Lamprea Farra

LAMPREA FARRA; CONFESIONES DE UNA DIPUTADA RUBIA (7)

CAPÍTULO 1: UNA SORPRESA INESPERADA
CAPÍTULO 2: GRANDE ES LA VENGANZA
CAPÍTULO 3: LIBRE DE ATADURAS
CAPÍTULO 4: CARA A CARA CON UNA NUEVA VIDA
CAPÍTULO 5: AL FIN DEL MUNDO YO FUI
CAPÍTULO 6: SOL QUE YA NO BRILLA

CAPÍTULO 7: CON TODO EN CONTRA

- Mami, queremos volver a casa.
- Ay Rodrigo, hijomío, yo también tengo ganas de veros, creéme, pero es mejor que esteis con la tita Fufi. Las cosas aquí son muy complicadas, teneis que entenderlo…
-¡La tita Fufi nos odia!
-No digas tonterías…
-Nos levanta todos los dias a las siete para rezar y nos tiene horas rezando.
- Bueno, si es esa la queja, debes saber que estoy bastante de acuerdo; os noto poco pendientes de Dios y os hará bien.
-Todas las noches cenamos verduras…Y anoche fueron coles de Bruselas…
- Si es eso todo lo importante que me quieres decir…¿Por qué no se pone tu hermano Alfredín?
- Bueno, ya sabes que èl no quiere hablarte…Además, no está aquí, que se ha hecho amigo de un vecino y siempre está en su casa.
- ¿Un vecino? ¿Qué vecino?
- No sé, un chico. A mí me cae bien porque tiene muchos pendientes en la oreja y el pelo rojo y además siempre lleva camisetas rotas y con agujeros. Se han hecho tan amigos que hasta la otra noche durmió en su casa y todo.
- Madre del amor hermoso…¿Y por qué deja tita Fufi que vaya con él?¿¿Donde está la tita Fufi, qué quiero hablar con ella ahora mismo??
- Se fue a comprar…
- ¡¡ Cuando vuelva dile que me llame inmediatamente !! Y ahora tengo que dejarte, que estoy muy ocupada.
- Pero mami, si hace más de cuatro días que no hablamos y te echo mucho de menos…

Ahí ya le colgué, porque a los niños si no les cortas estarían horas hablando al teléfono y además, bastante tenía yo con lo que tenía, que ya estaba en la puerta del macarra chulo esperando entrar. Esta vez ya no tenía miedo e iba con todas las ganas de hacerle frente y ser fuerte, porque era precisamente la debilidad la que me había llevado hasta aquella maldita puerta otra vez, a esperar a que me abriera. También había cambiado la estrategia; tomé un taxi anónimo y no le pedí que esperara, con la intención de estar preparada para cualquier posibilidad, si eso ya llamaría a otro. También cambié la indumentaria porque aún conservaba la esperanza de poder ir a la inauguración, así que me puse un traje chaqueta de color malva espectacular, y no es porque yo lo diga, pero cada vez que me lo pongo todo el mundo me pregunta y al final siempre tengo que reconocerlo; que sí, que es de Chanel.
Desde luego el traje no me lo había puesto para que me viera el chulo macarra que en ese momento me abrió otra vez la puerta y que seguro no sabría apreciarlo ni reconocerlo.

Como en un bucle, casi repetimos la misma situación que el día anterior; me invitó a pasar, le dije que tenía mucha prisa, me invitó a beber, insistí en que acabáramos cuanto antes, me pidió que me sentara … Volvía a ir descalzo, pero ahora con tejanos y sin camiseta, una imagen que si usan mucho las revistas femeninas es porque saben lo que nos gusta. Y ahí ya me di cuenta de que no era casual, de que en todas las ocasiones él iba preparadísimo para seducir, tenía estudiado hasta el último detalle para gustar y yo había caído en sus redes como una tonta. Sin embargo, iba tan concienciada a no sucumbir que en todo momento concentré mis ojos en sus ojos para que no se me fueran las pupilas a sus pezones y descubriera, de nuevo, mi debilidad.

– Bueno, dame las fotos y acabemos con esto, que menudo cachondeo.
– Ya te dije, chati, que tendrías que hacerme un gran favó…
– Un gran favor…¿ Te refieres a un favor sexual? ¡Ni lo sueñes! Eso se acabó; no quiero volver a tener nada contigo ni aunque me aten.
-Que chungo te lo montas, chati; en vez d´acerme la rosca, vuelves a tratarme mal y mira, ya m´e cansao. Las fotos pensaba guardarlas como recuerdo porque pa mí fue una noche que moló cantidá, chati, pero m´e cansao, tía, m´e cansao, porque me duele aquí cada vez que me tratas mal – ( y se daba golpecitos en el pecho con el puño)- H´estao mu mosqueao porque ni me llamas, ni quieres na, ni me tratas bien, y tenía ganas d´acértelo pagar, porque al menda ninguna tía lo trata así ¿Me oyes? Ninguna. Y entonces esta semana estaba viendo las noticias y de pronto…¡¡Te vi en la tele!! No me lo podía creer, chati…Lo flipé en colores. Salías en un mercao, con esos del Pp…Te reconocí rápido por la cara de asco.
- Si empezamos a ofender…Bueno, ve al grano de una puñetera vez.
- Vaaaaale, vaaaale, tranqui chati que lo vas a entender a la primera. La cosa es la siguiente; tú m´aces el favó y yo me olvido de las fotos y hasta te regalo el disco duro de la cámara pa que t´asegures que están a salvo. Si te pones tonta y no me haces el favó, pos…
-¿Pues qué?
- Pos las mandaré a los periódicos, a la tele…Seguro que por esas fotos me dan miles d´euros y tu carrera en la política, s´irá a la mierda.
- Ya será menos; yo no soy famosa, no le importo a nadie. A ver, enséñamelas.
- Claro chati, aquí tienes la cámara.

A la tercera foto me dio tal arcada que casi vuelvo a hacer una de las mías y me pongo como las locas a vomitar. Eran mil veces peor de lo que había imaginado, y mi cara, taaaan borracha, taaaan drogada, se veía perfectamente, vamos, que nunca podría decir que no era yo. Que mala me puse, madremía. Por mi cabeza pasó la idea de darle al botón de borrar pero cuando quise descuidarme, él me había quitado la cámara y se la puso por detrás, como escondiéndola.

- Y ahora vayamos a lo qu´importa.
-¿Cuánto dinero quieres? – saqué la chequera, muy dispuesta.
- Que no chati, que no seas tan materialista, que me tienes qu´acer un favó de amiga.
-¿Qué es eso de un favor de amiga? Yo no soy tu amiga ni ganas. No entiendo nada…
-Pos es el favor que m´aría una amiga.
-¿Quieres explicarme cual es el puto favor?
- Tienes qu´acerme un recadito; llevar un sobre a casa de unos coleguis y traer un paquete de vuelta.
- ¿Qué sobre? ¿Qué paquete? ¿Qué contienen? Uy, este asunto me huele muy mal..¡¿No será un asunto de drogas?!
- ¡Coño! ¿Cómo lo has sabío?
- ¡Lo decía por decir algo! Osea que son drogas…Ay Dios mío…
- Los maderos me tienen mu controlao y necesito qu´otra persona me traiga el paquete ya, que me quedo sin negocio…
- ¡No me cuentes historietas! No pienso mancharme las manos con un asunto así. Es que me lo juego todo; mi trabajo, mi familia, mi reputación…Vamos, tú debes haber perdido el juicio…
- Chati, va a ser que no tienes otra elección.
- Prefiero mil veces que publiques las fotos; me dan igual, mira lo que te digo.
- Tú no sabes con quién estás hablando.
- No, perdona, el que no lo sabes eres tú…
- Esto no es un juego, chati y no, no te da igual; a mí ya no m´engañas, que nos vamos conociendo.

La última frase fue como si la escupiera, mientras me agarraba del brazo muy fuerte. Le dije que me hacía daño y él no cejó. Además, le había cambiado la cara por completo; de la sonrisa de chulo putas pasó a una cara que en serio lo digo, me dio miedo. Parecía un mafioso, un gánster o algo mucho peor; un etarra. Quise levantarme y comprobé su enorme fuerza, porque me lo impidió volviéndome a agarrar y obligándome a sentarme de nuevo. Entonces deduje que me estaba quedando sin opciones y rápidamente puse en práctica otra estrategia, una que en toda ocasión me había dado resultado con Alfredo; poniéndole un brazo sobre los hombros, practiqué mi manera más sexual de comportarme para acercar mis labios a los suyos mientras le susurraba con voz inocente e infantil “¿Y no podíamos solucionar esto de otra manera?”, pensando en que siendo cariñosa, tal vez se apiadaría de mí, pero todo lo contrario; me quitó el brazo, se alejó y puso gesto de desprecio.

- ¿Ahora sí quieres tema, chati?. Pos ya no hay tema porque el menda s´a cansao…- ( y esto lo dijo agarrándose de manera muy vulgar, el paquete). Bueno…Mira, te voy a dar una oportunidá por los buenos tiempos qu´emos pasao y porque soy buena persona; si me dices como me llamo, nos olvidamos de to y te llevas las fotos.
- ¿Qué cómo te llamas? Pues…- (tierra trágame, que se dice)- Esto…¿Jonathan?
- No tienes ni puta idea ¿Verdá?
- No, no es eso, es que estoy muy nerviosa y…¿Héctor? ¿Juan? ¿Antonio? ¿Kiko?
- No t´importo una mierda. Déjalo ya…
- ¿Manolo?
- ¡Qué lo dejes! Y venga; arreando que s´ace tarde. Durante unos días pensé que podríamos estar juntos y vivir felices . Hasta pensé en arriesgarme y hacer el trabajito yo, pa cuando tuviera el dinero poder escaparnos juntos y…
-JAJAJAJAJAJA…¿Escaparnos juntos? ¿Yo contigo? JAJAJAJAJA ¿Pero tú te has visto? No me llegas ni a la suela de los zapatos…JAJAJAJAJA, Ay que risa…

Mi carcajada no debió sentarle muy bien que digamos, porque dio un puñetazo taaaaan fuerte a la puerta del salón que se le quedó metido el puño dentro de un agujero y a mí se me cortó la risa de golpe. Que susto, Jesús. Yo era una mujer atrapada por el miedo que a partir de ese momento no era responsable de sus actos, eso debe quedar muy claro a la hora de redactar la sentencia, porque hay que ver que cara de asesino mafioso etarra se lo puso, oye.

-¡¡De mí no se ríe nadie!! ¿Te enteras?- dijo sacando el puño lleno de esquirlas y rasguños y acercándomelo a la cara. Ahí ya sí que me asusté- Toma el sobre, ahí va la dirección; cuando estés en el sitio, pregunta por Azalea. Y vete antes de qué cometa una locura..
- ¿Azalea? ¿Qué nombre es ese?
- Es una tía. Cuidadín con los maderos y te quiero aquí antes de las nueve de la noche, sino, mandaré las fotos donde haya que mandarlas. Yo tengo mis contactos y están deseosos.
-Que locura, yo no voy a ser capaz ¿Y si me para la policía?
- En eso ya he pensao, chati; eres una tía respetá, política…A ti no t´arán na, y si te paran, saca el carné del partido, que mandais mucho, y santas pascuas, pero no te van a parar, m´apuesto lo que quieras; a las tías como tú nunca las paran, ni siquiera sospechan. Además, vosotros los políticos no vais a la cárcel ¿No? Pos eso.
- Ay Dios, debo estar viviendo una pesadilla…¿Y que les digo a esos amigos tuyos?
- Ellos ya t´están esperando; y una cosa t´advierto; ni una tontería. A mí no me la juegas, yo no soy un niñato al que puedas engañar, osea que mucho cuidao con llamar a la policia. Y pa´segurarme, dame tu móvil.
-¿Para qué? Me costó un dineral y no se lo dejo ni a mi hijos que…
- ¡He dicho que me lo des o te lo quito yo!

Y eso hice sacándolo del bolso con mano temblorosa, pasmada por el trascurso de los acontecimientos. Se puso a trastearlo durante unos minutos mientras yo lo miraba, de nuevo, otra vez, paralizada.

-Bien…Te he instalao un localizadó.
-¿Un queeeé? ¿Y eso para qué sirve?
-Pa sabé donde estás en to momento, así no podrás pegármela. Si desconectas el móvil, si vas a otro sitio o si me pasara algo, ten por seguro que lo pagarías mu caro, que tengo a mis socios pendientes . Allí debes estar antes de las siete y en la mía de vuelta antes de las nueve, si es antes, mejó.
- Necesito un vaso de agua, me estoy mareando…
- Claro, claro, pero enseguidica te vas pitando, que se hace tarde…
-¿Y como voy?
- Eso ya decídelo tú, chati, que no es mi problema.

Imaginen como salí de su casa. Yo, una mujer honrada, que se ha dejado la piel y toda su vida trabajando por España, que en mi vida ejemplar había cometido un error, que la única culpabilidad que se me podía achacar era haber sido demasiado tonta y haberme dejado llevar por el deseo de venganza ante el engaño y la infidelidad de mi marido, yo, una mujer decente y respetable, envuelta en un asunto de tráfico de drogas. Tenía ganas de llorar, de gritar, de pegarle a alguien.

Mi primer pensamiento fue llamar a papachu, para acabar con todo y que le diera una buena lección al chulo putas, pero el caso es que el tipo parecía hablar en serio y de verdad que tenía más miedo que nunca en mi vida he tenido, y el miedo, ya saben, es la fuerza que mueve el mundo; ese es uno de los argumentos que más nos repiten los politólogos en los seminarios que hacemos los del partido para que lo apliquemos si es menester en los mítines y en el programa electoral y tengo que darles la razón; siempre nos ha dado resultado.

Desde luego a mí el miedo me estaba moviendo, vaya si me estaba me moviendo; en tembleques que me iban y venían. Algo tenía claro; si papachu veía esas fotos, no sólo no me ayudaría, sino que me desheredaría y quién sabe, tal vez hasta me repudiaría. Todo eso y más acabaron por provocarme lo que ya me avisaba el estómago; una vomitona en el portal del edificio que superó todos los records posibles; vamos, el charquerío que monté fue alucinante. Increíblemente, fui capaz de mantener el equilibrio y la pericia para no salpicarme ni con una gota los zapatos, que me los había hecho un zapatero italiano a medida y valían lo que no está escrito. Justo en ese momento entraba una mujer anciana y encima, mientras que vomitaba, tuve que aguantar que me gritara “¡¡ Qué harta estoy de los yonkis y de los borrachos!! ”

Me pude recomponer, sí, porque a fortaleza a mi familia no nos gana nadie y despues de todo, ya empezaba a acostumbrarme a eso de vomitar a discreción sin quererlo, porque queriendo ya hubo una época en que sí, lo reconozco, sí que lo hice. Todo por culpa de Mari Ilu, que pese a sus embarazos continuados y sus maneras de comer como una muerta de hambre, mantenía un tipito que era la envidia de todas las amigas. Yo se lo decía, halagándola, no como ella, que siempre que ha podido me ha criticado, me ha humillado y me ha puesto verde a mis espaldas diciendo que si estaba echando lorzas, que si donde iba yo con esa barriga a ponerme vestidos ajustados y otras cosas de ese estilo navajero tan suyo. Un día le pregunté por el truco y me soltó: “Ay hija, pareces tonta; yo lo que hago es vomitar un poquito después de cada comida y cada cena, mantengo el vientre plano y no sabes lo que me ahorro en cirugías y liposucciones, y encima te libras de los postoperatorios, que no hay quien los aguante. Además, a los hombres, bien lo sé, no les gustan las mujeres que no comen porque creen que luego no son buenas en la cama, así que engullo igual que una descosida y luego hago una visitilla al baño; sólo necesitas dos dedos. Los primeros días cuesta un poquito, pero te acostumbras en un periquete”
Y eso hice, y la verdad, Mari Ilu, por una vez, tenía razón; no costaba nada, no tenía que privarme de nada, durante años mi peso fue la envidia de muchas en el hemiciclo y el morbo de muchos de los diputados, haciéndome respetar políticamente. Y es que a una mujer política se nos exige el doble de trabajo, el doble de honestidad y encima debemos ir siempre guapísimas y mantener el tipo, por eso me hace gracia cuando las feministas, esas marimachos totalitarias peludas, me critican y dicen que voy contra las mujeres…¿Sabrán ellas lo que de verdad es sufrir por ser mujer si nunca han tenido una pizca de feminidad en sus venas? A las feminazis las ponía yo un día con mi vida, para que vieran lo que son los sacrificios; vamos, me las imagino depilándose el bigote y las piernas, con lo aficionadas que son a ir con todo el vello a la vista, y me da la risa.
Todo fue bien hasta que un día me desmayé en pleno hemiciclo. Cuando el doctor Ruiz, amigo de papachu desde que eran niños, me reconoció y descubrió las magulladuras en mi garganta y en mi paladar. Entonces me amenazó con que o cambiaba de hábitos o tendría que avisar a mi marido y recomendarle que me ingresara en una clínica ; los pelos de punta se me pusieron sólo de pensar en el escándalo y en el qué dirán . A partir de ahí dejé los vómitos, pero claro, después de tantos años haciéndolo voluntariamente, como para quitarle a mi estómago la manía de arrojar. Sí; aquella vez tuve miedo, pero en este ocasión era más, mucho más y por eso hice lo que hice, claro, eso me exime de cualquier responsabilidad; estaba enajenada.

Recompuesta y respirando, esperé que llegara el taxi que había llamado y cuál sería mi sorpresa, cuando le leí la dirección y el taxista comentó , con toda la impertinencia ” ¿Cómo viene una señora como usted al culo del mundo de visita? Y ahora vamos a la milla de oro…Yo es que lo flipo”
Le grité que dejara de flipar y que se metiera en sus asuntos y ya todo el viaje fui mirando de reojo el bolso donde guardaba el sobre, sintiendo como si los minutos se me clavaran en el corazón. Aquellos momentos de viaje hasta la calle más cara de la ciudad los recuerdo en una neblina. También cuando subí en el ascensor hasta el sexto piso, hasta que llegué a la puerta y entonces fue como si me hubiera caído de una avión, tomando tierra con las narices. En la puerta había una placa en la que se podía leer:

AZALEA
Chicas de compañía

LAMPREA FARRA: LAS CONFESIONES DE UNA DIPUTADA RUBIA (4)

CAPÍTULO 1: UNA SORPRESA INESPERADA
CAPÍTULO 2: GRANDE ES LA VENGANZA
CAPÍTULO 3: LIBRE DE ATADURAS

CAPÍTULO 4: CARA A CARA CON UNA NUEVA VIDA

- Hooola chati.
- Perdone…¿Con quién hablo?
- Quién va a ser, chati, el Curro.
- Creo que se ha equivocado de número.
- Que me voy an´ equivocá, chati, si aún tengo el número apuntao en el espejo del cagadero, jejeje, que lo escribistes tú con pintamorros.
- No conozco a ningún Curro ¿A quién está llamando? Y le pido por favor que no me llame chati, usted no me conoce de nada.
- Joé si te conozco, te conozco íntimamente, jejeje…El sábado no estabas tan fría conmigo…Pensaba que t´estabas haciendo la dura y por eso no t´e llamao hasta hoy, pero al finá m´an podío las ganas. Y es que me gustas, chati, que yo soy de ir siempre de cara y…

Colgué. Otra llamada.

- ¡Deje de llamarme o avisaré a la policía!
- Oye chati, déjate de tonterías. Encima que te llamaba pa decirte que ta´bías dejao aquí la cartera…Y las bragas, jejeje…Toas las noches las huelo antes de acostarme…Huummm….
. ¿Mi cartera? ¿Está ahí? No sabía donde la había perdido…
- Pues chati, ahora soy yo el que se pone señorito y a ver cómo te lo montas pa convencerme de que te la devuelva…Tú misma…
- Bah, me da igual…Ya di de baja las tarjetas…
- Joé, chati, pareces tonta. Como si las tarjetas fueran lo fundamentá ¿ Me entiendes?
- Dame unos minutos para que piense. Luego te llamaré.
- Vale chati, pero como no trates con más cariño…

Y volví a colgar.
El sudor me había mojado la espalda de la blusa. Me temblaba hasta el último cabello rubio de la cabeza.
Diez días después, cuando parecía que mi vida empezaba a enderezarse, un nuevo acontecimiento me estallaba en la cara como una bomba. En la cartera estaban todos mis carnets, todas mis identificaciones y credenciales, las fotos de mis hijos, de mi marido y una estampita de la Virgen de los Desamparados regalo del padre Anselmo . El macarra de mala muerte las había visto y quién sabe que planeaba hacer ¿Chantaje? ¿Vender alguna exclusiva? ¿Ir a un programa de televisión? Estaba tan rabiosa que le di un golpe a la bailarina de Lladró que tenía en la mesa de despacho y la tiré al suelo. Definitivamente, son buenas, las condenadas; ni un trocito se le rompió.

A mí sí se me rompió algo; una uña, para más señas. Mari Ilu siempre me dice que son las mejores uñas que ha visto nunca y para que lo diga ella, es que debe ser muy verdad. También dice que me las cuide porque son una gran carta de presentación, y eso hago y me cuestan un dineral. Romperse una uña era tirar muchos euros a la basura y eso me daba mucha rabia. Todo me salía mal, estaba claro. Papachu siempre dice que hay que llevar cuidado con las envidias, que hace que se te peguen las malas energías, por eso hay que ser discreto, cuidando de no hacer demasiada ostentación ni de llamar mucho la atención, sin esconderse, pero sin levantar envidias. Pues si era como él decía, no entendía nada, porque yo había seguido esas reglas y vaya como me estaban saliendo las cosas. Si es que mis férreos valores, mi ejemplar carrera y mi vida sin mácula no podía hacer otra cosa sino levantaba envidias como quien levanta ampollas. La gente es muy mala con los que sobresalimos y nos destacamos de la media. Con tanto disgusto…¿cómo me iba a rabiar el estómago Fui a la pequeña librería y cogí el falso libro de las memorias de Manuel Fraga donde guarda una botella del whisky de 20 años y me puse un escocés doble, sin cubitos. Me lo tomé entero sin pestañear.
Que se hubieran disuelto las cortes de cara al verano y a la precampaña, podía considerarse una gran suerte, porque no tenía yo cuerpo de ir al Congreso en esas circunstancias. Es un trabajo que necesita de plena dedicación y esfuerzo y yo no estaba para trotes ni España se merecía que yo no ejerciera mi puesto en plenas facultades . Además, estar metida todo el día en el Congreso, con ese stress que hay allí y esa gente taaaan aburrida, se me hacía muy cuesta arriba. En esa semana había empezado la precampaña y tenía cientos de asuntos que resolver, miles de actos que preparar y un buen puñado de tiendas que visitar que me ayudarían a renovar el vestuario, y ni mi secretaria temporal ni mi chófer daban abasto. A mí me vino genial para mantener la cabeza ocupada e ir recomponiendo mi vida, mi nueva vida, que de tan mala manera había empezado.

¿Por qué la llamo secretaria temporal? Pues porque a la otra, la que durante más de diez años consideré mi aliada fiel, mi amiga, mi confidente aparte de mi secretaria, la persona en la que confíe poniéndome totalmente en sus manos, ya no estaba; le había dado la patada para echarla a la calle con ayuda de Mª Dolores, claro, que en la sede no se hace nada que ella no quiera. El fulminante despido se pudo hacer gracias a las leyes que instauró mi partido, para que luego digan que de normativas laborales no sabemos y que no sirven de nada. Lo malo es que no ocurrió como yo hubiera deseado, porque ni se volvió a presentar al despacho a recoger sus cosas, ni dio la cara ni pude contactar con ella para decirle de todo, osea, que todo el discurso humillante y barribajero que tenía preparado para cuando la viera con la intención de humillarla publicamente delante de todos, se quedó sin ser pronunciado, y no será porque no me sabía de memoria hasta el último insulto. Taaaaanta rabia me da recordar su traición que ni voy a decir su nombre, que capaz sería la tía guarra de hacer alguna entrevista para vilipendiarme y no pienso darle a en el gusto de cobrar una exclusiva a mi costa ni hacerle crecer el ego, pero si quiero señalar una cosa; yo le di su primera oportunidad cuando nadie la apoyaba pese a ir a cientos de entrevistas de trabajo con sus dos licenciaturas y tres masters ( o eso decía, que ahora lo pongo muy en duda). Venía de un barrio obrero y su padre creo que tenía un kiosko ( ¡¡Un kiosko!!) o algo igual de cutre y sin sustancia. Yo le hice un contrato de becaria durante años que encima le pagaba con el sueldo mínimo, que podía haber sido gratis, porque con lo que aprendió conmigo ya podía considerarse suficientemente pagada ¿Y ella a cambio se acuesta con mi marido? Si es que ya no queda moral, ni principios, ni gente honrada en la que poder confiar en nuestro país, pero la culpa, de nuevo, es mía, por hacerme tonta de tan buena. Luego hay algunos izquierdosos, de esos que babean como bolcheviques, que pretenden que todos tengan las mismas oportunidades. Sí ya…¿Y lo siguiente que será? ¿Vivir todos en una comuna fornicando unos con otros? A ver si queda claro de una vez; los que no tienen donde caerse muertos, los mataos de hambre, los legañosos y los miserables no saben valorar la oportunidad que se les da; es gente que no merece ni un pequeñito esfuerzo, porque seguro se desperdiciará, mangonearán, robarán o se aprovecharán del prójimo. Mi exsecretaria es el ejemplo clarísimo de que les das la mano y te la muerden; si su padre era kioskero, a eso es a lo que tenía que haber aspirado ella y dejar los puestos de responsabilidad en manos de gente que sepa valorarlo. Pero no quiero dedicarle ni una línea más, que me enervo.

Para tener tiempo de recomponer los pedazos de mi vida y que no fueran testigos de la debacle familiar, a los niños los mandé con Fufi con todo el dolor de mi corazón, y no por ellos, sino porque de Fufi no me fiaba ni un pelo. Como para fiarse de una mujer que había permitido a su hijo universitario, Jose Mari, ir de vacaciones a Cuba. Vamos, donde se ha visto que una madre responsable y que una familia honrada deje que su hijo vaya a un país lleno de comunistas, basura y enfermedades sexuales. Raro fue que no volviera con sarna o algo peor. La cuestión es que los mandé con mi hermana porque no tuve más remedio, y esta vez, extrañamente, no dijo ni mu, ni me preguntó nada y guardó un silencio sepulcral cuando por teléfono le pedí el favor, que para eso están las hermanas, le dije. Ya de paso también le pedí que fuera ella a recogerlos al campamento cristiano, que bastante tenía yo con lo que tenía. Vamos, como para tener que aguantar el silencio acusador de Alfredín estaba yo. Y es que Alfredín hace como dos años que no me habla, pero eso lo contaré luego, es un detalle sin importancia. Mi hermana colaboró y calló, y supongo que calló esperando el momento adecuado para humillarme y soltármelo a bocajarro, porque es de las que no olvida nada y todo se lo guarda para la mejor ocasión; en eso también ha salido a mamachu.

Separarme de mis hijos durante esos días fue duro. Cualquier madre lo entenderá. Duro, pero necesario. Me considero una gran madre de familia como Dios manda, que siempre está pendiente de mis hijos y ellos son lo primero. Si bien es cierto que el resto del año apenas los veía, los llevaba siempre en mi corazón. Las cosas eran así desde que estaban en el internado, hacía dos años de eso, así que tampoco los eché especialmente de menos. Pero sí, fue duro. Antes los veía a diario a eso de las 9 de la noche, cuando ellos ya estaban duchados y cenados, a punto de acostarse, y yo regresaba de mi despacho o de alguna reunión. Les daba un besito de buenas noches, rezábamos juntos y a dormir. Cursaban estudios en los maristas, que están a dos manzanas de aquí y hay confianza plena y los conocemos de toda la vida en mi familia, hasta que ocurrió el asunto de Alfredín. Bien puede decir Dios que ha sido el momento más duro de mi vida…Hasta que vi a su padre a cuatro patas, claro. Como me iba a barruntar yo que precisamente en mi casa, que precisamente mi hijo, mi primogénito, haría una cosa así. Aún lo recuerdo y se me pone el estómago al revés.

La culpa la tengo yo por no haberme dado cuenta antes, y no será que no tuve señales, sobre todo una, cuando Alfredín tenía apenas 8 años y lo pillé en mi tocador, pintándose como una mona, con mis dos pendientes de broche de esmeraldas, regalo de papachu, puestos en las orejas, con mi vestido de satén azul, con mi collar de perlas peregrinas. Recuerdo esos labios de carmín, esos ojos con sombras azules y me dan mareos. Ay la de gritos que le di y la de cachetes en el culo, cachetes que me dolían más a mí que a él. Perdí los nervios, lo sé y lo reconozco, pero…¿Qué madre como Dios manda no los hubiera perdido al ver a su hijo de semejante guisa? Ninguna madre está preparada para eso, ninguna. Ojo, que yo tengo amigos gays y los respeto, pero una cosa es ser gay y otra que sea tu hijo y encima te lo encuentres hecho una mamarracha ya taaan de pequeñito. Pero lo vuelvo a decir; la culpa fue mía al dejar que Alfredín usara su libertad para convertirla en libertinaje. A partir de ahí ya empecé a tenerlo más controlado, que no me fiaba ni un pelo de sus compañías, porque Alfredín en el fondo es bueno, pero los niños son taaaan manipulables y taaaan inocentes y en esta sociedad hay tantas tentaciones con las que un buen chaval con buena educación y de buena familia, puede sucumbir.

Lo fuerte, el verdadero supershock vino cuando tenía catorce años. Recuerdo que los niños acababan de tomar las vacaciones y fuimos a casa de Mari Ilu en su urbanización “superexclusiva” ( como a ella le gustaba repetir mil veces…) a disfrutar de su piscina olímpica. Alfredín me pidió permiso para llevar a un amigo y yo le dije que sí. Después de estar toda la tarde de juegos y chapuzones, Mari Ilu y yo tomábamos unos martinis ( pocos, un par de botellas creo recordar..) en su porche viendo el atardecer cuando se hizo la hora de irse y me di cuenta de que hacía rato que no veía ni a Alfredín ni a su amigo. Fui a buscarlos por toda la casa y no los encontré.

Decidí entonces acercarme al vestuario de la piscina y como me iba a imaginar yo lo que descubrí, madredelamorhermoso. Estaban haciendo cochinadas, pero cochinadas de las gordas, de las que te llevan directamente al infierno sin posibilidad de perdón…¡¡Estaba chupándole ESO a su amigo!! ¡¡ Y encima olía a porros!! Casi me muero. Maricón y drogadicto, que se dice pronto…Yo es que era incapaz de imaginarme una pesadilla peor. La única suerte es que Rodrigo, su hermano y mi hijo pequeño, no lo vio, que yo no sé que hubiera pasado con semejante ejemplo. Si ya lo dice el padre Anselmo, ; el pecado está donde menos te lo esperas. Encima, en vez de agachar la cabeza y aguantar mi chaparrón de gritos , reproches y llantos, Alfredín me plantó cara y me acusó de ser una mala madre ( ¡¡A mí!!), de no dedicarle tiempo, de que yo no respetaba su intimidad y su persona, de que no lo conocía ni un poco, de que ya estaba harto de que lo llamara Alfredín a sus catorce años, de que estaba deseando cumplir dieciocho para irse y tonterías así que no sé donde habría escuchado, pero no parecía él, no parecía el Alfredín que con tanto ahínco y esfuerzo había sacado adelante. Lo que se escapaba de su boca eran chiquilladas de venganza por haberlo descubierto en tan despreciable y antinatural práctica, pensé y sigo pensando. De buena gana le hubiera vuelto a arrear unos cachetes, pero ya con catorce años, en pleno estirón, no me pareció lo más adecuado; capaz era de devolvérmela y es posible que tuviera más fuerza que yo. Por otro lado, ni se imaginan la de malabarismos que tuve que hacer para que el asunto no trascendiera más allá de las cuatro paredes de nuestra casa, y sobre todo, de que no se enterara papachu, que el pobre se hubiera muerto de un patatus; ni que decir tiene que hubiera preferido mil veces un nieto yonki, sin brazos y rojales, que maricón, con eso lo digo todo.
Aquello fue una tragedia en nuestra familia. Alfredo propuso compresión, muchas y distendidas charlas y que lo lleváramos al psicólogo. Menuda lumbrera ha sido siempre mi marido, que todo lo solucionaría con psicólogos si estuviera en su mano. Para que nos saliera un psicólogo progre y le dijera al chaval que tenía que desarrollar su personalidad y encontrarse a sí mismo. Quita, quita.
En Septiembre lo apuntamos a un internado bilingüe llevado por unos jesuítas listísimos que nunca lo dejaban solo, recomendación de mi confesor el padre Anselmo, y de donde sólo salía en las fiestas escolares, Navidades y eso. Para prevenir contagios, Rodrigo también acabó en el internado, que hay gente que dice que eso de la homosexualidad se trasmite como un virus y cualquiera sabe . Lo que lloró el pobre con sus diez añitos cuando se enteró de donde pasaría el curso, no había manera de quitármelo de las piernas el día en que lo llevamos; se me enganchó y Alfredo tuvo que tirar de él y llevarlo a rastras. Pobreta. Si es que me hago querer. En esos momentos les dolió, pero tengo la certeza de que cuando sean mayores, los dos me agradecerán todo el sacrificio, la dedicación, las horas y el buen ejemplo que les hemos dado, sobre todo yo, porque lo que es Alfredo…

Y hablando de Alfredo, el Martes fue a mi despacho con toda la sinvergonzonería y el descaro. Me resultó raro verlo con un ojo amoratado y lleno de magulladuras y cardenales, además, llevaba una cicatriz en la frente de al menos cinco puntos. Como si no tuviera bastante con tantas mentiras, acusó a papachu de haber mandado a unos matones para que le dieran una paliza, mi padre, ya ves tú, que es incapaz de matar una mosca. Me reí en su cara y le dije que ya querría él parecerse a mi padre.
Como esa estrategia no le funcionó trató de darme pena. Me dijo que estaba en un hotel, que tuvo que comprar ropa. Luego ya vino la autohumillación; que por favor le perdonara, que había sido el mayor error de su vida, que ella no significaba nada y cosas así. Hasta lloró y se tiró al suelo clavando las rodillas y poniendo a Dios por testigo, el muy blasfemo. Ahora me vienes con Dios, le dije…Pues que sepas que ya he hablado con el padre Anselmo y me ha dicho que la nulidad por infidelidad es facilísima de conseguir. Le he contado todo y tengo su bendición para que siga adelante con la separación. Ahí ya Alfredo se rompió y lloró como Boabdil cuando huía de Córdoba…¿O era Granada? Ay no sé, con las cosas de los moros esos siempre me hago un lío…
Reconozco que estuvo muy convincente arrastrándose. La única vez que lo había visto tan compungido conmigo fue de novios, un día que cenábamos en casa de mis padres; el muy ignorante tuvo el valor de ponerme un sms preguntándome a qué hora era la cena en casa de papaTXU, y con todo su cuajo, lo escribió así, como si fuera vasco. Vamos, bastantes majaderías tenemos ya con los separatistas aberchales y su horrible dialecto de mierda que tratan de imponernos para que encima les siga el rollo quién iba a convertirse en mi marido. Una semana entera estuve sin hablarle, una semana. Luego ya me hice la blanda y le perdoné, maldita la hora en la que lo hice. Como bien decía papachu “El problema de Alfredo es que no se respeta a sí mismo”, y esa era una nueva demostración. En mi vida yo quería un hombre, no una nenaza que lloriqueaba por las esquinas; un hombre que llora no tendrá mi respeto jamás.No, no quería seguir viviendo con alguien cuya debilidad era taaaan grande que siempre, sin poderlo evitar, se convertiría en fuente de todos los problemas. La infidelidad era la muestra, pero no una excepción, era una más. Además, la repulsión física me hacía imposible tenerlo cerca. Le pedí que se fuera pero por lo que nos había unido, quise ser magnánima y misericordiosa, que es lo que me había aconsejado papachu que debía hacer en momentos de crisis para mostrar la grandeza de mi persona y cedí un poco, diciéndole que le mandaría una maleta con su ropa al hotel y que tendría noticias de mi abogado. Él siguió llorando un buen rato en la alfombra, parecía que no se le iban a acabar nunca las lágrimas de cocodrilo. Cuando ya estuvo un poco más repuesto, y entre hipos y gemidos infantiles que aún me hacían tenerle más asco, fue capaz de preguntarme…”¿De verdad no hay ni una posibilidad de que volvamos a estar juntos?” y yo, con temple y guardando la compostura, le contesté “Jamás he tenido algo tan claro en mi vida”. Se recompuso como pudo, primero incorporándose, luego arreglándose la ropa, atusándose el pelo y secándose las lagrimas. Creí que la cosa quedaría así, pero justo cuando ya cogía el picaporte de la puerta, se volvió, y con un gesto totalmente distinto, lleno de ira, rabia y unos ojos que se me clavaban como puñales, me dijo; ” Todos estos años he esperado sin rechistar un gesto de cariño, una palabra de ánimo, una demostración de amor pero jamás la he visto. He aguantado tus desplantes y continuo mal humor, he comprendido que tus hijos y yo siempre estuviéramos detrás de tu carrera política, he perdonado que me humillaras en público a la menor ocasión y ya ves, al primer tropezón, ya me condenas. Apuesto a que estabas deseándolo. Siempre supuse que eras una frígida sin sentimientos incapaz de enamorarse y amar a nadie que no fueses tú misma, pero en estos días, me he dado cuenta de que estaba equivocado; sí que estás enamorada…¡¡De tu padre!! ”
“¡Fuera o llamaré a seguridad!¡ No quiero volver a verte nunca! ¡Me das asco!”, le dije bien alto y sin que sus palabras me perturbaran ni un poco, porque… ¿Qué coño querría decir con aquella palabrería?¿ De verdad se refería a mí ? Porque no me sentía identificada para nada. Pero no se crean que la cosa acabó ahí.
Unos minutos más tarde escuché ruidos y tumulto en la calle. Al abrir la ventana de mi despacho en la sede del partido , mis compañeros también abrían sus ventanas para ver que ocurría, y entonces lo vi, con un megáfono, subido encima del capó del coche, rodeado de gente que miraba alucinada enmedio de la acera, mientras él se desgallitaba gritando una y otra vez ” ¡¡Lamprea rubia de bote, tiene el chocho morenote!”

Continuará

Nota de la redacción; como lo último que querríamos es dar pistas de las memorias de Lamprea, que todavía tienen que dar unas cuantas vueltas y giros inesperados, la redacción y su portavoz, MM, van a dejar de comentar sus comentarios por el bien de las sorpresas y de su disfrute, que seguro que lo entienden. Pero por Thor, no dejen de aventurar que creen que ocurrirá después de cada capítulo, que es de lo más divertido a la par que enriquecedor.

LAMPREA FARRA: LAS CONFESIONES DE UNA DIPUTADA RUBIA

PREPUCIO

El siguiente texto que les vamos a revelar es una exclusiva del Planeta Murciano conseguida tras muchos esfuerzos, tiempo y dedicación . El testimonio de una de las políticas que más relevancia ha tenido en los últimos meses en nuestro país convierte este documento en algo único. Nos llena pues de felicidad y estamos orgullosos de podérselo mostrar como un privilegio al que muy pocos tendrán acceso.
Su relevancia y extensión nos ha hecho dividirlo en capítulos, un riesgo bien gordo en tiempos donde leer más de 140 caracteres es un esfuerzo sobrehumano para la peña. Así que somos un mar de dudas…¿Mantendrán los lectores la atención unos cuantos capítulos? ¿Seremos capaces de enganchar?¿Ponemos todos los capítulos seguidos o los vamos alternando con la programación (tristemente habitual, you know) del Planeta Murciano? De mucho no va a servir, pero ustedes voten y opinen, que nosotros ya decidiremos según nos de la ventolera.

Pero nos estamos adelantando, porque a lo mejor no les gusta, a lo mejor les parece una basura y preguntar como que sobra. Por mucho que les prometamos que nos lo hemos pasao pipa leyéndolos, que ha sido una experiencia total tener acceso a estas confesiones, si a ustedes no les gusta, va a dar un poco igual.
Por ahora, sólo les vamos a pedir una cosa de verdad; que lo intenten, que le den una o varias oportunidades, que no les va a doler y encima a lo mejor les gusta y se lo pasan guachi, porque aunque la cosa empieza suave ira a más, mucho más, hasta la estratosfera.
Así que sean muy bienvenidos a LA OCTAVA TEMPORADA (madredelamorhermoso…)del Planeta Murciano
y con todos ustedes…

CAPÍTULO 1
UNA SORPRESA INESPERADA

Mi abogado me ha recomendado, bueno, en realidad me ha convencido para que cuente mi versión de los hechos por escrito. Yo no soy nada de airear las intimidades, no me tomen por una cualquiera que se arrastra por los platós para llevárselo calentito y hacerse famosa. No, yo tengo mis principios, tengo mis formas, tengo mi educación y mis modales y esto no entraba en mis planes, pero me han dicho que la cosa pinta tan mal que me quedaban pocas opciones. De hecho, sólo me quedaba esta opción, que yo la veo más bien como una huida hacia adelante, miren lo que les digo, pero bueno, haré caso a mi abogado que es el que se supone que sabe del tema.
También me ha pedido que sea lo más sincera posible, cómo si yo alguna vez en la vida hubiera mentido. Así que sabrán de primera mano la verdad, la auténtica historia y el verdadero acontecer de los hechos. Olviden lo que han visto en la televisión, lo que han leído en la prensa y en el resto de medios que han manchado, vilipendiado y arrastrado mi buen nombre y el de mi familia. Esta es la auténtica y fiable verdad. Cuando acaben, seguro que entienden las circunstancias que rodearon las dos semanas más terribles de mi vida y me perdonaran, como espero que el juez y el jurado también me perdonen, porque no hay justicia si una mujer como yo, que se ha dejado el alma por hacer de España un país mejor, una mujer honrada y limpia, buena cristiana y buena madre, está en la cárcel a la espera de juicio.
Pero si no empiezo por el principio, no me van a entender, y el principio podemos decir que fue con una llamada que lo desencadenó todo, quién me lo iba a mí a decir aquella tarde de presentación de la precampaña en la sede nacional del partido.

-Estoy en un atasco y el chofer me dice que aún tardaremos un buen rato en salir de aquí ¿Me harías el favor de subir a mi despacho y comprobar si el portátil para la presentación de la precampaña funciona bien? Me ha dejado más de una vez tirado y no querría hacer el ridículo delante del partido en pleno, y menos de los periodistas . Esos hijosdeputa están deseando tirárseme a la yugular.
-Tú nunca harías el ridículo, Mariano…
-Ya, ya…Gracias pero quiero asegurarme.
-Pero Mariano, yo no tengo la llave…
-La tiene tu marido..
-A mi marido hace horas que no lo veo.
-Entonces seguro que ya está en el despacho. Lo vi nervioso con su discurso y le ofrecí mi despacho por si quería relajarse y repasar. Seguramente ha apagado el móvil porque lo he llamado varias veces y me sale apagado o sin cobertura.
-Bueno, no hay problema, voy ahora mismo. Yo siempre a tu servicio, Mariano, jijiji
-Ya, ya…Nos vemos ahora, y discúlpame delante de la gente por no haber llegado ya.
-Hasta ahora

Si las cosas pasan es porque Dios quiere, o sea que si la tarde de autos pasó lo que pasó es porque Dios quiso que así fuera, o al menos es la conclusión que he sacado en estos días que llevo en prisión, que tiempo para pensar he tenido de sobra. Sí, definitivamente Dios quería que acabara con la mentira cochinota de mi vida marital.
En realidad la mentira de mi matrimonio había empezado antes, la noche de bodas más concretamente, que ahí ya me di cuenta de que lo nuestro fallaba por algo que contaré más adelante. Por eso creo que en realidad Dios quería que acabara de una vez con la farsa y me hizo entrar al despacho y descubrirlos allí a los dos, a mi marido y a esa furcia en la postura del perrito, como animales asquerosos, enganchados por sus partes bajas pero con la ridícula decencia de mantenerse vestidos. Aún lo recuerdo y me vuelven las arcadas. Nunca los perdonaré y sé que Dios me comprende y a mí sí me perdona; ustedes también me van a comprender y me van a perdonar cuando les cuente todo, así que no dejen de leerme y libérense de la imagen llena de prejuicios que han hecho de mí los medios de extrema izquierda . Ni soy una malvada sin escrúpulos, ni una bruja ni nada que se le parezca. Que sepan que tengo un gran corazón, tengo sentimientos que derrocho y soy una buena mujer, que muchas veces de buena se pasa a tonta, con eso lo digo todo. Los medios han rozando el terrorismo informativo, valga aquí mi denuncia, porque esa no soy yo, esa imagen no es auténtica y tarde o temprano tendrán que pagar en los juzgados por lo que han hecho. No saben con quién se han metido.
Antes, mucho antes de toda esta vorágine, Alfredo ( mi marido) y yo empezamos a salir con tan sólo dieciocho añitos. Éramos taaaan monos. Todo el mundo nos decía que éramos la pareja perfecta y así nos sentíamos y así nos comportábamos.

Nos conocimos en un congreso de Nuevas Juventudes donde yo, siempre acompañada de papachu, me disponía a ocupar mi primer cargo. Las dos semanas anteriores de ese maravilloso fin de semana (sin duda el mejor de mi vida) las pasé trabajando durísimo, pues tuve que aprenderme un discurso de dos folios. Por supuesto que no lo había escrito yo, faltaría más, que para eso cobra su salario la secretaria de papachu. En realidad, era un folio y medio, pero para mí aquello fue como tener que estudiarse la Santa Biblia. Entera. Y yo me sé algunos versículos, pero tanto como entera, pues no. Y es que nunca se me ha dado bien estudiar. A ver, no soy tonta, está a la vista; mi problema es otro. Mi problema es que no le veo sentido a estudiar cuando mi destino (y Dios) quieren para mí otra cosa. Además, a papachu tampoco le gustó nunca verme entre libros. Me los quitaba de un tirón mientras gritaba que los libros sólo me llenarían la cabeza de paparruchas, y entonces me llevaba con él, mientras cerraba tratos o hacía negocios. “Aquí aprenderás lo que de verdad importa” , me decía. Y así ha sido. Papachu es taaaan inteligente que algunas veces no me creo la suerte de tenerlo como progenitor. Es, sin lugar a dudas, el hombre más sabio y sin embargo, más bueno que conozco en La Tierra por debajo del Papa Benedicto y del Rey. Mirarlo me llena de orgullo y satisfacción y sus pequeños deslices (esos que mamachu no le perdona), me parecen naderías al lado de todas las cosas grandes y buenas que ha hecho en la vida. Yo sí se le perdono,siempre lo hice y además estoy segura de que Dios, también. Papachu siempre fue capaz de cumplir fuera y dentro de casa y quedar como un señor, un buen padre y un buen marido delante de todos, sin que se enteraran de sus insignificantes tropiezos los demás; los trapos sucios siempre los lavó en casa ¿Puede decir lo mismo Alfredo? ¿Puede? No sé ni cómo se me ocurre compararlos…De rodillas tenía que ponerse Alfredo cada vez que papachu le habla. O le hablaba, porque gracias a Dios papachu siempre ha estado de mi lado y desde el minuto uno de saber la verdad, dejó de hablarle a Alfredo. Si cuando yo digo que es el hombre más sabio…Mi padre tenía que ser.

Pero volvamos a aquel congreso de fin de semana donde Alfredo y yo nos conocimos. Fue papachu quien me animó a qué me presentara a la candidatura de presidenta regional de las juventudes y la verdad es que me pilló de sorpresa, porque no tenía ni idea de cómo iba a aquello de la política, ni conocía a nadie, ni tenía una pizquita de noción de cuál sería mi labor, o si, por ejemplo, debía hacer campaña. “Tú déjalo en mis manos”, dijo papachu. Y eso hice y de nuevo, papachu tuvo razón…¡¡Mayoría absoluta y sin un voto en contra!! “Tienes carisma, hija mía”, me dijo papachu. Y yo le creí. Lo que me extraño es haberlo conseguido sin hacer nada, pero bueno, para eso estaba papachu ¿No?

Qué feliz que fui aquellos días cuando todo parecía maravilloso y la realidad me sonreía ¿Cómo no hacerle caso a papachu si siempre acierta? No sólo es cuestión de saber manejar el cotarro ( que papachu es el mejor manejando cotarros de cualquier tipo en cualquier sitio)..¡¡Es que encima la suerte siempre le viene de lado!! ¿Cómo se explica sino que le haya tocado tantas veces la lotería? Pues está claro; la suerte está con los elegidos y papachu además de sabio y bueno, es uno de esos elegidos, uno entre un millón. Los que lo critican y dudan de su honestidad desconocen que todo es el resultado de haber sido un hombre bueno toda su vida, que ha sembrado tantas buenas acciones que la vida se las devuelve a cientos, porque no es que mi padre compre miles de décimos para que alguno le toque…¡¡Es que se los regalan!! Es llegar las Navidades y empezar a recibir cientos y cientos de décimos de gente que en alguna ocasión recibió una buena acción de papachu, que su secretaria no da abasto para abrirlos todos. Hombres a los que les buscó trabajo, familias que recibieron su ayuda en algún momento, cargos que subieron el escalafón gracias a un empujoncito de mi padre y mil casos más, todo de manera limpia y honrada, claro. Hay tanta gente a la que ha hecho el bien, taaaaantos que deben agradecerle tanto, que es lo mínimo eso de mandarle décimos como regalo ¿No? En qué mundo estaríamos si no fuera de ese modo.

En aquel congreso también la conocí a ella. Aún seguía siendo Presidenta del Senado y llegó para la clausura. Escuchó mi discurso, dio el suyo (grandísimo e impecable) y al acabar la ceremonia, se acercó a mí, me dio la mano y me dijo: “Espero que este sea el inicio de una gran carrera política y espero seguir teniendo noticias suyas” y así ha sido. Para su cumpleaños, le mando todos los años una caja de bombones belgas que escojo uno a uno y guardo en una pequeña cajita chapada en oro que me hacen en exclusiva en Tous. Además, la tengo agregada en facebook y twitter y se ríe cuando humillo con mis twitts a esos pijiprogres antiespañolistas ; lo que intento decir es que somos amigas. De verdad y de las buenas. En aquel congreso no era taaaan conocida, respetada y temida como hoy en día, pero su carisma casi la antecedía. Recuerdo su sonrisa franca, de buenísima persona. Recuerdo su modestia y su firmeza casi dulce, su fino y delicado cutis, su capacidad para decir siempre lo que todos pensábamos, aún a riesgo de que su sinceridad le hiciera daño a ella misma, pero siempre con una sonrisa bonachona, lo que demuestra la altura moral de sus miras y su gran capacidad para convertirse en una de las mujeres más importantes en la historia de este país, porque para ella lo principal es el bienestar de los españoles. Por eso quiero parecerme a ella. A mí, desde luego, ya me parece la mujer más importante de este país por debajo de la reina, más incluso que mamachu, y por eso la nombro aquí, porque es mi ídolo a alcanzar.

Con respecto a mamachu…Sí, ya sé que puedo parecer una mala hija, pero las cosas están asi y no atravesamos nuestro mejor momento. Y eso que yo siempre la apoyé en el divorcio y siempre he despreciado a esa sudaca buscona con la que ahora papachu cree recuperar su juventud, pero de nada ha servido. Mamachu está tan perdida en la vida y hace las cosas tan mal como Fufi, su hija predilecta y a la sazón, hermana mía a la que muchas veces veo más como un castigo que como una bendición, que Dios me perdone, pero mire usted, es que no hay por donde cogerla. Pese a ello, pese a ser dos personas tan difíciles, con todo mi esfuerzo y mi sacrificio, puedo decir que las quiero a las dos. Yo sin embargo, siempre he sido la hija predilecta de papachu, creo que se nota ¿No?
Mamachu se ha llenado de rabia y amargura tras el divorcio y se ha ido quedando cada vez más sola; apenas se cuida, nunca va a la manicura y lleva las mechas hechas un desastre. Hasta el otro día me di cuenta de que tiene abiertas las puntas… ¿Cómo se puede salir así a la calle? Soy perfectamente consciente del día en que dejé de admirarla como cuando era pequeña; fue en su cumpleaños, hace un par de años, cuando después de regalarle un precioso y flamante Louis Vuitton directamente traído desde Paris, lo dejó arrumbado en el sofá , apenas lo miró y ni le hizo caso. Luego jamás se lo he visto puesto ¡Que desagradecida! A la próxima vez, sacaré fuerzas de donde sea para poder entrar a una tienda de esas de chinos, donde todo es taaaan horrible y ellos hacen como que trabajan mientras se pegan la vida padre sin pagar ni un impuesto, y le compraré alguna tontería por dos euros. Es lo que se merece y seguro que es lo que sabe apreciar.
En su día, también dejó de acudir a las reuniones que organizaba el partido de madres y esposas católicas, abandonó su puesto en la Cruz Roja y ya no participa en los rastros benéficos. Parece que sólo encuentra tiempo para revolcarse en su dolor y despotricar a todas horas sobre papachu, y eso es muy injusto, como lo digo lo pienso. Luego se extraña si nadie la llama ¿Cómo la van a llamar?¿Para escuchar lamentaciones? Así que me llama a mí para consolarse, y yo, como buena hija que soy pese a todo, hago como que la escucho mientras me pongo a tareas realmente importantes; le doy al altavoz del móvil y hago mis cosillas, como por ejemplo aprovechar para limarle las uñas o decirle a la asistenta, la colombiana, venezolana o lo qué sea ,que limpie aquí o allá, que una siempre tiene que estar en todo.. Mientras hago esas tareas, a todo le digo “Sí mamachu…Te escucho mamachu…De acuerdo mamachu…” . Ella se queda tan agusto y yo también, que bastantes problemas tengo con la manchita de humedad que ha salido en la pared del comedor qué pintamos hace un año en estuco veneciano.
Fufi opina que mamachu tiene una depresión grave que puede estar empeorando por el alcoholismo…Que absurdo y qué tontería, pero sobre todo…¿Qué sabrá ella? Que estudiara durante tres años psicología no la hace una experta. Por supuesto no acabó la carrera, como nunca acaba nada; siempre cuenta la misma excusa infantil, aquella historia del accidente que la dejó imposibilitada durante casi dieciocho meses y con una cefalea y con unas jaquecas, según ella, permanentes, pero yo tengo muy claro lo que siempre dice papachu, esa frase que sólo un trabajador nato que se ha construido a sí mismo como él puede decir con dignidad; quien quiere, puede.
Con respecto a la alcoholemia de mamachu, no creo que su ignominia haya llegado a tanto; es taaaan de no tener ni una pizca de clase darse al alcohol. Fufi dice que una vez comiendo con ella llegó a beberse casi una botella de Rioja, y que ha encontrado varias botellas de Dyc medio vacías escondidas por toda la casa…¡¡Qué tontería!! ¿Dyc? Y que mal gusto, por otro lado. Si mamachu es alcohólica por eso ¿Entonces que sería papachu, que bebe durante todo el día escocés del bueno sin que le tiemble el pulso? ¿Y entonces que sería yo, que de vez en cuando me tomo una copita por calmar mis terribles dolores de vientre? Según Fufi, que mamachu haya tenido dos tentativas de suicidio justifica su teoría de la depresión. De nuevo, mamarrachadas, ganas de llamar la atención. Si de verdad hubiera querido suicidarse, no se hubiera tomado el tarro de pastillas (la primera vez) o se hubiera cortado las venas ( la segunda). Es muy fácil tener acceso a una buena pistola y ella lo sabe. Todo lo demás, como decía, ganas de llamar la atención típica de una persona débil e infantil a la que sabe que encontrarán antes de un fatal desenlace y le harán un lavado de estómago. En lo infantil e inmaduro, Fufi ha salido a mamachu. En cambio yo, gracias a Dios, he salido a mi padre en su fortaleza y entereza; nada nos perturba, nada cambia nuestro rumbo, siempre con la cara al sol; adelante, siempre adelante.

Adelante fui cuando Alfredo, sin conocerlo de nada, se me acercó a felicitarme ese fin de semana por mi puesto conseguido con tanto esfuerzo y dedicación, o eso me dijo. Ya con sus primeras palabras, me pareció el chico ideal. Tan bien vestido, con su polo Ralf Laurent azul marengo, sin una arruga en los pantalones, con el brillo de su Rolex impoluto reflejándose en sus ojos castaños y sin un pelo fuera de lugar, domados sus rizos por la gomina. Ay, es que lo recuerdo y me pongo más tontorrona y cursi…Por eso me pasó lo que me pasó; por tontorrona. De hecho, cuando me propuso acompañarlo de compras, pues necesitaba ropa para ir a trabajar y me dijo que yo tenía aspecto de tener muy buen gusto para la ropa ( ahí me ruboricé por su acierto, lo reconozco; fue la primera vez pero no la última), no le pregunté a papachu si era conveniente o qué le parecía el tal Alfredo, y claro, me equivoqué, en un error que voy a tener que pagar toda la vida. Tras varias corbatas Hermés, varios suéteres Tommy Hilfiger en todas las posibilidades del malva y el salmón, yo casi estaba convencida en que lo nuestro podría llamarse flechazo. Sin embargo, el momento definitivo ocurrió cuando salió del vestuario para preguntarme que le parecía un traje de Hugo Boss en gris perla que le sentaba como un guante, y ahí ya supe que él sería el hombre con el compartir mi vida, el padre de mis hijos y quién sabe, a lo mejor éramos una pareja abocada a un destino más alto que el de la media, puede que destinados a dirigir nuestra ciudad, o puede que nuestra comunidad, quién sabe si España estaba preparándonos un hueco en su historia.

Sin embargo todo eso se rompió porque Dios quiso, la tarde en que lo descubrí de rodillas mientras fornicaba con ella
(¡Mi secretaria!) precisamente con ella, tenía que ser ella, que a cuatro patas y vestida aún con su requetevisto vestido de Carolina Herrera falso ( el único que tenía y que llevaba a todas las circunstancias importantes) se dejaba magrear los pechos con lujuria y frenesí. Sudaban y gemían como descosidos, ambos con los ojos cerrados y Alfredo tenía una expresión como nunca antes le había visto conmigo, de hecho, nunca le había visto un gesto así. Olían a pecado y a infierno, a libertinaje y a salvajismo, y se comportaban como fieras, como felinos sin domar, como habitantes de Sodoma. Todo esto lo vi porque tras abrir la puerta del despacho, ninguno de los dos se percató de mi presencia durante al menos un minuto y hasta pude caminar unos pasos hacia ellos. Yo era incapaz de articular ni un suspiro, ni una palabra asistiendo al lamentable espectáculo. La impresión me dio tal patada en el estómago que casi hecho por la boca hasta la primera papilla que tomé. Mi estomatólogo el Doctor Ruiz, amigo de toda la vida de papachu, bien me dice que lleve cuidado con los disgustos y los nervios, que me sientan fatal al sistema digestivo. Yo cuando me vienen los síntomas, he descubierto que bebiendo un poco de alcohol se me pasa, y oye, tan feliz, pero esa tarde no tenía alcohol a mano. La rabia era tanta que sentí que me salía humo por las orejas y sangre de los ojos, pero de hecho, no pude aguantarlo y lo único que me salió fue una primera arcada llena de tropezones y líquidos de variados colores, taaaaan ruidosa y salvaje como un chorro de manguera a presión que se disparó desde mi boca hecha una enormidad de vómito. Una vomitona que llegó hasta donde estaban ellos, poniéndolos perdidos de baba, bilis, restos de comida, todos los cocteles que esa tarde había tomado y no sé qué más. Como para no descubrirme. La cara que se les quedó no sabría cómo definirla, pero lo increíble, lo inaudito es que en menos de un santiamén, subiéndose las bragas e intentando recomponerse su vestido de mercadillo, ahora lleno de pequeños adornos regurgitados y temblorosos, la que vino a darme explicaciones en medio de unas arcadas que también se le escapaban, fue ella, mientras Alfredo se quedaba paralizado, con la nariz goteando en vómito y enseñando su miembro sin gomita (¡Sin gomita, Dios mío, sin gomita!) que languidecía entre sus piernas.
“No es lo que parece” me dijo sin que se la tragara su propia desvergüenza al decir una frase tan manida y peliculera ” Yo no quería, me pidió que lo acompañara a comprar ropa porque me dijo que tenía muy buen gusto, y una cosa llevo a la otra y…”
La hubiera abofeteado allí mismo, la hubiera escupido, la hubiera apaleado y luego pisoteado con mis Louboutin recién estrenados esa tarde para continuar matándolo a él sin una pizquita de remordimiento. Increíblemente, supe guardar las formas como tanto me había insistido papachu (“Mantén las formas, hijamía, siempre las formas. Si lo haces así, engañarás a tus enemigos y tus amigos nunca tendrán nada que poderte reprochar.”). Aún así, no pude evitar decirle lo más fuerte que hasta ese día había salido de mi boca. Las palabras se me acumularon en la lengua y como un torrente le dije la frase más insultante que en ese momento se me ocurría, porque hasta ese día, nunca había tenido que decir una palabrota, ni utilizar expresiones sucias, ni un mínimo taco se me había escapado en la vida, bien lo sabe Dios, pero es que nunca había tenido que insultar a la guarra asquerosa que se estaba tirando a mi marido.
Así que se lo dije con todas las letras:
“¡Vete a la porra!”

Continuará

LAMPREA FARRA; LAS CONFESIONES DE UNA DIPUTADA RUBIA (6)

CAPÍTULO 1: UNA SORPRESA INESPERADA CAPÍTULO 2: GRANDE ES LA VENGANZA CAPÍTULO 3: LIBRE DE ATADURAS CAPÍTULO 4: CARA A CARA CON UNA NUEVA VIDA CAPÍTULO 5: AL FIN DEL MUNDO YO FUI CAPÍTULO 6: SOL QUE YA NO BRILLA – Hola chati… – ¿¿¿Por qué me llamas otra vez??? ¿No quedamos en que ya no nos veríamos, ni me llamarías ni hablaríamos nunca más en la vida? – Yo no quedé en na, chati, que fuistes tú la que dijistes to eso mientras te vestías… NBA Canotte 2017 -¿Qué es lo que quieres ahora? – Es que como el otro día la cosa se lió, jejejeje, se me olvidó preguntarte algo… – A ver ¿Qué pregunta es esa? – Pos… ¿Qué hago con las fotos? -¿Qué fotos? -Las que nos hicimos -¿Cuando? – La noche en que nos conocimos -¿Donde? ¿En la discoteca? – No que va…En mi casa… – ¿Cómo que en tu casa? – Va a ser verdá que no recuerdas na, jejeje…Qué pena, con lo bien que lo pasamos… – ¿Quieres ir al grano de una puñetera vez? – M´encanta cuando te´nfadas, jejeje…Hummmmm, que morbo… – Pufffff – Vale, vale, déjame que te lo cuente, que fuistes tú la que te empeñastes en que nos hiciéramos fotos, y como no llevabas el móvil con la cámara, las hicimos con la mía que es bien chachi y que me la vendió el Roberto a mu buen precio y… – Bueno ¿Y qué? ¿Que les pasa a las fotos? – Chati pos imagina…Estamos haciendo de to y son mu guarras,jejeje… -¿¿¿¿ Cómo???? Eso es imposible. – Pos aquí mismo tengo la cámara delante y ahora estoy viendo una en la que me la chupas en primer plano y con tos los detalles, y menuda cara de gusto tienes, jodía. En esta otra se te ve metiéndote una raya. – ¿Metiéndome qué? – Una raya, chati, una raya de farlopa, de coca… ¿O tampoco sabes lo que es? Anda mira, en esta estamos follando apoyaos en la pared jejeje, aunque se ve torcía se nota perfectamente que somos nosotros,jejeje… – Madredelamorhermoso…¡¡Esto no puede ser verdad!! – Tan verdá como que las estoy viendo ahora mismamente, te lo juro por mi madre que era lo que más quería y está enterrá…Anda, mira esta en la que se ve que tú… Running Asics Sneakers – ¡Basta! No puedo más…Bueno, dime… ¿Y ahora qué quieres? ¿Dinero? – ¿Dinero yo, chati? ¿Pero por quién m´as tomao? – Por algo me habrás llamado entonces ¿No? ¿O sólo era para saludarme y que veamos las fotos juntos? – Ay chati, no aprendes y vuelves a tratarme mal, mu mal…Pos ya m´e cansao y esta vez te lo voy a poner más difícil si quieres las fotos… -No me puedo creer que esto me esté pasando a mi… – Te espero mañana a las cinco en mi casa. -¿Otra vez? Esto no me puede estar pasando a mí… – Sí t´está pasando, sí, jejeje pero en esta ocasión no te voy a dar en el gusto…Esta vez vas a tener que hacerme un favor muy gordo. – ¡Pero si mañana estoy invitada a una inauguración y no puedo faltar! – Ese no es mi problema, chati; vente con tiempo y anula lo que tengas porque lo vas a necesitar… – Pero… Y colgó. Hasta esa llamada, con todo lo ocurrido había sentido que más o menos las cosas estaban bajo control y en mi mano la posibilidad de solucionarlas, pero aquello era un punto de no retorno. El vientre me iba a mandar a la tumba de lo que me dolía, y las nauseas me estaban impidiendo respirar de una manera normal. La historia de las fotos podía ser mentira, pero hasta ahora, todo lo dicho por el chuleta macarra había sido verdad, así que me aterroricé entera . ¿Pero qué me había pasado esa noche maldita? ¿Cómo era posible perder tanto la compostura y la cabeza? Estaba claro que después del último tropiezo, Dios ya no estaba conmigo; si hasta yo me odiaba, cómo no me habría de odiar él. Y me puse histérica. Nike Air Max 2017 Mucho. Necesitaba beber algo. Recordé entonces que la asistenta aún estaba en casa, y yo pegando gritos al teléfono con semejante conversación. Me levanté corriendo del sofá y fui a buscarla. Estaba en la cocina limpiando los platos. No es que estuvieran sucios, pero me gustaba que todos los días los cogiera de la platera y los limpiara, para que no hubiera en ellos ni una motita de polvo, que una vajilla con filo de oro no puede dejarse descuidada. Yo es que he sido muy limpia siempre. – ¿Has estado escuchando la conversación? ¿Dime? ¿Qué has escuchao?- la zarandeé con todas mis fuerzas. – Se…se…ño…ra…No sé….de qué…me habla… – ¡No mientas! – Señora por…favor…No sé a qué conversación…se refiere- ahí ya la solté. – Una cosa te digo; por tu bien que sea cierto, porque como hayas escuchado y se te vaya la boca, juro que te mato y te mando a tu país de mierda de una patada en el culo. Y así volví al salón mientras la asistenta lloraba desconsolada, la muy blandengue. A ver cuánto tiempo tardaba en darle puerta, que ya me tenía harta. Nunca he tenido suerte con las asistentas, la verdad, y eso que ya he tenido..¿Doce? ¿Trece? Ay no sé, he perdido la cuenta, y como casi todas han sido sudamericanas y se parecen tanto, pues me lío. Yo no sabía que lo de conseguir una buena asistenta era taaaaan difícil hasta que me casé. En casa de mis padres nos cuidaba Antonia, que era una andaluza muy graciosa y que como todas las andaluzas sólo servía para ser asistenta, eso es algo que todo el mundo sabe. Antonia, pese a ser andaluza, era muy trabajadora y el día le cundía muchísimo; no sé la de platos que hacía, lo que limpiaba y encima la atención que nos dedicaba a la niñas de la casa, porque ya de pequeñas mamachu empezó con la tontería esa de las depresiones y apenas nos dedicaba tiempo. Pero las sudamericanas son terribles, yo no sé para que las dejamos entrar al país si luego no saben hacer nada para lo que se supone que están aquí. Sinceramente, con mi experiencia, que es mucha, bien puedo decir que la gente de aquellas tierras es un poco cortita; es que no se enteran de nada ni aunque les hables a gritos, que parece que muchas veces es la única manera que tienen de enterarse. Además, son lentas, muy lentas, que parece que les fallara la batería. Con tantas asistentas que habían pasado por la casa, normal que me fuera taaaan difícil acordarme de sus nombres, de esta última especialmente. Pero bueno, a cierta edad la memoria hay que guardarla para los asuntos importantes, no ocuparla en tonterías, eso ha dicho siempre papachu y como es habitual, tiene razón. No piensen que el cambio de asistenta me salía gratis, que va, que cada vez que echaba a una calle me gastaba un pastizal cambiando las cerraduras. Y es que ya me dirán, como para fiarse de ellas, que cualquiera sabe si no habrían sacado copia de la llave o algo peor. Lo que no saben ellas es que yo soy más lista y voy diez pasos por delante. Es como lo de hacerles contrato ¿Donde se ha visto? ¿Encima quieren contrato? ¿Y qué vendrá después, el caviar y el champán? Cortitas, lo que se dice cortitas. Y no sólo por la estatura. Je. adidas superstar hombre Este chiste era bueno, no dirán que no. Antes de volver al salón, pasé por la bodega y cogí otra botella de vino, que en los últimos tiempos caía una por noche. Algo bueno me había dejado Alfredo, tengo que reconocerlo. Ay si pudiera llamar al padre Anselmo y contarle mis penas, lo culpable que me sentía para acto seguido confesarme y que me diera la absolución, que la sensación de pecado y suciedad no me la quitaba nadie. Con ir a una iglesia y rezar mostrando mi profundo arrepentimiento ante Dios me habría valido, pero mi parroquia era San Lorenzo, la del padre Anselmo, y en cualquier otra me sentía extraña y no era lo mismo, así que claro, si iba a San Lorenzo y el padre Anselmo me pillaba allí sin hablar con él, sospecharía, yo tendría que confesar, las cosas se pondrían mucho más difíciles y mi vergüenza sería mayor. Mari Ilu me llamaba todos los días para ver como estaba ( aunque yo creo que lo hacía más bien para recrearse ) y esa misma mañana me había recordado la inauguración de la exposición de obras de arte dedicadas a la Virgen María, pintados por un grupo de amigas de la parroquia y simpatizantes del partido; era una manera de mostrar nuestra repulsa a la deriva amoral y sin valores de esta sociedad nuestra cada vez más salvajemente laicista, que es una de las cosas que más preocupa entre los que somos de buena fé. Cuando estaban montando la exposición fui a ver algunos de aquello lienzos y eran un horror infumable de vergüenza ajena, todo sea dicho, pero la fe de aquellas mujeres era mucha, sobre todo la fé en que venderían algo. Total; al día siguiente tenía un lío bien gordo porque la exposición era una cita a la que no podía faltar de ningún modo y ahora me surgía esto. Iban a estar la mayoría de mujeres del partido, y cuando digo mujeres me refiero a esposas de; políticas iríamos unas cuantas, pero esposas de, la mayoría, y yo sé perfectamente que si quiero continuar con mi carrera ascendente política no sólo he de llevarme bien con mis compañeros diputados, sino también ( y sobre todo) he de ganarme a sus esposas , que muchas veces tienen más poder que si ellas mismas fueran diputadas, porque una lengua suelta y afilada es casi un arma de destrucción masiva. Una falda demasiado corta, un escándalo demasiado vergonzoso y esas mujeres se encargarían de acabar conmigo utilizando a sus maridos. Y luego dicen que las mujeres no mandamos nada en pleno siglo XXI. Una pregunta me retumbaba una y mil veces en la cabeza ¿Pero qué había hecho yo para merecer semejante cúmulo de infortunios? Toda mi vida siendo firme, recta, buena y cumplidora católica, gran madre y mejor esposa para acabar en semejante desbarajuste. Nadie se imagina lo duro que se me hacía no poder contarle nada a papachu, con lo bien que se había portado en los últimos días, encargándose de todo, dándome cariñitos y mimos, mandándome flores y bombones al despacho, poniendo a mi disposición lo que quisiera, llamándome cada poco, ofrenciéndome su yate, la casa en Canarias, la suite de su hotel en Ibiza para olvidarme de todo, pero yo no quería huir, quería estar cerca para ver como acababa y machacaba a Alfredo y disfrutar de su humillación y bueno, con el berenjenal que tenía encima, como para irme estaba yo. Ay si todos los hombres fueran como papachu, el mundo sería muy distinto, y desde luego, un lugar mil veces mejor. Si todas estas desgracias que cuento eran pocas, dos días antes había tenido una más, taaaan fuerte que hasta me da vergüenza contarlo. Fjallraven Kanken Large A ver; la nueva desgracia la descubrí al levantarme de la cama despues de una nueva noche de inquietudes, una desgracia bien grande y manchando las sábanas… Y es que…Sangraba…Sangraba por ahí…Creo que se me entiende ¿No? Normal si tenemos en cuenta el calibre de lo que me había metido la noche antes. Que locura, Dios mío; me lo tenía merecido.Otro callejón sin salida porque claro, a ver como se lo contaba al doctor De Pablos, mi ginecólogo amigo de papachu de toda la vida, sin entrar en detalles, que sólo faltaba que fuera con el cuento a papachu y para qué quería mas. Así que pensé en ir a la seguridad social, que nada más pensarlo me ponía aún más mala y se me cortaba la respiración. Pedir cita, estar en una sala de espera mezclada con la chusma, tener que dar explicaciones a un ginecólogo que no me conocía de nada, acostarme en una camilla donde se había acostado vaya usted a saber quién…Todo eso era lo que imaginaba en mis peores pesadillas y oye, no me equivoqué ni una pizca. Que mal rato, por Dios, que mal rato. soldes nike 2017 El colmo de la humillación, la vergüenza más horrenda vino en la conversación que tuvimos con el diagnóstico. – ¿Ha tenido usted hijos? – Dos. – ¿Por cesárea? – Sí – Bueno…Eso encajaría en mi teoría. -¿Qué teoría? – Bueno…Realmente, lo que parece es que…Acaba de perder usted la virginidad… new balance 996 femme soldes – Venga ya. Llevo casada casi quince años . – Perdone que le pregunte, pero…¿Como han sido sus relaciones sexuales hasta ahora? – Pues normales. Como deben ser. – Verá; lo pregunto porque el himen aparece recientemente roto. Casi podría asegurar que desde hace muy pocos días. Se diría que las de antes fueron relaciones no del todo consumadas y… – Eso que me cuenta es una locura, un disparate, y si así fuera, no me hubiera podido quedar embarazada. – Bueno…Es una caso excepcional pero puede ocurrir, más de lo que mucha gente se piensa. New Balance 993 męskie -¿Dos veces? – A ver…Entienda lo que le digo y no se lo tome a mal. Si el miembro de su marido es pequeño, pues… -¿Como qué pequeño? -Un micropene -¿Pero cómo se atreve? -Señora, estoy intentando ayudar… -Pues cualquiera lo diría. Me dan ganas de demandarle por su atrevimiento. shaly.fr -El examen vaginal no miente, señora…También diría que lo que ha causado el desgarro ha sido un cambio de pareja sexual. -¿Pero como se atreve a dudar de mi honestidad y de mi fidelidad? Estoy indignda y esto no va a quedar así ¡¡Usted no sabe con quién está hablando!! Me levanté ofendidísima; ahora iba a resultar que yo era como la Virgen María. Vamos, vamos. La guinda fue cuando aquel medicucho de la seguridad social, despues de recetarme una crema cicatrizante, cuando ya me iba, me dijo con todo el descaro, como si hubiera confianza :”Debe procurar ser cuidadosa en las relaciones sexuales, porque está bien ser apasionada, pero hasta cierto punto.”. Ahí ya arrugué la receta y se la tiré a la cara, pensando “¿A que me vuelvo y le doy una torta?”. No me volví pero salí dando un portazo, escandalizada ante el trato recibido y con un sofoco que días despues, nada más pensarlo, hacía que me llevaran los demonios. Por supuesto que lo habría denunciado, pero entonces mi intención de mantener todas mis peripecias en el más absoluto de los secretos se habrían ido al garete y no era plan. Si es que de la seguridad social no puede salir nada bueno. Yo no sé para que mantenemos un servicio que no sirve para nada excepto para desperdiciar el dinero y para que vengan inmigrantes a aprovecharse. Unos padres que de verdad quieren y se preocupan por sus hijos, tienen un seguro privado, vamos digo yo, porque demuestran que para ellos la salud de sus criaturas es lo primero, sin importarles el dinero, aunque vamos ¿Quién no se puede permitir un seguro como Dios manda? Solo la gente muy irresponsable. Reggie Jackson Baseball Jersey En otro orden de cosas, del partido me llamaban para esto o aquello, porque claro, mi labor es importante y hay cosas que sin mí no saben hacer de taaaan imprescindible que me he hecho a base de trabajo duro, pero yo no estaba para nada y tuve que llamar a Mariano directamente, sin intermediarios, que para eso hay confianza y me coge el teléfono a la primera, a ver quién puede decir eso en el partido. Ya dice papachu que se ve a la legua que confia en mí y que en un futuro cercano no sería extraño, gracias a la gran labor que realizo, acabara concedièndome una secretaría o incluso un ministerio. Le pedí por favor que me descargara de tareas, que me dejara al menos un mes de descanso y tranquilidad y ahí ya sí le expliqué mi situación después de lo que me encontré en su despacho, con la separación y eso ( de lo otro ni pío, que no soy taaaan tonta). Él no daba crédito y no podía creer que Alfredo me hubiera hecho lo que me hizo. “Lo que me extraña es el olor tan apestoso que había en mi despacho, como a vómito”, me dijo. Y ahí ya, me callé la boca.

LAMPREA FARRA; LAS CONFESIONES DE UNA DIPUTADA RUBIA (5)

CAPÍTULO 1: UNA SORPRESA INESPERADA CAPÍTULO 2: GRANDE ES LA VENGANZA CAPÍTULO 3: LIBRE DE ATADURAS CAPÍTULO 4: CARA A CARA CON UNA NUEVA VIDA CAPÍTULO 5: AL FIN DEL MUNDO YO FUI – ¿Donde podemos encontrarnos para que me devuelva la cartera? – Joé chati, ya ni saludas… – Por favor no vuelva usted a llamarme chati.. – Pos el sábado bien que te molaba, jejeje…Y no me llames de usté, chati, que hay confianza…De sobra, jejeje… – ¿Podemos quedar en algún sitio neutral? No sé, en una plaza un parque o algo parecido… – Jejeje…A ver chati, quien algo quiere algo le cuesta, y si quieres la cartera, tendrás que venir a mi casa, que ya sabes donde vivo, jejeje… – Ni loca. Y entonces me colgó él. Tomé aire. Me tranquilicé. Volví a marcar. – Esta bién, iré ¿Cuándo podría ser? – Cuando quieras…Yo estoy libre toa la semana y más pa ti, chati, jejejeje.. – Que no me llame chati… ¿Mañana por la tarde a eso de las 8? – Perrrrfecto. Ahora te mando la dire en un mensajito, no vay´a ser que te pierdas. – Espero no encontrarme ninguna sorpresa… -¿Pero qué sorpresa te vas a encontrar, chati, si de mí ya lo conoces to? jejejeje Ahora fui yo la que colgué, sentándome en la butaca destrozada, apabullada y sobrepasada, como si hubiera corrido una maratón. Pese a ser durísimo, todo lo demás lo estaba llevando más o menos, pero aquella historieta del poligonero chantajista me sacaba de mis casillas. El error de salir, emborracharme y perder la conciencia y la compostura lo iba a pagar muy caro, visto lo visto. Maglia Clyde Drexler Menos mal que no se lo había contando a nadie, ni siquiera al padre Anselmo, porque…¿Qué hubiera pensado de mí? Con la imagen taaaaan impoluta que se había hecho de mi persona, no quería defraudarlo. sac a dos kanken pas cher Además, a un confesor se le cuentan los pecados y eso no era pecado; era un desliz; uno muy grande pero desliz al fin y al cabo y por causas totalmente ajenas a mi voluntad. Y bien que lo estaba pagando con la mayor de las penitencias. Lo que peor llevaba era tener que regresar a ese barrio que parecía la propia sede del infierno. En la casa del macarra de mala muerte me fijé poco, porque cuando desperté y me vi desnuda ( que Dios me perdone) al lado de ese ser que espatarragado y con el aparato al aire roncaba a mi lado, me dio tal vahído que creí morir, y sí, otra vez el estómago se me puso de vuelta y media. En realidad, si he de ser sincera, en lo único que me fijé de toda la casa fue en eso, en su aparato, una cosa oscura de tamaño monstruoso y descomunal. Yo nunca había visto algo parecido, de verdad, no creo que exista algo parecido en el mundo, y eso que estaba en estado durmiente. Que supershock. A lo que iba, cuando me desperté por la mañana, el agobio y la desesperación fueron taaaaan grandes que salí corriendo sin más palabra, cogiendo mis pertenencias y huyendo a la desesperada. Estaba visto que con las prisas, olvidé la cartera. Bueno, no era por la mañana, que como trasnochamos mucho, dormí hasta las seis de la tarde… ¿Se podrán creer que nunca había hecho algo parecido? Ni en una Nochevieja, ni el día de mi boda, ni siquiera con la victoria del grandísimo José Mari en el 93…). El barrio de marras estaba a las afueras, que por suerte las ciudades son como un organismo y tienen sabiduría para echar los detritus fuera y mandan al extrarradio todo aquello que ensucia, contamina o pudre. El ascensor del edificio ni funcionaba, y tuve que bajar cinco pisos, que se dice pronto, andando. Yo nunca había bajado tantos pisos por mi propio pie, la verdad. Pero lo peor vino en la calle, que parecía la ONU pero en apestoso y sucio…Negros, moros, sudacas. Maglia LeBron James Incluso me pareció ver a más de una familia gitana. Todos en la calle, de cháchara, sin nada que hacer y seguro que tomando drogas. Que fuera Domingo no es una cuestión a tener en cuenta, porque en Domingo se reúne a toda la familia por ser el día del señor, vamos, digo yo, y no para estar en la calle. Así se ha hecho de toda la vida en España, pero viene esta escoria que ni en sus propios países la quieren y tenemos que aguantarla aquí, sin pagar impuesto y aprovechándose de que los españoles somos tan buenos que nos pasamos a tontos. Como yo, mismamente. Usan nuestros colegios, nuestros hospitales, lo manchan y lo ensucian todo, y encima ni se les exige que profesen nuestra religión, ni que hablen nuestro idioma, ni que cumplan nuestras leyes. Al contrario; se les ayuda y se les dan becas, que es el colmo. Un cachondeo y un asco, como lo digo lo pienso. Un niño negrito muy mono (porque parecía un chimpancé), al verme salir, se acercó hacia mí, seguro que a pedirme dinero, pero yo no le di esa oportunidad y eché a correr como si hubiera visto al mismo diablo, que no sé de qué color será, pero seguro que de uno oscuro. Y mira que estaba hecha polvo, pero corrí, vaya si corrí. Las mandíbulas me crujían, los muslos me dolían en cada zancada, la cabeza me iba a estallar del resacón , pero corrí como nunca he hecho buscando una parada de taxi, porque el móvil, diantres, me lo había dejado en el taxi. Por supuesto, a aquel sitio que parecía la jungla por muchas más cosas aparte de las tribus, no había llegado la civilización, así que mucho menos una parada de taxis. Los loubotin, a esas alturas, me estaban matando. No sé cuanto caminé en kilómetros, pero el rato se me hizo eterno y por eso quizás no tuve tiempo de rebobinar lo ocurrido esa noche. Después de andar por una gran avenida minutos enteros, encontré a una mujer que parecía decente y española. Al preguntarle por un taxi casi se me ríe en la cara y me soltó que bastante suerte tenía si el autobús de línea pasaba en Domingo. Me puede llevar usted, tengo dinero, le daré el que quiera, le dije desesperada, y ella me miró como si hubiera visto a un marciano y siguió su camino, dejándome mientras yo rebuscaba en el bolso; ahí fue donde me pensé que me habían quitado la cartera. Asics Whizłer damskie Vamos, lo que me faltaba. Me lo tenía merecido por ir a sitios donde va gentuza que sólo saben hacer una cosa bien; robar. Aquel barrio debía estar como a tres horas del mío a pie como poco y no estaba dispuesta. Acercándome a un parque lleno de familias que observaban a sus hijos en los columpios,saqué fuerzas de lo más adentro, porque en mi familia no nos achantamos ante nada y en los momentos más duros es donde destacamos y sacamos a relucir nuestro orgullo y nuestra raza, que es lo que siempre dice papachu. Con la cabeza bien alta…Me puse a pedir dinero…¡¡Ay!! Fue taaaan humillante…Qué momento, Madredelamorhermoso, que momento; sé que Dios nos pone pruebas para que demostremos nuestra fe pero aquello ya era demasiado. Ay si me hubiera visto Mari Ilu, lo que me habría llamado, lo que me habría avergonzado. Aquello sí que era un supershock…¡¡De los gordos!! No crean que la gente me lo daba así como así, que me costó más de media hora sacar cinco euros para el autobús. Incluso llegué a escuchar a dos vegestorios en un banco decir “¿De donde vendrá esa puta que va hecha una marrana? ¿No le dará vergüenza pasearse así delante de los niños?” . Las hubiera matado. Juro que las hubiera matado si no hubiera sido porque aún me quedaba un euro por recaudar cinco, que creía que era lo que podría valer un billete. He de decir que era la primera vez en mi vida que montaba en autobús de línea y la experiencia fue horrible, indescriptible… ¿Cómo puede la gente montar en un vehículo así ? Es incomodísimo, lentísimo, da millones de vueltas y huele mal. Lo peor es cuando empieza a subir más y más gente y se llena a reventar y se rozan unos con otros, y hay gente de todas las raleas y aquello huele que apesta. En fin…Si Jesucristo tuvo su calvario, aquel fin de semana, yo estaba teniendo el mío, estaba claro, pero mi cruz la llevaba montada en un autobús de línea. Por lo visto, el calvario no había acabado y así me sentía en el despacho, después de la llamada, pensando en que debía regresar a aquel barrio y volver a ver a aquel tipo, con los pelos de punta y el estómago bailando una jota aragonesa. Y además tenía que hacerlo sola. Por supuestísimo que no le diría nada a papachu, eran demasiadas explicaciones y tendría que haber inventado una historia con taaaantos detalles que seguro que me pillaba en la mentira. Me puse a repasar y la verdad es que no tenía a nadie en el mundo de confianza que me acompañara en semejante trago. Sin papachu no soy nadie y ojo, que no creo que sea nada malo; hay tantos que no tienen ni eso, además, mi relación con papachu, llena de sinceridad y entendimiento, vale como si tuviera un millón de amigos. Así que tuve que sacar, otra vez, la casta de mi familia, de taaaantas generaciones que habían salido adelante y echarle valor, siempre con la cabeza muy alta. Había que planificarlo todo muy bien para acabar con tal absurda situación de una vez por todas. Mis planes fueron los siguientes: Compré un spray de defensa personal y una porra extensible de bolsillo, cogí la chequera y la escondí en el doble forro del Louis Voitton, me vestí con tejanos, gorra de beisbol, unas gafas de sol muy grandes, me recogí la melena rubia y eso, ¡Ay! fue lo que más me costó; odio llevar recogido el pelo, lo odio profundamente…Si me gasto el pastizal que me gasto en mascarillas, tratamientos y tintes importados es por algo, vamos, digo yo . También me preparé mis zapatillas de deporte; todo para buscar la sencillez y la comodidad aparentando ser de clase baja, por si tenía que emprender de nuevo la carrera. Las zapatillas eran diseño exclusivo de Emporio Armani y son el único regalo potable de mi hermana Fufi en toda nuestra vida de hermanas; las pobres están supernuevas de no usarlas, pero es que a mí todo lo que sea físico me puede, que yo soy más de trabajo intelectual. Como llevaban lentejuelas, pensé que serían lo más adecuado para pasar inadvertida en un barrio taaaan étnico y conflictivo, por no llamarlo lolailo, directamente. Busqué a un taxista de confianza al que le expliqué trescientas veces como sería el servicio, que tendría que esperarme al menos una hora y que si no volvía, debía llamar a la policía. Y es que no iba a dejar que mi chofer y el coche oficial cruzaran ese barrio ni loca; sólo faltaba que alguien tomara nota de la matrícula o nos hiciera una foto. Quita, quita. Además, con Alfonso, mi chófer, no me llevaba pero nada bien, y no será que no había pedido que me lo cambiaran un montón de veces, pero oye, para estos temas se nota que no pinto nada en el partido. Nunca tienen en cuenta mis quejas, nunca. Parece que no valoran mi trabajo, mis sacrificios, los años sirviendo a un ideal común…Es que me pongo negra. Alfredo una vez llegó a decirme que parecía una niña caprichosa exigiendo que trasladaran al chófer…¿Es para darle de tortas o no es para darle de tortas? Como si yo no tuviera razones. Empezamos mal, rematadamente mal cuando el primer día en que me llevó al congreso, no se bajó a abrirme la puerta ¿Y para qué pensaba él que estaba cobrando dinero de los impuestos de los españoles? Vamos, la broncaza que le monté. A la semana debió pensar que ya había confianza y se atrevió a llamarme de tú, como si yo fuera una de sus amiguitas pilinguis. Pues nada, otra bronca; debía pensar que yo, por ser mujer, rubia y del Pp, era tonta y que me podía pisotear cuando quisiera. adidas uk Je. No sabía con quién estaba trabajando. Después de eso, ya nunca me habla a no ser que sea con monosílabos. Conduce con el gesto fruncido y juraría que busca los atascos premeditadamente para hacerme perder tiempo y quedar mal. Encima ahora debo ir con mucho cuidado con las conversaciones telefónicas porque creo que me espía. Las ganas que tengo de perderlo de vista no lo sabe nadie. Por la noche no dormí; tuve malos augurios y di tantísimas vueltas en la cama que acabé haciéndome un nudo con las sábanas. Recé y recé porque Dios me protegiera ante lo que me podía venir y noté que me escuchaba y me daba paz. No entiendo como hay gente que puede dudar de su existencia, pero sí entiendo que suelen ser personas incapaces de hablar con él o que nunca han visto sus prodigios; llevan vidas de pecado y luego pretenden que Dios los salve, como si Dios no estuviese en todos sitios y pudiese ver lo malo que hacen. Podría decir que mi inquietud era debida a que echaba de menos a Alfredo pero mentiría, porque me di cuenta de que nuestra vida en los últimos años había sido tan distante, y que esa noche era una noche más en la distancia, pero ahora a kilómetros reales. Fjallraven Kanken 7L Lo que sí me quitaba el sueño era el resquemor de la humillación, recordarlo a cuatro patas y sin gomita, con la de años que estuvimos practicando la marcha atrás sin plantearnos lo de la gomita…Durante días estuve asustada, pensando en que a ver si me pegaba alguna enfermedad sexual de esas, Dios me libre, pero al hacer cuentas calculé que hacía casi un año que Alfredo y yo no hacíamos nada, así que era difícil. En cualquier caso: qué asco, que traición y que mal tenía el estómago aún. Esa noche me dio tiempo a repasar las últimas llamadas de teléfono; conforme se fueron enterando mis conocidos de lo ocurrido, fui recibiendo llamadas. Primero Mari Ilu, que yo no sé quién se lo diría, pero vaya, tenía buenos contactos que la informaban de mi vida a velocidades de vértigo. Es curioso; de la media hora que estuvimos hablando por el móvil, yo apenas pude decir ” Estoy bien….Relativamente…” después de que me preguntara que cómo estaba. El resto se lo pasó contándome las reformas que quería hacer en su boutique; la sensibilidad de Mari Ilu para los problemas ajenos siempre me ha dejado estupefacta. adidas donna También llamó mamachu y creo que iba un poquitín entonada de alcohol porque apenas la entendí nada, y eso que era antes de las doce del mediodía, así que colgué pronto y chimpún. De todas maneras, en el fondo no creo que mamachu lo sintiera, porque hace años que no siente nada aparte de su dolor, que pareciera que la única en el mundo que sufre es ella. Los compañeros de partido todavía no conocían la cuestión y eso que me ganaba, porque sabía que una mujer separada no era la mejor opción para mis votantes, creyentes y seguidores de lo que dicta la santa madre iglesia; ya pensaría en algo para evitar esa mala imagen, pero todavía no era el momento. Ir a la sede y aguantar caras de pena y preguntas cotillas como si se tratara de un funeral era lo que menos me apetecía en el mundo, así que yo tampoco dije nada, aunque después de escuchar a Alfredo con el megáfono, es posible que ya se estuvieran sospechando algo. Ya el día siguiente los minutos fueron eternos. Que día más largo, por favor, no se acababa nunca. Esa semana había estado en un par de actos del partido y en un par de mítines. Todo realmente taaaaan agotador que hasta acabé sudando. Por la mañana fuimos al mercado para repartir folletos y flores en plena precampaña, que luego dirán que los políticos no trabajamos, pero a mí, con la alergia que le tengo a las multitudes, a que me toquen y a confraternizar con desconocidos, me supuso un sacrificio enorme y como siempre, esos gestos no se valoran por la ciudadanía ni por los medios, pero bueno, los políticos honrados y de buena fe sabemos que va en el cargo. Una mujer, que por el color de su piel parecía de otro país, hasta llegó a ponerme a su bebé en brazos y tuve que hacerme una foto; créanme si les digo que mantener la compostura en un momento así fue un sacrificio durísimo. La cuestión es que viendo mis fotos en los periódicos, cualquiera lo diría; salgo con una sonrisa espectacular; si es que Dios aprieta pero no ahoga… Llegaron las ocho de la tarde en la puerta del edificio de aquel barrio nauseabundo que más recordaba a Sodoma que a otra cosa. Le volví a recordar al taxista todas las precauciones despacito y punto por punto, porque esta gente que tiene trabajos así suele tener pocas luces y no se enteran; anda que si se enteraran iban a trabajar en cosas tan cutres como estar sentado en un taxi. O subido a un andamio. O detrás de una caja registradora. O fregando escaleras. Como yo digo; al final Dios es sabio y coloca a cada uno en su sitio. Bueno, sigo que me lío; bajé digna, con la cabeza alta porque no tenía nada de lo que avergonzarme y toqué el telefonillo, que, increíblemente, funcionaba. “Hoooola chati, sube que te abro, jejeje…”, me dijo. Ay si el macarra no hubiera tenido la sartén por el mango, se hubiera enterado. A cada “chati”, toma hostia! Uy, perdón por la palabrota, pero era tanta la humillación, tanta la insidia que sacaba lo peor de mí, y yo que soy de ninguna palabrota, como bien me enseñaron las monjitas a base de lavar la boca con jabón (literalmente, aunque yo nunca me vi en esa tesitura, que ya venía educada desde casa). Imaginen en qué estado me hallaba para pensar en esos términos. Volví a subir los cinco pisos que hacía unos días había bajado en tan horrible día (porque por supuesto el ascensor seguía sin funcionar) pegándome a las paredes por el miedo de encontrarme en la escalera a un violador, un atracador o algo peor que ni siquiera quería imaginarme. Volví a sudar como una burra hasta llegar a la puerta del macarra, el 5D, pero mira, algo tuvo de bueno, porque tantos peldaños y tanto esfuerzo me quitaron el nerviosismo en un santiamén. Respiré hondo. Una vez. Dos veces. Hasta tres, tal como me había enseñado Mari Ilu después de hacer un curso de yoga, que como siempre, abandonó a la primera de cambio. Un timbrazo y me abrió, debía estar esperando tras la puerta y la verdad, me llevé una sorpresa morrocotuda, principalmente porque había olvidado su cara, y la cara que tenía enfrente no era la que yo había estado recordando esos días. Lo que se dice un supershock. A ver como lo explico; me recibió descalzo, con un pantalón deportivo corto (pero muuuy corto) y una camiseta sin mangas; el agujero de las mangas le llegaba casi a la cintura y dejaba ver perfectamente toda su anatomía. He de reconocerlo; el macarra, bueno, perdón, el chico era muy guapo, que no digan, que ante todo soy sincera y sé reconocer las cosas. Morenazo, machacado en el gimnasio con mimo y sin exageraciones, sus pies ( lo primero en lo que me fijé, porque me daba palo mirarlo a la cara y levantar la cabeza) estaban limpios y eran muy lindos, como si hubiera ido a la pedicura, cosa muy sorprendente en esa clase social, no dirán que no. Tenías unas piernas firmes y unos muslos torneados y el pantaloncito apenas le daba para esconder una masa de carne que parecía viva entre las piernas. Me avergoncé de estar mirando en esa parte y seguí subiendo rapidísimamente. No había ni una pizca de grasa en la barriga, se le intuían los músculos abdominales, y el tatuaje de un dragón le salía del hombro para llegarle al pectoral izquierdo, un pectoral de piedra que perfectamente se podía disfrutar por el agujero donde antes estuvo la manga. Lo de los tatuajes siempre me ha parecido una ordinariez indigna de gente con clase, pero vaya, a él le sentaba muy bien, entre otras cosas porque el dibujo era perfecto; las escamas rojas parecían vivas y brillantes, y al mover sus músculos, daba la impresión de que el bichejo cobraba vida y serpenteaba. Tenía también un cuello de toro y al atreverme a subir la cabeza y mirarle a la cara directamente allí estaba su sonrisa descarada como si tal cosa. Otro aspecto que me sorprendió es que tenía todas sus piezas dentales perfectamente, de color blanco, además. Todo este repaso que cuento sucedió en unos poquísimos segundos, pero siempre he tenido facilidad para fijarme en los detalles, bien que me lo decía la hermana Mariana en el colegio. -Venga passsssa, no te que´es ahí que te invito a algo. nike air max 2017 dames -Tengo un poco de prisa y quisiera acabar cuanto antes. -Mal empezamos, chati, muy mal…Anda, passssa mujer, que no me como a nadie… -De acuerdo, pero serán sólo unos minutos. Al pasar a su lado para entrar, me di cuenta de que olía bien. A duchado, a limpio, sin más perfumes y por suerte, sin Acqua di Gió de por medio. Iba de sorpresa en sorpresa porque reconozco que el piso estaba decorado…con buen gusto. Sé que casi es inimaginable, que casi no se puede concebir que en un barrio así, en un edificio así, con un propietario así se diera algo parecido pero mentiría si mintiera…Esto no está muy bien escrito ¿No? Bueno, da igual, la cuestión es que el tono beige, los muebles, la poquísima decoración, le daban al apartamento un toque discreto y distinguido. Sí, ya sé que son palabras que parecen imposibles en un contexto poligonero, pero no exagero ni un pelito. Ni rastro de una alfombra de ciervos enmarcada en la pared, ni un cuadro de nudos marineros, ninguna foto de comunión presidiendo la sala, ni una gitana encima de la tele, ni una figurita de los chinos descansando en el aparador, ni rastro de flores de plástico, ni una muñeca recluta por ningún sitio…Y encima no se veía nada de Ikea a la vista, lo que demostraba, al menos, que el propietario del apartamento no era un borrego sin personalidad que se dejara llevar por precios de ganga. Parece mentira que la gente no se dé cuenta de que lo barato por el simple hecho de ser barato, ya es feo. Todo esto que cuento lo cuento como si fuera la primera vez que estaba en aquel lugar y no era así pero casi; hubo un momento en la discoteca en que mi memoria dejó de grabar datos y no recordaba absolutamente nada hasta que desperté en la cama y lo vi a mi lado con aquel aparato gigantesco entre las piernas, pero eso ya lo he contado y no es por incidir en el tema, pero sí, menudo aparato. Me hizo pasar, y me ofreció el sofá para sentarme mientras él iba a por unas cervezas, o eso me dijo, sin preguntarme si quería otra cosa, pero claro, como para pedirle un Campari. Trajo dos latas…Sin copa…Se ve que pretendía que bebiera directamente de la lata, que a saber de dónde había salido. Que cara de asco debió de verme que rápidamente reculó y me preguntó si quería un vaso, y cuando asentí, volvió a la cocina a por uno. La verdad es que ni pensaba darle un trago a esa cerveza de marca desconocida, que no me hubiera extrañado que fuera del Dia, pero en fin, a mí me enseñaron que una señora debe mantener las buenas maneras en cualquier circunstancia e hice como que bebía mientras notaba como él me observaba de arriba a abajo una y otra vez, una y otra vez, sin perder la sonrisa socarrona y ese aire de estar encantado de haberse conocido. – Bueno, chati, cuéntame, que ha sio de tu vida estos días…Vienes mu´ distinta a cuando te conocí… sac à dos kanken fjallraven pas cher – Pues…Lo normal…Oye, en serio, tengo mucha prisa, si me das la cartera me iré y todos contentos. – Pero chati…¿Quieres relajarte? Te noto muy tensa. ¿¿Cómo no iba a estar tensa si no había frase que no acompañara con un chati?? Es que ni a papachu se lo hubiera consentido. Pero tocaba sonreír, de mala gana, pero sonreír para que el chaval no se me pusiera farruco mientras intentaba que los ojos no se me fueran a unos bíceps que ni con una de mis manos hubiera podido rodear, o a esa barriga tan plana y firme, o al dragón de su pectoral, o a ese pezón color chocolate que asomaba por la tronera de la camiseta, o a sus bonitos y descalzos pies. Ni rastro de piel caída o carne fofa, vamos, todo lo contrario que Alfredo, con el que a veces tenía la sensación de estar casada con una manzana pocha y mustia; tan blandito y pálido que daba hasta grima. Yo no sé para que se pasaba tantas horas jugando al paddle, para que se gastaba tanto dinero en zapatillas y equipaciones deportivas si luego no se le notaba nada. En un microsegundo dejó su sillón para ponerse a mi lado y poniéndome las manos en los hombros me dijo: – Déjame que te dé un masaje, anda, que verás cómo te mola. Dicen que tengo manos de fiso…fisite…¿Cómo se dice? – Fisioterapeuta, se dice fisioterapeuta. Y oye, no…- (traté de escabullirme yéndome al otro lado del sofá)- He venido a por la cartera y ya está ¿Entendido? No quiero nada más, y por favor, no me toques… – Pos pa no querer na más chati, menudas miraditas que me echas, jejeje.. – No sé a qué te refieres. – ¿Qué no sabes a qué me refiero? jejeje…Lo que te gusta hacerte la dura conmigo, jejejej.. Y mientras decía eso se acercó a mi lado del sofá hasta arrinconarme y su cara estaba cada vez más cerca de la mía, oliendo a hombre, a macho como si espolvoreara de testosterona el ambiente. A esas alturas yo no sé lo que había rezado pidiéndole a Dios que me diera fuerzas, que fuera capaz de aguantar, que me ayudara a resistir la tentación. Notaba gotitas de sudor frío caerme por la espalda y el corazón me daba unos botes en el pecho como si quisiera participar en las olimpiadas. Entonces va él y me dice: – Hace mucho caló ¿No? Y se quitó la camiseta para tirarla al suelo. Menudos pectorales. Menudos abdominales. Menudas axilas. El dragón volando a sus anchas. Un ombligo como una esquirla, perfecto en su oscuridad. Los pezones eran dos bombones de tamaño y relieve ideal; no quería mirarlos, pero los miraba, y mis ojos no me obedecían por mucho que se lo ordenara. Se me abrió la boca de estupefacción (¡Otra vez!) y de tan nerviosa no me salían ni las palabras. – Oye… No creo que…que… sea conveniente…Por favor te pido de nuevo que me des la cartera y acabemos… – Eso quiero yo…Que acabemos, pero no en el sofá, jejeje… – ¿Te ha dicho alguien que eres un descarado? – Pos chati, la otra noche parecía gustarte; vamos, que yo no echo cuatro quiquis tos los días, jejeje… – ¿Cuatro qué? Mira, no inventes… – ¿Qué no invente? Pero si eras insaciable, jejeje…Pero ojo, que a mí me moló…No me imaginaba que fueras tan ardiente…Pero chati, no te pongas colorá, que es un elogio… – Esto se acabó. Quiero irme a mi casa ya ¿Me dejas levantarme? Y por favor, dame la puta cartera. Entonces se incorporó, y como a cámara lentísima empezó a quitarse el short con la punta de los dedos, desde las caderas hacia abajo, empujándolo. Estaba delante de mí, con las piernas abiertas y de nuevo, como la noche en qué lo conocí, yo sin poder articular palabra. Paralizada y alucinada. Y va y dice: – Mira, olvidas que ya te conozco y sé lo que te gusta. A mí no me engañas, chati, a mí no me engañas y serías mu tonta si no aprovechas esta oportunidá. Y allí estaba, su cosa, a dos palmos de mi cara y midiendo eso mismo; dos palmos. De los grandes. Recta y dura como un hierro. Morena y de punta brillante. A mí me dio un noséquéquéseyo que me hizo perder la cabeza, todas mis convicciones y la moral. Nike Cortez Dames Bien me dice el padre Anselmo que Satanás siempre busca a los más queridos por Dios para hacerlos suyos con las tentaciones más terribles e inimaginables ( de puro apetitosas, claro, que Satanás es malo pero no tonto), y así me sentía yo, como si Dios me había abandonado, quitándome la luz de su sabiduría para llenarme de oscuridad y pecado, y es la única explicación que encuentro a que, acto seguido, yo me encontrara con su miembro en mi boca, chupando con frenesí.

LAMPREA FARRA: LAS CONFESIONES DE UNA DIPUTADA RUBIA ( 3)

CAPÍTULO 1: UNA SORPRESA INESPERADA CAPÍTULO 2: GRANDE ES LA VENGANZA CAPÍTULO 3: LIBRE DE ATADURAS – ¿Ma-ma–ría Doloressssss? – Sí, dime…¿Donde te has metido? Todo el mundo ha preguntado por ti; desapareciste sin dar señales de vida; Mariano estaba muy preocupado. – Me sur–gió un contra-tra—tiem–po -¿Te pasa algo? Te noto la voz muy rara… – Na-na-na-da impor–tan-te. – Pues tú dirás – El- el lu-lu-nes quiero otra se-cre-ta-ta-ria nu-nueva. Maglia Kevin Durant -¿¿Cómo?? Mira Lamprea, es sábado, es tardísimo y yo ya estoy en casa. No sé si es el momento de hablar de estos temas y además ¿Con que razones? Si estabas muy contenta, que se os veía como uña y carne. -¡¡He dicho que quiero otra chica y la quiero el lunes a más tardar!! -¿¿ Pero se puede saber que te pasa?? A mí no me grita nadie. -Per-per-do–na…Es–to-toy muy nervio-sa-sa…Ya te conta–ré cara a cara, que-que no me fio de-de-de los móvi-les… – ¿Y como soluciono yo eso en pleno fin de semana? – Tú-tú-tú sabrás que para-ra eso eressss la je-je-fa de or-or-organi-zación. – Ay chica, me vais a matar a disgustos. Venga, te mantendré informada. Adios. Y relájate… – Va-va—le. A-a-diosssssss. Ahí debí dejar el móvil en el asiento del taxi porque el resto de la noche ya no recuerdo haberlo visto en el bolso cada vez que lo abría. Siempre fui muy cuidadosa, como bien me enseñaron las monjitas, y ni pierdo nada, ni desordeno ni rompó las cosas de valor, pero oye, esa noche tenía el pensamiento en otra parte, más concretamente, al sitio donde me dirigía con el taxi. A estas alturas de mi vida, superando los treinta y pocos, con dos hijos y marido, no era mucho de salir a no ser que fuéramos a alguna ópera ( que aborrezco, pero tenemos un abono regalo del partido, y hay que ir porque todos los demás van y la política es el arte de estar donde hay que estar, o eso dice papachu. Además, aprovecho y siempre estreno algo). Luego también salgo a alguna boda, a algún coctel, a alguna presentación , a alguna conferencia ( sobre todo si es de cosas relacionadas con el partido) , pero siempre antes de las diez de la noche, que es la hora en la que una mujer casada debe estar en casa, como sabiamente dice papachu. Alfredo sí salía más, pero claro, él es un hombre después de todo, y a mí me gustaba quedarme sola algún viernes, con los niños durmiendo y siendo yo dueña y ama del salón y sobre todo, del mando a distancia. Alguna botellita de vino caía en noches así como sin querer, pero nada importante, por dormir bien luego y eso. La cuestión es que la última vez que yo había salido de francachela fue en la despedida de soltera de Pilar del Cid, una amiga y conocida, hacía de eso unos meses; su familia y la mía estaban juntas en todo desde hacía décadas. A ver si se me entiende; las despedidas de soltera siempre me han parecido de una ordinariez insultante, pero esta era distinta. Pilar del Cid se iba a casar ya hecha una anciana, casi con treintaycinco años ( y con razón; la pobre es taaan feucha y poca cosa que sus amigas pensábamos que nunca se casaría) . Nos propuso a las amigas celebrarlo ( y razones había para ello, que a puntico estuvo de quedarse soltera para toda la vida) pero de manera adulta y tranquila, o eso nos dijo. Fuimos a un restaurante de los de cien euros el cubierto y lo cierto es que la cena resultó como la anfitriona; feucha, aburrida y sin gracia. No sé en qué momento Mari Ilu, caliente de vino como una estufa, se empeñó en que fuéramos a la discoteca de moda, que tenía una zona VIP de lo más recomendable y exclusiva y como siempre ha sido muy convincente, al final el grupo accedió. Yo pensaba que a ver como Mari Ilu conocía semajante sitio y me negué en redondo . Entonces Mari Ilu me llamó de tonta para arriba, y que si mi marido salía muchos viernes, yo debería aprender y hacer lo mismo. Ya saben, la envidia. Herida en mi orgullo y por no escucharla más delante de las otras, accedí de mala gana. Mi sorpresa fue mayúscula; el sitio me pareció de lo más fino y recomendable, pero mi mayor sorpresa fue la atención que recibí de muchachos a los que les llevaba al menos diez años; al principio me aturullé y si me miraban o trataban de invitarme a alguna copa, me ruborizada bajando la cabeza y huyendo para el lado contrario. Al cabo de la noche mi ego se fue haciendo más y más grande ante el éxito obtenido mientras Mari Ilu me lanzaba miradas como rayos de rabia y envidia. En la barra, con total descaro me miraba uno de aquellos chicos de sonrisa deslumbrante, con tatuajes, brazos de marinero y unos tejanos a punto de estallar. Reconozco que su atractivo era proporcional a su grosería. Se me acercó muy muy cerca y me dijo, susurrándome al oído “Ya me gustaría a mí pillar una tronca de treintaypocos tan tremenda como tú. A tu lao, toas las de aquí son unas niñatas”, a lo que le respondí ofendidísima con la mirada y poniendo pies en polvorosa. Sin embargo, aquella noche en la discoteca y aquellas palabras me calaron hondo, porque fueron el descubrimiento de que aún podía ser deseada y admirada más allá de mi marido o de mi labor de madre o de diputada. Evidentemente en su día, aparté esas ideas como moscones, que quedaron dormidas justo hasta aquella fatídica tarde. Por eso, efectivamente, ahora iba en el taxi en dirección a la discoteca. Y mientras el maleducado del taxista seguía echándome miradas asesinas por el retrovisor, yo recordaba más cosas de mi vida íntima marital, como la impresión que me causó el meterme su cosa en la boca. He de ser sincera y puntualizar que fue antes del matrimonio, pero también recuerdo que a lo de metérsela en la boca no se puede considerar el acto sexual propiamente dicho; quedó clarísimo en el juicio de Bush, el presidente norteamericano que tuvo un lío con la becaria. Primero puse la puntita de la lengua como quien prueba un veneno y corriendo me incorporé. Sabía a lejía salada. Otra vez Alfredo convenciéndome, otra vez mi ingenuidad y mi candidez haciéndome agachar la cabeza para seguir lamiendo con asco mientras apretaba los parpados para no ver aquello que debería ser duro y que jamás, en todos estos años, he visto convertirse en piedra, sólo un punto más allá de la flacidez durilla, igual que si se tratara de vil plastilina, como triste y alicaída. Esa vez no me la metí entera a la boca, entre otras cosas porque cuando lo intenté las arcadas me tiraron de espaldas. Luego ya sí. Un poco. Bueno, entera. Tampoco era muy difícil, porque hasta en eso Alfredo es un español de pura cepa; está en la media, y la media digamos que es bastante manejable en ciertos menesteres. Todo lo contrario que papachu. Una vez, de adolescente, entré sin querer a su cuarto de baño y allí estaba, secándose de la ducha y desnudo; del susto casi me caigo al suelo. Fue muy embarazoso, pero ahora lo recuerdo y pienso” Que portento. Que poderío.” Él sí que representa a un español de casta, raza y pura cepa, como un toro bravo. Nada que ver con lo que yo tengo en casa, digno más bien de un becerro manso, muuuuy manso. El viaje en taxi me hizo bien y bajé como más despejada y lúcida. Maglia DeMar DeRozan Pagué y me dirigí a la cola que había formada en la puerta de la discoteca, esperando entrar; en cuanto el portero me vio, me hizo pasar directamente porque debía tener un muy buen ojo clínico para reconocer a las que tenemos clase y alcurnia desde lejos. Primer triunfo de la noche. Los primeros escalones los bajé exultante; notaba que me miraban, que los hombres se volvían al verme pasar y eso me dio fuerzas y confianza. La discoteca , según palabras textuales de Mari Ilu, que algunas veces hasta tiene razón y todo, ” Es de esos sitios donde se mezclan los de mi clase con los que vienen de los extrarradios y los polígonos, sabiendo que allí, gracias a su palmito y disimulando su procedencia con marcas caras, podían dar un braguetazo y escalar socialmente.” Seguro que siempre habría alguna niña tonta que sucumbiría a sus encantos, pero no sería yo, que ya no era una niña tonta; extrañamente y con una claridad que jamás había tenido en mi vida, sabía lo que quería y de qué modo y eso pese a la melopea descomunal que me impedía dar un paso a derechas. La primera copa me terminó de arrancar y al poco ya estaba en la pista. Esa música que ponen siempre me ha parecido horrible e insufrible de taaaan machacona, pero esa noche, no sé que me pasaba, que me gustó. Y me dejé llevar. Y levanté los brazos a la vez que cerré los ojos. Y moví las caderas y la cabeza. Y me solté el pelo, porque me sentía libre de una manera extraña. Aquellos bailes eran una llave que liberaba mi alma, algo que hasta esa noche sólo me había ocurrido rezando, que Dios me perdone por describirlo así. Cuando al rato, volví a abrir los párpados, tenía a tres chicos bailando a mi alrededor, muy cerca, y al verme abrir los ojos se animaron, intentando seguir mi ritmo. Por una vez en la vida, a mí me tocaba elegir, pero era una elección difícil; los tres tenían taaaanto aire a polígono paleolítico que tiraban para atrás; ni una pizca de misterio, ni rastro de refinamiento o de caballerosidad y por supuesto, cualquier huella de neuronas funcionando brillaba por su ausencia. En otro momento hubiera salido corriendo, pero esa noche, ni soñarlo; precisamente lo que necesitaba, era a un bobo, macho, pero bobo; para listo ya estaba Alfredo y precisamente por él, o contra él, iba a hacer lo que iba a hacer; nada le haría más daño y pensar en su sufrimiento me llenaba de felicidad. A mi derecha, un rubito de cara parecida a la luna, por los cráteres, con un pelo pincho con tanta gomina que un arquitecto hubiera aprovechado tanto material para construir una pirámide, al menos. En el centro uno delgadito y altísimo con gesto de ir montado en una moto de competición, sudoroso y haciendo movimientos de mandíbula descontrolados. El tercero llevaba una camiseta ajustada marcando pectorales y las cejas más depiladas que yo misma, pero pese a ese leve detalle, que hay que ver que manía les ha dado a todos ahora con depilarse, tenía un aspecto de hombre hombre la mar de interesante y prometedor. Nike Pas Cher Los tres intentaban llamar mi atención bailando y sonriéndome, como palomos en celo. El delgadito me ofreció de su copa pero me negué, no fuera a ser que le hubiera echado droga, ya saben eso que se dice. Nike Air Max 2016 Dames El rubio debió aburrirse y lo perdí de vista, así que la elección ya estaba más que clara. Me acerqué al de camiseta ajustada que debía haberse duchado en Aqcua de Gió por como olía, como si fuera el perfume de la distinción cuando no es más que una colonia infame que distingue al hombre del montón ( el que la usa) de uno con verdadera clase. Si es que con ese precio tan baratero, que se puede esperar, que hasta el portero de mi piso la lleva. Ahora ya más de cerca, por su pinta hubiera sido el candidato ideal de un reality de una cadena taaaaaan ordinaria como Telecinco; duro por fuera, vacío por dentro; tatuajes, culo prieto, piercings en las orejas, descaro y chulería. nike air max thea donna Pero bueno, al menos Telecinco no está llena de rojos y perroflautas; eso hace que tenga un perdón, otros medios, ni eso. Bailamos juntos, bailamos sin parar, bailamos cada vez más cerca y cada vez rozándonos más. De vez en cuando me cogía de la mano y atravesando la pista abarrotada de gente, llegábamos a la barra y me invitaba a una copa, poniendo cara de haber hecho algo super desprendido y generoso, ya ves tú, debía pensarse que era la primera vez que me invitaban, como si yo no tuviera dinero para comprar la barra entera, pero bueno, esa noche tocaba hacerse la mosquita muerta y sobre todo, dejarse llevar, poniéndole gestitos de niña buena y enamoradiza. En uno de esos paseos a la barra, me metió no sé qué a la boca ; estaba muy amargo pero lo tragué rápidamente por no quedar de ilusa o panoli, y con esto quiero dejar claro que lo que ocurrió despues no fue culpa mía, porque me vi obligada a tomar drogas o lo que fuera eso. Es cierto que me hablaba mucho, pero entre lo atronador de la música y su burda manera de expresarse, no le entendía ni papa, así que a todo asentía con risillas que intentaba que parecieran naturales. Debía ser alguien muy popular en la disco porque cada cierto tiempo se acercaban a saludarle; él se alejaba un poco del centro y se iba a un lado más oscuro, pero pese a la penumbra llegué a ver cómo le daban dinero escondido y él a cambio les daba un apretón de manos, mientras miraba a un lado y a otro. nike air max vente Supuse que era alguna moda nueva de saludar y mostrarse respeto entre los jóvenes que yo desconocía aunque reconozco que estar con alguien tan conocido e importante, que hasta le daban dinero al saludarlo, me hacía cosquillitas en la barriga. Garrett Richards Jersey Sí, era un macarra, pero el más importante de los macarras, al menos en esa discoteca. Me fue subiendo una sensación rara, un calor que desde dentro, me llegó hasta la cara y me quitó los miedos de golpe. A cada copa, más cerca y descarado bailábamos; si alguien conocido me hubiera visto, me moriría de la vergüenza, hubiera pensado si hubiera tenido la cabeza fresca, pero no era el caso ni yo era la misma. En uno de los bailes, me agarró el culo a dos manos abiertas y mi primera reacción en otro momento hubiera sido de darle una torta, pero lo cierto es que lo dejé, mientras se me escapaba una risilla temblorosa y nerviosa. Debo reconocer que el chico conocía la manera tratar un trasero femenino; apretando y acariciando a la vez, como quien amasa el pan, con esas manos grandotas y morenotas, tan distintas a las finas y femeninas de Alfredo. new balance 373 uomo prezzo ¿Te vendrás conmigo a casa? me preguntó, y eso sí que lo entendí perfectamente. Hollister Le di excusas, que si estaba ocupada, que si no debía, que la primera noche, pero justo en ese momento me tapó la boca, y me la tapó con un besó muy a lo guarro, con mucha lengua y mucha saliva revolviéndose dentro de mi boca. Me quedé tan traumatizada que salí huyendo al aseo. Que susto y que supershock. La mujer que fui se encontraba escandalizada, la que era en ese momento (ayudada por el alcohol y un calor que me quemaba por dentro) estaba encantada de que lo hubiera hecho sin pedir permiso y de esa manera tan arrebatadora y masculina. La de años que hacía que Alfredo no me besaba así. Bueno, la de años que Alfredo no me besaba, simplemente, y hablo de besos que vayan más allá de un piquito en los labios para felicitar el cumpleaños. Ahora que lo pienso, en realidad Alfredo nunca me besó así. Rápidamente, me eché agua en la nuca mientras observé algo muy extraño; tenía las pupilas muy dilatadas. Qué raro. Supuse que sería por la oscuridad de la sala. Cada uno de mis poros sudaba como si fuera un aspersor. Me arreglé como pude mirándome en el espejo y cuando dejaron uno libre, me encerré en un excusado para poder respirar y calmar mis ideas y mi corazón, que me latía a mil por hora. En esas noté que empujaban a la puerta con un “Abre” muy decidido. Y era una voz masculina, era SU voz…¡¡Me había seguido al aseo de las mujeres!! No esperó respuesta y empujó la puerta. Una vez. Dos. La tercera fue tan fuerte que rompió el pestillo y en un microsegundo se colocó dentro, volviendo a cerrar la puerta con cuidado detrás de él. Yo me pegué a los azulejos, paralizada del miedo, presa de un ataque de pánico que no me dejaba ni articular palabra ni respirar. Entonces me volvió a preguntar, mirándome con los ojos encendidos y tan cerca de mí que su aliento me movía las pestañas: “¿Vendrás a mi casa esta noche?” Yo, como ya he dicho, era incapaz de decir nada, entre otras cosas porque aunque lo intentaba, no podía cerrar la boca de la impresión. Entonces, aprovechándose de mi parálisis y de manera sucia y mezquina, me acarició la cara, para acto seguido bajar poco a poco acariciándome las piernas. Imposible agachar la cabeza para ver que pretendía hacer. Noté que cuidadosamente, me cogía las medias. Primero la izquierda, y con una caricia delicada, la fue bajando. Luego hizo lo mismo con la misma delicadeza con la media de la derecha. Me preguntaba para mis adentros, enmedio de jadeos nerviosos, como alguien tan básico y primitivo podía ser tan delicado en ciertas cosas. Pasó luego a las braguitas, para bajarlas muy poco a poco. Yo no podía parar de temblar y casi era incapaz de mantenerme firme y en pie. Una vez bajadas, noté el calor de su cabeza entre mis piernas, hasta que de pronto…¡¡Metió la lengua en mis partes más íntimas!! No pude evitarlo y grité de miedo, pero fue un grito cortado, porque en los siguientes lametones tuve que tragarme el aire, y otra vez me quedé con la boca abierta y sin poder evitar cerrar los ojos. Que pericia, que maestría. Para ser la primera vez que me hacían eso, había dado con todo un experto, por mucho que me duela decirlo, he de reconocerlo. Ahora un inciso. Quiero pedir perdón por esto que estoy contando y por mi lenguaje. Sé que cuando papachu lo lea, me despreciará como hija suya. Lo siento en el alma papachu, y espero que me comprendas y me perdones algún día, como sé que ya me ha perdonado Dios, porque sabe que tuve razones y la infidelidad de Alfredo me ofuscó. Robert Griffin III Baylor Jerseys También sé que el resto de mi familia y conocidos me odiarán para siempre, pero es la única manera de que se entienda que a partir del momento en que sentí algo ahí abajo, me volví loca. Muy loca. Loca de atar. Aún más de lo que estaba tras el descubrimiento de esa fatídica tarde porque de normal, mi moral es recta y firme y soy capaz de aguantar frente a las tentaciones que Satanás pone delante de las buenas católicas llenas de fe. Todo lo que vino después, se explica por la locura, incluso que esté escribiendo esto aquí. Locura transitoria, que le quede claro al señor juez. Y el alcohol, que no se olvide, porque yo de normal no soy así. Y bueno, creo que también me habían echado droga en la bebida o algo, pese al cuidado que puse en que no ocurriera, la gente es mala y ese hombre que estaba en mis bajos, aún más. Y esto que voy a decir ahora es aún más duro y espero que se entienda mi valor, mi sinceridad y mi gesto al reconocer qué…Disfruté…Disfruté como no lo había hecho en mi vida. Toqué las estrellas, me pasee por la Luna, viajé a Marte y volví a La Tierra. Sentí cosquillas que parecían divinas, me explotaban burbujas dentro, océanos de placer con olas que parecían hechas de champagne me llevaban y traían en mareas etílicas, sentí tanto placer que no me lo podía quitar de encima ( o de abajo, más bien) y me dominaba, convirtiéndome en una zombi, una sonámbula sin decisión ni voluntad y aunque en el fondo le hubiera dado un rodillazo ( todos los que me conocen saben que habría sido así de haber conservado mis plenas facultades mentales), las cosas que me estaban pasando y que nunca había sentido hasta ese momento, me convirtieron en una esclava total. Hasta que subitamente, sin esperármelo, un volcán de fuego entró en erupción, primero ahí abajo, luego llevando la lava ardiente a todo mi cuerpo hasta provocar una explosión desenfrenada tan bestial que grité, grité como una loca descosida sin saber guardar la compostura ni los modales, tirando por tierra la educación que durante tantos años me inculcaron. Un torrente de líquido me bajó por las piernas. Grité y me arrepiento muchísimo, grité de gusto como nunca había gritado. Fue tan grande el supershock que el chaval tuvo que agarrarme de las caderas para que no me cayera abajo, casi como si me muriera, como si Santa Teresa hubiera entrado en mí para explicarme de manera práctica como es eso del éxtasis. Siempre había pensado que lo del orgasmo femenino era una mentira, que las mujeres lo sentíamos menos que los hombres porque así Dios lo había querido. Lo que ocurría es que le poníamos esfuerzo y ganas y pillábamos un cachito de placer, pero nada comparable a lo de los tíos. Así que esa noche me di cuenta de tres cosas muy importantes ; de lo engañada que estaba, de lo que en realidad era un orgasmo y de que Alfredo no tenía ni puta idea de hacer nada.