Fuegos artificiales
LAS CENIZAS
Akà la primera parte; LA CHISPA
Aki la segunda parte: LA LLAMA
Akà la tercera parte: LAS BRASAS
Akà la cuarta parte : EL HUMO
FUEGOS ARTIFICIALES ( Y 5)
Lo siguiente ke recuerdo es estar en un descampado, apoyados en el coche ( ¡ Mi coche!), fumando unos porros, compartiendo una litrona. El aire pegajoso y marÃtimo de la madrugada me hizo volver a la consciencia perdida nosecuantas cervezas después. HabÃamos bebido mucho, y èl con su tamaño debÃa amortiguarlo, todo lo contrario ke me pasaba a mÃ, ke el alcohol me habÃa hecho el efecto de una bomba de la desmemoria, porke apenas recuerdo nada del bar más allá de una conversación de tanteo y bromas entre las cañas ke volaban rapidÃsimas. Creo ke, al menos, mantuve la dignidad y el ekilibrio, ke no es poco.
El ambiente era tan húmedo ke parecÃamos teletrasportados al Trópico, coronados por la luna hecha de una rodaja de naranja. No cesábamos de sudar, y la camiseta se le pegaba al pecho, escribiendo en lenguaje braille la palabra pezón.
Los dos apoyando la espalda y el culo en el coche, y mientras articulaba las palabras ke luego emitÃa al aire húmedo y pegajoso, su cuerpo vibraba de un modo ke hacia reverberar la chapa del coche en ondas metálicas, para recibirlas mi cuerpo después.Por eso no prestaba
atención a sus palabras; la sensación del eco de acero de su cuerpo en el mÃo era
demasiado cautivadora y absorbente. Hubo un instante en ke su brazo
rozó levemente mi brazo; su vello a contramano del mÃo, haciendo de peine suave y sutil, apenas una milésimas de segundo, ke tuvo el poder de un trallazo de electricidad estática de miles de voltios emocionales.
Su voz…Su voz también era deliciosa, mecagoenlaleche… La entonación chuleta madrileña me pone, no lo puedo evitar, y la suya era grave y de niño, tan tÃmido, directo y diáfano ke serÃa imposible no pensar ke el poseedor de esa voz era un buen tipo, y de hecho lo era; todas las caracterÃsticas de su voz serÃan aplicables a su persona. Y allà estaba yo, preguntándome ke sorpresa serÃa la siguiente., cuando podrÃa atacar, pasar a un plan ke ni recordaba y ke ni sikiera serÃa capaz de llevar a cabo en mi penoso estado etÃlico, hasta ke me di cuenta de ke me estaba hablando de…Su novio…
Las manos de niño le temblaban cuando le pasé el porro.
La borrachera se me bajó a los tobillos al ritmo de su confesión.
“ Yo lo dejé todo por él y a veces parece ke le diera igual. Dejé mi ciudad, me fui a Madrid, dejé mi trabajo, mis amigos y mi familia, pero a veces pienso ke no lo valora o me kiere…O al menos no como necesito…Él es una persona muy sexual, y me gusta , pero también me gustarÃa ke no sólo se acordara de mà para el sexo…Kiero decir…Es incapaz de darme un mÃnimo de cariño si no es para calentar la cama y si no estoy dispuesto a follar, se moskea…Y yo lo kiero tanto, lo necesito tanto…â€?
Je.
Ke irónico todo.
Si él supiera….
Nunca dejará de sorprenderme la capacidad ke se tiene en pareja de estar lejos cuando se está tan cerca; la miopÃa debe ser uno de los efectos del amor. Se kerÃan con locura y se estaban perdiendo mutuamente. Menudo par de gilipollas.
Es algo asumido por todo el mundo ke nunca apreciamos lo ke tenemos.
“Atravesamos una etapa rara. Encima ahora ha perdido el trabajo y no sé ké hacer para animarlo, siempre está deprimido y yo lo kiero tanto… Estuvo akà hace cosa de una semana, porke este año no hemos podido tomarnos las vacaciones juntos y volvió a Madrid distinto. No sé, como ausente. No me importa ke se acueste con otros, pero creo ke esta vez ha habido algo más y me pilla con pocas fuerzas para solucionarlo.�
Viva! ( Grité yo para mis adentros ) Viva y mil veces viva! Regresar como ausente sólo podÃa significar una cosa, y era totalmente a mi favor: habÃa dejado huella, habÃa sido algo más. Me sentà grande, me sentà fuerte, me sentà importante y ganador del primer round. Y eso ke todavÃa no habÃa dado el K.O. , porke el chico se estaba poniendo a tiro de una manera ke no me terminaba de creer, pero precisamente esa vulnerabilidad no escondida hacÃa de la pieza un trofeo mucho menos valioso y deseado. Entonces ocurrió algo ke me desbarató por completo: se puso a llorar.
Durante unos segundos interminables me kedé observando el recorrido de las lágrimas, hierático y estupefacto, tan blokeado como arrollado por como se estaban sucediendo los acontecimientos. No fue histérico, ni lleno de hipos ni ruidos ; fue un llanto grave, silencioso, de los ke dejan escapar lagrimas grandes como rÃos de lava; lentas, ardientes, pesadas.
Conseguà reaccionar y le apreté el hombro, diciéndole vaguedades y terrenos comunes del tipo “ no te preocupesâ€? o , “todo se va a arreglar “, incluso “ seguro ke sólo es una mala racha “, mientras él se tapaba la cara en un gesto de vergüenza púdica, pidiéndome disculpas y repitiendo como una letanÃa “Es ke no puedo más…Y ya no sé ke hacer…â€?.
En ese momento, con dos frases oportunamente dichas, hubiese hecho historia de la pareja ke ellos dos formaban. Pero no es ke no kisiera…Es ke no podÃa.
Se mostraba ( transparentemente) dolido y sincero, niño y hombre, y esa autenticidad me estaba deshaciendo las entrañas congeladas para convertirme en un ser con instinto de protección, deseoso de ser de nuevo receptivo a la ternura. Alguien ke un dÃa fui y del ke ya ni me acordaba.
Una ternura ke me estalló en la cara cuando de improviso me abrazó para derrumbarse, y esta vez sÃ, llorar desconsoladamente. ParecÃa con mucha necesidad de hacerlo, y por eso kizás tenÃa el sonido profundo de lo ke ha sido guardado durante meses, incluso años. El alcohol muchas veces es la llave. El cuerpo le temblaba en un estremecimiento ke se encadenaba con otro estremecimiento y ke por contagio me estremecÃa a mÃ.
Juro ke me dejó sin capacidad de reacción, ke hasta subir los brazos para devolverle torpemente el abrazo me costó un esfuerzo de máxima dificultad. Pero no me atrevà a apretar; mantenÃa la distancia con prudencia porke tenÃa miedo, miedo paralizante, pero no sé si más de él o de mà mismo.
No sabrÃa contar cuantos minutos transcurrieron, pero pesaban como siglos. Él se fue calmando poco a poco y acertó a decir mientras deshacÃa el abrazo “ Perdona por la escenita…No suelo acostumbrar a hacer esto…â€?. Le kité importancia y me atrevà a echar mano de un par de bromas ke hasta le robaron una sonrisa entrecortada. Seguà bromeando y casi se rió. Por primera vez desde ke nos habÃamos conocido y a la vez ke se limpiaba la nariz con la muñeca, me miró a los ojos.
SabÃa ke lo iba hacer, lo sabÃa.
Fue como un recuerdo ke me vino de improviso. Como también recordé ke estaba a punto de besarme, porke los seres humanos somos casi idénticos en nuestros comportamientos, y lo ke él iba a hacer lo habÃan hecho miles de personas ya. Es como si kedara grabado en nuestros genes y en la memoria colectiva y yo en ese momento lo recordé. Ni sikiera en nuestras vivencias somos únicos o especiales; siempre hubo alguien ke ya vivió lo mismo ke tú. Por eso sabÃa ke su beso serÃa lento y dulce, acuoso, con sabor pecaminoso y el deje reconocible de la culpabilidad y la venganza.
El conocimiento Ãntimo de su lengua tuvo el poder de regresarme a la realidad bruscamente.
Un momento, me dije.
( Su lengua rebuscando en mi boca)
KE SE PARE TODO UN MOMENTO, JODER.
No, no, no, NO.
Si follaba con él me convertirÃa en lo ke siempre detesté; un marica-tipo sin escrúpulos, un monstruo nacido de lo más oscuro del ambiente, de los ke ya no reciben placer por lo bueno, sino por lo malo, de los ke merodean en las discotecas a las seis de la mañana en busca de la pieza más tierna a despedazar, de los ke ya no tendrán solución posible ni vuelta del
camino. No; no iba a permitir ke el sufrimiento me convirtiese en unmonstruo de cadera blanda afilada y pluma manchada con la sangre de los otros; si lo pierdo todo, al menos ke me keden los principios y una pizca de dignidad.
Cuando tuve su boca en la mÃa, por fin pude pensar calmadamente, y mientras mi nuevo y mi antiguo yo se disputaban la decisión final, pensé ke no estaba dispuesto a ser un engranaje más de la apisonadora ke, tarde o temprano, a todos nos pasa por encima. Akello no estaba bien, me estaba comportando como un hijodeputa retorcido, no tanto por el posible polvo en sà sino por sus circunstancias, nada atenuantes; los dos habÃan sido honestos conmigo y eran buenos tipos ¿ Con ké derecho , con ké argumentos me creÃa justificado? ¿ Ké cojones hacÃa yo jodiendo nada? ¿ Ke sentido tenÃa ningún puto plan ke no fuese irme , salir corriendo? ¿ Como se me habÃa ocurrido llegar allà para irle con el cuento?
Era evidente ke ellos se kerÃan , por lo tanto, no habÃa nada más ke hacer. El amor lo justificaba todo; el resto, son fuegos artificiales… Y por amor, debÃa hacer un gesto digno de toda akella historia, un gesto de renuncia como la mayor muestra de ke lo ke yo sentÃa era verdadero y auténtico.
“Oyeâ€? le dije para cogerlo de los hombros, separándolo de mà “ tú no estás bien, y si yo me acostara contigo esta noche estarÃa aprovechándome de la situación. Me da rabia este atake de bondad y de principios, porke tienes un polvazo , pero me gusta ke me elijan por mà mismo, no de carambola…¿ Me comprendes?â€?
Me miraba con los ojos en blanco; no estarÃa muy acostumbrado a los rechazos y akella declaración mÃa nos dejaba a ambos en una situación cuando menos incómoda.
“¿ Sabes? No soy kien para dar consejos, y no os conozco casi de nada, pero creo ke deberÃas llamar a tu novio mañana mismo y hablar con él. Es evidente ke lo kieres, y posiblemente él también te kiera , pero no todo el mundo es capaz de demostrarlo de la misma manera. Te aseguro ke alguien ke kiere follar contigo a todas horas es alguien ke te ama…Ya me gustarÃa …No sabes lo ke es ke pasen meses y nadie tenga necesidad de ti….â€?
Encendà un cigarro para marcar aún más las distancias y hacerlas irrenunciables. No sé si lo entendió o es ke le habÃa molestado, pero sé ke soné muy convincente, y después del sermón, sólo me contestó con un “Llévame a casa â€?, seco, sin espera de respuesta.
Eso hice. Puse música y ni una palabra salió de nuestras bocas en el trayecto. Puede ke no tuviera excusa, pero al menos ya no me sentÃa tan mierda, y si él hubiera sabido, me lo habrÃa agradecido, pero no, no podÃa decirle nada. Mejor todo asÃ. El mal menor era ke se despidiera con un portazo.
Pero no lo dio, sólo dijo:
“Gracias por todo…Y perdona… Seguramente tienes razón y esta noche he hecho el ridÃculo…Ha debido de ser el alcohol. â€?
El alcohol siempre es una buena excusa y todo el mundo lo sabe.
En el coche volvà aliviado pero con la insatisfacción atroz de sentir ke la historia no tenÃa una conclusión, como un libro al ke alguien arrancó las últimas páginas, como una peli cercenada de fotogramas. Por eso siempre preferiré la literatura antes ke la vida: en lo escrito, las cosas tienen orden, sentido, llevan a algún sitio; en la vida, no.
Aunke lo escrito sea artificial o mentira.
Llegué a casa casi amaneciendo, agotado de tanto devenir emocional, preso del insomnio. Estaba superado por los acontecimientos, nervioso por lo ocurrido, y se me ocurrió ordenar la habitación en vez de dar vueltas en la cama. Zapatos a su sitio, periódicos atrasados a la basura…En un rincón todavÃa estaba la mochila ke me habÃa llevado a la playa; saké la esterilla, la toalla, el protector. En el fondo de la mochila, un papel doblado ke desdoblé por si era algo importante. En bolÃgrafo apresurado , unas palabras escritas con una letra ke no era mÃa:
¿Sabes? El otro dÃa en el sendero deberÃa haberte dado la mano. Ahora me arrepiento de no haberlo hecho.
Nunca olvidaré estos dÃas ni me olvidaré de ti.
Gracias
Kizás esa nota pueda considerarse un fin y decir eso fue todo.
Pero en realidad, no.
Cuando presencio un castillo de fuegos artificiales me acuerdo, estremeciéndome, de su cuello estrechado entre mis manos ( y este verano he presenciado muchos…fuegos artificiales ) y sé ke ya , siempre , cuando vea la pólvora luminosa explotar, me volveré a acordar de él y de tres dÃas maravillosos de Agosto donde los astros y el tiempo se detuvieron por nosotros. Y cada vez ke vuelva a las playas ke nos vieron juntos, me acordaré de él , reviviendo las escenas como si fueran ajenas a mà por estar ya escritas. Aún asÃ, deseo con todas mis fuerzas sinceras ke ellos dos puedan ser felices; un poco, moderadamente, pero felices.
Y efectivamente, como suponÃa, nadie consigue estar a la altura. En la lÃnea ke describe mi vida, él serÃa apenas un punto, y sin embargo, brilló con tanta intensidad ke aún estoy cegado. Me jode guardar esta especie de luto, comportarme como un siervo deseoso de humillación, pero el amour fou tiene sus reglas y yo acepté jugar; ahora es cuando me toca pagar la apuesta y lo jugado. Es injusto ke me remueva más ke otros hombres con los ke convivà pero yo, al menos, no se orientar mis emociones, hacerlas justas y ecuánimes; si fuera asÃ, no serÃan emociones…SerÃan pensamientos escritos en un papel…
Como ahora.
Con esta historia he perdido el único lenguaje del ke me sentÃa dueño y experto, y meses después, aún no lo he recuperado, y eso sà ke me deja triste durante horas, porke ni a los pekeños placeres del sexo esporádico parece ke tenga derecho ya. Tengo la impresión de ke el sexo nunca volverá a ser igual y de ke yo me kedaré mudo el resto de mi vida. Al final, las excursiones del viaje , por muy bonitas ke sean, nunca compensan.
O sÃ.
Porke se aprende. Y eso le da un sentido a la existencia, el convencimiento de ke ha merecido la pena acumular experiencias, llenar las hojas del libro ke vamos escribiendo cada dÃa vivido. Sin necesidad de escribir.
Como siempre, me keda atar palabras para fotografiar con la memoria. Una vez escritas las emociones, casi me siento un poco Dios, y soy capaz de mirar a los personajes con la distancia adecuada, incluso aplicándoles una pátina de humor, pero sólo después de estar escrito. Ahora las palabras son más controlables y los personajes ( incluso yo) más entendibles. Ahora miro su foto, buceo en sus ojos-miel de la imagen kieta y me alegro de haber conocido el mejor y más verdadero sabor del verano y aceptarlo como bueno, como un privilegio ke casi me hace un iluminado ke debe contar su revelación. Ahora me siento orgulloso de haber sido elegido por el amour fou para ser su profeta. La vida se ha hecho literatura y todo tiene sentido.
Y ahora, por fin, acepto ke nada hay más artificial ke vivir .
Todo el mundo deberÃa saberlo.
FIN
EL HUMO
Akà la primera parte; LA CHISPA
Aki la segunda parte: LA LLAMA
Akà la tercer parte: LAS BRASAS
FUEGOS ARTIFICIALES 4
En ningún momento me plantee lo disparatado del asunto y de hecho lo encontraba totalmente coherente; si akel era un amor tan violentamente visceral, tan sÃsmico y maldito, tenÃa su lógica tal arrebato de posesión, asumiendo y contando con ke la aventura podÃa salir mal, pero de eso se trataba: de ensuciar el impoluto lienzo ke me habÃan dejado y ke en su blancor me trasmitÃa ke nada refulgirÃa igual.
Lo comprobé a los tres dÃas, cuando kedé con un tÃo de los ke siempre me ponen a cien, de los amantes fijos porke se lo han ganado. En realidad no buscaba un polvo; buscaba un exorcismo. Urgente.
Sin embargo, en la cama, me vi soñando con unos ojos abiertos, preguntándome ¿ Ké coño hago yo ak�
Ha sido uno de los polvos más tristes ke he echao en mi vida.
Maldita sea.
Maldita sea.
No se las veces ke me lo repetà esa noche.
Akel fuego podÃa ser artificial, mentiroso, pero me estaba consumiendo vivo.
Me habÃan convertido en un esclavo y tenÃa ke romper las cadenas de algún modo y, miratúpordonde, sólo se me ocurrÃa uno. Tiene la cosa cojones, porke siempre he sido un puto desastre para organizar mi vida, y sin embargo, saké una faceta meticulosa y concienzuda esos dÃas ke me pilló totalmente de improviso; nunca se conoce uno lo suficiente. Está claro. Todo el mundo lo sabe.
Pedà varias tardes libres en el trabajo para poder realizar un seguimiento perfecto. Me hice un planning de horas y sitios, haciendo cálculos de los trayectos y del tiempo ke permanecerÃa en el coche, a pocos metros de distancia de la calle donde sabÃa estaba la casa familiar de veraneo en akel pueblo de mala muerte estival. Si me llevaba un sándwich y no comÃa…Si me llevaba una almohada y dormÃa en el coche….Cualkier sacrificio sabÃa a poco si el plan daba resultado, y estaba tan convencido, parecÃa tan fácil y necesario para acabar con la maldición del amour fou….Tan mitificado….Tan cinematográfico…¡ Su puta madre!
Las primeras cuatro horas del primer dÃa ke pasé agazapado en el coche no hubo suerte, ni una pista; niños, familias, parejas, mucho pensionista…Sin embargo, nadie ke encajara con la descripción ke yo tenÃa hecha en la imaginación. Mi desvarÃo no llegaba al punto de vencer a la timidez salvaje ke me sale en momentos comprometidos, asà ke fue una vigilancia pasiva; nada de bajarme del vehÃculo y preguntar por ese nombre tan raro y poco común.
Como el segundo dÃa se repitió la historia, buské una excusa ( burda y poco construida) para escaparme del curro por la mañana en el tercer dÃa. HabÃa contado ke tenÃa a un familiar ingresado con serios problemas mentales y debÃa acudir siempre ke me llamaran, pero noté en las caras ke no me creÃan. Más bien debÃan pensar ke el ke tenÃa serios problemas mentales era yo, de lo nervioso y distraÃdo ke me encontraban.
Y al pueblo costero de turismo familiar de mala muerte conducÃa yo con la fe de los iluminados, de los ke han visto lo imposible, de los ke lo tienen todo perdido y no tienen nada ke perder. Sin embargo, la fe lo único ke da es fuerzas; ni suerte ni razón, y la mañana del tercer dÃa, con un calor inhumano pese a estar bajo los brazos del aire acondicionado del auto, tampoco lo encontré. Mi método de vigilancia aleatoria no daba resultado, pero a esas alturas del año no podÃa pedirme uno o varios dÃas libres ( si kerÃa conservar mi puesto de trabajo, claro) asà ke no habÃa otra ke hacerse a la idea de ke, si no estaba un dÃa entero, lo tenÃa complicado. Pensé en abandonar la tarea de puro aburrimiento, porke además no podÃa esperar algo bueno de mi suerte habitual; llamarla pésima es kedarse corto.
Antes, un último intento, el definitivo, agarrándome a un razonamiento ardiente, porke , estando ya el fin de semana cerca, no serÃa raro encontrarlo en el garito donde comenzó todo, donde conocà a cuello de toro y me vi envuelto en la maldición del amour fou. La norma ke dice ke el marica es un animal social necesitado de estar entre iguales casi siempre se cumple.
Fui concienzudo ( de nuevo) esta vez en lo de vestirme para matar; tomé el sol por la tarde, dormà un par de horas antes de cenar , me hice limpieza de cutis….Todo por sacar lo mejor de mÃ…Dentro de lo posible.
Volver al lugar de los hechos tenÃa el regusto de lo prohibido, de pecado y sacrificio, del terreno vedado ke se cruza y activa los sensores del peligro para llenarte de adrenalina. Las piernas me hormigueaban al pisar el acelerador y habÃa fuegos artificiales ( en mi cabeza) ke me embotaban el entendimiento.
HabÃan pasado dos horas de la media noche.
El local estaba más vacÃo ke la semana anterior y la música, pues bueno, un poco asÃ. Me fui a la barra y me senté justo en el lugar donde lo habÃa encontrado a él, a ver si me traÃa suerte.
Pedà una cerveza y crucé los dos dedos.
Pedà dos cervezas y leà una revista atrasada. No es ke entrara mucha gente ke digamos y desde luego, ninguno tenÃa pinta de ser él . Los camareros parecÃan aún más aburridos ke yo.
Al acabar la tercera cerveza tuve un leve atake de cordura ( mezclada con una incipiente borrachera, vaya por Dios) y de repente, después de tres dÃas inmerso en la locura, pensé ke lo ke estaba haciendo no tenÃa sentido e incluso ke alguien lo podrÃa calificar de desvarÃo neuronal.
Pedà la cuenta, rápido; tenÃa ke salir de allà , como si la olla se me hubiese ido en la calle, en un descuido y tuviera ke volver corriendo a recuperarla. Deprisa.
Pagué a trompicones , rápido. Me asfixiaba la vergüenza de ser consciente de mi atrevimiento y no atinaba a guardarme la cartera cuando noté una presencia entrar .
No sé como explicar esto, pero aún teniendo la cabeza agachada, lo supe.
Supe ke era kien andaba buscando.
Llámenlo intuición marikita, llámenlo olfato , llámenlo pura suerte de acertar, pero supe ke era él con un convencimiento tal ke hasta me dio palo levantar la cabeza, no fuera a ser ke èl también me reconociera, ya ves tú.
Vi sus zapatillas Adidas, veloces, dirigiéndose a la barra , deteniéndose justo a mi lado. Le escuché pedir un cubata con voz grave, musical y chuleta, inekivocamente madrileña. Kilos de pólvora estallando en mi interior antes de levantar la mirada y recorrer unos tejanos ke cubrÃan piernas tan rotundas como recias, una camiseta azul ke vestÃa un abdomen osuno y tierno, sin exageraciones, hecho de carne dura sin estridencias, suave. Una levÃsima barriga anunciaba años de tallas grandes. Sus brazos torneados estaban cubiertos de un fino vello negro, regular, casi peinado; en su muñeca derecha, una muñekera de correas de cuero. Las manos pekeñas, las uñas, mordidas.
Manos de niño.
Por fin reunà valor para escalar con la mirada ( de reojo) y puedo decir ke de perfil era casi casi como yo lo habÃa imaginado…Con kince años menos…No sé si es ke no lo escuché o es ke cuello de toro no me lo especificó, pero no pensé ke fuese tan joven; veintidós como mucho. El pelo negro, brillante, ordenadamente revuelto. Pese al cuerpo hecho, pese a su pesada presencia, si mirabas a sus ojos oscuros, más allá de una nariz irregular ke le daba aire de boxeador y de la barba de tres dÃas, veÃas todavÃa el brillo de cierta pureza e inocencia ke muchos hace tiempo perdimos, por eso es tan fácil de reconocer en otros. Los piercings no aminoraban esa imagen, al contrario; la ceja caÃda le daba un aire tristón y ensimismado. El conjunto tenÃa mucho de fascinante, con la virtud sutil e indefinible ke poseen algunos rostros a los ke nunca te cansarÃas de mirar.
A su lado, evidentemente, yo no tenÃa ni una Ãnfima posibilidad. Entendà de súbito, como kien entiende un puñetazo en la cara, ke siempre lo preferirÃa a él ( en una hipotética elección ke no se habÃa dado), asà ke la satisfacción personal de saberse mejor y actuar en consecuencia, dejaba de ser una opción.
Era….Era…¿ Cómo decirlo?…Para ke dar más vueltas….Era rematadamente guapo, mecagoenlaputa. La mezcla de hombre y niño, de cuerpo recio y rostro sin ángulos afilados lo hacÃan irresistible, y pese a ke esas edades ya son infancia intocable para mÃ, tengo ke reconocer ke por mucho ke kiera llamarlo celos, por mucho ke kiera disfrazarlo de venganza, lo ke sentÃa tenÃa un oscuro y profundo fondo sexual, ganas de follármelo sobre todas las cosas, coserlo con la lengua y dejarlo p´al arrastre, de esa manera tan animal ke me posee y ke ekivale a marcar el dominio y el territorio a base de pollazos. A mi modo, es una victoria pÃrrica.
A veces me asusto de lo puta ke puedo llegar a ser. Espero ke eso sea algo ke no todo el mundo sabe…
Y a veces me asombro de hasta ke punto me he acostumbrado a expresar toda clase de sentimientos y respuestas follando; se ve ke es el único lenguaje ke, de verdad, he llegado a conocer.
Pero son muy pocas veces.
La mayorÃa, el piloto automático animal toma las riendas, sin asombros ni sustos, por encima de mi antiguo y de mi nuevo yo. Y si cuando ya eres consciente de ke no te podrás resistir encuentras en la vÃctima una sonrisa de complicidad, una invitación a una charla con la mirada, entonces ya el asunto es irrefrenable.
Como en esa ocasión.
Yo le pregunté “Eres de akÃâ€? y acercó la mano amistosamente, diciendo “Hola, me llamo…..â€? y pronunciando el nombre , ese nombre tan poco común y extraño, tan ponzoñoso ke por las noches convertÃa en pesadillas mis sueños. Supe ke la suerte ( por fin) volaba a mi favor y miles de fuegos artificiales me estallaron dentro.
SÃ; la suerte estaba de mi lado, aunke algún clásico griego a esa suerte la habrÃa llamado fatalidad.
( Continuará…Con el último capÃtulo)
LAS BRASAS
Fuegos artificiales 3
Akà la primera parte; LA CHISPA
Aki la segunda parte: LA LLAMA
Si se cumplÃa lo previsible, el tercer y último dÃa, tendrÃa ke salir mal.
Por cojones.
Demasiado perfecto todo, demasiado entendimiento, demasiado sueño hecho cuello, besos y piel, demasiadas normas de conducta olvidadas para no hacerme daño. Y el caso, es ke no sé si por mi predisposición o porke las cosas son como son, la primera hora, de ida en el coche y ya sentados en la playa, fue gélida y convencional, incluso con un punto aburrido. Si ya lo sabÃa yo…
Esta vez la playa era otra, L, en un estado deplorable aunke aún tenga rastros de su antiguo esplendor. Las charcas salinas de color ocre de alrededor y el paisaje de dunas y pinos retorcidos hacen ke compense. Fuimos los únicos ke nos desnudamos y eso hacÃa más incómoda la cercanÃa y más gruesa la pared invisible ke nos estaba separando. Volvió a hablarme de su novio, de su relación abierta, alguien con un nombre ( por raro) difÃcil de olvidar. Recuerdo ke comentó ke tenÃa dos piercings ( uno por ceja) y ke a sus padres por eso no les gustó. Dijo ke ocuparÃa la casa los próximos dÃas, porke este año no habÃan coincidido en vacaciones y vendrÃa solo.
“¿Sabes? Despues de tres años estoy muy enamorado, pero no sé como demostrárselo, lo único ke me apetece todo el tiempo es follar, pero no como un desahogo, en serio; es una pura demostración de amor; ya ke no puedo comérmelo, por lo menos me lo follo�
Eso era bonito, cojones.
Y no iba dedicado a mÃ.
“Lo ke pasa es ke yo soy muy bestia, me blokeo y no tengo nada de cuidado ni sé callarme la boca. Por ejemplo ahora, has puesto una cara cuando te he dicho lo de mi novio ke era todo un poema , jejeje….Lo siento….No, no trankilo, si lo entiendo; he sido un gilipollas, un bocas, como siempre, pero hay algo ke debes saber porke aún no habÃa terminado; si te hablo tan francamente de mi novio es porke… No sé…Apuesto a ke te gustarÃa…Y sobre todo…Puede parecer una putada lo ke voy a decirte pero es un elogio sincero con el ke espero hagas el mejor uso posible…â€? (me apretó la mano, me arrasó con los ojos para rematar) “Intento no olvidarme de él cuando estoy contigo, porke si me olvido, te aseguro ke no vuelvo a Madridâ€?
Con la mirada rompió corazas, mamparas, armaduras, nudos y todo lo ke nos impedÃa hacer magia otra vez. El muro cayó estrepitosamente.
Vamos al agua, me dijo arrastrándome.
Ke importaba ke akella fuera una playa familiar, a él al menos no, y a mà me encantó ke no le importara; de nuevo me llevó a sus brazos, de nuevo fue él kien tomó la iniciativa, de nuevo la sal en sus labios y en el mar. Y su cuello, joder, su cuello. No podÃa creer ke de nuevo me pasara a mà y me sentÃa un privilegiado, elegido por los dioses para sentir algo de tal calibre, ser testigo y protagonista. Pero el testigo de un prodigio no sirve de nada si luego no lo cuenta; tal vez por eso lo cuento ahora akÃ…Esa serÃa una buena excusa…
Yo sà cerraba los párpados, tratando de aprehender todas las sensaciones posibles; la luz de akel dÃa, sus abrazos resbaladizos dentro del mar, el sabor de sus orejas empapadas, la leve brisa ke nos acariciaba. No soy kien para calificar la felicidad de los demás, pero la mÃa esa tarde no tenÃa altura, ni se podÃa abarcar, ni era medible ni desde luego, asumible para mi corazón, ke casi parecÃa explotar en cada latido. Es el único modo; sólo cuando somos conscientes de ke algo se acaba porke tiene una fecha de caducidad inamovible, somos capaces de vivirlo y disfrutarlo en plenitud, y esa, seguramente, es una de las
verdades más terribles y rotundas ke se nos puede aplicar a la totalidad de los seres humanos.
Akel dÃa sà ke hablábamos, cruzando temas, solapando palabras, y cuanto más me contaba, más evidente era ke nuestras vidas de casi los mismos años vividos, habÃan tenido cursos paralelos de una manera asustante. Y luego coincidÃamos totalmente en gustos; en Madrid visitaba los mismos locales ke yo, en música casi escuchábamos lo mismo, nuestras pelÃculas favoritas eran casi las mismas. Sin embargo, el fantasma de su novio revoloteaba a cada argumento y más ansia me daba de ser yo, formar parte de su vida, de esos sábados en el sofá con su novio viendo pelis, de los paseos en patines en pareja, ganas de acompañarlo en su nueva y difÃcil etapa tras haberse kedao sin curro, envidia de kien compartÃa una vida con él, una relación abierta. TenÃa tanta envidia de su novio, sin conocerlo, ke me kemaba la sangre, y cada vez ke contaba cosas de ellos le hubiese gritado ke se callase ya, porke nunca la primera persona del plural me habÃa dolido tanto pronunciada por otro. Eran espasmos de inconformismo con las cartas ke en esa partida me habÃan dado; hubiese dado un golpe en la mesa y hubiese mandado mi madurez y la baraja al carajo.
Pero las malas sensaciones eran apenas perceptibles en su duración, porke estando con él, me negué a desaprovechar la oportunidad en amarguras y diskisiciones, asà ke dejé ke las horas volaran imposibles de retener para atardecer pronto, en una mezcla de placer e impotencia ke me hacÃan sentir, de nuevo, adolescente ¿ SabrÃa el cataclismo emocional ke me estaba causando? ¿ SentirÃa lo mismo él?
¿ SerÃa todo akello un espejismo, invenciones de nuestra imaginación, fuego de mentira ke se alimenta de pólvora y ke se apaga tan rápido como se enciende?
Esas fueron algunas de las preguntas ke NO me hice y ke sà hubiera hecho mi antiguo yo. Por fin me dejé llevar surfeando en el momento. He tardado casi una eternidad en poder llegar hasta akÃ, en encontrar la ola vital definitiva.
Las preguntas se inventaron para los infelices, no hay duda alguna.
Le propuse ir a una de las charcas del parque natural y él aceptó encantado. Tan acostumbrado estoy a los desplantes y a las caras raras en momentos asà ke ya una sonrisa de complicidad me parece lo máximo, y en akella tarde de exprimir el presente hasta sus últimas consecuencias, más.
Nos rodeó la noche cuando estábamos en la charca de muy poca profundidad , rodando y acostados, con el agua aún caliente, en un ritmo lento, emboscados en un beso de ojos abiertos ke no kerÃa acabarse. La cercanÃa del aeropuerto hacÃa ke los aviones iluminados pasaran justo por encima de nosotros a pokÃsimos metros de altura, en un ruido ensordecedor, dándole a la atmósfera un aire irreal, de ciencia ficción, fantasmagóricamente fotogénico.
En su ruido , parecÃa ke el cielo se agrietara , ke se nos venÃa encima, rompiéndose en miles de pedazos hechos de estrellas, reflejos de luz y nubes oscuras. Nunca dejó de sonreÃr, y para mà akello era tanto…. En sus ojos me vi a mà mismo reflejado y yo también sonreÃa, en una sonrisa amplia y brillante, lo ke significaba ke ninguno de los dos podÃamos dejar de sonreÃr, como atontados, borrachos de amor, arrastrados por una fuerza magnética ke nos unÃa irremediablemente. La felicidad nos brotaba de los poros ke bañaba el agua ahora negra, levemente iluminada con el reflejo de las luces de la ciudad .
Ay si en esos momentos se pudiera decir te amo sin temor, sin preocuparse de ser malentendido, con todas las consecuencias de vivir el minuto hasta su último segundo y olvidarse del futuro, de lo ke pueda pasar. Porke sÃ, en esos instantes uno siente absoluto y verdadero amor; fugaz, breve, intenso y loco, pero amor. Y serÃa capaz de pegarme con kien diga lo contrario.
HacÃa frÃo al salir del agua y me cubrió con su toalla. AllÃ, abrazados y desnudos, piel temblorosa contra piel, sentà la sensación de hogar y de protección más potente ke he sentido nunca.
Recordé ke era kince de Agosto, miré la hora de reojo y le comenté “ Ahora te tengo preparado un regalo muy especial.�, a lo ke él me respondió con un gesto extrañado.
Y entonces ocurrió; en los pueblos de al lado, en SP, en SJ, en P, en LA….En el cielo estrellado de todos esos pueblos empezaron a explotar cohetes, primero de uno en un uno, luego fueron más, y al final el cielo se convirtió en un gigantesco tapiz de fuegos artificiales, uno tras otro, con apenas unos minutos de intervalo, de una manera exacta y precisa en su perfección, ocupando la totalidad del cielo y llenándolo de luces chisporroteantes y juguetonas, casi como si estuviéramos viendo amanecer en un planeta distinto . Era la Virgen de Agosto y en casi todos los pueblos de por akà se recuerda la fecha con castillos de fuegos artificiales. Sus explosiones como redobles rÃtmicos, su reflejo multicolor, brillante e intermitente y su reflejo en las charcas , iluminaba la noche multiplicando sus dibujos luminosos por cientos, por miles, por millones de estelas de colores, haciendo de akel momento el premio y el destino de toda una vida. Todo era tan enrevesadamente bonito, tan medido estéticamente, tan idealmente colocado ( él, las charcas, los fuegos de Agosto, yo) y tan preparado por una mano mágica benefactora, tan abigarrado en su belleza, ke me sentà protagonizando un musical, el más fantasioso, moña y kistch. Pero era real, yo fui testigo y protagonista, y tardaré siglos en olvidarlo, protegido bajo su toalla y su enorme cuerpo confortable y cálido, aspirando su olor intensamente, acariciando su cuello por última vez , con la velocidad imperceptible de lo ke se está muriendo. No creo haber vivido nunca tanta intensidad, tanto derroche, tanta perfección concentrada ke me hacÃa agarrarme a él cada vez más fuerte, sin kererlo soltar, como si se pudieran parar las agujas del reloj en ese acto. Sin embargo, las agujas siguieron en su inexorable recorrido circular y los fuegos se fueron apagando poco a poco, dejándonos completamente en la oscuridad y no sólo en la fÃsica, también en espiritu.
Si del agua hubiese salido en ese momento un cuarteto de cuerda para acompañar el espectáculo, hubiese sido totalmente asumible y coherente con el resto de la escena.
“Me ha encantado tu regalo�, me dijo con una palabra en forma de beso, porke los besos también son un lenguaje.
Kedarse asÃ…SerÃa tan chulo kedarse asà para siempre, como en una fotografÃa hecha de carne, abrazados, y con el gusto en la boca de la sal, el olor a la pólvora, una sonrisa y el amor. Amour fou.
El sabor del fuego artificial.
El sabor de Agosto.
Hubo ke volver a nacer, salir a la luz nocturna de lo cotidiano donde cosas asà seguramente no volverÃan a pasarme, en esta nueva vida ke debÃa empezar sin él, sabiendo ke existÃa, ke a cuatro horas en tren habÃa alguien ke me habÃa hecho sumamente feliz apenas cuarentayocho horas después de habernos conocido..No hubiese salido nunca de akel útero invisible y mágico, pero él tenÃa razones mundanas ke atender, porke ya llegaba muy tarde y lo esperaban sus padres, asà ke respiré de nuevo y comencé a vivir desde el principio, pero esta vez con una tara grandÃsima, como una roca encadenada en el tobillo; la tristeza de ke serÃa imposible ( por mucho ke me lo propusiese, por mucho ke me empeñara) protagonizar, en lo ke me kedaba de existencia, una escena tan sublime.
Daban ganas de no intentar respirar, de no iniciar el proceso de existir, porke….¿ Para ké?
Nada ni (sobre todo) nadie, estarÃa a la altura.
La vida se inventó para los ke no saben lo ke les espera, es evidente.
Efectivamente; los astros, volvieron a su órbita, el tiempo, volvió a discurrir.
Nunca le agradeceré lo suficiente ke en la vuelta no cortase la conexión; yo ya sabÃa de lo imposible de lo nuestro, no hacÃa falta ser frÃo en los últimos minutos. SabÃa también ke el presente serÃa una maldición insalvable en el futuro, porke una experiencia de tal calibre kedarÃa incólume, sin borrones ni errores, idealizándose y creciendo cada vez más, falseándome la realidad como si fuese lo más grande vivido, como si lo demás no tuviera alguna importancia, haciendo de mi existencia un camino ke únicamente me conducÃa a tres dÃas de Agosto, de manera circular y siempre en pretérito.
Aún asÃ, agradecà a muerte la ternura envuelta en una sonrisa, el especial cuidado en esos instantes ke antecedÃan a la despedida , aunke lo ke deseaba en ese momento eran razones para no kererlo de manera tan visceral .
El último beso ( en medio de la calle llena de gente; no importaba) tuvo un sabor agridulce, a derrota victoriosa.
Otro beso de ojos abiertos ke decÃa más ke muchas enciclopedias.
Intercambiamos correos, direcciones y demás sistemas de control virtual, como si tuviéramos alguna posibilidad de mantener akello, ke risa.
Un último esfuerzo para grabar su imagen en mi memoria: cuello de toro, ojos de miel, cabeza rapada, boca ke ilumina….CLICK.
Una foto para demostrarme a mà mismo ke no fue un sueño.
Esa noche ke no acababa nunca , mi cama se hizo grandÃsima , inabarcable. SentÃa un desgarro invisible ke no me dejaba ni respirar. Porke ya soy un hombre, ke si no….Ke si no…Hubiera ido a raptarlo, lo hubiese llamado, me hubiese pasado la noche llorando….Kizás lo hice y no recuerdo…O no…
Pasé dos dÃas infernales de vuelta al trabajo, con intercambio de sms ke apenas saciaban mis ganas descomunales de tenerlo cerca. Por la noche sólo veÃa sus ojos abiertos color miel mirándome, por el dÃa me parecÃa encontrármelo en cualkier rincón de la ciudad, su cuello de toro, su cráneo brillante…
P. me dijo por teléfono: “ DeberÃas estar contento, perra; hay gente ke no va vivir una historia asà jamás ni a va a sentir en millones de historias de amor lo ke tú has sentido en sólo dos dÃas. Piénsalo; te has kedao con lo mejor.â€?
Y una mierda.
No, no me resignaba, y cuantas más horas pasaban desde ke nos separamos, sin un fin concreto, sin nada planeado, sentà unos deseos irrefrenables de cagarla, joderlo todo para ke me odiara y odiarlo asà a él , romper la perfección de su mundo de postal para traerlo a mi mundo de lagrimas.
El dolor provoca ganas de hacer daño, eso fijo.
Y el mundo está lleno de gente ke hiere porke un dÃa lo pasó chungo. Además de ser verdad, es otra excusa estupenda, y yo no la iba a desaprovechar.
De algún modo, se hizo grande en mi cabeza la posibilidad más cercana y factible; conocer a su novio. SerÃa una manera de desmitificar la experiencia, de desinfectarla del virus de la poética y sacarla de mà para poder disfrutarla desde lejos, como un recuerdo más, sin ke me doliera, sin ke se convirtiera en una vara de medir, aunke tuvieran ke sufrir los demás.; si yo no era feliz, nadie tenÃa derecho, y menos ellos dos.
Una vez ke lo conociera, serÃa tan fácil como sembrar la duda; nada hay más mortÃfero para una pareja ke kitarle el ingrediente fundamental del ke se alimenta la confianza.
Lo ke era rebelión se convirtió en ira, y la ira da una falsa claridad mental , irresistible a cualkier razonamiento cuerdo o conciliador ke no sirva exclusivamente para alimentarla. Todo me parecÃa posible y fácil.
SabÃa donde estaba la casa, sabÃa de sus dos piercings, sabÃa de su nombre tan poco común y sabÃa ke esa semana estarÃa veraneando en el mismo pueblo y en la misma casa. SÃ, tenÃa ke conocerlo, saber kien le tenÃa hipotecado el corazón, kien le habÃa sujetado con hilos invisibles para impedir ( sin ser consciente, sin ni sikiera haberlo pedido) ke me propusiese escaparnos y hacer una vida juntos.
Y asà fue como volvió a tomar las riendas mi antiguo yo.
( Continuará)
LA LLAMA
FUEGOS ARTIFICIALES 2
Esa noche apenas pude dormir imaginando mil y una escenas playeras ke sabÃa, en el fondo, serÃa imposible cumplir; a la realidad siempre le ha gustado subirme alto para luego dejarme caer y uno, con los años, va aprendiendo y prevenido.
La mañana pasó en un compás de espera. El viaje de ida, en un plin. HabÃa llamado antes y cuando no me cogió el teléfono supuse ke mis neuronas me daban la razón.
Pero no.
Cuello de toro estaba empeñado en mandar cualkiera de mis predicciones a la basura.
� Estaba comiendo y no escuché el teléfono� fue lo ke me dijo al devolverme la llamada, y a mi esas palabras me parecieron las más bonitas posibles, con poder de curación. Asà ke el viaje fue vuelo, y conducir, un placer.
Pero aunke grande, no se puede comparar al gustazo de acercarme con el coche y verlo esperarme, acercarse, saludarme, montarse en mi coche. Era real. Me habÃa elegido a mÃ. No habÃa malos rollos, ni historias raras retorcidas, no habÃa trampas ni artificios. Hasta ahora habÃa cumplido y habÃa sido legal y honesto. Acostumbrado a la gentuza ke se mueve por esos ambientes del señor, agazapando sus malas formas bajo una ventana del chat o escondiendo sus miserias en un coche de una zona de cruising, se puede decir ke con eso me bastaba.
Muchas veces no es necesario esperar semanas para darse cuenta de si dos personas están en la misma sintonÃa. Basta un viaje en coche; si la conversación no se agota, si las palabras se solapan, si los temas en común son muchos, si la visión de las cosas es la misma, si los minutos se esfuman con sólo articular una frase, entonces es ke las ondas de transmisión son las mismas. Y asà nos ocurrió a nosotros mientras llegábamos a la playa de C. , ke me pareció ke nos venÃa ke ni pintada.
A él lo del senderismo con bajada y subida de montes variados como ke no, pero a cambio resultaba más ke chistoso ver a alguien tan rotundo fÃsicamente poner tantas precauciones a cada paso ke daba. Chistosamente tierno. Con más confianza, mi antiguo yo le hubiese dado la mano para ayudarlo, lo hubiese abrazado para ke no tuviera miedo de caer, le hubiese dado besos de ánimo en el cráneo rasurado, pero aún no era el momento. TodavÃa no.
” Oye….no me vayas a dejar akà sólo, te lo pido por favor; esto está muy lejos y me joderÃa un huevo”, decÃa medio en broma medio en serio, supongo ke acostumbrado como yo a la hijoputez de alguna peña.”Pórtate bien, sé obediente y no tendrás nada de ke asustarte. Si kieres….Te doy la mano…” fue lo ke le contesté, guiñándole el ojo para envolver en broma algo ke sentÃa casi como un dogma.
La cabeza sin gorra le brillaba bajo un sol inclemente, mientras gotitas de sudor le brillaban en el rostro ke trataba de mantener en un gesto de compostura, pero no; se le veÃa a la legua ke el senderismo no era su pasión.
Las hubiera limpiado con la delicadeza de alguien ke no soy yo, pero tenÃa tanto miedo a un no, a un apartarme la mano, a un gesto de distancia ke no lo hice. Si algo se pierde con la edad es la naturalidad y lo espontáneo. Echo de menos ser asÃ, pero esta visto ke a los hombres con los ke me he cruzado les pudo y venció mi intensidad en el momento, asà ke ahora ya no.
Sin embargo…
Sin embargo me morÃa por darle la mano.
En ese sendero hubo cienes de gestos ke me tragué y ke supongo me sitúan en una esfera más asumible para los demás y para él, principalmente, ke era kien me interesaba.
Llegar a la cala trufada con apenas cuatro personas y lanzarnos al agua fue un acto continuo, después de fumarnos ese cigarro ke según las autoridades médicas nadie deberÃa fumar ( al menos después de una sesión de ejercicio fÃsico ). Como un privilegio único, de reojo, observaba como dejaba desnuda toda su rotundidad corpórea compuesta de grandes piernas, espalda inabarcable, pezones en relieve carnal y una rotunda y categórica polla ke terminó de acelerar mi makinaria de la excitación.
El mar estaba pintado de azul intenso, con ese azul maravilloso ke sólo el Mediterráneo sabe vestir y para el ke nunca encuentro las palabras precisas ke lo definan en todo su esplendor. La arena naranja abrasaba y mantuve la distancia prudencial sentado en la toalla mientras los humos de nuestros cigarros se cortejaban, porke aunke me morÃa por acercarme, preferÃa tener las riendas del control, ke no me viera como un pesado o un baboso. Antes de correr hacia las olas, agarró mi toalla y la estiró hacia él y…Y….Y…
Y me besó.
Él me beso.
Su cara se puso traviesa para hacerlo, parecÃa controlar mejor la situación. Ahora era yo el torpe chistoso.
El verano ya no fue el mismo, y de algún modo, todo este maldito último año, cobraba un sentido, una explicación y un fin.
Todo por un beso.
Su boca era el gozo, un volver a nacer. Su saliva, el summun de los manjares. Su lengua me hablaba sin articular palabras, sus labios me señalaban el lugar donde me kerrÃa morir.
Creo ke nunca habÃa deseado un beso tanto. Fue un beso a la altura de mis sueños, largo y cuidadoso, a modo de exploración pionera y placentera . Fue un beso en el ke me hubiese pasado toda la vida, porke el tiempo seguÃa detenido y los astros en órbita kieta, apuesto a ke embelesados de como nuestras bocas encajaban perfectamente en una ecuación de máxima dificultad.
Yo ya no necesitaba nada más; hubiera podido alimentarme, respirar, tener las mÃnimas funciones vitales cumplidas, porke fue un beso ke era múltiples y distintos besos anudados unos con otros ke parecÃan no kerer tener fin.
Ke más daba el curso de las cosas, Madrid o su novio.
Ke más daba mi corazón.
Los besos se inventaron sólo para kien sabe dejarse llevar, está claro, y lo sabe todo el mundo.
Pude asÃ, por fin , agarrarle el cuello, hacerlo mÃo durante esos primeros minutos de comunicación táctil y sensorial, y créanme: no hay satisfacción ke alcance al hecho de conseguir lo deseado con tanta ansia como yo lo habÃa hecho; los budistas no tienen razón.
Por fin podÃa vengarme de un destino tacaño y descorazonador ke nunca se plegaba a mis deseos, asà ke me recree en su cuello dejando ke las yemas de los dedos me guiaran, lo abarcaran, hicieran un mapa de pliegues y ondulaciones. Tanto, ke casi hoy podrÃa dibujarlo en el aire sin apenas posibilidad de error.
HabÃa algo más, algo totalmente desconcertante y maravilloso; no cerraba los párpados al besar. Sus ojos color miel se convirtieron a partir de ahà en una mákina hipnotizadora ke me hacÃan perder las instrucciones de uso de la situación. Bañarme en ellos mientras nuestros labios y lenguas se retorcÃan en suave y húmeda coreografÃa, intentar leer su lenguaje inescrutable acuoso e iriscente, tratar de ganarme sus pupilas con las mÃas , ke me vieran como yo los veÃa a ellos, le dieron una meta y un sentido a lo de vivir. Se hicieron tan Ãntimos, tan cercanos, como una ventana ke él me abrÃa de si mismo y me enseñaba todo su interior, sin miedo a lo ke yo pudiera atisbar de oscuro, feo o vergonzoso.
DeberÃa llamarlo intimidad.
Nunca, nunca en la vida voy a olvidar esos ojos mientras besaba; ojos ke eran el espejo de los mÃos, reflejo de mi placer y de mi gratitud, enigma y voz ke gritaban “ Si te pierdes, me pierdo contigo, si nos damos los ojos como kien se da la mano, no tendremos nada ke temerâ€?
Corrimos al agua azorados y sudorosos, de nuevo yo marcando una distancia prudencial, de nuevo él buceándome, trayéndome hacia si. HacÃa tanto tiempo ke nadie me buscaba, ke no era yo el ke tomaba la iniciativa, ke me parecÃa estar volando aún dentro del agua.
Las olas, traicioneras y celosas, intentaban separar nuestros labios sin éxito, mientras la luz de primera hora de la tarde y el agua salada hicieron resplandecer aún más sus ojos envueltos y atados a un beso marino con sabor a profundidad.
Y entonces él me tomó en brazos y me envolvió con su cuerpo.
Cerré los ojos apurando el placer hasta el último segundo, dejando ke mi piel cultivase la memoria de saberse tan bien tratada y kerida.
Escondidos tras una duna, más tarde, desnudos, perdimos la vergüenza ¿ Ké más daba ke nos miraran? No suelo ser yo muy exhibicionista ke digamos, pero no iba a permitirme perder semejante oportunidad de hacer de Burt Lancaster ( o de Deborah Kerr) en “ De akà a la eternidadâ€?, aunke alguna malvada piense ke serÃa más digno de Olivia Newton-John… Y es ke muy pocas veces se tiene la ocasión de convertir la vida en una pelÃcula, una pelÃcula en la ke tú eres el protagonista y los siguientes minutos siempre son mejor, mucho mejor, donde la banda sonora , las actuaciones y el guión son casi casi perfectos. â€? Cuidado con lo ke dices ahora porke te creeréâ€? le comenté en susurro, otra vez peliculero, esta vez era Meryl Streep en Memorias de Africa.
Sólo faltaba ke sonara una banda sonora.
Acabamos bajo los pinos lo ke horas antes habÃamos empezado en la playa, despedazándonos, haciéndonos el bien de la manera más directa y precisa posible; hubiera necesitado horas para hacerle todo lo ke kerÃa hacerle. Un tÃo se acercó y mientras miraba masturbándose, hacÃa gestos para ser invitado.
Una vena posesiva ke desconocÃa de mà mismo habló : “ En otra ocasión puede, pero hoy no te comparto ni de cojonesâ€?. Una sonrisa se le escapó cuando me vió mandar al otro a la mierda, desde lejos.
Puede parecer ke esa tarde sólo dimos para follar y serÃa cierto hasta cierto punto, porke no era un simple polvo, era otra cosa mucho más extraña, especial y subyugante. En cualkier caso, con akel primer beso me hubiese bastado.
¿ Ké no se lo creen?
Yo tampoco, pero eso no kita pa ke sea absolutamente verdad.
Se habÃa hecho una herida en una pierna mientras subÃamos allÃ, y mi antiguo yo hubiese besado esa sangre como néctar ke da la vida, pero mi nuevo yo supo contenerse y bromear con lo costoso de echar un polvo en condiciones. En ocasiones intentábamos detenernos con la excusa de un cigarro o de iniciar una conversación, no obstante, la atracción , el magnetismo de pieles , la ley de los imanes se cebó con nosotros y no supimos negarnos.
Se escapaba el sol por entre las montañas dando fin a un sueño hecho pelÃcula, porke en el coche de vuelta lo noté tenso mientras me hablaba de su novio, con una naturalidad ke hasta me hubiera parecido cruel sino fuera porke lo hacÃa de manera inocente. Pensé ke era una señal para mejor dejarlo asÃ, pensé ke para ké kedar de nuevo, porke él regresaba el Domingo y aún podrÃamos tener un dÃa más, pero kizás fuera hacerse una herida innecesaria, ahondar en un dolor ke, hasta ese momento, habÃa sido signo de gozo.
El silencio del coche se llenó de preguntas venenosas ¿ Como serÃa su novio? ¿ Kien fue kien consiguió atraparlo, pegarlo a su lado para siempre, hacer con él una vida en común? ¿ SerÃa guapo o feo? ¿ MerecerÃa la pena o serÃa un cabrón ? ¿ HabrÃa posibilidad de fracturar esa pareja y tenerlo cerca sólo para mÃ?¿ Por ké siempre me tengo ke conformar con saborear el cielo de manera momentánea?¿ Por ké siempre estoy condenado a manejarme con lo imposible? ¿ Por ké ahora sabÃa ke habÃa un hombre en el mundo a las alturas de mis grandes expectativas pero ke no serÃa para mÃ? Sentà unas terribles ganas de conocerlo, de saber kien, cómo y por ké. Un sentido de la posesión desconocido me inundaba .
Empecé a llenarme de rabia, y más cuando él se hizo el remolón al dejarlo cerca de su casa…Mañana….PodrÃa ser….Es ke kerÃa kedar con un amigo…Si eso te llamo…
Los sueños siempre tienen fecha de caducidad.
Le dije ke si alguna vez se kedaba soltero, no dudara en llamarme; él se rió, aunke yo lo decÃa completamente en serio.
Sin embargo al regresar a casa , ya muy tarde, escocido por la arena y la sal, con el calor de sus manos aún en mi cuerpo, el sabor de su saliva y de su semen aún removiéndose en mi boca y cansado, de nuevo, otro mensaje.
“¿ Kedamos mañana para ir la playa de nuevo?�
Joooooooder.
( Continuará)
FUEGOS ARTIFICIALES
1.LA CHISPA
La vida es un gran viaje del ke nunca se vuelve, pero un viaje repleto de pekeñas excursiones ke parecen nimias y sin embargo, son capaces de determinar el rumbo y la valoración final. Son excursiones en las ke nunca llevamos cámara de fotos, por eso hoy escribo, para fotografiar una de esas excursiones vitales, para fijarla en mi retina y en mi memoria. No kiero perder este recuerdo-fotografÃa de verano nunca y kiero mantener su sabor, vivir con él siempre, como una medalla ke sólo yo pueda ver y me diga “He vividoâ€? . Aunke en el trayecto haya perdido parte del ekipaje. Aunke lo vivido no pueda ser llamado de otro modo ke amour fou, una emoción hecha de fuegos artificiales, breve pero intensa, efÃmera y emocionante.
Tan literario, tan cinematográfico, tan de mentira y tan de verdad. El amour fou se inventó para los ke creemos en el instante porke se nos negó la posibilidad de creer en un futuro más allá, de ver ke sucede al cabo de los años . No fue una renuncia heroica, ke coño; fue pura resignación.
Uno no lo busca, pero lo encuentra. Uno no lo desea, pero lo disfruta .Uno lo cambiarÃa por un amor convencional pero esa posibilidad no nos es dada. No entraba en los planes de nadie, ni se puede programar o anticipar, pero cuando te explota en la cara es imposible resistirse porke la única posibilidad ke keda es dejarse arrastrar por un torbellino ke aspira a huracán irrefrenable.
Kien no lo ha vivido piensa ke es una invención, un espejismo de emociones ke tiene poco de real, sin embargo..¿ Acaso el amor, asà , en general, es verdadero? Pregunten a las decenas de parejas ke tienen alrededor y cuya historia kedó accidentada en un arcén del camino ¿Fue real?¿ Lo sentido fue exactamente lo vivido? Pregunten si cambiarÃan sus años de historia amorosa convencional, esa ke se fue reskebrajando al paso de las agujas del reloj, ajándose como la piel de una manzana madura. Pregunten si la cambiarÃan por unos momentos de esplendor en la arena cuyo sabor y recuerdo les durará para siempre. Podrán ver , mientras piensan en la respuesta, una sombra de duda en sus caras.
Y entonces sabrán.
Sabrán ke nada se marchita en el amour fou, todo es posible y maravilloso, y la eternidad nunca vendrá dada por lo vivido sino por lo recordado, por eso la literatura y el cine están sembrados de amores fugaces e intensos ke duran lo ke dura un verano, lo ke duran unas vacaciones, lo ke dura el amor fou.
Cinco dÃas.
Cinco putos dÃas libres en cuenta atrás para todo el largo Agosto, y el kinto lo pasé durmiendo, en un puro no-poder-ya-más.
El cuarto estuve al galope , merendándome las horas entre bancos, visitas familiares, cruising de emergencia vital ( un mes sin echarme na a la boca!) compras y otras responsabilidades de ciudadano responsable .
Está claro ke el verano se inventó pa los ricos.
El tercero fui a la playa, a C . con la peña, y ahà ya muy bien. Nos pusimos hasta el culo de Martini barato, nos reÃmos un rato largo, dormimos una siesta de las de baba caÃda, nos fotinchamos a discreción . De alguna manera, siempre nos impregnamos de la magia que tiene aquel lugar y de algún modo vuelves a casa cambiado.
Asà ke por la noche me sentà con fuerzas para hacer algo frÃvolo. Llamé a P. Oye, ke han abierto un bar de ambiente en la playa, en LA, ke hasta tiene cuarto oscuro, ¡ Coño ke fuerte, eso hay ke verlo! , Pos eso digo yo ¿ Por ké no vamos esta noche? Primero unas tapitas akà y luego nos vamos a tomarnos unas copas allÃ.
Y eso hicimos. Muy bien, muchas cosas ke contar. Nos pasamos con las cervezas, aunke ya ves tú, menuda novedad. El viaje de ida largo, con musikita y porros. Luego encontrar el bar en akel pueblo costero de turismo familiar, nos llevó veinte minutos, y cuando lo encontramos, pues bueno, un poco asÃ. Un par de pandillas chonigays, cuatro o cinco maricas solitarias de conversación en la barra, tres bollos y un colgao ke daba empujones pese a ke habÃa espacio suficiente . Al cuarto oscuro no entraba nadie, claroestá. Además habÃa un tÃo sentado sólo en la barra. Aunke no habÃa mucha luz y las remezclas de Shakira distorsionan los sentidos, su silueta me informaba de ke el chaval era muy mi tipo. Es muy tu tipo, me dijo P. señalando con la cabeza.
No es ke yo sea muy estricto con eso de los tipos, la verdad, porke la manga ancha con la ke me manejo últimamente me hace parecer una ONG pro necesitados de follar. Manga japonesa, ke me llaman algunas.
Aunke al final todos seamos prácticos y nos liemos con kien más y mejor nos come la oreja, siempre habrá un rollito ke nos tire más, ke sea nuestra debilidad, inevitablemente. Y él, efectivamente, era muy mi tipo; armatoste cabezón, aspecto de jugador de rugby cansado, bebiendo una cerveza tras otra mientras el cráneo le brillaba rasurado, con cierto aire de orangután fornido y feliz. Nos pusimos a su lado en la barra pero èl, torciendo el cuerpo, cambió la orientación y nos dio la espalda.
Pos vaya.
Pos ke bien.
Pedimos unas copas y yo, sin poderlo evitar, de una manera involuntariamente insistente, clavé la mirada en su nuca.
Cuello de toro.
Como imágenes espasmódicas se me cruzaban espejismos de su cuello apretado por mis manos, su cuello con mi boca, su cuello entre mis brazos, su cuello recorrido por mi lengua. Era una columna de carne ke vibraba, un tambor de músculos, venas y nervios, un ser vivo autónomo ke respiraba y parecÃa tener vida propia.
Está claro ke asà deberÃan ser todos los cuellos.
Menudo cuello de toro, pensé yo.
Voló el tiempo mirando ese cuello, haciendo de mis pupilas, dedos. Cuando pedÃa una cerveza, cuando se acercaba al baño, ni por ekivocación me miraba a mÃ, asà ke observar de cerca semejante cuello era mi única posibilidad, lo más cerca ke iba a estar de disfrutarlo, el único privilegio al ke serÃa invitado.
SÃ, era muy mi tipo, de esos tipos ke piensas ke nunca vas a alcanzar porke no te los mereces, no están al nivel del traje ke tu imaginación ha diseñado, ni tú estás a su altura ni por una ekivocación casual del destino. Con su cuello me deberÃa conformar. O no, mierda, o no.
Ese es mi problema, ke nunca me conformo.
Más copas, entró más gente. Nosotros hartos de estar de pie en la barra, mecidos por el alcohol, cambiamos de sitio buscando unos taburetes . Y entonces lo tuve de frente, de tú a tú separados por un humo danzarÃn y las luces de colores ke parpadeaban, sólo unos metros y mis manos podrÃan tornear su cuello, agarrarme a él como una tabla con la ke salvarse de un mundo gris lleno de hombres grises ke visten cuello gris.
La imaginación se inventó para salvarnos de la realidad, está claro.
Pensé ke mi imaginación me salvaba cuando creà ver ke cuello de toro, levantando la vista ( Por fin) me miraba a mÃ, en concreto; de todos los tÃos de la sala, sólo a mÃ.
El corazón me dio una patada en el esternón.
Peromiratúpordonde, en ese momento, un tÃo se le acerca y se pone a hablar con él. Mecachis.
Ke oportuno.
Estaban verdes, dijo la zorra.
Bah, ni lo intento, pensé yo.
Asà ke cuando P. me dijo “Vuelvo del aseo y nos vamos�, no encontré razones para negarme.
Y entonces me miró.
Cuello de toro me volvió a mirar, esta vez sin lugar a dudas.
Clara y descaradamente mientras el otro parecÃa kerer ligárselo, él me miró.
Un pepinazo de pupilas en toda la lÃnea de flotación.
Cambié de opinión. Nos kedamos, le dije a P mientras me observaba sin comprender, hasta ke le dije “Me está mirando�, porke efectivamente, me siguió mirando.� ¿ Y por ké no le entras?�, me preguntó él, “Porke con mi puta suerte, seguro ke es de Madrid o tiene novio�.
Al intentar kitarse de encima al tÃo plasta , sus gestos, su arkeo de cejas, sus ojos cómplices como diciendo sálvame, consiguieron ke todavÃa me gustase más, porke lo hacÃan, de alguna manera, más humano, cercano y accesible. No sólo era muy mi tipo; habÃa algo más, una luz infantil y tierna en su rostro, un punto ke me desataba los nudos emocionales desde dentro como si fuesen seda , y eso significaba ke no me conformarÃa con un polvo convencional, con un akà te follo akà te mato; supe en ese momento ké, o me daba algo más o no me valdrÃa .
Al poco, cuando P me insistió para ke nos fuéramos, kise hacer un último intento por no decirme a mà mismo ke no lo habÃa intentado, mientras mis neuronas me espoleaban chistosas “Ke iluso; te va a decir ke no, a ver ke te crees; ese tipo de cosas buenas a ti no te pasan.â€?
Está claro ke el éxito en conseguir lo ke se kiere se inventó para los ke no dudan.
Saké valor y sangre frÃa del montón de cubatas ke me habÃa ventilado para acercarme a la barra y susurrarle al oÃdo, con palabras torpes y atropelladas:
“Oye, yo me voy ya, pero si mañana te apetece, te doy mi número de teléfono y kedamos para lo ke kieras�.
Hubo unos segundos terribles en los ke me inspeccionó como si fuese a darme una hostia. Y como se kedó callado, pensé ke mis neuronas tenÃan, de nuevo, razón, asà ke me dispuse a irme dando la vuelta con rostro de circunstancias. Ke no se diga ke no lo he intentao, fue entonces mi pensamiento-placebo.
Sin embargo, ocurrió lo inesperado: me cogió del hombro.
Si no me hubiese cogido del hombro, aquella noche mi vida seguirÃa por su aburrido camino gris lleno de hombres grises ke visten un cuello gris.
Si no me hubiese cogido del hombro, los astros y el tiempo no se habrÃan detenido.
Si no me hubiese cogido del hombro, el curso de las cosas hubiese seguido su rumbo inane y rutinario.
Si no lo hubiese hecho, hoy no estarÃa akÃ, contándolo.
Pero me tocó, y eso lo cambia todo.
Y al volverme descubrà una sonrisa amable en su rostro, un gesto ke iluminó el bar.
Y el tiempo, los astros y las cosas cambiaron su devenir monótono.
Y ya nada fue igual cuando me dijo “ Ke bien ke hayas venido. Eggg ke el pesado este me estaba hartando ya ¿ No te puedes kedar un rato más ?�
“Poco tiempoâ€?, le contesté, “ Mi amigo kiere irse…..¿Eres de Madrid?â€? pregunté después, y por supuesto su respuesta fue afirmativa, además de decirme “Mi novio y yo tenemos una casa akÃ….Bueno, es de mis padres, pero ellos apenas vienen…â€?
Sonó la música del fracaso tÃpica de los dibujos animados, un jarro de agua gélida y virtual me cayó de golpe, y el mundo volvió a ser en blanco y negro.
Pos ke bien.
Me odio cuando acierto.
Si ya sabÃa yo ke no podÃa ser posible…. Se me kedó una cara de tonto ke pa ké y por eso seguramente, aclaró:
“Mi novio regresó a Madrid hoy, porke tenÃa ke trabajar, pero yo me kedo unos dÃas más”
Aunke ya le habÃa dado el papel con mi teléfono , hice amago de irme antes de batir un nuevo record de ridÃculo.
Y es ke sin duda ke el ridÃculo se inventó para los ke no tenemos lÃmite, ke de alguna forma se nos tiene ke frenar.
Pero me detuvo para decirme “Seguro ke te llamo�
Ja.
Si cada vez ke un tÃo me dijera ke me va a llamar y no lo hace, se apagara una estrella, el cielo por la noche serÃa completamente negro.
De vuelta hice kilómetros de resignación, asumiendo el destino ( gris) ke me ha tocado. No obstante, al llegar a casa, en mi móvil habÃa un mensaje:
“ ¿ Ké te parece si me recoges mañana después de la comida y me enseñas alguna playa chula ke tú conozcas?â€? Nudista, si puede ser….â€?
SÃ, sÃ, SÃ?.
En ese justo instante, el tiempo, los astros y mi percepción de la realidad se pararon y todavÃa no han vuelto a su anterior estado. Se kedaron clavados en akel momento mientras tiraba mis convicciones a la basura sin atisbo de precaución. ¿ Madrid?
¿ Novio? ¿ Imposible?¿ Dolor a posteriori ? A la mierda todo. A la mierda mis neuronas. A la mierda mi corazón.
El amour fou se inventó para los ke no tienen miedo.
Todo el mundo lo sabe.
( Continuará)