Lamprea Farra

LAMPREA FARRA: LAS CONFESIONES DE UNA DIPUTADA RUBIA ( Y 10)

Efectivamind; este es el final de Lamprea Farra, y por supuestísimo que no podíamos dejar de ponernos en plan folclórica, que saben ya los habituales que es lo que más nos gusta en este picoesquina de la galaxia que es el Planeta Murciano. Gracias, millones de gracias, gracias infinitas a los que desde el principio han confiado y han leído sin necesidad de que les pongamos un puñal en el cuello; bueno, esto es una eNxageración, pero casi que asíN ha sido, porque anda que no nos ponemos pesaos ni na.
A esos que han estado aquí, que lo sepan; son ustedes nuestro teclao, nuestra imaginación, nuestras ganas, nuestras fuerzas y nuestro objetivo. Y que sepan que después de esta experiencia, es posible que haya más, pero a su debido tiempo y ya con otras temáticas y otros menesteres.

Como estamos mu contentos, tenemos un regalazo que hacerles. Hemos subido el documento entero pa que nadie se quede sin que le demos el palizón. Si les ha gustao, es ideal pa que lo tengan de recuerdo, y si no les ha gustao, ideal pa que se lo manden a sus enemigos:

PARA EBOOK

EN PDF

Mañana ya comenzaremos con la programación habitual del blog, a ver si el señor ( o señora) flip flap FLOP! comenta a menudo y nos deleita con su presencia, pero mientras, llega ya el capítulo definitivo y último.

CAPÍTULO 1: UNA SORPRESA INESPERADA
CAPÍTULO 2: GRANDE ES LA VENGANZA
CAPÍTULO 3: LIBRE DE ATADURAS
CAPÍTULO 4: CARA A CARA CON UNA NUEVA VIDA
CAPÍTULO 5: AL FIN DEL MUNDO YO FUI
CAPÍTULO 6: SOL QUE YA NO BRILLA
CAPÍTULO 7: CON TODO EN CONTRA
CAPÍTULO 8: LA PELEA MÁS GRANDE JAMÁS NARRADA
CAPÍTULO 9: CAMISA DE FUERZA EN EL CORAZÓN

CAPÍTULO 10: ABIERTA DE CARNES

-Hola, soy yo- parecía contenta y feliz, la muy cerda traidora.
-¿Como-mo te atre-ves a lla-lla-mar-me?
-Porque quería ser yo quién te diera la noticia, no quería privarme de ese placer. Mi abogado acaba de ponerte una demanda por despido improcedente. Lo has hecho tan mal que teniéndolo todo a tu favor, has puesto a la ley totalmente de mi parte. Mi abogado me ha dicho que te puedo sacar una pasta.
-¿Y tú des-des-de cuan-do ti-enesss abo-ga-do si eres un-a mu-er-ta-ta de ham-bre?
- Desde que sé que puedo hundirte.
- Ja! ¿Por una vul-vul-gar de-man-da?
- Es que no sólo es una demanda. Hay algo más. Como sabía que jamás me perdonarías, la noche en que me encontraste con Alfredo, fui al despacho, y me llevé unos documentos. Eres tan egocéntrica que seguro que ni te has dado cuenta, porque sólo te sabes mirar a ti misma.
- No-no sé a qué do–cumen-tossss te re-fieress.
-Seguro que sí. Son esos que tienes en el cajón con contraseña y llave.Como eres incapaz de aprenderte más de tres números seguidos, supuse que tendrías apuntada la contraseña por algún lado, y oye, que fácil fue encontrarla en tu agenda, porque en la primera página y en mayúscula, ponía “CONTRASEÑA DEL CAJÓN:3521″. Si ya digo yo que siempre fuiste muy lista, jajajaja.
- ¡¡Bru-bru-ja!!
-Esos documentos prueban que las recalificaciones de los terrenos de tu padre que se convirtieron en un campo de golf en el desierto de Los Monegros, ese que nunca se usó y que sale todos los días en la prensa, fueron un fraude, un chanchullo con el que os forrasteis los dos; mi abogado dice que de ahí se pueden sacar al menos cinco delitos, en los que tú serías inculpada, y también tu padre, claro. Creo que nada me puede hacer más feliz.
-No-no te-te vassss a atre-ver.
-Uy, no sabes lo que necesito el dinero. Como te has encargado de difundir mentiras sobre mí y has movido cielo y tierra porque no me contraten en toda la ciudad, no hay manera de encontrar trabajo. Pero mira, te lo voy a poner fácil. Si accedes a darme toda la indemnización que te pida por el despido improcedente, me olvido de los documentos.
- ¿Y cuan-to-to se-rá e-so-so?
- Mucho dinero, hazte a la idea. Tengo que asegurar mi futuro y estoy totalmente animada a vivir a lo grande y a tu costa. Tú no lo comprenderás porque eres incapaz de entender ningún sentimiento humano, pero yo estaba muy enamorada de Alfredo, no era sólo sexo, y además tú nunca lo quisiste ni lo has tratado bien. Pero ahora con el divorcio, no quiere verme y está hundido, así que te has cargado mi amor y mi vida laboral, y eso tiene un precio. Ya te llamará mi abogado con noticias en dos días, espero que en ese momento ya tengas tomada una decisión. Y por Dios, deja de beber que apenas te entiendo una palabra, una mujer tan respetable como tú dando imagen de borrachuza es de lo más patético. Tómalo como un consejo de amiga.

Y me colgó. Todo el mundo me colgaba, todo el mundo me hacía chantaje, todo me salía rematadamente mal y la llamada de la guarra de mi secretaria era la guinda, pero ¿Saben? Precisamente por tal acumulación de desdichas, estaba como anestesiada, ya nada me podía doler, y además, una hora después de haber salido la fuente de chocolate, en el salón el ambiente era un desparrame y yo tenía en el cuerpo un cosquilleo continuo, con una sensación de gustirrinín que cuanto más bailaba, más me aumentaba. Y que calores, madre, que no sé lo que bebí y lo que sudé, por suerte sin que Mari Ilu me quitara las copas de la mano. Porque a esas alturas, todo el mundo bailaba ya y nadie se había marchado, osea, que se lo estarían pasando pipa; vamos digo yo.

Supe que la cosa se iba de madre cuando una mujer con pinta de borrachuza risueña, subió a la tarima para comentarles algo a los músicos al oído, se arremangó el vestido, cogió el microfono y a la de una, a la de dos y a la de tres empezó a cantar “Noooo te quieres eeeeenterar” ( aquí la gente ya coreó el YE YE) “que te quieeeero de verrrrdad” ( YE YEYE YE) . Bueno, menuda se armó, y como bailaban, que muchas de aquellas mujeres y hombres supuestamente respetables y ya entrados en años, habían olvidado de pronto las artrosis, los implantes de caderas , las operaciones de varices , los bastones y los modales. No sé en que momento Mari Ilu y yo nos unimos a la fiesta, pero vaya, creo que hacía siglos que no lo pasábamos tan bien, que no me reía tanto y que no bailaba con tanto frenesí. A nuestro alrededor veíamos cosas tan delirantes que parecía increíble, con gente comportándose de manera taaaaan loca que nosotras no éramos precisamente las que más llamábamos la atención. Una pareja de ancianos se besaba con pasión casi pornográfica apoyados en la pared, dos mujeres más que respetables, se habían quitado el sujetador y dejaban bailar sus pechos libremente por debajo de la blusa mientras bailaban con el sujetador como si del lazo de un vaquero se tratase, mientras varios hombres las coreaban. A los dos policías las mujeres les obligaron a hacer un strip-tease en la sala que se había convertido en una pista improvisada y hay que reconocer que ellos accedieron tan gustosamente. Al público de féminas enfervorecidas se las veía aullar descontroladas, como si nunca hubiesen visto a un hombre, tratando de coger las prendas del uniforme que volaban y cuando atrapaban un calcetín o la camisa, se ponían como locas . Que risa.

Todo esto lo digo para que vean que no fue tan malo como cuentan. Los medios izquierdosos me han difamado y han tergiversado totalmente la verdad, que hasta llegan a comparar lo que allí ocurrió con un atentado, los muy insensatos, pero si hubiera sido tan horrible como cuentan la gente hubiera llorado, hubiera sufrido o qué sé yo, pero que va, todo lo contrario; apuesto a que muchos no se lo habían pasado tan bien en la vida. ¡¡Si hasta el cuerpo policial se apuntó a la fiesta!! Y apuesto a que muchos de los que critican sin haber estado allí, hubieran pagado por asistir y pasarlo en grande como todos los de allí lo pasamos. Si ya lo dice papachu; envidia, mucha envidia es lo que hay en el mundo, mala leche y ganas de joder al personal.

Sin embargo, recuerden que me había mirado un tuerto y toda la mala suerte del mundo me perseguía , así que la cosa no podía acabar bien, de hecho, si una mujer no se hubiera desmayado con gran escándalo, la cosa no hubiera trascendido. Lo de la ambulancia lo vi totalmente excesivo, la verdad, seguro que yo ahora estaría en mi casa y no en una celda en prisión preventiva esperando juicio, que no sé qué necesidad había de llamarla y montar tal escándalo con camillas , enfermeros y sirenas, un derroche de dinero público tirado a la basura para nada. Sin embargo, la cosa se puso más que fea cuando tras varios intentos de respiración asistida y otros tantos masajes cardiacos se tuvo que morir, la muy inoportuna, por no llamarla otras cosas que me callo; seguro que era una votante del Psoe, y con tal de joder, lo que sea. A su lado alguien comentaba “Si es que ya se lo dije yo, que no tiene altura con el chocolate y se había tomado cinco tazas.” Entonces… ¿Qué culpa tengo si le dio un subidón de tensión o una subida excesiva de azúcar? Ninguna, claro.

No vean la que se armó; un supershock de los gordos. La gente se puso de un histérico un poco excesivo para mi gusto, la verdad. Si ya dice papachu que lo peor que le puede pasar a la gente es perder los nervios; a partir de ahí, sólo pueden llegar las desgracias. Varias tuvieron que ser atendidas por ataques de ansiedad, y al final no fue una sino dos las ambulancias que vinieron. Al primer desmayo siguieron otros y los corrillos de gente haciéndole aire a las desmayadas eran todo llantos y preocupación, como si no hubiera en el mundo más cosas por las que preocuparse; seguro que no se desmayan ni por el hambre, ni por los abortos, ni por las guerras ni por los niños de África, las muy frívolas.

Al principio los servicios médicos nos dijeron que podía tratarse de un virus o de una intoxicación, por lo que nos aconsejaron que no nos moviéramos de allí hasta que se averiguara mientras hacían unos análisis. Si hubo tanta premura y preocupación es porque la presidenta de mujeres católicas es la hermana del ministro de Interior y seguro que lo llamó, poniéndo el ministro todos los medios posibles, maldito el momento. Yo hubiera huído, pero claro, pensé que así quedaría marcada y señalada mi culpabilidad, así me mantuve quietecita, ayudando en lo que podía y poniendo cara de preocupación, aunque a veces se me escapaba una risa tonta, sin querer claro, supongo que por el nerviosismo. Hicieron pruebas, análisis de sangre y saliva, y en un periquete se supo que nos habían administrado droga, una cosa llamada MDRA o algo así; los OOOOOOHHHHHHH de sorpresa y pánico en la sala se multiplicaron por mil al enterarse de la noticia, y claro, hubieron más desmayos. Yo ahí ya dejé de ayudar y me escondí en una esquina, por si las moscas, tratando de pasar desapercibida, que cuando hay problemas es lo mejor que se puede hacer, o eso dice papachu. Al poco, los equipos médicos concluyeron que la gente bajo los efectos del MRKO ese ( o como se llame) eran todos los que habían tomado chocolate, porque los que no habían tomado estaban lúcidos y frescos como una lechuga. Ahí ya Mari Ilu se volvió hacia mí, porque es lerda, pero no tanto como para no darse cuenta de que las pruebas me incriminaban:

-Un momento… ¿Tú no sabrás algo de esto? Porque tanta insistencia en que no tomáramos chocolate en este momento es sospechosa…
-Chisssssss…Ca-ca-lla, calla, que lue–go te cuen–to…
-¿¿¿Cómo que luego me cuentas??? ¿Pero tú has visto la que se ha armado?
-Tie–nes que ayudar–me a esca–par de aquí…
-¡¡Tú estas loca!!¿¿Qué habrás hecho, chica??
-¡¡De-de-deja de pre–gun-tar—me y ayúdame!!

Increíblemente, se prestó a ser mi cómplice, y digo esto por si en el juicio no queda claro; Mari Ilu me ayudó. Si somos culpables, somos culpables las dos, y si ella es inocente, yo también. No sé de dónde sacó las neuronas pero el que caso es que me prestó su chaqueta con capucha y dijo a los agentes ( que custodiaban la puerta) que su amiga necesitaba tomar el aire y oye, que le hicieron caso, porque cuando Mari Ilu se baja el escote, es capaz de ser muy convincente. En la puerta el lío era descomunal; ambulancias, coches de policía, camillas, enfermeros poniendo vías intravenosas, zona acordonada, agentes tomando declaración…Y todo por una poca droga de nada que había hecho feliz a mucha gente.
Habíamos caminado unos pasos, yo haciéndome un poco la medio muerta, y aunque no lo crean, me vi libre, y por unos segundos, pensé que todo había quedado atrás, que la pesadilla podría tener un fin si después del desastre vivido si cogía una maleta y me iba de España por unos meses, a algún resort del Caribe baratillo, por pasar desapercibida, lejos de las consecuencias, de los posibles escándalos y de los chantajes, pero no podía ser todo tan bonito. Tenía que joderse.

¡¡¡¡¡¡¡¡¡Chaaaaaaaaaaaaaaaaaaatiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii!!!!!!!!

-Chica,creo te están llamando…
-Tú si-gue-gue y no te pa-pa-res…

¡¡¡¡¡¡¡¡¡Lampreaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!!!!!!!!

-Es ese chico de la acera de enfrente que extiende los brazos…
-Que si–gassssss te di-di-go

¡¡¡¡¡¡¡¡¡Lampreaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa teeee quieeeerrrrrooo!!!!!!!!

-Que viene para acá…¡¡Que lo va a pisar un coche como no se mueva de enmedio de la calle !!
-Di–simu-la por-por lo que másssss quie-ras-ras…Ese hom-om-bre es-tá lo-coco.
-Oye, que todo el mundo nos está mirando, incluída la policía.

¿¿¿Por quéeeeeeee??? ¿¿¿Por qué lo has hecho, chati???¡¡Confiabaaaa en tiii y la has jodido!! ¡¡Sin ese eme soy hombre muerto!! ¿Te enteras? ¡Muerto! ¡¡¡Yo te quería y podíamos haber empezado una vida juntos con ese dinero!!

-Ca-ca–lla, ma-ma-mo—nazo, que lo vas-vas a jo-jo-joder todo.

¡¡¡¡¡¡No me importa el dinero!!!¡¡¡ No me importa el trullo ni la muerte¡¡¡¡Soy hombre muerto pero te quieroooo!!!!

Y ahí miren, ya no pude resistirlo más; me solté de Mari Ilu, me bajé la capucha y como pude me tiré a por el macarra y empecé a darle puntapiés como las locas, a arañarle, a tirarle de los pelos, a gritarle de todo, mientras él intentaba calmarme con…¡¡Besos!! ¿Se lo pueden creer?. Por poco tiempo, porque enseguida vino la policía, y ya un par de viejas chivatas habían dicho que me vieron rara en la fiesta con el chocolate y me tuvieron horas de preguntas en el interrogatorio. Luego, días más tarde, ni mi abogado ni papachu ni nadie pudieron librarme de la cárcel preventiva. Y no, no fue por haber echado droga en el chocolate, que eso también, sino porque la pécora de mi secretaria al final mandó los documentos a la prensa y ahí sí que ya se puso imposible lo de la fianza.
Por mucho que acusé al macarra, a él lo pusieron en la calle a los dos días, por falta de pruebas, me dijeron. Ya me dirán ustedes si la justicia no es un cachondeo en este país de pandereta. El muy cerdo, como venganza, también mandó las fotos a la prensa, y ahí ya papachu dejó de visitarme en la cárcel. Tampoco vienen ni mamachu ni Fufi, pero me da absolutamente igual, puedo vivir perfectamente sin ellas.

Aquí las cosas son difíciles, muy difíciles, y las presas me están haciendo la vida imposible pese a ser yo inocente como han podido ver en este relato lleno de sinceridad. En el partido y en el congreso, al comienzo todo fueron apoyos, pero en cuanto empezaron a salir los trapos sucios, desaparecieron sin rastro, como ratas que huyen del barco que se hunde; nadie me coge el teléfono, nadie dice conocerme, nadie se ha dignado a prestarme su apoyo, que hubiera sido lo mínimo con todo el esfuerzo que he hecho por sacar adelante al país y a mí partido. Pero ni eso. Un día hablaré yo de sus chanchullos, que me dará para escribir una enciclopedia y verán como en mi partido nadie está libre de no poder tirar la primera piedra; ese día se van a enterar, y si no quieren que se entere el mundo después de leer esto, sería bueno que se pusieran en contacto conmigo, que tengamos unas palabrillas y que muevan algunos hilos para que yo pueda salir de aquí.

Como decía, la vida en prisión para alguien con una educación y una clase como la mía es muy dura y muy injusta, porque que yo sepa ni soy de la ETA ni nada parecido. Me dejan llamar a mis hijos, eso sí, cada dos días, pero ellos no quieren ponerse, no entiendo que he podido hacer taaaan mal para que me odien, porque eso a una madre no se le hace; yo a ellos jamás los hubiera abandonado. Mi abogado también me está llevando el divorcio, por ahorrar costes y eso, y dice que a la última reunión con mi marido, apareció agarrado del brazo de la zorra de mi exsecretaria, que cuando me lo contó, a mí casi me dio algo. Hay que tener mal gusto y poca dignidad.
La que si viene a verme con frecuencia es Mari Ilu, que la suertuda, ni implicada ni cómplice ni nada. Sé perfectamente que no viene por amistad, viene a regodearse, a mirarme desde fuera de los barrotes para sentirse superior. Dice que el uniforme de presidiaria me sienta divinamente…¿Cómo se puede ser tan malvada?

Aquí voy a acabar ya. Creo que son suficientes pruebas para demostrarle al mundo y a Dios, sobre todo a Dios, que soy inocente. Rezo todas las noches pese a sentirme abandonada por el altísimo desde hace meses, porque ya nunca escucho a Dios, y eso seguramente, es lo más terrible de todo.

Y ahora una cosilla importante. Desde que papachu vio las fotos con el macarra, no me habla. Él también ha cargado con un par de acusaciones por cohecho, estafa y no sé cuantas tonterías más, pero vaya, que no se queje porque no está en la cárcel gracias a una sustanciosa fianza. La cuestión es que esas no son razones para abandonar a su hija, y sobre todo, no son razones para dejarla sin su cuenta corriente y su asignación mensual para pagar a mi abogado, uno que he tenido que contratar de prisa y corriendo. Así que mi situación es totalmente desesperada y de supershock, por eso querría pedirles que se apiadaran de mí. Una vez leída mi versión, seguro que me entienden, me apoyan y me perdonan y querrán que mi abogado también consiga que el juez llegue a esa conclusión. Pero sin dinero, no hay abogado de categoría, y en este momento, estoy muy mal de cash. Por eso quería preguntarles…
¿Ustedes me donarían una pequeña asignación?
Dios que está en los cielos, sabrá agradecerles el gesto.

LAMPREA FARRA : LAS CONFESIONES DE UNA DIPUTADA RUBIA ( 9)

CAPÍTULO 1: UNA SORPRESA INESPERADA
CAPÍTULO 2: GRANDE ES LA VENGANZA
CAPÍTULO 3: LIBRE DE ATADURAS
CAPÍTULO 4: CARA A CARA CON UNA NUEVA VIDA
CAPÍTULO 5: AL FIN DEL MUNDO YO FUI
CAPÍTULO 6: SOL QUE YA NO BRILLA
CAPÍTULO 7: CON TODO EN CONTRA
CAPÍTULO 8: LA PELEA MÁS GRANDE JAMÁS NARRADA

CAPÍTULO 9: CAMISA DE FUERZA EN EL CORAZÓN

- Chati…¿Cómo vas? Te queda muy poco plazo, jejeje…
- Dame tiempo, que me han surgido dificultades.
- Sí, eso m´acaba de contar Azalea…Parece q´as salido cobrando, jejeje…Si es que debes a aprender a meterte con gente de tu altura…
- Encima cachondeo.
- En el localizador veo que´stás en una sala de´xposiciones y eso no´staba en nuestro planes, chati…
- He venido aquí para recomponerme, que tu amiguita, la puta, me ha dejado hecha unos zorros.
- Hablando de zorras, jejejej…Bueno, ya vale de risas; si valoras tu vida, espero que no me la estés jugando, chati, osea, que ya sabes; arreando, que si en dos horas no estás aquí…
- Ni se te ocurra; voy a tardar un poco pero llegaré.
- ¿Aún no me conoces? Yo soy de los siempre cumplo lo que digo y no me valen regates.
- Por favor, dame más tiempo. Estoy intentando desinfectarme las heridas que…
- Dos horas, chati, dos horas o mando las fotos. Ni un segundo más.

Una vez que me libré de la prueba acusatoria, y ya respirando tranquila, quedaba idear el cómo salir de la exposición evitando a la policía y sobre todo, como solucionar mi problema con el macarra y las fotos. Tenía dos horas que me parecían cortísimas y ninguna idea a la que agarrarme, así que mientras espiaba a través del cristal, seguí bebiendo a tragos de la botella, a ver si me ayudaba a pensar y lo primero que pensé es que los zapatos me venían grandes, así que me puse papel de servilleta en la punta y me quedaron como un guante. Lo que era imposible de arreglar era lo feísimo de su diseño, si es que a eso se le podía llamar diseño, porque másbien parecìa un atentado, porque diantres, hay ver la gente de clase baja que mal gusto tiene, que se puede ser pobre, vale, pero…¿Dónde queda el buen gusto?

En esos minutos también recé, recé muchísimo y le pedí a Dios que de una vez me ayudara, que recordara mi vida, mis hechos, mis pocos pecados, mi fe absoluta sobrehumana y que indicara el camino, pero se ve que Dios se había quedado sordo porque ni una palabra escuché que viniera desde arriba.

Los agentes no parecían estar muy preocupados por su labor, más bien charlaban tranquilamente con un grupo de mujeres, incluso me pareció ver que bebían vino
( ¡¡En pleno horario de servicio!!), así que pensé que debía ser una nueva táctica para interrogar, haciéndose los simpáticos, integrándose en el ambiente hasta que ¡Chas! su presa se relajaba y la pillaban con las manos en la masa. Lo que no sabían ellos es que su presa, en este caso, era más inteligente de lo que ellos pensaban y se había deshecho de cualquier masa con la que la pudieran inculpar, y eso, de algún modo, me dio sabor a victoria y lo vi todo más fácil. De hecho, se me escapó un jijiji involuntario. Ya pensaría en las fotos después. Me observé, me di el visto bueno, y salí fuera llena de fortaleza y entera, de una pieza, con la cabeza bien alta; si papachu me viese, estaría orgulloso de mí. Atrás quedaba la botella casi vacía. Sí, salí con la cabeza bien alta, y levanté tanto la cabeza que no vi que en ese momento entraba un camarero cargado de copas vacías, tropecé con él y tiró la bandeja, montando un escándalo que retumbó en la sala e hizo que todo el mundo pusiera sus ojos en mí. Aquello me terminó de descuadrar y me puse hecha una energúmena, con toda razón, claro. Y es que nunca he soportado a la gente que no sabe hacer bien su trabajo, y mira que lo de camarero es bien fácil, que en nuestro país el que no sabe hacer otra cosa se mete a camarero y se saca una pasta por hacer el vago detrás de una barra, pero estaba visto que hoy me tenía que cruzar con la peor chusma de toda la ciudad. Vamos, le dije de todo, lo amenacé de mil maneras hasta que llegó el encargado del catering y me pidió disculpas, sabiendo en todo momento que yo llevaba la razón y ellos, como empresa, las de perder. Al encargado le dije que o me aseguraba que despedían al inepto de la bandeja o los denunciaba, y él, faltaría más, aceptó. En apenas un segundo, Mari Ilu, que había estado mirando la escena a unos metros con cara estupefacta, vino veloz hacia mí, cogiéndome del codo para llevarme a una orilla entre la marabunta de señoronas con collar de perlas.
- Pero chica…¿Se puede saber que te pasa?- me susurró echándome la bronca como a una niña- Es normal que estés afectada después de una agresión como la que has sufrido, pero ese camarero no tiene culpa de que tú te hayas echado encima y…
- ¿Pe-ro qué di–ces? ¿No has vis–to como el tgío me tiró to–do?
-¡¡Chica, apestas a alcohol!! Mira, no sé que llevas entre manos pero tranquilízate y por favor no montes más escenitas, que para no querer llamar la atención, cualquiera lo diría. Ahora sube a la tarima que ya te esperan desde hace rato y por Dios te lo pido, mantén la compostura y ni se te ocurra hablar, que se te notaría el pedo que llevas encima . Si te nombran, mueve la cabeza asintiendo, sonríes bondadosamente y ya ¿De acuerdo?
-De a—cuerrg–do

Y eso hice, después de saludar a la junta directiva de mujeres católicas una a una, con sus perlas, sus cardados, su pestazo a laca, sus frases hechas y sus preguntas sobre mis hijos, sus recuerdos para papachu y mamachu, sus maquillajes como enyesados, sus perfumes Vanderbilt y sus cordones de oro, que si alguien se hubiera propuesto pesar todo el oro que allí había, hubieran salido toneladas para rescatar al FMI enterito. Me miraban raro, haciéndome gestos de extrañeza al tropezar en alguna ocasión al ir a besarlas, seguro que por envidia, que yo soy mucho de que me envidien. En cualquier caso, teniendo en cuenta lo dicho por Mari Ilu, aproveché el grupo que había arriba para ponerme en un segundo plano, escondidilla.

Por fin, que parecía que nunca iba a llegar, la presidenta cogió el micrófono para hacer la presentación, un discurso de al menos media hora larguísima, interrumpida por los aplausos “espontáneos” que cada cinco palabras estallaban en la sala, animados por Mari Ilu, que era la que siempre daba la palmada de salida y allá que detrás iban los demás. Sé el tiempo exacto que duró porque yo no hacía nada más que mirarme el Lotus deseando que acabara ya aquella tortura, pero intentando mantener la postura y, siendo sincera, tratando de mantener también el equilibrio, que en algún momento me tuve que apoyar en una mujer que tenía al lado porque me caía, supongo que de los nervios por la situación. Enmedio de la desesperación expectante , me di cuenta que alguien entre el público me miraba. Tenía muchos líos en a cabeza, pero es que el chico, porque era poco más que un adolescente, me observaba muy fijamente y sobre todo, destacaba porque no tenía nada que ver con el resto de los asistentes al acto; iba hecho totalmente un pintas; camiseta negra como de grupo jevi, cadena colgando del bolsillo, unas Converse negras, tejanos negros también, el pelo engominadisimo que le hacía una especie de ola japonesa en el craneo y piercings y pendientes a discreción; o sea, un cuadro. Supuse que sería el hijo de alguna de aquellas parejas, porque sino a ver cómo lo habían dejado entrar.

La presidenta dio las gracias a la alcaldesa, a todos los concejales, al gobierno, al partido, a Dios, a la Virgen y al coro de ángeles celestiales, hasta que por último, dio las gracias encarecidamente a la policía local y a su teniente por haber comprado un cuadro en la subasta para la comisaría. Curiosamente, el teniente estaba en la sala, y curiosamente, era el policía que, presuntamente y curiosamente, me había seguido para detenerme. O sea, para que se sitúen en la escena; llevaba media hora huyendo y haciendo disparates por unos policías que no iban contra mí. Y encima me había deshecho del alijo y ahora tenía un problemón que yo misma me había creado; lo que se dice un verdadero y auténtico supershock. Los pinchazos en el estomago ya eran como si cada diez segundos me estuvieran dando una patada; vamos, sólo me hubiera faltado vomitar delante de todas aquellas hienas peliteñidas y enlacadas para acabar con mi buena reputación. Me quise morir de la vergüenza, me sentí ridícula, me sentí tonta, y me sentí, otra vez sin posibilidad de escape. Y odio sentirme tonta, lo odio con todas mis ganas. Dios pasaba otra vez de mí, se hacía el sordo y de qué manera.

Cuando el teniente subía a la tarima para decir unas palabras, yo le pedía a Dios que me tragara la tierra, pero oye, que no ocurrió, pese a que me temblaran tanto las rodillas que hubo un momento en que sí, pensaba que así ocurriría. Hubo también una entrega de placas a las mujeres que habían participado y mientras la presidenta las nombraba de una en una, con nombre y apellidos, con el título del cuadro y todo, que hasta le faltó decir las medidas en centímetros. Por supuesto, a mí también me agradeció que viniera representando al partido, pero justo en ese momento tenía el sistema digestivo tan disparado que de pronto, sin yo quererlo y sin poder evitarlo, se me escapó un eructo de campeonato. Huelga decir que jamás hago cosas así, que la educación que recibí dejó su poso, y todos los que me conocen podrían confirmarlo, pero el caso es que se me escapó y enmedio de la sala, se hizo el silencio. Todos, de nuevo, me miraban y yo no sabía dónde meterme aparte de pedir perdón mil veces, notando tal calor en mi cara que me daban ganas de ponerme unos cubitos, pero mejor lo dejaba para luego. Por suerte, la presidente siguió pronto y nos pidió que los que estábamos arriba nos pusiéramos en línea, para dar con ceremonia y pompa las dichosas plaquitas de marras a quienes subían, que ya ves tú qué necesidad, si se suponía que lo hacían por puro altruismo. Mientras por lo bajini yo metía prisa y las mujeres de la junta directiva seguían mirándome mal, y eso que fui muy discreta y cuidadosa, o eso creo, pese a que por el rabillo del ojo veía a Mari Ilu echándose las manos a la cabeza, como avergonzándose de mí, pero es que ella siempre ha sido así de censuradora conmigo.

Por fin escuché las benditas y deseadas palabras de boca de la presidenta ” Y aquí damos por concluida la inauguración” y yo estaba por saltar de la alegría y salir corriendo de allí, cuando la presidenta remató con un “¡Y disfruten del chocolate caliente” a la vez que los camareros sacaban la fuente de chocolate, que con sus tazas de diferentes tamaños una encima de otra, hacían caer el marrón líquido en una cascada lenta.


La gente, de nuevo, otra vez, aplaudiendo, que hay que tener una vida muy aburrida para aplaudir algo así. Hasta ese momento, no me pregunten por qué, no había caído en que el cacao caliente sería bebido por el público asistente, pero como un fogonazo, como una revelación, fui consciente de que había echado droga, no sabía cual ni sabía de sus efectos, en lo que iba a beber todo el mundo y como una loca, grité desde la tarima:

“¡Noooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo!”

Y ahí ya sí que la gente me miró como si hubiera perdido la razón, pero a mí me dio igual; bajé corriendo y me puse delante de la fuente, tapándola con mis brazos.

“¡¡No pue–den be–berrrr de aquí!!Es–tá malo y es…Peli–gro-so…”

El encargado del catering se acercó a mí, esta vez con un gesto bastante menos compresivo que antes y le dijo a todo el mundo:

-Este chocolate ha pasado todas las inspecciones de higiene, por favor, señora, deje de inventarse cosas y no asuste a la gente con infundios. Nuestra empresa tiene muchos premios y ha sido reconocida hasta por el instituto de consumo de…”
- Pe–ro no pue–den be–berrr…Les pa-sa—ran co-sassss–

Ahí ya no pude continuar , porque Mari Ilu volvió acercarse a a mí, cogiéndome del codo muy enfadada y echándome un rapapolvos como en la vida; que si me había vuelto loca, que si estaba borrachísima, que si vaya imagen que estaba dando, que si tal que si cual. Por encima de su hombro, yo observaba horrorizada como todas las señoronas y sus maridos, sin excepción, cogían una taza y la llenaban de burbujeante chocolate caliente. El mundo se me vino encima y quise huir.

- Te–ngo que ir–me
- Tú no te vas de aquí en ese estado a ningún sitio, que bastantes desastres has hecho por hoy.
- ¡¡Su–elta–me!!
- Por última vez te lo digo, deja de armar escándalos y compórtate como una señora. No me quiero ni imaginar cómo se entere algún medio de comunicación o en el partido, ya puedes dar por perdida tu carrera política. Y eso confiando en que nadie lo haya grabado en vídeo y lo suba a una red social de esas, que en dos días serías el hazmereír de todo el país.

En la tarima ya se habían acomodado tres músicos ( batería, guitarra y piano eléctrico) de edad más que respetable, que perpetraban una música rancia, como esos hilos musicales de la sala de espera del dentista, sin chispa, y con una interpretación tan aburrida como sus caras. Mari Ilu seguía a lo suyo:

-Y ahora te vas a relajar y me vas a contar la verdad, porque chica, lo del intento de robo no me lo creo. Y me lo vas a contar todo desde el principio y sin pasar un detalle, que ya hace muchos días que te noto rarísima y sé que te está pasando algo muy gordo.
- Me da mu–cha-cha ver–güen–za con-tar–lo -(lloriquee yo, porque la situación me estaba sacando la lágrima fácil)
- Tienes que confiar en alguien, chica. Si tienes un problema, aquí estoy para ayudarte, que para eso siempre te he demostrado que soy tu amiga.
- Pe–ro es una his-his-his–toria muy larga.
- No me importa; este evento es aburridísimo, no te dejareé ir hasta que me cuentes todo y tenemos todo el tiempo del mundo.
- No…Yo no ten–go ti–empo y aquí se va a pro-pro-du…cir un pro-ble–ma muy grave.
- Chica, con esa borrachera no te endiendo nada ¿Aquí? ¿Problema? ¿A qué te refieres? Trata de explicármelo para que lo entienda.

Y juro que traté de hacerlo, traté de contarle para que me comprendiera, me perdonara y me ayudara, pero me era imposible, porque entre lo nerviosa que estaba y lo que empezaba a ocurrir en la sala, no me salían palabras coherentes, se me iban los ojos por encima del hombro de mi amiga, viendo venir el desastre, ese que Mari Ilu no podía vislumbrar y muchos menos imaginar.
La gente seguía acercándose a la fuente para rellenar su taza una y otra vez y las piernas me temblaban tanto que debía hacer verdaderos esfuerzos por no venirme al suelo. Se escuchaban comentarios del tipo “Está buenísimo” “Dicen que es importado directamente desde Bélgica, donde hacen el mejor chocolate del mundo” “Me encanta ese sabor amargo que deja en el paladar” y cosas así. Yo ante esas imágenes, sólo era capaz de articular un “Ay” detrás de otro, en una llantina encadenada de Ayayayayays que estaba poniendo muy nerviosa a Mari Ilu. Al poco, observé cómo un par de mujeres sacaron abanicos, para darse aire con frenesí y las que iban con los hombros cubiertos, empezaron a quitarse ropa, como si un calor abrasador les viniera de dentro. El aire acondicionado estaba más que frío pero parecía dar igual; se veía a señoras empezando a ponerse coloradas como tomates maduros, a los hombres quitándose la chaqueta, a otras se las veía secarse el sudor con afectación, intentado no estropearse el maquillaje que en gotones marrones les bajaba por la cara. Se escuchó una carcajada sonora en medio de la sala; una anciana de unos setenta años, no paraba de reír y se retorcía mientras el grupo de mujeres que tenían alrededor la miraban estupefactas. También vi como a los músicos les acercaban unas tazas y hacían un parón en su monserga musical para beberlo encantados, entre sonrisas. Hubiera corrido, hubiera gritado para detener la locura, hubiera parado el tiempo, pero estaba entre Mari Ilu y la pared, sin poder sobre mi cuerpo, con unos pinchazos en la barriga de mil demonios, abandonada por Dios y los acontecimientos ya estaban desencadenados. Sin embargo, sepan que si por mí hubiera sido algo hubiera hecho, pero no podía por más que quisiera, se dan cuenta ¿No? ¿Son conscientes? Me entienden ¿Verdad? Seguro que sí. No se me puede acusar de nada ni soy responsable de nada de lo que pasó.
El agobio fue tanto que Mari Ilu tuvo que cogerme cuando me desplomaba y fue a buscar una silla y un vaso de agua, porque cuando me preguntó si me apetecía chocolate caliente, casi la mato con la mirada.
- Chica- me dijo- no sé que manía te ha dado con el chocolate, si una taza al año no engorda tanto.

Como aparecido de un truco de magia, el chico en el que me fijé durante el discurso, se me plantó delante, sonriendo y feliz.
-Hola
-Ho—la-la-la – ( lo miré con cara de pocos amigos, que no estaba para tonterías adolescentes).
-Tú no sabes quién soy yo. Me llamo Víctor.

Ahí ya ni le contesté, puse otro mal gesto y volví la mirada a la gente de la sala; vamos, como para diplomacias o investigaciones policiacas estaba yo. Pero curiosamente, insistió, sin darse por aludido y muy seguro de lo que hacía. Hablando parecía mucho más maduro de lo que su físico aparentaba, pero desde luego, educación y buenos modales, ningunos, porque además de tutearme, a ver quién le estaba dando permiso para que me dirigiera la palabra.

- ¿Sabes qué día es mañana?

Y dale. Insistía, insistía y si no hubiera tenido a gente cerca, le hubiera tirado un zapato o algo, pero claro, teniendo a la censuradora de Mari Ilu cerca y con tanta posibilidad de escándalo ( que la gente es de un sensible con un zapatazo de nada) como para darle opción a otro rapapolvos.

- Mañana cumple dieciocho años tu hijo Alfredo.

Ahí ya, claro, me sonaron todas las alarmas como buena madre protectora que soy. No, no recordaba que era su cumpleaños, pero claro, con tanto lío…Hice amago de levantarme de la silla pero estaba tan mareada que mejor no, que sólo me faltaba caerme al suelo delante de todos.

-¿¿ Có–mo-mo lo sa–bessss?? ¿Tú qui–én e-e-resss? ¿De qué lo-lo-lo cono-cess?
- Ya te lo he dicho; me llamo Víctor.
-¿ Don-don–de está él?
- Está fuera, esperando en un taxi. Quería venir a decirte una cosa pero al final no se ha atrevido, y bueno, he bajado yo para acabar con este asunto, que no quería quedarme sin ese privilegio. Saber donde estabas fue muy fácil; deberías controlar la información que dan en tu despacho cuando llama alguien preguntando por ti.
- ¿Qué-qué asun-to-to?
- Tú hijo y yo nos casamos. Mañana.
- ¿¿Cóoooooomo??
- Como lo oyes; mañana tu hijo y yo nos casamos.
- ¿¿ Pe-pe–ro qué essss-tass di-di–ciendo?? ¡¡Pervertido!! ¡¡Corruptor de menores!!
- Ya me advirtió tu hijo de que reaccionarías así, por eso no quiso bajar del taxi. El pobre es tan buen chaval que te tiene miedo, pero yo no; a mí no me das nada de miedo, más bien al contrario; me das risa y pena. Eres todo lo contrario a mis padres, que nos apoyan desde que nos conocimos, porque me quieren y me comprenden. Incluso nos prestarán un piso que tienen para que vivamos allí.
- ¿¿Des-des cu–an-do lo-lo cono-cesss? ¿¿Des-de cuan–do te apro-ve-ve-chasss de él?
- Uff, hará un par de años ya de eso, un fin de semana que pasó con su hermano en casa de Fufi. Fufi es vecina de mi familia desde siempre. Tú nunca te enteraste, ni siquiera cuando se nos olvidó un condón en su habitación de tu casa, jejeje…Te has enterado tan poco que volviste a llevarlo a casa de Fufi mientras te divorciabas; ni te imaginas cómo te lo agradezco; ha sido como una luna de miel previa.
-¿¿Ha-habeis esta–do en en mi ca-ca-ca-sa??
- Sí, reconozco que tuvo mucho morbo, jejeje..Tu hijo es tan maravilloso, tan sensible, estoy tan enamorado de él que nada me hará cambiar mi decisión y lucharé con todas mis fuerzas por lo nuestro.

Casi me caigo al suelo. Me quería morir, ustedes no se imaginan que dolor taaaaan grande para una madre honrada, católica y hecha y derecha. Hubiera llamado a la policía al instante y que se lo llevaran esposado, que le dieran con las porras o lo que fuese; la gente así es el único lenguaje que entienden. Además, apuesto a que en la cárcel le darían lo suyo y hasta le gustaría, porque menuda cara de sucio vicio que tenía el chaval. Cómo comprederán, no estaba mi situación para tener mucho contacto con los agentes, por lo que deseché la idea. La rabia me hacía moderme los carrillos y tenía ganas de escupirle. Mi Alfredín, mi pobre Alfredín, mi niño bueno que siempre sacó las mejores notas hasta que se dejó llevar por el vicio y las malas influencias, pretendía casarse con un maricón, que es que no se me ocurre otra palabra para definirlo.

-¡¡Os denunciaré!! ¡¡Se-será por en-en-ci-ma de mi ca-ca–daver!!
-Una pena que te lo tomes así. Tu marido…Bueno, tu exmarido vendrá a la ceremonia. El otro día hicimos las presentaciones pertinentes y parece muy buen hombre. Si de pronto te viniera la cordura, recuerda que por supuesto, también estás invitada…
- ¡¡ Es-es-es—to es una lo–cura!!¡¡ No lo permitiré!!
- Bien, sólo vine por darme el placer de informarte yo, que me voy a encargar de hacer a tu hijo muy feliz; no me explico como es alguien tan maravilloso teniendo a una madre como tú, así que…¡¡Con Dios!!

Horrorizada, así me quedé mientras que él, casi corriendo, desaparecía, supongo que para evitar que lo alcanzara. Horrorizada y asqueada hasta unos niveles inimaginables que me hicieron levantarme para darle una paliza y sacar a mi Alfredín del taxi arrastrado de los pelos , pero allí estaba la pesada de Mari Ilu para detenerme, y como yo no andaba muy fina con el equilibrio y los movimientos, lo consiguió, mientras trataba de zafarme sin conseguirlo. Al verme impotente, lloré en su hombro. Ella no daba crédito. Qué grandísimo y que horrible supershock para las dos.

Y todo esto ocurría porque en mi partido no tuvieron los cojones de derogar la dichosa ley de matrimonios gays, ese esperpento que sólo se han atrevido a promulgar cuatro países de chichinabo , corrompidos y llenos de pecado. Encima que permitimos que vivan en nuestro país sin meterlos en la cárcel, encima que permitimos que lleven una vida disoluta, hay que dejarles que manchen, vilipendien y arrastren el santo sacramento del matrimonio. Sólo por usar ese termino, ya deberían denunciarlos como mínimo. Y mi hijo, mi inocente y pobre hijo, iba a condenarse para siempre en el infierno haciendo eso mismo, así que cuanto más lo pensaba, más me daba por llorar. Juro que si hubiera sabido en lo que se convertiría en el momento del parto, lo hubiera estrangulado con mis propias manos, porque así lo siento; mejor no tener nada que tener un hijo bujarrón, lo tengo clarísimo, porque jamás en todas las generaciones de mi familia habíamos tenido a un miembro que causara tanta vergüenza y repulsión. No, si al final va a ser verdad que el aborto debería estar justificado en algunos casos.

- Chica, yo no sé que te pasa esta tarde, me tienes muy asustadísima; más que cuando ZParo ganó las elecciones. Claro, como no me cuentas nada…

¿Pero qué iba a contarle? Ya me sabía su cantinela de memoria. Mari Ilu era de las que iba de muy abierta ( nunca mejor dicho) , de las que me daba lecciones sobre que hay que modernizarse y comprender y aceptar a los gays, y además era de las que se vanagloriaba de tener amigos gays, sobre todo uno, Ernesto, del que decía que era casi más amigo que yo, la muy desagradecida. Pero nunca olvidaré lo que ocurrió el día de su segunda boda; Ernesto fue al banquete acompañado de su novio, y cuando, en plena celebración de borrachera, se besaron, Mari Ilu, indignadísima, fue hacia la mesa y les montó un escándalo de mil demonios por hacerlo en público delante de familia, niños y amigos. Qué risas que me di, hay que ver, que fue lo único divertido en toda la celebración. Con esto lo que quiero decir es que yo tendré fama de mala, pero mira, al menos voy de frente y no me escondo. Y desde luego, a lo que no estaba dispuesta es que en ese momento me diese ninguna lección. Bastante humillación tenía ya en el cuerpo.
Lloré hasta desahogarme y al menos de algo me sirvió Mari Ilu, porque después de la llantera y de acabar como un mapache, me ayudo a retocarme el maquillaje por enésima vez. Los hipos me iban y venían.

En otra ocasión, hubiera pasado la tarde de conversación en conversación, de grupo o en grupo, dando apretones de manos y besos, muchos besos, pero después de mi aparición estelar, la gente permanecía a distancia, mirándome entre la desaprobación y el desencanto. La música cogió más aceleración, porque los tres tipos de la tarima, que sonreían con una expresión bobalicona y felizota, se veían más animados y le daban a las partituras velocidad, así que poco a poco, como un rumor que se extendía y contagiaba, veía cada vez más cabezas enlacadas , permanentadas y teñidas, unirse y moverse al ritmo, incluso algunas se animaron a hacer palmadas rítmicas . Cuando los músicos emprendieron un pasodoble modernizado, por llamarlo de algún modo, dos parejas de cincuentones se animaron y emprendieron un baile en medio de la sala, abriéndose hueco. A ellos se unieron otras parejas de mujeres, que como si estuvieran en las fiestas del pueblo más paleto, se agarraban con cuidado de no rozarse con esos sujetadores que parecen hechos de hormigón armado, taaaaan patéticas, pero a la vez, parecían encantadas y divertidísimas, como si no hubieran bailado nunca . Había risas desaforadas, había conversaciones a un volumen cada vez más fuerte, se podían ver rostros desencajados pero felices, con ojos muy brillantes de pupilas extrañamente grandes, había gente acompañando con palmas, y había un ambiente en general tan animado como yo nunca había visto en un evento así. En el fondo, una pizquilla de envidia por su felicidad me dio; estaba tan herida que hubiera matado por sentirme mejor y calmarme un poco.
Bueno, pensé, parecía que las drogas no eran tan malas después de todo, así que tras que Mari Ilu trajera el agua y la silla, le dije, pues mira, tienes razón, tráeme una taza de chocolate, a ver si se me pasa la llantera por lo de mi hijo . De pelillos al río, que se dice.

Continuará…Con el último capítulo.

LAMPREA FARRA: LAS CONFESIONES DE UNA DIPUTADA RUBIA (8)

CAPÍTULO 1: UNA SORPRESA INESPERADA
CAPÍTULO 2: GRANDE ES LA VENGANZA
CAPÍTULO 3: LIBRE DE ATADURAS
CAPÍTULO 4: CARA A CARA CON UNA NUEVA VIDA
CAPÍTULO 5: AL FIN DEL MUNDO YO FUI
CAPÍTULO 6: SOL QUE YA NO BRILLA
CAPÍTULO 7: CON TODO EN CONTRA

CAPÍTULO 8: LA PELEA MÁS GRANDE JAMÁS NARRADA

- Chica, todo el mundo me pregunta por ti…¿Cuando llegas?
- Mari Ilu…Me pillas muy ocupada, ahora te llamo…
-Pero chica, mira que estás rara y ya no me cuentas nada; que todo el mundo se divorcia, deberías tomártelo con más naturalidad.
- Te he dicho que ando muy ocupada en un asunto, supongo que estaré ahí en un par de horas.
-¿Pero estas loca? Si ya me ha dicho la presidenta de la asociación de madres y esposas católicas del partido que hasta que tú no vengas no sacan el aperitivo y el vino español, que hasta han traído una fuente de esas que sueltan chocolate y todo, que ya sabes que estas señoras y sus maridos son muy de chocolate caliente con churros. Yo sin embargo, ando con mi petaca de whisky a escondidas, jijiji..
- Me ha surgido un imprevisto y no podré llegar antes…
- Uy que voz más rara te noto…¡¡A ti te pasa algo y no me lo quieres contar!! ¿Donde estas? ¿No estarás con un hombre? ¡Confiesa!
- Mari Ilu, no tengo tiempo para tonterías, de verdad…
- Bueno, pues tú verás lo que haces, pero que sepas que ya ha dicho la presidenta de la asociación que no leerá el discurso hasta que tú llegues, osea, que tienes a todo el mundo pendiente y cuanto más tardes, más preguntas te harán.
- Vale Mari Ilu, nos vemos en un poco.
- Y no te olvides de…

Le colgué, que vaya día de colgar llamadas que llevaba, pero es que la gente a mi alrededor parecía confabulada para hacerme la vida imposible, y más en un día como el día de autos, que debe haber sido el peor día de mi vida con diferencia, y eso que llevaba dos semanitas de traca en lo que a días horrorosos se refiere. Y no se piensen que lo digo por lo que hasta ahora he contado, no, que va. Lo peor viene a partir de ahora.

Respiré hondo. Toqué el timbre. Me apreté el pecho para ver si me calmaba el corazón. Noté como abrían la mirilla para inspeccionarme y de seguido, me abrieron la puerta. La chica que me abrió era muy mona y discreta, cosa que me extrañó de aquel lugar, que mucho nombre fino, mucho “Chicas de compañía” pero yo no soy tonta y supe perfectamente que debía ser un sitio de pilinguis, que diría papachu si estuviera delante de mí para no escandalizarme. De los finos, claro, porque en ese barrio y en ese edificio sólo podía ser fino. Sin embargo, por muy pilinguis que las llamen aunque la pilingui se vista de seda, puta se queda, y seguirán siendo putas de toda la vida del señor, aunque hayan dejado el negocio y ya no ejerzan. Es una mancha que les quedará siempre, como una enfermedad crónica, una vergüenza que no podrán quitarse de encima ni aunque pretendieran hacerse monjas.

Yo no tengo nada en contra de las putas, pero miren lo que les digo; no creo que haya mayor degradación para una persona. Cuando ves algún reportaje o alguna entrevista, siempre dicen que lo hacen por necesidad y por dinero, pero apostaría a que muchas de ellas lo hacen por puro vicio y disfrutan, vaya si disfrutan; si no disfrutaran, iban a trabajar en un asunto taaaaan asqueroso. Hasta que punto nuestra sociedad ha perdido valores y está corrompida se demuestran en que se permite que en un edificio y en un barrio intachable, surjan negocios así. Lo que me dejaba más alucinada es que los vecinos, al menos los vecinos decentes y con moral, no hubieran puesto el grito en el cielo sabiendo que había una empresa de tal pelaje pared con pared. Si hasta la sala de exposiciones, que estaba en un palacete de lo más selecto, estaba a unas pocas manzanas de donde yo me encontraba. Todo esto lo sé porque soy una mujer y una política informada, al pie de la calle, que se preocupa por los temas sociales y con sensibilidad por los más necesitados porque vamos, está de sobra aclarar que yo nunca he ido a uno
( ¡Faltaría más!) Ni me he relacionado con ese tipo de gente. Además, pondría la mano en el fuego porque entre mis conocidos ninguno ha frecuentado un lugar así, que mis amigos (hablo de los hombres, claro) todos están felizmente casados por la iglesia, tienen dignidad y la suficiente categoría como para no tener que rebajarse yendo a lupanares y cloacas de depravación. Como política y gestora, tengo clarísimo que si detuvieran a un par de putas y las encarcelaran a cadena perpetua para que sirvieran de escarmiento a sus compañeras, esta sociedad se iba a ahorrar muchos problemas y delincuencia. Y si no escarmentaran, todas a la cárcel y chim pun. Si es que sería taaaaan fácil hacerlo, pero claro, hay que tener voluntad y ponerse, y en mi partido no se animan, que son taaaan políticamente correctos que a veces me cansan…¡¡Ay si me dejaran a mí!!

Recuerdo cuando a papachu quisieron empapelarlo con un asunto de pilinguis porque la prensa de extrema izquierda, apesebrados todos que viven de mamar de la teta del estado, ya no saben que inventar para meterser con un hombre recto de misa diaria y con una carrera impóluta en la política, que yo no sé donde vamos a llegar. Fue hace unos años, antes del divorcio de papachu y mamachu ; de hecho, justo antes. Nunca me lo dijeron abiertamente pero sospecho que fue la causa de la separación y ruptura definitiva.

La cosa fue así: hubo una redada promulgada por el delegado del gobierno, socialisto por supuesto, de esos sociatas con Rolex y Audi a los que se les llena la boca hablando de servicios sociales y ayuda al necesitado…¡Ja! ¡¡Pues que les presten el Audi a Cáritas, no te jode!!¡¡O que se vaya a Cuba, que es donde mejor podría estar!
Pues bien, ese señor, por llamarlo de algún modo, para ganarse el apoyo de las familias más ricas y de derechas de la ciudad, organizó un par de noches de redadas por todos los burdeles deteniendo a putas, proxenetas y camellos. Su popularidad estaba por los suelos y necesitaba un golpe de efecto, que bien que han copiado nuestras técnicas estos de la izquierda socialista aunque luego se rasguen las vestiduras con el estado policial y blablabla. El delegado debió comprar a alguien en la policía y un agente firmó una detención y una denuncia en la que se vio envuelto mi padre y una venezolana. No sólo lo acusaban de estar en un burdel, sino de ser el propietario del mismo, un disparate sin sentido que no le cabe en la cabeza a nadie que no busque difamar, como la prensa progreta ha hecho intentando hundirlo, pero de nuevo, no han podido; él siempre vence porque tiene a Dios de su lado, algunos no quieren darse cuenta. Si papachu fuera tan malo, Dios lo habría castigado, y ni por asomo; todo es felicidad y riqueza en su vida.

¿Mi padre propietario de un puticlub? ¿Pero quién puede creerlo? Papachu tiene el suficiente dinero y los suficientes negocios honrados como para meterse en asuntos tan sucios ¡Pero si se metió en política por hacer el bien sin recibir nada a cambio! Papachu ya era rico, de la política no podía sacar nada ventajoso económicamente, más bien disgustos y preocupaciones, porque el servicio a los conciudadanos es su máxima vital. Todo se demuestra además porque en mi familia siempre hemos defendido que los mejores políticos, son los ricos; como ya tienen las cuentas llenas, no caen en la tentación de la corrupción. En el juicio hubiera salido inocente porque papachu tenía contratado al mejor abogado del país, pero no hubo lugar; se declaró un incendio fortuito y los archivos del juzgado donde estaba el caso se quemaron de casualidad. Una cosa más rara. Yo creo que fue Dios quién llevó el fuego para demostrarle al mundo que estaba al lado de papachu ¿No hizo Dios arder una zarza delante de Abraham para demostrarle que existía ? Pues con mi padre lo mismo. No estoy segura de si fue Abraham o Moisés, tengo que aclarar, pero da igual ¿No? Total, eran hermanos.

No había trascurrido ni un año cuando papachu se volvió a casar con la sudaca, de la que ya hablé al comenzar a contar esta historia, destrozándome el corazón y dándole a nuestra relación un camino nuevo; yo ya no era la niña de sus ojos, y ahora tenía a otra, más negra, eso sí, y con unas tetas más allá de la fuerza de la gravedad ¿Cómo pudo hacerme eso a mí? Lo que me costó perdonarle. Y luego dice la prensa que no tengo sentimientos y que soy fría y calculadora, pues se equivocan, porque yo también sufro ¿Se enteran? Sufro pero mogollón.
La tía sudaca ( todavía no he conseguido aprenderme su nombre de telenovela que da más risa que otra cosa) era una guarra y una buscona, pero de ahí a aceptar la acusación de mamachu, como que no. Mamachu sostenía que la recién casada era la dueña del puticlub donde habían pillado, supuestamente, a mi padre, esa a la que en la denuncia describían como “venezolana”. Para que ustedes juzguen: el delirio de mamachu la hacía decir que mi padre se había casado con una puta, o con una exputa, que cualquiera sabe, como si papachu no pudiese tener cuando quisiera a las mujeres más guapas de España y sin tener que pagar a cambio ¿Se dan cuenta de las calumnias que la gente importante de este país tenemos que aguantar? Además…¿Desde cuando son del mismo país las sudacas que las venezolanas? Mamachu nunca se ha enterado de nada. Qué mujer.

Continúo que me lío y no voy al grano; la chica que me abrió (y digo chica porque debía tener menos de veinte años) era muy modosita, vestida de colegiala, con falda escocesa y blusa blanca, con unas gafas de pasta que, curiosamente, le sentaban bien. Si la hubiera visto por la calle, jamás hubiera pensado que se ganaba el sueldo usando la entrepierna. Parecía del este, pelo castaño lacio y larguísimo, ojos azules brillantes y unos pómulos que seguro que eran operados, porque no podían ser tan perfectos de manera natural. Ya de las tetas ni hablamos, que casi me da con una en la cara al abrirme la puerta, y ojo, que estaba a cinco pasos de mí. Sin darme tiempo a decir nada, comentó con acento extranjero:

” Tchú debex ser la nueva ¿No? Pasa y expera que ensegüida viene la hefa y te indic-o, indica, perdón”.

Además de puta e inmigrante, no tenía ni idea, estaba visto, porque vamos, confundirme a mí (¡A mí!) con una de esas tiene tela; mucha. Quise aclararle que yo no era la nueva ni nada parecido pero en un periquete ya se había ido, dejándome sola en el recibidor, que desde luego, tampoco era como lo hubiera imaginado. Muebles tapizados en terciopelo granate, un gran espejo de marco dorado espectacular, una bandeja encima de una mesita con botellas de licores, cubitera y unos frutos secos, una cajita con tarjetas del negocio y apilados, lo que parecían unos catálogos… No pude resistirme y me puse un whiskycito, poca cosa, que me bebí de un trago y sin hielo, buscando que me calmara los nervios, porque iba con un taquicardia imposible de soportar. Ni un cuadro del kamasutra, ni una figurita vulgarota de decoración, ni unas cortinas de diseño imposible… Como tardaban un rato y me aburría, otro whiskycito. Me acerqué a lo que parecían catálogos que, efectivamente, eran eso; catálogos de chicas, posando como si fueran modelos ( pero ya quisieran ellas) con sus mejores vestidos que apenas les tapaban nada y maquilladas por alguna becaria principiante; unas pintas tan de eso, tan de putas, que no pude evitar que se me escapara una risita. Me puse otro wiskycito.

En ese momento apareció otra mujer y cerré los catálogos apresuradamente.
Me dijo:

“Vaya, te esperaba más joven. No es que tenga problema con las maduritas, hay algunos clientes que las prefieren, sobre todo si tienen un aire pijo como tú; suelen ser clientes que disfrutan dando azotes, palizas y esas cosas…Curiosamente, son clientes que tienen mujeres que se te parecen; se ve que en casa son unos calzonazos y aquí vienen para desahogarse, jajaja”.

Que mal me cayó desde el principio. Qué risa tan fea, que poca gracia, que feminidad taaaan mal entendida. Llevaba un ajustadísimo y corto vestido rojo con pedrería multicolor, de un mal gusto inaudito. Unos aros grandes como ruedas de camión, media melena negrísima con flequillo recto y unos taconazos imposibles. Aparentaba unos cuarenta y cinco ya muy operados, se movía como una serpiente y tenía la voz ronca. Iba fumando con una boquilla larga de metal plateado, supongo que intentando imitar a la Katharine Hepburn esa, la actriz de Desayuno con diamantes; vamos, un rollote más visto que nada, porque todo el mundo conoce a Katherine y hasta en los polígonos tienen fotos suyas. La muy ridícula debía pensar que solamente con la boquilla se consigue clase y estilo. Ilusa…Con esos atributos hay que nacer, y mucho me temo que ella no los tenía ni de lejos, exactamente igual que ocurre con la inteligencia. Por otro lado, era la segunda vez que me confundían con una ramera y encima me llamaban vieja entrelíneas, a mí, que estoy en la flor de la vida. Ya me estaban empezando a molestar y a ponerme de muy mala leche. Le hubiera dicho un par de insultos (que cada vez se me daban mejor, oye, que cualquiera hubiera dicho que sólo llevaba dos semanas diciendo tacos), le hubiera dicho que era una ordinaria, le hubiera dicho que no entendía como se podía ganar la vida siendo puta y siendo taaaan fea, si no fuera porque mi propósito, que durante unos minutos había olvidado, era otro.

-Te estás confundiendo – le dije – Ni soy nueva, ni trabajo en esto ni ganas. Soy una mujer honrada, casada, madre de familia y decente que…
- Si ya, como todas…
- No sé cómo serán todas, lo que sé es que yo no soy una puta ni una guarra.
- Ya, eso decís todas…
- Mira, voy a olvidarme de tu mala educación. Vengo a darte este sobre y que me des lo que se supone que me tienes que dar, porque supongo que tú eres Azalea ¿No?
- Sí, soy yo. A ver… ¡Ah coño! Jajaja…Ay perdona, te confundí…Así que tú eres la “chavala” que ha vuelto loco a mi Curro- (a buenas horas me enteraba del nombre del macarra)- que hasta ha dejado de venir por aquí a estar con mis chicas-( me miró de arriba abajo, me volvió a mirar y me remiró)- Vaya, lo consideraba con mejor gusto. Espera un momento y te saco el paquete.
La mirada altiva y llena de desprecio de la mujer hirió mi orgullo y me escoció cómo no se imaginan ustedes de qué manera ¿Con qué derecho se daba esos humos? ¿Quién le había dado permiso para tratarme así? ¡Pero si era una puta! Me parecía increíble que una tipa de tal calaña se atreviera a mirar por encima del hombro a mujeres como yo, mujeres que se ganan el pan con el sudor de su frente, honradamente, y que dedican todo su tiempo a tratar de levantar a su familia, al país y a hacer el bien.
Tardó poquísimo tiempo. Iba dejando detrás de ella un rastro de humo y vino con un paquete del tamaño de un libro, envuelto en papel de estraza y atado con hilos.
- Toma, aquí tienes. Sin ánimo de ofender, déjame que te diga algo: no serás ” de esas” pero por lo visto sí eres de “las otras”.
-No sé a qué te refieres.
- ¿No lo sabes? Yo te lo explico con todo el gusto del mundo; que seas tan estirada y nos trates a las putas de esa manera cuando tú no eres más que una camella que lleva y trae paquetes de droga, tiene gracia, es casi como una broma…De mal gusto…
- ¡Yo no soy una camella! Si hago esto es porque no tengo más remedio y me he visto obligada por las circunstacias y por el chantaje vil…
- Ya…Como todas…
- Y dale…¡¡Que yo no soy como todas!! Antes me suicido que parecerme a una de vosotras…Qué asco me da sólo de pensarlo…
- Una pena, porque tienes muchas aptitudes para ser una auténtica perra. Deberías tenerlo en consideración por si algún día te falla el trabajo. Aunque bueno, te faltaría un poco de preparación, de educación y respeto, que muchos aires de condesa de pitiminí pero la cara de grandísima hijadeputa no te la quita nadie.
-¿Pero cómo te atreves? Yo no he venido aquí a que me insulten…
- Pues aprende a tratar a los demás como quieres que te traten a ti…Que de todas las que trabajamos aquí, a guarra no te gana nadie.
-No te pienso permitir qué…
-¿Qué tú a mí no me vas a permitir quéeeeee?- y para decirlo, se me puso muy cerca, levantando las tetas como un gallito, a pocos centímetros su cara de mi cara.

Ahí ya me perdí, noté como algo me hacía crack y se me fue la cabeza.
Perdí los nervios, la cordura y la tranquilidad, así que sin pensarlo dos veces, cogí el vaso de whisky que me había preparado y en un instante ¡Zas! Se lo eché en la cara. Ella, me dió una bofetada rápida como una descarga eléctrica. Yo se la devolví y entonces ella, como gata rabiosa, se me tiró a los pelos y las dos nos enganchamos con furia salvaje. Yo la arañaba, ella me pateaba, yo la escupía, ella me rompía el vestido, yendo de una pared a otra, tirando muebles y llenando el recibidor de gritos que hicieron que en pocos segundos hubiera allí al menos diez chicas más. En medio de la pelea, la insulté de todas las maneras posibles, con tales barbaridades que me niego a trascribirlas aquí por decoro y vergüenza. Trataron de separarnos pero ni yo ni ella estábamos dispuestas. Me habían humillado e insultado gravemente, manchando mi honor, y era taaaaanta la rabia que me salía de dentro que no estaba dispuesta a dejar la pelea en una derrota aún más humillante. Pero la mala perra tenía mucha fuerza, he de reconocerlo, seguramente por las drogas y la mala vida. Claro, entiendan que yo en peleas no soy muy ducha, que era la primera vez, pero se ve que la escoria de la sociedad está preparada para tales bajezas y en unos minutos, me inmovilizó. Las demás alrededor aplaudían y la jaleaban y si en ese momento yo hubiera tenido una metralleta a mano, juro que no hubiera dejado a ninguna viva.
“¡Ríndete!” me gritaba, pero yo no estaba dispuesta, aunque las lagrimas se me estuvieran escapando a chorros, aunque los brazos me dolieran tanto que pareciera que me los iba a arrancar, aunque las putas cada vez gritaran más. Al final tuve que rendirme, claro, pero que quede claro; no fue por cobardía, que fue espíritu de supervivencia, porque en mi familia nunca nos rendimos.

“Ahora levántate despacito, coge el paquete y vete de una puta vez tranquilamente; si haces otra tontería te aseguro que no voy a ser tan comprensiva como he sido ahora. Y saluda de mi parte al Curro, que el pobre de toda la vida ha sido muy inocente y siempre acaba con las más pécoras”

Tener que hacer lo que me dijo, obedecer a una puta mientras una docena de otras putas me miraban, se reían y me señalaban, fue algo durísimo, yo creo que nunca he vivido nada igual, y sí, ya sé que es algo que he repetido mucho en este relato, pero es que cada cosa que me pasaba, era peor que la anterior. Que bochorno, que arcadas me dieron. “Esto no va a quedar así” pensaba yo mientras me recomponía a la vista de todas ” Muevo yo cielo y tierra si es necesario para que a estas rameras de mierda les cierren el chiringuito y las metan en la puta cárcel para toda la vida, que esto a mí no me lo hace nadie, que estas no saben a quién se la están jugando, que no saben quién es mi padre y el montón de gente que conozco en la policía y en el ministerio de Interior”

Cuando salí del tugurio, magullada y hundida pero con el paquete en la mano, mientras detrás de la puerta seguía escuchando risas, yo creo que ya no era yo, había perdido totalmente la cabeza y eso explica todo lo que viene a continuación, el desvaríe de situaciones, ustedes tienen que entender que en esas circunstancias todos hubiéramos reaccionado igual.

Me dolía todo pero aún así fui capaz de llegar a la calle y llamar a un taxi. Los conductores me miraban raro al pasar al lado y más de un taxista que iba de vacío se hizo el despistado para no montarme. Vamos, lo que me faltaba. Tras diez minutos haciendo el ridículo, por fin un taxi se dignó a parar y monté en torbellino, dándole la dirección que me había apuntado el tal Rudy, Ricky, Curri o como se llamara el macarra. Cuál sería mi sorpresa al descubrir que el taxista…¡¡Era negro!! Un supershock del que casi no me recupero. Vamos, si lo llego a ver antes no me monto ni loca, que mi situación era chunga, pero no taaaan desesperada. ¿Pero en qué mundo vivimos? Un tema es que les dejemos trabajar en cosas para las que están hechos de nacimiento, tipo invernaderos, el top manta o el asfalto de carreteras, pero ¿Conduciendo un taxi? ¿Al fresquito y sin mover un dedo? ¿Pero en que estamos convirtiendo nuestro país? Una regeneración total es lo que necesitamos, y si no puede ser de la mano de los partidos democráticos porque el país no se presta, que venga alguien con poder de decisión y de un golpe de mano, y que esa mano sea dura (que los inmigrantes es la única manera que entienden), salvando al país, tal como hizo el generalísimo hace muchos años. Apuesto a que muchos en mi partido, estarían de acuerdo conmigo aunque callan, sobre todo sabiendo que en las nuevas circunstancias, ese héroe, ese salvador, confiaría en nosotros por afinidad y nos pediría ayuda, que entre iguales no hay nada que temer.

Intenté olvidarme del taxista negro, poniendo mi mano perfumada cerca de la nariz para que no me llegara el posible olor a las fosas nasales, porque claro, todo el mundo sabe que los negros huelen mal. Aún así, intenté ignorarlo, porque bastante tenía. Saqué un espejo, y cuando me vi, claro, me asusté; llena de arañazos y cardenales, con el pelo hecho una fregona, todo el maquillaje corrido…Un horror, vamos, la peor de las tragedias, mucho peor que la paliza en sí, donde va a parar. Menos mal que Mari Ilu me había enseñado a arreglarme en un santiamén (sí, también tuvo un salón de maquillaje) y que en mi Vuitton cabía todo lo necesario; brocha, fondo de maquillaje, rimmel, colorete, rouge…
Parado en un semáforo, el taxista negro abrió la guantera y me sacó un pequeño botiquín con el que me pude desinfectar y apañar un poco las heridas. Un gesto que me sorprendió, la verdad, porque pensaba que la gente de esa raza era incapaz de tener rasgos de humanidad. Encima lo hizo sin preguntarme nada, o sea toda una excepción. Si todos fueran igual, seguro que muchas no pensaríamos como pensamos sobre la negros.
El caso es que reconozco que no soy una persona observadora, pero cuando llevaba unos minutos adecentándome ayudada por el espejito, precisamente gracias al espejito me di cuenta de algo que me asustó muchísimo; nos seguía un coche de policía. Lo primero fue pensar que estaba paranoica y desvariando, pero cuando a la cuarta esquina que torcimos, se mantenían detrás, ya me dije, Ay Dios, y fui todo temblores. En la quinta esquina que torcimos y seguían tras nosotros, ya lo tuve clarísimo, y como si fuera una inspiración divina, pensé en una solución; si cambiaba de destino para hacer tiempo y me refugiaba en un lugar nada sospechoso, les daría esquinazo. Para que me entendiera, claro, le di las instrucciones al taxista despacito, que nadie diga que yo no pongo de mi parte en lo de la integración y demás ideas buenrollistas:

– C-a-m-b-i-o d-e d-e-s-t-i-n-o. V-a-m-o-s-a-l-a-c-a-l-l-e-s-e-r-r-a-n-o t-r-e-i-n-t-a-y-t-r-e-s
– No hace falta que me hable así, señora, que la entiendo perfectamente – contestó él con toda la desfachatez, mandando al garete la buena impresión que me había causado ofreciéndome el botiquín.

En unos minutos, estábamos en la puerta del pequeño palacete con sala de exposiciones donde se celebraba la inauguración, y allí nos paramos. Cuando el coche de policía desaceleró y aparcó tras nosotros, me vi perdida, me vi en la cárcel, me vi sin salida y sin posibilidad de escapar. Ustedes no saben cómo era la sensación de horrible. Le tiré unos billetes al taxista a la cara y salí del taxi como quién ha visto a Satanás, así que por las prisas, tropecé en la acera y se me rompió un tacón. Vamos, era lo último que me faltaba; blasfemé a gritos en medio de la calle mientras la gente me miraba alucinada ¿¿¿Pero por qué Dios me castigaba tanto??? ¿Qué había hecho de malo yo si siempre fui buena madre, buena hija, buena esposa y buena política? Fue ver salir a los policías del coche y dejar el tema tacón para entrar de una vez a la sala de exposiciones, taaaaan coja que parecía que iba montada en una barca del Retiro. Entré apresuradísima, y ante el escándalo montado por el ruido que hacía al cojear, noté como la gente agrupada que estaba más cerca de la entrada, quedó en silencio, examinándome como si de una intrusa cualquiera se tratara, sosteniendo las copas en silencio. Mari Ilu salió de entre la multitud con cara de haber visto a un muerto:

– ¡¡ Pero chica que te ha pasado!!
– Vamos a un sitio más tranquilo y te cuento.

Necesitaba tiempo, respirar, esconderme, pensar en como solucionar la historia, idear la manera de tener una respuesta si la policía daba conmigo y me preguntaban. Mari Ilu llevaba un vestido de raso rojo con varios floripondios de tela azul en el hombro que le sentaba taaaaan mal que casi se me quitan los dolores de la paliza y me echo a reir. Y es que Mari Ilu, cuando trata de parecer una mujer respetable, siempre termina pareciendo una mujer abominable. Apoyada en ella, al menos no cojeaba y llamaba menos la atención. Acabamos en la habitación donde la empresa de catering guardaba la comida, roodeadas de fuentes repletas de canapés y grandes bandejas a rebosar de manjares imposibles para una mujer que quiera conservar la línea y bebidas, muchísimas botellas de bebida. A nuestro lado, había una fuente de chocolate que ya burbujeaba y expandía su olor a cacao caliente y dulzón en la habitación. Era una estructura de cuencos de menor a mayor que desde arriba dejaba caer una lenta cascada de cacao lechoso.
Le dije lo primero que se me ocurrió:

-Me han atracado.
-Pero chica ¿Qué me dices? Si es que ya no se puede ir por la calle tranquilamente, si es que está la ciudad imposible, si es que ya no sé donde vamos a llegar con tanta libertad que luego se convierte en libertinaje…Ha sido verte con el tacón roto y saber que algo muy grave había pasado, porque tú no eres de ir tan descuidada por la calle.
- Qué sagaz… ¿Y los cardenales no te dieron ninguna pista?
-Ay chica, no seas picajosa…
-Bah, déjalo. Intentaron robarme el bolso y me resistí. Por suerte, no se lo llevaron y estoy viva.
- De milagro, chica, de milagro, que mira como te han dejado. A ver que te arregle un poco el pelo, y métete la blusa bien por aquí para que no se vea este roto, y anda, arréglate ese pendiente, que lo llevas descolgado…
- Vale, vale. Dile a la presidenta que ya estoy aquí, que espere unos quince minutos mientras me tranquilizo. Y si te preguntan, responde que me caí por la escalera al venir, pero que estoy bien; lo último que me apetece ahora es pasar toda la tarde dando lástima y contestando a preguntas sobre el incidente, y mucho menos llamar la atención.
-Pues yo creo que deberías ir al médico.
-Estoy bien, en serio. Ahora déjame unos minutos que me tranquilice y ve a hablar con la presidenta.
-¿Cómo vas a solucionar el tema del tacón? Es que no veas qué impresión verte cojeando de ese modo…

En ese momento, entró una camarera con el culo del tamaño de un tambor y caderas imposibles. Llevaba unos zapatos de mercadillo negros, pero que así, desde donde yo estaba, parecían de mi mismo número. Lo vi clarísimo;
-A ver, tú, dame tus zapatos.
-¿Qué dice señora?
-¡Que me des tus zapatos ahora mismo!
-Pero señora, no tengo otros y estoy trabajando
-¡¿Pero no ves que se me han roto los míos?! A ver si te piensas que es por capricho, que los tuyos más feos no pueden ser
-Señora, no estoy en disposición de…
-¡¡Qué me los des ahora mismo o llamo a tu jefe y hago que te despidan, que he sido yo la que ha contratado al catering!! Seguro que en el cuarto de las fregonas hay algún calzado de trabajo. Total, para lo que estás haciendo…

Al final accedió a dármelos de mala gana, y con tan mala cara que me dieron ganas de darle un manotazo. Mari Ilu me miraba como quien ha visto un marciano.

-Chica, como te has puesto…La pobre a ver que hace ahora sin zapatos…Lo que no sabía es que tú te habías encargado del catering.
-Es que no lo he contratado yo, pero algo tenía que decir ¿No? Anda, ve a hablar con la presidenta…

Y allí me quedé mientras los camareros entraban y salían llevando y trayendo bandejas como locos, con el corazón tan disparado que parecía estar bailándome flamenco en el pecho. Los pinchazos en el bajo vientre y las arcadas no me dejaban ni respirar. Intentando que se me calmaran, agarré una botella de whisky, la abrí y bebí el trago más grande que había dado en toda mi vida. Bueno, también era la primera vez que bebía directamente de una botella, algo con muy poca clase y de una educación muy baja, como de colegio público, pero las circunstancias obligaban.

Esos nervios eran pocos si lo comparamos con lo que sentí cuando través de la pequeña ventana que tenía la puerta del catering, a lo lejos, distinguí a la pareja de policias haciendo preguntas; ahí ya sí que me vi presa, tuve conciencia de que venían a por mí y pensé que se había acabado todo si no fuera porque tenía una última oportunidad; librarme del paquete, y no era plan de esconderlo porque ya tenía mis huellas y podían incriminarme. Lo más fácil, o ese pensé, sería deshacerme de su contenido. Dicho y hecho; lo saqué del bolso, rasgué el papel de estraza, y metiendo el dedo, hice un agujero en la bolsa, que por el tacto me indicaba que contenía algo parecido a pequeños cristales ¿Y qué hice? Cuando vi que no había camareros a la vista, la volqué en la fuente de chocolate; con un sabor como el del cacao, seguro que no se notaría nada, pensé yo. Luego tiré rápidamente los restos del paquete a una papelera y revolví la basura para que no se viera a simple vista.
Una vez hecho el vertido, ya me sentí mejor, con un grandísimo peso que me había quitado de encima, oye.
Que descanso más grande.

LAMPREA FARRA; CONFESIONES DE UNA DIPUTADA RUBIA (7)

CAPÍTULO 1: UNA SORPRESA INESPERADA
CAPÍTULO 2: GRANDE ES LA VENGANZA
CAPÍTULO 3: LIBRE DE ATADURAS
CAPÍTULO 4: CARA A CARA CON UNA NUEVA VIDA
CAPÍTULO 5: AL FIN DEL MUNDO YO FUI
CAPÍTULO 6: SOL QUE YA NO BRILLA

CAPÍTULO 7: CON TODO EN CONTRA

- Mami, queremos volver a casa.
- Ay Rodrigo, hijomío, yo también tengo ganas de veros, creéme, pero es mejor que esteis con la tita Fufi. Las cosas aquí son muy complicadas, teneis que entenderlo…
-¡La tita Fufi nos odia!
-No digas tonterías…
-Nos levanta todos los dias a las siete para rezar y nos tiene horas rezando.
- Bueno, si es esa la queja, debes saber que estoy bastante de acuerdo; os noto poco pendientes de Dios y os hará bien.
-Todas las noches cenamos verduras…Y anoche fueron coles de Bruselas…
- Si es eso todo lo importante que me quieres decir…¿Por qué no se pone tu hermano Alfredín?
- Bueno, ya sabes que èl no quiere hablarte…Además, no está aquí, que se ha hecho amigo de un vecino y siempre está en su casa.
- ¿Un vecino? ¿Qué vecino?
- No sé, un chico. A mí me cae bien porque tiene muchos pendientes en la oreja y el pelo rojo y además siempre lleva camisetas rotas y con agujeros. Se han hecho tan amigos que hasta la otra noche durmió en su casa y todo.
- Madre del amor hermoso…¿Y por qué deja tita Fufi que vaya con él?¿¿Donde está la tita Fufi, qué quiero hablar con ella ahora mismo??
- Se fue a comprar…
- ¡¡ Cuando vuelva dile que me llame inmediatamente !! Y ahora tengo que dejarte, que estoy muy ocupada.
- Pero mami, si hace más de cuatro días que no hablamos y te echo mucho de menos…

Ahí ya le colgué, porque a los niños si no les cortas estarían horas hablando al teléfono y además, bastante tenía yo con lo que tenía, que ya estaba en la puerta del macarra chulo esperando entrar. Esta vez ya no tenía miedo e iba con todas las ganas de hacerle frente y ser fuerte, porque era precisamente la debilidad la que me había llevado hasta aquella maldita puerta otra vez, a esperar a que me abriera. También había cambiado la estrategia; tomé un taxi anónimo y no le pedí que esperara, con la intención de estar preparada para cualquier posibilidad, si eso ya llamaría a otro. También cambié la indumentaria porque aún conservaba la esperanza de poder ir a la inauguración, así que me puse un traje chaqueta de color malva espectacular, y no es porque yo lo diga, pero cada vez que me lo pongo todo el mundo me pregunta y al final siempre tengo que reconocerlo; que sí, que es de Chanel.
Desde luego el traje no me lo había puesto para que me viera el chulo macarra que en ese momento me abrió otra vez la puerta y que seguro no sabría apreciarlo ni reconocerlo.

Como en un bucle, casi repetimos la misma situación que el día anterior; me invitó a pasar, le dije que tenía mucha prisa, me invitó a beber, insistí en que acabáramos cuanto antes, me pidió que me sentara … Volvía a ir descalzo, pero ahora con tejanos y sin camiseta, una imagen que si usan mucho las revistas femeninas es porque saben lo que nos gusta. Y ahí ya me di cuenta de que no era casual, de que en todas las ocasiones él iba preparadísimo para seducir, tenía estudiado hasta el último detalle para gustar y yo había caído en sus redes como una tonta. Sin embargo, iba tan concienciada a no sucumbir que en todo momento concentré mis ojos en sus ojos para que no se me fueran las pupilas a sus pezones y descubriera, de nuevo, mi debilidad.

– Bueno, dame las fotos y acabemos con esto, que menudo cachondeo.
– Ya te dije, chati, que tendrías que hacerme un gran favó…
– Un gran favor…¿ Te refieres a un favor sexual? ¡Ni lo sueñes! Eso se acabó; no quiero volver a tener nada contigo ni aunque me aten.
-Que chungo te lo montas, chati; en vez d´acerme la rosca, vuelves a tratarme mal y mira, ya m´e cansao. Las fotos pensaba guardarlas como recuerdo porque pa mí fue una noche que moló cantidá, chati, pero m´e cansao, tía, m´e cansao, porque me duele aquí cada vez que me tratas mal – ( y se daba golpecitos en el pecho con el puño)- H´estao mu mosqueao porque ni me llamas, ni quieres na, ni me tratas bien, y tenía ganas d´acértelo pagar, porque al menda ninguna tía lo trata así ¿Me oyes? Ninguna. Y entonces esta semana estaba viendo las noticias y de pronto…¡¡Te vi en la tele!! No me lo podía creer, chati…Lo flipé en colores. Salías en un mercao, con esos del Pp…Te reconocí rápido por la cara de asco.
- Si empezamos a ofender…Bueno, ve al grano de una puñetera vez.
- Vaaaaale, vaaaale, tranqui chati que lo vas a entender a la primera. La cosa es la siguiente; tú m´aces el favó y yo me olvido de las fotos y hasta te regalo el disco duro de la cámara pa que t´asegures que están a salvo. Si te pones tonta y no me haces el favó, pos…
-¿Pues qué?
- Pos las mandaré a los periódicos, a la tele…Seguro que por esas fotos me dan miles d´euros y tu carrera en la política, s´irá a la mierda.
- Ya será menos; yo no soy famosa, no le importo a nadie. A ver, enséñamelas.
- Claro chati, aquí tienes la cámara.

A la tercera foto me dio tal arcada que casi vuelvo a hacer una de las mías y me pongo como las locas a vomitar. Eran mil veces peor de lo que había imaginado, y mi cara, taaaan borracha, taaaan drogada, se veía perfectamente, vamos, que nunca podría decir que no era yo. Que mala me puse, madremía. Por mi cabeza pasó la idea de darle al botón de borrar pero cuando quise descuidarme, él me había quitado la cámara y se la puso por detrás, como escondiéndola.

- Y ahora vayamos a lo qu´importa.
-¿Cuánto dinero quieres? – saqué la chequera, muy dispuesta.
- Que no chati, que no seas tan materialista, que me tienes qu´acer un favó de amiga.
-¿Qué es eso de un favor de amiga? Yo no soy tu amiga ni ganas. No entiendo nada…
-Pos es el favor que m´aría una amiga.
-¿Quieres explicarme cual es el puto favor?
- Tienes qu´acerme un recadito; llevar un sobre a casa de unos coleguis y traer un paquete de vuelta.
- ¿Qué sobre? ¿Qué paquete? ¿Qué contienen? Uy, este asunto me huele muy mal..¡¿No será un asunto de drogas?!
- ¡Coño! ¿Cómo lo has sabío?
- ¡Lo decía por decir algo! Osea que son drogas…Ay Dios mío…
- Los maderos me tienen mu controlao y necesito qu´otra persona me traiga el paquete ya, que me quedo sin negocio…
- ¡No me cuentes historietas! No pienso mancharme las manos con un asunto así. Es que me lo juego todo; mi trabajo, mi familia, mi reputación…Vamos, tú debes haber perdido el juicio…
- Chati, va a ser que no tienes otra elección.
- Prefiero mil veces que publiques las fotos; me dan igual, mira lo que te digo.
- Tú no sabes con quién estás hablando.
- No, perdona, el que no lo sabes eres tú…
- Esto no es un juego, chati y no, no te da igual; a mí ya no m´engañas, que nos vamos conociendo.

La última frase fue como si la escupiera, mientras me agarraba del brazo muy fuerte. Le dije que me hacía daño y él no cejó. Además, le había cambiado la cara por completo; de la sonrisa de chulo putas pasó a una cara que en serio lo digo, me dio miedo. Parecía un mafioso, un gánster o algo mucho peor; un etarra. Quise levantarme y comprobé su enorme fuerza, porque me lo impidió volviéndome a agarrar y obligándome a sentarme de nuevo. Entonces deduje que me estaba quedando sin opciones y rápidamente puse en práctica otra estrategia, una que en toda ocasión me había dado resultado con Alfredo; poniéndole un brazo sobre los hombros, practiqué mi manera más sexual de comportarme para acercar mis labios a los suyos mientras le susurraba con voz inocente e infantil “¿Y no podíamos solucionar esto de otra manera?”, pensando en que siendo cariñosa, tal vez se apiadaría de mí, pero todo lo contrario; me quitó el brazo, se alejó y puso gesto de desprecio.

- ¿Ahora sí quieres tema, chati?. Pos ya no hay tema porque el menda s´a cansao…- ( y esto lo dijo agarrándose de manera muy vulgar, el paquete). Bueno…Mira, te voy a dar una oportunidá por los buenos tiempos qu´emos pasao y porque soy buena persona; si me dices como me llamo, nos olvidamos de to y te llevas las fotos.
- ¿Qué cómo te llamas? Pues…- (tierra trágame, que se dice)- Esto…¿Jonathan?
- No tienes ni puta idea ¿Verdá?
- No, no es eso, es que estoy muy nerviosa y…¿Héctor? ¿Juan? ¿Antonio? ¿Kiko?
- No t´importo una mierda. Déjalo ya…
- ¿Manolo?
- ¡Qué lo dejes! Y venga; arreando que s´ace tarde. Durante unos días pensé que podríamos estar juntos y vivir felices . Hasta pensé en arriesgarme y hacer el trabajito yo, pa cuando tuviera el dinero poder escaparnos juntos y…
-JAJAJAJAJAJA…¿Escaparnos juntos? ¿Yo contigo? JAJAJAJAJA ¿Pero tú te has visto? No me llegas ni a la suela de los zapatos…JAJAJAJAJA, Ay que risa…

Mi carcajada no debió sentarle muy bien que digamos, porque dio un puñetazo taaaaan fuerte a la puerta del salón que se le quedó metido el puño dentro de un agujero y a mí se me cortó la risa de golpe. Que susto, Jesús. Yo era una mujer atrapada por el miedo que a partir de ese momento no era responsable de sus actos, eso debe quedar muy claro a la hora de redactar la sentencia, porque hay que ver que cara de asesino mafioso etarra se lo puso, oye.

-¡¡De mí no se ríe nadie!! ¿Te enteras?- dijo sacando el puño lleno de esquirlas y rasguños y acercándomelo a la cara. Ahí ya sí que me asusté- Toma el sobre, ahí va la dirección; cuando estés en el sitio, pregunta por Azalea. Y vete antes de qué cometa una locura..
- ¿Azalea? ¿Qué nombre es ese?
- Es una tía. Cuidadín con los maderos y te quiero aquí antes de las nueve de la noche, sino, mandaré las fotos donde haya que mandarlas. Yo tengo mis contactos y están deseosos.
-Que locura, yo no voy a ser capaz ¿Y si me para la policía?
- En eso ya he pensao, chati; eres una tía respetá, política…A ti no t´arán na, y si te paran, saca el carné del partido, que mandais mucho, y santas pascuas, pero no te van a parar, m´apuesto lo que quieras; a las tías como tú nunca las paran, ni siquiera sospechan. Además, vosotros los políticos no vais a la cárcel ¿No? Pos eso.
- Ay Dios, debo estar viviendo una pesadilla…¿Y que les digo a esos amigos tuyos?
- Ellos ya t´están esperando; y una cosa t´advierto; ni una tontería. A mí no me la juegas, yo no soy un niñato al que puedas engañar, osea que mucho cuidao con llamar a la policia. Y pa´segurarme, dame tu móvil.
-¿Para qué? Me costó un dineral y no se lo dejo ni a mi hijos que…
- ¡He dicho que me lo des o te lo quito yo!

Y eso hice sacándolo del bolso con mano temblorosa, pasmada por el trascurso de los acontecimientos. Se puso a trastearlo durante unos minutos mientras yo lo miraba, de nuevo, otra vez, paralizada.

-Bien…Te he instalao un localizadó.
-¿Un queeeé? ¿Y eso para qué sirve?
-Pa sabé donde estás en to momento, así no podrás pegármela. Si desconectas el móvil, si vas a otro sitio o si me pasara algo, ten por seguro que lo pagarías mu caro, que tengo a mis socios pendientes . Allí debes estar antes de las siete y en la mía de vuelta antes de las nueve, si es antes, mejó.
- Necesito un vaso de agua, me estoy mareando…
- Claro, claro, pero enseguidica te vas pitando, que se hace tarde…
-¿Y como voy?
- Eso ya decídelo tú, chati, que no es mi problema.

Imaginen como salí de su casa. Yo, una mujer honrada, que se ha dejado la piel y toda su vida trabajando por España, que en mi vida ejemplar había cometido un error, que la única culpabilidad que se me podía achacar era haber sido demasiado tonta y haberme dejado llevar por el deseo de venganza ante el engaño y la infidelidad de mi marido, yo, una mujer decente y respetable, envuelta en un asunto de tráfico de drogas. Tenía ganas de llorar, de gritar, de pegarle a alguien.

Mi primer pensamiento fue llamar a papachu, para acabar con todo y que le diera una buena lección al chulo putas, pero el caso es que el tipo parecía hablar en serio y de verdad que tenía más miedo que nunca en mi vida he tenido, y el miedo, ya saben, es la fuerza que mueve el mundo; ese es uno de los argumentos que más nos repiten los politólogos en los seminarios que hacemos los del partido para que lo apliquemos si es menester en los mítines y en el programa electoral y tengo que darles la razón; siempre nos ha dado resultado.

Desde luego a mí el miedo me estaba moviendo, vaya si me estaba me moviendo; en tembleques que me iban y venían. Algo tenía claro; si papachu veía esas fotos, no sólo no me ayudaría, sino que me desheredaría y quién sabe, tal vez hasta me repudiaría. Todo eso y más acabaron por provocarme lo que ya me avisaba el estómago; una vomitona en el portal del edificio que superó todos los records posibles; vamos, el charquerío que monté fue alucinante. Increíblemente, fui capaz de mantener el equilibrio y la pericia para no salpicarme ni con una gota los zapatos, que me los había hecho un zapatero italiano a medida y valían lo que no está escrito. Justo en ese momento entraba una mujer anciana y encima, mientras que vomitaba, tuve que aguantar que me gritara “¡¡ Qué harta estoy de los yonkis y de los borrachos!! ”

Me pude recomponer, sí, porque a fortaleza a mi familia no nos gana nadie y despues de todo, ya empezaba a acostumbrarme a eso de vomitar a discreción sin quererlo, porque queriendo ya hubo una época en que sí, lo reconozco, sí que lo hice. Todo por culpa de Mari Ilu, que pese a sus embarazos continuados y sus maneras de comer como una muerta de hambre, mantenía un tipito que era la envidia de todas las amigas. Yo se lo decía, halagándola, no como ella, que siempre que ha podido me ha criticado, me ha humillado y me ha puesto verde a mis espaldas diciendo que si estaba echando lorzas, que si donde iba yo con esa barriga a ponerme vestidos ajustados y otras cosas de ese estilo navajero tan suyo. Un día le pregunté por el truco y me soltó: “Ay hija, pareces tonta; yo lo que hago es vomitar un poquito después de cada comida y cada cena, mantengo el vientre plano y no sabes lo que me ahorro en cirugías y liposucciones, y encima te libras de los postoperatorios, que no hay quien los aguante. Además, a los hombres, bien lo sé, no les gustan las mujeres que no comen porque creen que luego no son buenas en la cama, así que engullo igual que una descosida y luego hago una visitilla al baño; sólo necesitas dos dedos. Los primeros días cuesta un poquito, pero te acostumbras en un periquete”
Y eso hice, y la verdad, Mari Ilu, por una vez, tenía razón; no costaba nada, no tenía que privarme de nada, durante años mi peso fue la envidia de muchas en el hemiciclo y el morbo de muchos de los diputados, haciéndome respetar políticamente. Y es que a una mujer política se nos exige el doble de trabajo, el doble de honestidad y encima debemos ir siempre guapísimas y mantener el tipo, por eso me hace gracia cuando las feministas, esas marimachos totalitarias peludas, me critican y dicen que voy contra las mujeres…¿Sabrán ellas lo que de verdad es sufrir por ser mujer si nunca han tenido una pizca de feminidad en sus venas? A las feminazis las ponía yo un día con mi vida, para que vieran lo que son los sacrificios; vamos, me las imagino depilándose el bigote y las piernas, con lo aficionadas que son a ir con todo el vello a la vista, y me da la risa.
Todo fue bien hasta que un día me desmayé en pleno hemiciclo. Cuando el doctor Ruiz, amigo de papachu desde que eran niños, me reconoció y descubrió las magulladuras en mi garganta y en mi paladar. Entonces me amenazó con que o cambiaba de hábitos o tendría que avisar a mi marido y recomendarle que me ingresara en una clínica ; los pelos de punta se me pusieron sólo de pensar en el escándalo y en el qué dirán . A partir de ahí dejé los vómitos, pero claro, después de tantos años haciéndolo voluntariamente, como para quitarle a mi estómago la manía de arrojar. Sí; aquella vez tuve miedo, pero en este ocasión era más, mucho más y por eso hice lo que hice, claro, eso me exime de cualquier responsabilidad; estaba enajenada.

Recompuesta y respirando, esperé que llegara el taxi que había llamado y cuál sería mi sorpresa, cuando le leí la dirección y el taxista comentó , con toda la impertinencia ” ¿Cómo viene una señora como usted al culo del mundo de visita? Y ahora vamos a la milla de oro…Yo es que lo flipo”
Le grité que dejara de flipar y que se metiera en sus asuntos y ya todo el viaje fui mirando de reojo el bolso donde guardaba el sobre, sintiendo como si los minutos se me clavaran en el corazón. Aquellos momentos de viaje hasta la calle más cara de la ciudad los recuerdo en una neblina. También cuando subí en el ascensor hasta el sexto piso, hasta que llegué a la puerta y entonces fue como si me hubiera caído de una avión, tomando tierra con las narices. En la puerta había una placa en la que se podía leer:

AZALEA
Chicas de compañía

LAMPREA FARRA; LAS CONFESIONES DE UNA DIPUTADA RUBIA (6)

CAPÍTULO 1: UNA SORPRESA INESPERADA
CAPÍTULO 2: GRANDE ES LA VENGANZA
CAPÍTULO 3: LIBRE DE ATADURAS
CAPÍTULO 4: CARA A CARA CON UNA NUEVA VIDA
CAPÍTULO 5: AL FIN DEL MUNDO YO FUI

CAPÍTULO 6: SOL QUE YA NO BRILLA

- Hola chati…
- ¿¿¿Por qué me llamas otra vez??? ¿No quedamos en que ya no nos veríamos, ni me llamarías ni hablaríamos nunca más en la vida?
- Yo no quedé en na, chati, que fuistes tú la que dijistes to eso mientras te vestías…
-¿Qué es lo que quieres ahora?
- Es que como el otro día la cosa se lió, jejejeje, se me olvidó preguntarte algo…
- A ver ¿Qué pregunta es esa?
- Pos… ¿Qué hago con las fotos?
-¿Qué fotos?
-Las que nos hicimos
-¿Cuando?
- La noche en que nos conocimos
-¿Donde? ¿En la discoteca?
- No que va…En mi casa…
- ¿Cómo que en tu casa?
- Va a ser verdá que no recuerdas na, jejeje…Qué pena, con lo bien que lo pasamos…
- ¿Quieres ir al grano de una puñetera vez?
- M´encanta cuando te´nfadas, jejeje…Hummmmm, que morbo…
- Pufffff
- Vale, vale, déjame que te lo cuente, que fuistes tú la que te empeñastes en que nos hiciéramos fotos, y como no llevabas el móvil con la cámara, las hicimos con la mía que es bien chachi y que me la vendió el Roberto a mu buen precio y…
- Bueno ¿Y qué? ¿Que les pasa a las fotos?
- Chati pos imagina…Estamos haciendo de to y son mu guarras,jejeje…
-¿¿¿¿ Cómo???? Eso es imposible.
- Pos aquí mismo tengo la cámara delante y ahora estoy viendo una en la que me la chupas en primer plano y con tos los detalles, y menuda cara de gusto tienes, jodía. En esta otra se te ve metiéndote una raya.
- ¿Metiéndome qué?
- Una raya, chati, una raya de farlopa, de coca… ¿O tampoco sabes lo que es? Anda mira, en esta estamos follando apoyaos en la pared jejeje, aunque se ve torcía se nota perfectamente que somos nosotros,jejeje…
– Madredelamorhermoso…¡¡Esto no puede ser verdad!!
- Tan verdá como que las estoy viendo ahora mismamente, te lo juro por mi madre que era lo que más quería y está enterrá…Anda, mira esta en la que se ve que tú…
- ¡Basta! No puedo más…Bueno, dime… ¿Y ahora qué quieres? ¿Dinero?
- ¿Dinero yo, chati? ¿Pero por quién m´as tomao?
- Por algo me habrás llamado entonces ¿No? ¿O sólo era para saludarme y que veamos las fotos juntos?
- Ay chati, no aprendes y vuelves a tratarme mal, mu mal…Pos ya m´e cansao y esta vez te lo voy a poner más difícil si quieres las fotos…
-No me puedo creer que esto me esté pasando a mi…
- Te espero mañana a las cinco en mi casa.
-¿Otra vez? Esto no me puede estar pasando a mí…
- Sí t´está pasando, sí, jejeje pero en esta ocasión no te voy a dar en el gusto…Esta vez vas a tener que hacerme un favor muy gordo.
- ¡Pero si mañana estoy invitada a una inauguración y no puedo faltar!
- Ese no es mi problema, chati; vente con tiempo y anula lo que tengas porque lo vas a necesitar…
- Pero…

Y colgó. Hasta esa llamada, con todo lo ocurrido había sentido que más o menos las cosas estaban bajo control y en mi mano la posibilidad de solucionarlas, pero aquello era un punto de no retorno. El vientre me iba a mandar a la tumba de lo que me dolía, y las nauseas me estaban impidiendo respirar de una manera normal. La historia de las fotos podía ser mentira, pero hasta ahora, todo lo dicho por el chuleta macarra había sido verdad, así que me aterroricé entera .

¿Pero qué me había pasado esa noche maldita? ¿Cómo era posible perder tanto la compostura y la cabeza? Estaba claro que después del último tropiezo, Dios ya no estaba conmigo; si hasta yo me odiaba, cómo no me habría de odiar él. Y me puse histérica. Mucho. Necesitaba beber algo. Recordé entonces que la asistenta aún estaba en casa, y yo pegando gritos al teléfono con semejante conversación. Me levanté corriendo del sofá y fui a buscarla. Estaba en la cocina limpiando los platos. No es que estuvieran sucios, pero me gustaba que todos los días los cogiera de la platera y los limpiara, para que no hubiera en ellos ni una motita de polvo, que una vajilla con filo de oro no puede dejarse descuidada. Yo es que he sido muy limpia siempre.

- ¿Has estado escuchando la conversación? ¿Dime? ¿Qué has escuchao?- la zarandeé con todas mis fuerzas.
- Se…se…ño…ra…No sé….de qué…me habla…
- ¡No mientas!
- Señora por…favor…No sé a qué conversación…se refiere- ahí ya la solté.
- Una cosa te digo; por tu bien que sea cierto, porque como hayas escuchado y se te vaya la boca, juro que te mato y te mando a tu país de mierda de una patada en el culo.

Y así volví al salón mientras la asistenta lloraba desconsolada, la muy blandengue. A ver cuánto tiempo tardaba en darle puerta, que ya me tenía harta. Nunca he tenido suerte con las asistentas, la verdad, y eso que ya he tenido..¿Doce? ¿Trece? Ay no sé, he perdido la cuenta, y como casi todas han sido sudamericanas y se parecen tanto, pues me lío. Yo no sabía que lo de conseguir una buena asistenta era taaaaan difícil hasta que me casé. En casa de mis padres nos cuidaba Antonia, que era una andaluza muy graciosa y que como todas las andaluzas sólo servía para ser asistenta, eso es algo que todo el mundo sabe. Antonia, pese a ser andaluza, era muy trabajadora y el día le cundía muchísimo; no sé la de platos que hacía, lo que limpiaba y encima la atención que nos dedicaba a la niñas de la casa, porque ya de pequeñas mamachu empezó con la tontería esa de las depresiones y apenas nos dedicaba tiempo. Pero las sudamericanas son terribles, yo no sé para que las dejamos entrar al país si luego no saben hacer nada para lo que se supone que están aquí. Sinceramente, con mi experiencia, que es mucha, bien puedo decir que la gente de aquellas tierras es un poco cortita; es que no se enteran de nada ni aunque les hables a gritos, que parece que muchas veces es la única manera que tienen de enterarse. Además, son lentas, muy lentas, que parece que les fallara la batería. Con tantas asistentas que habían pasado por la casa, normal que me fuera taaaan difícil acordarme de sus nombres, de esta última especialmente. Pero bueno, a cierta edad la memoria hay que guardarla para los asuntos importantes, no ocuparla en tonterías, eso ha dicho siempre papachu y como es habitual, tiene razón.
No piensen que el cambio de asistenta me salía gratis, que va, que cada vez que echaba a una calle me gastaba un pastizal cambiando las cerraduras. Y es que ya me dirán, como para fiarse de ellas, que cualquiera sabe si no habrían sacado copia de la llave o algo peor. Lo que no saben ellas es que yo soy más lista y voy diez pasos por delante. Es como lo de hacerles contrato ¿Donde se ha visto? ¿Encima quieren contrato? ¿Y qué vendrá después, el caviar y el champán? Cortitas, lo que se dice cortitas. Y no sólo por la estatura. Je. Este chiste era bueno, no dirán que no.

Antes de volver al salón, pasé por la bodega y cogí otra botella de vino, que en los últimos tiempos caía una por noche. Algo bueno me había dejado Alfredo, tengo que reconocerlo. Ay si pudiera llamar al padre Anselmo y contarle mis penas, lo culpable que me sentía para acto seguido confesarme y que me diera la absolución, que la sensación de pecado y suciedad no me la quitaba nadie. Con ir a una iglesia y rezar mostrando mi profundo arrepentimiento ante Dios me habría valido, pero mi parroquia era San Lorenzo, la del padre Anselmo, y en cualquier otra me sentía extraña y no era lo mismo, así que claro, si iba a San Lorenzo y el padre Anselmo me pillaba allí sin hablar con él, sospecharía, yo tendría que confesar, las cosas se pondrían mucho más difíciles y mi vergüenza sería mayor.

Mari Ilu me llamaba todos los días para ver como estaba ( aunque yo creo que lo hacía más bien para recrearse ) y esa misma mañana me había recordado la inauguración de la exposición de obras de arte dedicadas a la Virgen María, pintados por un grupo de amigas de la parroquia y simpatizantes del partido; era una manera de mostrar nuestra repulsa a la deriva amoral y sin valores de esta sociedad nuestra cada vez más salvajemente laicista, que es una de las cosas que más preocupa entre los que somos de buena fé. Cuando estaban montando la exposición fui a ver algunos de aquello lienzos y eran un horror infumable de vergüenza ajena, todo sea dicho, pero la fe de aquellas mujeres era mucha, sobre todo la fé en que venderían algo. Total; al día siguiente tenía un lío bien gordo porque la exposición era una cita a la que no podía faltar de ningún modo y ahora me surgía esto. Iban a estar la mayoría de mujeres del partido, y cuando digo mujeres me refiero a esposas de; políticas iríamos unas cuantas, pero esposas de, la mayoría, y yo sé perfectamente que si quiero continuar con mi carrera ascendente política no sólo he de llevarme bien con mis compañeros diputados, sino también ( y sobre todo) he de ganarme a sus esposas , que muchas veces tienen más poder que si ellas mismas fueran diputadas, porque una lengua suelta y afilada es casi un arma de destrucción masiva. Una falda demasiado corta, un escándalo demasiado vergonzoso y esas mujeres se encargarían de acabar conmigo utilizando a sus maridos. Y luego dicen que las mujeres no mandamos nada en pleno siglo XXI.

Una pregunta me retumbaba una y mil veces en la cabeza ¿Pero qué había hecho yo para merecer semejante cúmulo de infortunios? Toda mi vida siendo firme, recta, buena y cumplidora católica, gran madre y mejor esposa para acabar en semejante desbarajuste.
Nadie se imagina lo duro que se me hacía no poder contarle nada a papachu, con lo bien que se había portado en los últimos días, encargándose de todo, dándome cariñitos y mimos, mandándome flores y bombones al despacho, poniendo a mi disposición lo que quisiera, llamándome cada poco, ofrenciéndome su yate, la casa en Canarias, la suite de su hotel en Ibiza para olvidarme de todo, pero yo no quería huir, quería estar cerca para ver como acababa y machacaba a Alfredo y disfrutar de su humillación y bueno, con el berenjenal que tenía encima, como para irme estaba yo. Ay si todos los hombres fueran como papachu, el mundo sería muy distinto, y desde luego, un lugar mil veces mejor.

Si todas estas desgracias que cuento eran pocas, dos días antes había tenido una más, taaaan fuerte que hasta me da vergüenza contarlo. A ver; la nueva desgracia la descubrí al levantarme de la cama despues de una nueva noche de inquietudes, una desgracia bien grande y manchando las sábanas… Y es que…Sangraba…Sangraba por ahí…Creo que se me entiende ¿No? Normal si tenemos en cuenta el calibre de lo que me había metido la noche antes. Que locura, Dios mío; me lo tenía merecido.Otro callejón sin salida porque claro, a ver como se lo contaba al doctor De Pablos, mi ginecólogo amigo de papachu de toda la vida, sin entrar en detalles, que sólo faltaba que fuera con el cuento a papachu y para qué quería mas. Así que pensé en ir a la seguridad social, que nada más pensarlo me ponía aún más mala y se me cortaba la respiración.

Pedir cita, estar en una sala de espera mezclada con la chusma, tener que dar explicaciones a un ginecólogo que no me conocía de nada, acostarme en una camilla donde se había acostado vaya usted a saber quién…Todo eso era lo que imaginaba en mis peores pesadillas y oye, no me equivoqué ni una pizca. Que mal rato, por Dios, que mal rato. El colmo de la humillación, la vergüenza más horrenda vino en la conversación que tuvimos con el diagnóstico.

- ¿Ha tenido usted hijos?
- Dos.
- ¿Por cesárea?
- Sí
- Bueno…Eso encajaría en mi teoría.
-¿Qué teoría?
- Bueno…Realmente, lo que parece es que…Acaba de perder usted la virginidad…
- Venga ya. Llevo casada casi quince años .
- Perdone que le pregunte, pero…¿Como han sido sus relaciones sexuales hasta ahora?
- Pues normales. Como deben ser.
- Verá; lo pregunto porque el himen aparece recientemente roto. Casi podría asegurar que desde hace muy pocos días. Se diría que las de antes fueron relaciones no del todo consumadas y…
- Eso que me cuenta es una locura, un disparate, y si así fuera, no me hubiera podido quedar embarazada.
- Bueno…Es una caso excepcional pero puede ocurrir, más de lo que mucha gente se piensa.
-¿Dos veces?
- A ver…Entienda lo que le digo y no se lo tome a mal. Si el miembro de su marido es pequeño, pues…
-¿Como qué pequeño?
-Un micropene
-¿Pero cómo se atreve?
-Señora, estoy intentando ayudar…
-Pues cualquiera lo diría. Me dan ganas de demandarle por su atrevimiento.
-El examen vaginal no miente, señora…También diría que lo que ha causado el desgarro ha sido un cambio de pareja sexual.
-¿Pero como se atreve a dudar de mi honestidad y de mi fidelidad? Estoy indignda y esto no va a quedar así ¡¡Usted no sabe con quién está hablando!!

Me levanté ofendidísima; ahora iba a resultar que yo era como la Virgen María. Vamos, vamos.
La guinda fue cuando aquel medicucho de la seguridad social, despues de recetarme una crema cicatrizante, cuando ya me iba, me dijo con todo el descaro, como si hubiera confianza :”Debe procurar ser cuidadosa en las relaciones sexuales, porque está bien ser apasionada, pero hasta cierto punto.”. Ahí ya arrugué la receta y se la tiré a la cara, pensando “¿A que me vuelvo y le doy una torta?”.
No me volví pero salí dando un portazo, escandalizada ante el trato recibido y con un sofoco que días despues, nada más pensarlo, hacía que me llevaran los demonios. Por supuesto que lo habría denunciado, pero entonces mi intención de mantener todas mis peripecias en el más absoluto de los secretos se habrían ido al garete y no era plan.

Si es que de la seguridad social no puede salir nada bueno. Yo no sé para que mantenemos un servicio que no sirve para nada excepto para desperdiciar el dinero y para que vengan inmigrantes a aprovecharse. Unos padres que de verdad quieren y se preocupan por sus hijos, tienen un seguro privado, vamos digo yo, porque demuestran que para ellos la salud de sus criaturas es lo primero, sin importarles el dinero, aunque vamos ¿Quién no se puede permitir un seguro como Dios manda? Solo la gente muy irresponsable.

En otro orden de cosas, del partido me llamaban para esto o aquello, porque claro, mi labor es importante y hay cosas que sin mí no saben hacer de taaaan imprescindible que me he hecho a base de trabajo duro, pero yo no estaba para nada y tuve que llamar a Mariano directamente, sin intermediarios, que para eso hay confianza y me coge el teléfono a la primera, a ver quién puede decir eso en el partido. Ya dice papachu que se ve a la legua que confia en mí y que en un futuro cercano no sería extraño, gracias a la gran labor que realizo, acabara concedièndome una secretaría o incluso un ministerio. Le pedí por favor que me descargara de tareas, que me dejara al menos un mes de descanso y tranquilidad y ahí ya sí le expliqué mi situación después de lo que me encontré en su despacho, con la separación y eso ( de lo otro ni pío, que no soy taaaan tonta). Él no daba crédito y no podía creer que Alfredo me hubiera hecho lo que me hizo. “Lo que me extraña es el olor tan apestoso que había en mi despacho, como a vómito”, me dijo. Y ahí ya, me callé la boca.

LAMPREA FARRA; LAS CONFESIONES DE UNA DIPUTADA RUBIA (5)

CAPÍTULO 1: UNA SORPRESA INESPERADA
CAPÍTULO 2: GRANDE ES LA VENGANZA
CAPÍTULO 3: LIBRE DE ATADURAS
CAPÍTULO 4: CARA A CARA CON UNA NUEVA VIDA

CAPÍTULO 5: AL FIN DEL MUNDO YO FUI

- ¿Donde podemos encontrarnos para que me devuelva la cartera?
- Joé chati, ya ni saludas…
- Por favor no vuelva usted a llamarme chati..
- Pos el sábado bien que te molaba, jejeje…Y no me llames de usté, chati, que hay confianza…De sobra, jejeje…
- ¿Podemos quedar en algún sitio neutral? No sé, en una plaza un parque o algo parecido…
- Jejeje…A ver chati, quien algo quiere algo le cuesta, y si quieres la cartera, tendrás que venir a mi casa, que ya sabes donde vivo, jejeje…
- Ni loca.

Y entonces me colgó él. Tomé aire. Me tranquilicé. Volví a marcar.

- Esta bién, iré ¿Cuándo podría ser?
- Cuando quieras…Yo estoy libre toa la semana y más pa ti, chati, jejejeje..
- Que no me llame chati… ¿Mañana por la tarde a eso de las 8?
- Perrrrfecto. Ahora te mando la dire en un mensajito, no vay´a ser que te pierdas.
- Espero no encontrarme ninguna sorpresa…
-¿Pero qué sorpresa te vas a encontrar, chati, si de mí ya lo conoces to? jejejeje

Ahora fui yo la que colgué, sentándome en la butaca destrozada, apabullada y sobrepasada, como si hubiera corrido una maratón. Pese a ser durísimo, todo lo demás lo estaba llevando más o menos, pero aquella historieta del poligonero chantajista me sacaba de mis casillas. El error de salir, emborracharme y perder la conciencia y la compostura lo iba a pagar muy caro, visto lo visto. Menos mal que no se lo había contando a nadie, ni siquiera al padre Anselmo, porque…¿Qué hubiera pensado de mí? Con la imagen taaaaan impoluta que se había hecho de mi persona, no quería defraudarlo. Además, a un confesor se le cuentan los pecados y eso no era pecado; era un desliz; uno muy grande pero desliz al fin y al cabo y por causas totalmente ajenas a mi voluntad. Y bien que lo estaba pagando con la mayor de las penitencias.
Lo que peor llevaba era tener que regresar a ese barrio que parecía la propia sede del infierno. En la casa del macarra de mala muerte me fijé poco, porque cuando desperté y me vi desnuda ( que Dios me perdone) al lado de ese ser que espatarragado y con el aparato al aire roncaba a mi lado, me dio tal vahído que creí morir, y sí, otra vez el estómago se me puso de vuelta y media. En realidad, si he de ser sincera, en lo único que me fijé de toda la casa fue en eso, en su aparato, una cosa oscura de tamaño monstruoso y descomunal. Yo nunca había visto algo parecido, de verdad, no creo que exista algo parecido en el mundo, y eso que estaba en estado durmiente. Que supershock.

A lo que iba, cuando me desperté por la mañana, el agobio y la desesperación fueron taaaaan grandes que salí corriendo sin más palabra, cogiendo mis pertenencias y huyendo a la desesperada. Estaba visto que con las prisas, olvidé la cartera. Bueno, no era por la mañana, que como trasnochamos mucho, dormí hasta las seis de la tarde… ¿Se podrán creer que nunca había hecho algo parecido? Ni en una Nochevieja, ni el día de mi boda, ni siquiera con la victoria del grandísimo José Mari en el 93…).
El barrio de marras estaba a las afueras, que por suerte las ciudades son como un organismo y tienen sabiduría para echar los detritus fuera y mandan al extrarradio todo aquello que ensucia, contamina o pudre. El ascensor del edificio ni funcionaba, y tuve que bajar cinco pisos, que se dice pronto, andando. Yo nunca había bajado tantos pisos por mi propio pie, la verdad. Pero lo peor vino en la calle, que parecía la ONU pero en apestoso y sucio…Negros, moros, sudacas. Incluso me pareció ver a más de una familia gitana. Todos en la calle, de cháchara, sin nada que hacer y seguro que tomando drogas. Que fuera Domingo no es una cuestión a tener en cuenta, porque en Domingo se reúne a toda la familia por ser el día del señor, vamos, digo yo, y no para estar en la calle. Así se ha hecho de toda la vida en España, pero viene esta escoria que ni en sus propios países la quieren y tenemos que aguantarla aquí, sin pagar impuesto y aprovechándose de que los españoles somos tan buenos que nos pasamos a tontos. Como yo, mismamente. Usan nuestros colegios, nuestros hospitales, lo manchan y lo ensucian todo, y encima ni se les exige que profesen nuestra religión, ni que hablen nuestro idioma, ni que cumplan nuestras leyes. Al contrario; se les ayuda y se les dan becas, que es el colmo. Un cachondeo y un asco, como lo digo lo pienso.
Un niño negrito muy mono (porque parecía un chimpancé), al verme salir, se acercó hacia mí, seguro que a pedirme dinero, pero yo no le di esa oportunidad y eché a correr como si hubiera visto al mismo diablo, que no sé de qué color será, pero seguro que de uno oscuro. Y mira que estaba hecha polvo, pero corrí, vaya si corrí. Las mandíbulas me crujían, los muslos me dolían en cada zancada, la cabeza me iba a estallar del resacón , pero corrí como nunca he hecho buscando una parada de taxi, porque el móvil, diantres, me lo había dejado en el taxi. Por supuesto, a aquel sitio que parecía la jungla por muchas más cosas aparte de las tribus, no había llegado la civilización, así que mucho menos una parada de taxis. Los loubotin, a esas alturas, me estaban matando.
No sé cuanto caminé en kilómetros, pero el rato se me hizo eterno y por eso quizás no tuve tiempo de rebobinar lo ocurrido esa noche. Después de andar por una gran avenida minutos enteros, encontré a una mujer que parecía decente y española. Al preguntarle por un taxi casi se me ríe en la cara y me soltó que bastante suerte tenía si el autobús de línea pasaba en Domingo. Me puede llevar usted, tengo dinero, le daré el que quiera, le dije desesperada, y ella me miró como si hubiera visto a un marciano y siguió su camino, dejándome mientras yo rebuscaba en el bolso; ahí fue donde me pensé que me habían quitado la cartera. Vamos, lo que me faltaba. Me lo tenía merecido por ir a sitios donde va gentuza que sólo saben hacer una cosa bien; robar.

Aquel barrio debía estar como a tres horas del mío a pie como poco y no estaba dispuesta. Acercándome a un parque lleno de familias que observaban a sus hijos en los columpios,saqué fuerzas de lo más adentro, porque en mi familia no nos achantamos ante nada y en los momentos más duros es donde destacamos y sacamos a relucir nuestro orgullo y nuestra raza, que es lo que siempre dice papachu.
Con la cabeza bien alta…Me puse a pedir dinero…¡¡Ay!! Fue taaaan humillante…Qué momento, Madredelamorhermoso, que momento; sé que Dios nos pone pruebas para que demostremos nuestra fe pero aquello ya era demasiado. Ay si me hubiera visto Mari Ilu, lo que me habría llamado, lo que me habría avergonzado. Aquello sí que era un supershock…¡¡De los gordos!! No crean que la gente me lo daba así como así, que me costó más de media hora sacar cinco euros para el autobús. Incluso llegué a escuchar a dos vegestorios en un banco decir “¿De donde vendrá esa puta que va hecha una marrana? ¿No le dará vergüenza pasearse así delante de los niños?” . Las hubiera matado. Juro que las hubiera matado si no hubiera sido porque aún me quedaba un euro por recaudar cinco, que creía que era lo que podría valer un billete.


He de decir que era la primera vez en mi vida que montaba en autobús de línea y la experiencia fue horrible, indescriptible… ¿Cómo puede la gente montar en un vehículo así ? Es incomodísimo, lentísimo, da millones de vueltas y huele mal. Lo peor es cuando empieza a subir más y más gente y se llena a reventar y se rozan unos con otros, y hay gente de todas las raleas y aquello huele que apesta. En fin…Si Jesucristo tuvo su calvario, aquel fin de semana, yo estaba teniendo el mío, estaba claro, pero mi cruz la llevaba montada en un autobús de línea.

Por lo visto, el calvario no había acabado y así me sentía en el despacho, después de la llamada, pensando en que debía regresar a aquel barrio y volver a ver a aquel tipo, con los pelos de punta y el estómago bailando una jota aragonesa. Y además tenía que hacerlo sola. Por supuestísimo que no le diría nada a papachu, eran demasiadas explicaciones y tendría que haber inventado una historia con taaaantos detalles que seguro que me pillaba en la mentira. Me puse a repasar y la verdad es que no tenía a nadie en el mundo de confianza que me acompañara en semejante trago. Sin papachu no soy nadie y ojo, que no creo que sea nada malo; hay tantos que no tienen ni eso, además, mi relación con papachu, llena de sinceridad y entendimiento, vale como si tuviera un millón de amigos. Así que tuve que sacar, otra vez, la casta de mi familia, de taaaantas generaciones que habían salido adelante y echarle valor, siempre con la cabeza muy alta. Había que planificarlo todo muy bien para acabar con tal absurda situación de una vez por todas.

Mis planes fueron los siguientes:
Compré un spray de defensa personal y una porra extensible de bolsillo, cogí la chequera y la escondí en el doble forro del Louis Voitton, me vestí con tejanos, gorra de beisbol, unas gafas de sol muy grandes, me recogí la melena rubia y eso, ¡Ay! fue lo que más me costó; odio llevar recogido el pelo, lo odio profundamente…Si me gasto el pastizal que me gasto en mascarillas, tratamientos y tintes importados es por algo, vamos, digo yo . También me preparé mis zapatillas de deporte; todo para buscar la sencillez y la comodidad aparentando ser de clase baja, por si tenía que emprender de nuevo la carrera. Las zapatillas eran diseño exclusivo de Emporio Armani y son el único regalo potable de mi hermana Fufi en toda nuestra vida de hermanas; las pobres están supernuevas de no usarlas, pero es que a mí todo lo que sea físico me puede, que yo soy más de trabajo intelectual. Como llevaban lentejuelas, pensé que serían lo más adecuado para pasar inadvertida en un barrio taaaan étnico y conflictivo, por no llamarlo lolailo, directamente.

Busqué a un taxista de confianza al que le expliqué trescientas veces como sería el servicio, que tendría que esperarme al menos una hora y que si no volvía, debía llamar a la policía. Y es que no iba a dejar que mi chofer y el coche oficial cruzaran ese barrio ni loca; sólo faltaba que alguien tomara nota de la matrícula o nos hiciera una foto. Quita, quita. Además, con Alfonso, mi chófer, no me llevaba pero nada bien, y no será que no había pedido que me lo cambiaran un montón de veces, pero oye, para estos temas se nota que no pinto nada en el partido. Nunca tienen en cuenta mis quejas, nunca. Parece que no valoran mi trabajo, mis sacrificios, los años sirviendo a un ideal común…Es que me pongo negra. Alfredo una vez llegó a decirme que parecía una niña caprichosa exigiendo que trasladaran al chófer…¿Es para darle de tortas o no es para darle de tortas? Como si yo no tuviera razones.

Empezamos mal, rematadamente mal cuando el primer día en que me llevó al congreso, no se bajó a abrirme la puerta ¿Y para qué pensaba él que estaba cobrando dinero de los impuestos de los españoles? Vamos, la broncaza que le monté. A la semana debió pensar que ya había confianza y se atrevió a llamarme de tú, como si yo fuera una de sus amiguitas pilinguis. Pues nada, otra bronca; debía pensar que yo, por ser mujer, rubia y del Pp, era tonta y que me podía pisotear cuando quisiera. Je. No sabía con quién estaba trabajando. Después de eso, ya nunca me habla a no ser que sea con monosílabos. Conduce con el gesto fruncido y juraría que busca los atascos premeditadamente para hacerme perder tiempo y quedar mal. Encima ahora debo ir con mucho cuidado con las conversaciones telefónicas porque creo que me espía. Las ganas que tengo de perderlo de vista no lo sabe nadie.

Por la noche no dormí; tuve malos augurios y di tantísimas vueltas en la cama que acabé haciéndome un nudo con las sábanas. Recé y recé porque Dios me protegiera ante lo que me podía venir y noté que me escuchaba y me daba paz. No entiendo como hay gente que puede dudar de su existencia, pero sí entiendo que suelen ser personas incapaces de hablar con él o que nunca han visto sus prodigios; llevan vidas de pecado y luego pretenden que Dios los salve, como si Dios no estuviese en todos sitios y pudiese ver lo malo que hacen. Podría decir que mi inquietud era debida a que echaba de menos a Alfredo pero mentiría, porque me di cuenta de que nuestra vida en los últimos años había sido tan distante, y que esa noche era una noche más en la distancia, pero ahora a kilómetros reales. Lo que sí me quitaba el sueño era el resquemor de la humillación, recordarlo a cuatro patas y sin gomita, con la de años que estuvimos practicando la marcha atrás sin plantearnos lo de la gomita…Durante días estuve asustada, pensando en que a ver si me pegaba alguna enfermedad sexual de esas, Dios me libre, pero al hacer cuentas calculé que hacía casi un año que Alfredo y yo no hacíamos nada, así que era difícil. En cualquier caso: qué asco, que traición y que mal tenía el estómago aún.
Esa noche me dio tiempo a repasar las últimas llamadas de teléfono; conforme se fueron enterando mis conocidos de lo ocurrido, fui recibiendo llamadas. Primero Mari Ilu, que yo no sé quién se lo diría, pero vaya, tenía buenos contactos que la informaban de mi vida a velocidades de vértigo. Es curioso; de la media hora que estuvimos hablando por el móvil, yo apenas pude decir ” Estoy bien….Relativamente…” después de que me preguntara que cómo estaba. El resto se lo pasó contándome las reformas que quería hacer en su boutique; la sensibilidad de Mari Ilu para los problemas ajenos siempre me ha dejado estupefacta.
También llamó mamachu y creo que iba un poquitín entonada de alcohol porque apenas la entendí nada, y eso que era antes de las doce del mediodía, así que colgué pronto y chimpún. De todas maneras, en el fondo no creo que mamachu lo sintiera, porque hace años que no siente nada aparte de su dolor, que pareciera que la única en el mundo que sufre es ella.
Los compañeros de partido todavía no conocían la cuestión y eso que me ganaba, porque sabía que una mujer separada no era la mejor opción para mis votantes, creyentes y seguidores de lo que dicta la santa madre iglesia; ya pensaría en algo para evitar esa mala imagen, pero todavía no era el momento. Ir a la sede y aguantar caras de pena y preguntas cotillas como si se tratara de un funeral era lo que menos me apetecía en el mundo, así que yo tampoco dije nada, aunque después de escuchar a Alfredo con el megáfono, es posible que ya se estuvieran sospechando algo.

Ya el día siguiente los minutos fueron eternos. Que día más largo, por favor, no se acababa nunca. Esa semana había estado en un par de actos del partido y en un par de mítines. Todo realmente taaaaan agotador que hasta acabé sudando. Por la mañana fuimos al mercado para repartir folletos y flores en plena precampaña, que luego dirán que los políticos no trabajamos, pero a mí, con la alergia que le tengo a las multitudes, a que me toquen y a confraternizar con desconocidos, me supuso un sacrificio enorme y como siempre, esos gestos no se valoran por la ciudadanía ni por los medios, pero bueno, los políticos honrados y de buena fe sabemos que va en el cargo. Una mujer, que por el color de su piel parecía de otro país, hasta llegó a ponerme a su bebé en brazos y tuve que hacerme una foto; créanme si les digo que mantener la compostura en un momento así fue un sacrificio durísimo. La cuestión es que viendo mis fotos en los periódicos, cualquiera lo diría; salgo con una sonrisa espectacular; si es que Dios aprieta pero no ahoga…

Llegaron las ocho de la tarde en la puerta del edificio de aquel barrio nauseabundo que más recordaba a Sodoma que a otra cosa. Le volví a recordar al taxista todas las precauciones despacito y punto por punto, porque esta gente que tiene trabajos así suele tener pocas luces y no se enteran; anda que si se enteraran iban a trabajar en cosas tan cutres como estar sentado en un taxi. O subido a un andamio. O detrás de una caja registradora. O fregando escaleras. Como yo digo; al final Dios es sabio y coloca a cada uno en su sitio. Bueno, sigo que me lío; bajé digna, con la cabeza alta porque no tenía nada de lo que avergonzarme y toqué el telefonillo, que, increíblemente, funcionaba.
“Hoooola chati, sube que te abro, jejeje…”, me dijo. Ay si el macarra no hubiera tenido la sartén por el mango, se hubiera enterado. A cada “chati”, toma hostia! Uy, perdón por la palabrota, pero era tanta la humillación, tanta la insidia que sacaba lo peor de mí, y yo que soy de ninguna palabrota, como bien me enseñaron las monjitas a base de lavar la boca con jabón (literalmente, aunque yo nunca me vi en esa tesitura, que ya venía educada desde casa). Imaginen en qué estado me hallaba para pensar en esos términos. Volví a subir los cinco pisos que hacía unos días había bajado en tan horrible día (porque por supuesto el ascensor seguía sin funcionar) pegándome a las paredes por el miedo de encontrarme en la escalera a un violador, un atracador o algo peor que ni siquiera quería imaginarme. Volví a sudar como una burra hasta llegar a la puerta del macarra, el 5D, pero mira, algo tuvo de bueno, porque tantos peldaños y tanto esfuerzo me quitaron el nerviosismo en un santiamén. Respiré hondo. Una vez. Dos veces. Hasta tres, tal como me había enseñado Mari Ilu después de hacer un curso de yoga, que como siempre, abandonó a la primera de cambio.
Un timbrazo y me abrió, debía estar esperando tras la puerta y la verdad, me llevé una sorpresa morrocotuda, principalmente porque había olvidado su cara, y la cara que tenía enfrente no era la que yo había estado recordando esos días. Lo que se dice un supershock.
A ver como lo explico; me recibió descalzo, con un pantalón deportivo corto (pero muuuy corto) y una camiseta sin mangas; el agujero de las mangas le llegaba casi a la cintura y dejaba ver perfectamente toda su anatomía. He de reconocerlo; el macarra, bueno, perdón, el chico era muy guapo, que no digan, que ante todo soy sincera y sé reconocer las cosas. Morenazo, machacado en el gimnasio con mimo y sin exageraciones, sus pies ( lo primero en lo que me fijé, porque me daba palo mirarlo a la cara y levantar la cabeza) estaban limpios y eran muy lindos, como si hubiera ido a la pedicura, cosa muy sorprendente en esa clase social, no dirán que no. Tenías unas piernas firmes y unos muslos torneados y el pantaloncito apenas le daba para esconder una masa de carne que parecía viva entre las piernas. Me avergoncé de estar mirando en esa parte y seguí subiendo rapidísimamente. No había ni una pizca de grasa en la barriga, se le intuían los músculos abdominales, y el tatuaje de un dragón le salía del hombro para llegarle al pectoral izquierdo, un pectoral de piedra que perfectamente se podía disfrutar por el agujero donde antes estuvo la manga. Lo de los tatuajes siempre me ha parecido una ordinariez indigna de gente con clase, pero vaya, a él le sentaba muy bien, entre otras cosas porque el dibujo era perfecto; las escamas rojas parecían vivas y brillantes, y al mover sus músculos, daba la impresión de que el bichejo cobraba vida y serpenteaba. Tenía también un cuello de toro y al atreverme a subir la cabeza y mirarle a la cara directamente allí estaba su sonrisa descarada como si tal cosa. Otro aspecto que me sorprendió es que tenía todas sus piezas dentales perfectamente, de color blanco, además. Todo este repaso que cuento sucedió en unos poquísimos segundos, pero siempre he tenido facilidad para fijarme en los detalles, bien que me lo decía la hermana Mariana en el colegio.
-Venga passsssa, no te que´es ahí que te invito a algo.
-Tengo un poco de prisa y quisiera acabar cuanto antes.
-Mal empezamos, chati, muy mal…Anda, passssa mujer, que no me como a nadie…
-De acuerdo, pero serán sólo unos minutos.
Al pasar a su lado para entrar, me di cuenta de que olía bien. A duchado, a limpio, sin más perfumes y por suerte, sin Acqua di Gió de por medio.
Iba de sorpresa en sorpresa porque reconozco que el piso estaba decorado…con buen gusto. Sé que casi es inimaginable, que casi no se puede concebir que en un barrio así, en un edificio así, con un propietario así se diera algo parecido pero mentiría si mintiera…Esto no está muy bien escrito ¿No? Bueno, da igual, la cuestión es que el tono beige, los muebles, la poquísima decoración, le daban al apartamento un toque discreto y distinguido. Sí, ya sé que son palabras que parecen imposibles en un contexto poligonero, pero no exagero ni un pelito. Ni rastro de una alfombra de ciervos enmarcada en la pared, ni un cuadro de nudos marineros, ninguna foto de comunión presidiendo la sala, ni una gitana encima de la tele, ni una figurita de los chinos descansando en el aparador, ni rastro de flores de plástico, ni una muñeca recluta por ningún sitio…Y encima no se veía nada de Ikea a la vista, lo que demostraba, al menos, que el propietario del apartamento no era un borrego sin personalidad que se dejara llevar por precios de ganga. Parece mentira que la gente no se dé cuenta de que lo barato por el simple hecho de ser barato, ya es feo.

Todo esto que cuento lo cuento como si fuera la primera vez que estaba en aquel lugar y no era así pero casi; hubo un momento en la discoteca en que mi memoria dejó de grabar datos y no recordaba absolutamente nada hasta que desperté en la cama y lo vi a mi lado con aquel aparato gigantesco entre las piernas, pero eso ya lo he contado y no es por incidir en el tema, pero sí, menudo aparato.

Me hizo pasar, y me ofreció el sofá para sentarme mientras él iba a por unas cervezas, o eso me dijo, sin preguntarme si quería otra cosa, pero claro, como para pedirle un Campari. Trajo dos latas…Sin copa…Se ve que pretendía que bebiera directamente de la lata, que a saber de dónde había salido. Que cara de asco debió de verme que rápidamente reculó y me preguntó si quería un vaso, y cuando asentí, volvió a la cocina a por uno. La verdad es que ni pensaba darle un trago a esa cerveza de marca desconocida, que no me hubiera extrañado que fuera del Dia, pero en fin, a mí me enseñaron que una señora debe mantener las buenas maneras en cualquier circunstancia e hice como que bebía mientras notaba como él me observaba de arriba a abajo una y otra vez, una y otra vez, sin perder la sonrisa socarrona y ese aire de estar encantado de haberse conocido.
– Bueno, chati, cuéntame, que ha sio de tu vida estos días…Vienes mu´ distinta a cuando te conocí…
– Pues…Lo normal…Oye, en serio, tengo mucha prisa, si me das la cartera me iré y todos contentos.
– Pero chati…¿Quieres relajarte? Te noto muy tensa.

¿¿Cómo no iba a estar tensa si no había frase que no acompañara con un chati?? Es que ni a papachu se lo hubiera consentido. Pero tocaba sonreír, de mala gana, pero sonreír para que el chaval no se me pusiera farruco mientras intentaba que los ojos no se me fueran a unos bíceps que ni con una de mis manos hubiera podido rodear, o a esa barriga tan plana y firme, o al dragón de su pectoral, o a ese pezón color chocolate que asomaba por la tronera de la camiseta, o a sus bonitos y descalzos pies. Ni rastro de piel caída o carne fofa, vamos, todo lo contrario que Alfredo, con el que a veces tenía la sensación de estar casada con una manzana pocha y mustia; tan blandito y pálido que daba hasta grima. Yo no sé para que se pasaba tantas horas jugando al paddle, para que se gastaba tanto dinero en zapatillas y equipaciones deportivas si luego no se le notaba nada.
En un microsegundo dejó su sillón para ponerse a mi lado y poniéndome las manos en los hombros me dijo:
– Déjame que te dé un masaje, anda, que verás cómo te mola. Dicen que tengo manos de fiso…fisite…¿Cómo se dice?
– Fisioterapeuta, se dice fisioterapeuta. Y oye, no…- (traté de escabullirme yéndome al otro lado del sofá)- He venido a por la cartera y ya está ¿Entendido? No quiero nada más, y por favor, no me toques…
– Pos pa no querer na más chati, menudas miraditas que me echas, jejeje..
– No sé a qué te refieres.
– ¿Qué no sabes a qué me refiero? jejeje…Lo que te gusta hacerte la dura conmigo, jejejej..
Y mientras decía eso se acercó a mi lado del sofá hasta arrinconarme y su cara estaba cada vez más cerca de la mía, oliendo a hombre, a macho como si espolvoreara de testosterona el ambiente. A esas alturas yo no sé lo que había rezado pidiéndole a Dios que me diera fuerzas, que fuera capaz de aguantar, que me ayudara a resistir la tentación. Notaba gotitas de sudor frío caerme por la espalda y el corazón me daba unos botes en el pecho como si quisiera participar en las olimpiadas. Entonces va él y me dice:
– Hace mucho caló ¿No?
Y se quitó la camiseta para tirarla al suelo. Menudos pectorales. Menudos abdominales. Menudas axilas. El dragón volando a sus anchas. Un ombligo como una esquirla, perfecto en su oscuridad. Los pezones eran dos bombones de tamaño y relieve ideal; no quería mirarlos, pero los miraba, y mis ojos no me obedecían por mucho que se lo ordenara.
Se me abrió la boca de estupefacción (¡Otra vez!) y de tan nerviosa no me salían ni las palabras.
– Oye… No creo que…que… sea conveniente…Por favor te pido de nuevo que me des la cartera y acabemos…
– Eso quiero yo…Que acabemos, pero no en el sofá, jejeje…
– ¿Te ha dicho alguien que eres un descarado?
– Pos chati, la otra noche parecía gustarte; vamos, que yo no echo cuatro quiquis tos los días, jejeje…
– ¿Cuatro qué? Mira, no inventes…
- ¿Qué no invente? Pero si eras insaciable, jejeje…Pero ojo, que a mí me moló…No me imaginaba que fueras tan ardiente…Pero chati, no te pongas colorá, que es un elogio…
– Esto se acabó. Quiero irme a mi casa ya ¿Me dejas levantarme? Y por favor, dame la puta cartera.

Entonces se incorporó, y como a cámara lentísima empezó a quitarse el short con la punta de los dedos, desde las caderas hacia abajo, empujándolo. Estaba delante de mí, con las piernas abiertas y de nuevo, como la noche en qué lo conocí, yo sin poder articular palabra. Paralizada y alucinada. Y va y dice:
- Mira, olvidas que ya te conozco y sé lo que te gusta. A mí no me engañas, chati, a mí no me engañas y serías mu tonta si no aprovechas esta oportunidá.
Y allí estaba, su cosa, a dos palmos de mi cara y midiendo eso mismo; dos palmos. De los grandes. Recta y dura como un hierro. Morena y de punta brillante. A mí me dio un noséquéquéseyo que me hizo perder la cabeza, todas mis convicciones y la moral. Bien me dice el padre Anselmo que Satanás siempre busca a los más queridos por Dios para hacerlos suyos con las tentaciones más terribles e inimaginables ( de puro apetitosas, claro, que Satanás es malo pero no tonto), y así me sentía yo, como si Dios me había abandonado, quitándome la luz de su sabiduría para llenarme de oscuridad y pecado, y es la única explicación que encuentro a que, acto seguido, yo me encontrara con su miembro en mi boca, chupando con frenesí.