke vengas.
- Pues si a ti no te importa y es tu trabajo, a mí mucho menos.
- Tendremos ke follar encima de una mesa.
- Je. Eso no será problema.

A los cuarentaycinco minutos ya estábamos rodando por las paredes del pasillo; en casa, nunca aguantábamos a llegar al dormitorio vestidos. Antes, cuando le abro la puerta, el olor a su carne fresca y caliente perfumada con colonia para bebés ya me pone enfermo y canibal. Previamente al dormitorio, chocamos contra muebles, dejamos un reguero de ropa, nos tanteamos las bocas, los paketes, el cuello, nos faltan manos para poder tocar todo lo ke kerríamos tocar, pero se intenta. En akella ocasión, mientras lo esperaba, por un momento pensé si sería capaz de relajarme en mi trabajo, el sitio donde al día siguiente volvería a la misma tarea, a encontrarme con la misma gente haciendo lo mismo, las mismas paredes crema y las mismas mesas de oficina, los ordenadores, la tristeza ambiental. Sin embargo, ocurrió el efecto contrario; repasar mentalmente todas las cosas ke al día siguiente encontraría de nuevo, me hizo desvariar de puras ganas, consumido por el morbo de lo prohibido, de lo sucio y de lo ke no se debe hacer .
Con los boxers en los tobillos, improvisando, pensé en donde nos podíamos acomodar y se me ocurrió la mesa de la garita del guardia, una habitación al principio del pasillo, sin ventilación, donde están la mayoría de llaves y trasformadores . La garita tiene una ventana ke da al pasillo y pegada tiene una mesa, adaptada a su función de control de la entrada, más baja de lo normal; pensé ke sería ideal para nuestras actividades. Cogí de la mano al nene desnudo y tiré de él, mientras su perfecta y maravillosa polla tiesa le bamboleaba de un muslo a otro. Allí, encima de la mesa, con la altura ideal para ke yo me acostara boca arriba y él se kedara de pie, acceder a la zona convenida en una postura de puzzle se hizo tan placentero ke nos retorcíamos en espasmos ke dan la vida y no dolor. Pese al aire acondicionado, la mesa goteaba de nuestro sudor. Luego nos sentamos en el sillón ke el guardia, ese ser infecto, ocupaba todos los días controlando a la gente ke entraba o salía del edificio. Descubrí bajo unos paketes la porra del guardia y la incorporé a nuestro ritual; en realidad se supone ke no sirve de nada en concreto, como casi todo, pero el fetichismo a veces puede ser como una fuerza y atracción mayor ke lo supedita todo y es capaz de volverte muy creativo; hagan la prueba. Me recorrió el cuerpo con ella, me acarició los pezones, hizo amago de juguetear con ella por mi boca mientras yo la chupaba, mirándolo fijamente a él. Allí rematamos la tarea, yo encima; viscosos, ardiendo y con hambre; el único verbo ke encaja para describirlo es el verbo cabalgar. Cuando nos levantamos, una vez acabados y derrotados, la silla estaba totalmente empapada y con un poco de papel, limpié lo ke pude. Por la tarde regresé a casa con una sonrisa dibujada en la cara y el cuerpo lleno de magulladuras y cardenales, devorado en vida y casi digerido por el hambre del nene.
Supuse ke sería una alegría efímera y volatil tan típica de los beneficios ke da el sexo pero no; al día siguiente, había un aliciente desconocido hasta ese momento ke multiplicó el placer y su duración. Cuando regresé a la normalidad laboral por la mañana, el impresentable del guardia estaba en su garita, sentado en el sillón donde habíamos follado y desayunando en la mesa donde el nene y yo tuvimos un pulso sin manos. Ganó él. En la mesa había dejado, sin papel ni plato debajo, el bollo ke se estaba comiendo y la porra. Me supo a gloria dulce más a mí ke al guardia, y por primera vez desde hacía meses, a su saludo, le sonreí en un gesto candido de felicidad.

La siguiente vez ke estuve sin compañía, volví al trabajo con los deberes hechos. Gracias al perfil ke me había abierto tiempo atrás, había contactado con un maestro de preescolar de noventa kilos osunos y barbita, vicioso a más no poder y ke se follaba encima. Cuando le comenté la posibilidad de echar un polvo en mi sitio de trabajo pareció entusiasmado y fue de un puntual escrupuloso. La garita del guardia había estado muy bien, pero yo tenía otros planes, por eso de la variedad y tal; había cogido la llave del despacho del directivo apestoso y despues de una charla llena de temas comunes , me subí con maestro osito allí. Es una habitación reflejo de la personalidad de kien lo habita; gris y semioscura, con persianas habitualmente bajadas a media luz, un olor pesadísimo y persistente en el aire de la estancia, diplomas enmarcados y una cafetera americana siempre encendida, con el café caliente y apunto.Maestro osito era torpón en el sexo y sus besos dejaban mucho ke desear, pero compensaba ke a todo me dijera ke sí. Me había informado ke era activo versatil ( clasificaciones estas ke a mí me dan para muchas risas) pero ese día se abrió como una flor esperando rocío, encima de la mesa del despacho, al lado de una foto familiar y de un banderín del Real Madrid. Constatar ke estaba encima de la mesa de akel ser inmundo follándome a maestro osito fue un incentivo ke acrecentó los jadeos, las embestidas y los mordiscos. Ke morbo, por Dios. Y ke vicio. Y ke gusto, joder. En la cumbre del acoplamiento, casi tiramos la cafetera y frenamos; en ese momento, tuve una ocurrencia, como un espejismo hecho de luz ke me atravesó el pensamiento sembrándolo de ideas pecaminosas, irresistibles y se me hacía imposible renunciar . Detuve en seco el ritmo besándole las pantorrillas posadas sobre mis hombros. Cambiamos de posición y me atreví a preguntárselo:

– ¿Harías algo por mí?
- Sí está en mi mano…
- Te va a parecer una gilipollez, pero si estás dispuesto…
- No des más vueltas y dime.
- ¿Ves esa cafetera? La voy a traer, la voy a poner encima de esta silla y cuando estés a punto, kiero ke te corras dentro.
- ¡ Pero eso es una guarrada! ¿ Por ké kieres ke haga eso?
- Es difícil de explicar, pero piensa en ke a ti no te cuesta nada y a mí me harías muy feliz.
- Si no me cuentas la razón, no lo haré.

Se lo conté.

- ¡Tú estás colgao! Ké retorcido!
- Cada uno usa las armas ke tiene; ya kisiera yo poder despedir a gente, pero no está en mi mano. Y además ¿A ti ké más te da?
- Macho, es ke menudas cosas pides…
- ¿ Lo harás?- pregunté mientras volví a empujar de improviso, en seco.
- Puff…Es ke es muy fuerte…- ronroneó al nublársele la vista.
- ¿Lo harás?- insistí mientras retomaba el ritmo ke nos hacía semejantes a una locomotora.
- Mira ke eres… pe…sa…do…
- ¿Lo harás?- cuando le mordía el cuello donde casi es nuca.

Ahí ya no contestó. Se dejaba hacer; cuando lo vi dispuesto, a punto de nieve, tuve la sangre fría de desacelerarme yo para así acercar la cafetera sobre la silla con cuidado y ponerla justo debajo de su polla, ke orientaba con la otra mano masturbándolo, con tan buen tino ke apenas se me escaparon unas gotitas. Cuando me llegó el turno, salí fuera, me kité el condón e hice lo mismo. Él me clavaba los ojos muy abiertos, anonadado, estupefacto y sin dar crédito. No me ha vuelto a llamar despues.

Es curioso ke sin embargo, la jornada del día siguiente transcurriera las primeras horas sin acordarme del tema. Creo recordar ke fue una mañana de locos, con mucho trabajo y muchos asuntos entre manos. Entre mis papeles y el ordenador andaba ocupado cuando, a través de la mampara de cristal ke separa nuestra empresa, vi pasar a directivo apestoso con su puro baboso apagado en la boca y su taza de café. Las carcajadas debieron de escucharse en Roma y mis compañeros acudieron en tropel para preguntarme la razón de mis risas, a lo ke por supuesto
respondí con mentiras . Pena ke no se puedan compartir estas anécdotas, ke la peña no sepa apreciarlas, en general. Ellos se lo pierden; a mí las risas cada vez ke lo veía con la taza, me animaron la semana una barbaridad.

Pero la cosa no acabó. Hubo una tercera oportunidad, buscada, deseada. Tenía el convencimiento de ke era una manera de venganza indolora para mis enemigos, gente ke , de verdad, se merecía un pekeño escarmiento, simbólico, más bien. A su vez, era una manera de estar en paz con ellos para mí. Era un juego tonto, ya sé, pero a veces las cosas tontas actuan como la justicia poética y ponen a cada persona en su lugar. Ellos no se enteraban y yo estaba feliz.

Con albañil pollón realmente no tengo nada. Nos hemos visto de uvas a brevas y han llegado a pasar años. Pasa ke muy de vez en cuando, él me llama a mí o yo lo llamó a él y follamos. Pese a tener apariencia de burro y una de las pollas más grandes ke han visto estos ojitos, en la cama es un verdadero maestro ke combina ternura, pasión y desenfreno. Pasa ke albañil pollón está casado e intento verlo lo menos posible, no me kedan muchas ganas sabiendo de su condición, de hecho hacía años ke no nos habíamos encontrao, pero una ocasión así merecía la llamada; él, como suponía, aceptó y en seguida lo tuve acompañándome por los pasillos vacíos.

– ¿ Nunca lo has hecho en un trastero?
– Hombre, no es el sitio más cómodo…
– En mi oficina no hay sitio para nada, ya lo estás viendo, y del resto no tengo llaves. – mentí – Akello es guay; sólo tiene los productos de limpieza, es cómodo y huele bien..
– Parece ke lo hubieras probado ya…
– No, tonto, pero me he imaginado muchas veces.
– ¿En serio?
– Es lo ke tiene aburrirse en el trabajo; en seguida me da por pensar en follar…

Es cierto ke el trastero olía bien y en el fondo resulta más higiénico ke echar un polvo en un aseo público, por poner un ejemplo. Los productos de limpieza impregnaban el aire de la pekeña habitación cerrada , ocupada por cubos, cepillos, fregonas, el carrito de la limpieza atestado de botellas y otros artefactos, y en el carrito, los guantes ke el limpiador antisistema siempre usaba cuando hacía ke limpiaba. En un rincón, la takilla de puerta rota dejaba asomar el mono de trabajo.

- ¿Sabes ké me gustaría?
-¿El ké?
-Ke te desnudaras y despues te pusieras ese mono con la cremallera bajada del todo.
-¿En serio te gustaría?
- Claro ke sí. Menudo morbo.
- Pues venga.

Salí fuera a fumarme un cigarro y cuando regresé el albañil pollón estaba con el mono verde puesto, abierto por los hombros hasta los huevos, como si fueran estos los ke aguantaran la tela, hermoso en su atractivo cuerpo curtido y desnudo de tío cuarentón ke hace ejercicio físico, dejándome ver sus esplendidos pezones del color del chocolate.
Menudo polvo, joder. Al terminar le di la balleta seca ke estaba en el carrito y ke el limpiador antisistema solía usar.

- ¿Me limpio con esto?
- Sí, sin problema.

Mientras ke parecía entretenido y ocupado limpiándose, agarré los guantes del limpiador antisistema y les di la vuelta. Con ellos limpié las manchas ke yo había dejado en el suelo y de nuevo los coloké en su antigua posición para ke pareciera ke nadie los había tocado. Al colgar el mono en su lugar de la garita metí la nariz dentro; olía a macho, a sudor, a semen; olía enteramente a albañil pollón.

Así ke ahora eran tres. Tres las razones. Tres los incentivos por los ke actualmente, cada día ke vuelvo al trabajo, me siento vengado y en paz. Akel ya no es terreno de nadie, ke lo he hecho mío marcando el territorio, como los animales. En el trabajo me siento más integrado, mucho más activo y rindo el doble, relajado, con ganas de estar agusto y pasarlo bien haciendo mis tareas. Si en algún momento me siento desmotivado o de bajón, de pronto pasa el carrito de la limpieza con el limpiador antisistema detrás, con los guantes y el mono puestos y me da la risa. O paso por al lado de la garita y me da por sonreir. De alguna manera creo ke he encontrado la manera de joder jodiendo a los ke se lo merecen y tener un desahogo en este sentimiento de clase trabajadora ke de pronto, me está haciendo muy feliz. Ustedes también deberían probarlo; ya verán como miran con otros ojos su lugar de trabajo. Apuesto a ke si todo el mundo hiciera lo mismo, la crisis sería más fácil del llevar.