Perder lo ganado

10. ERNESTO

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Anteriormente en “PERDER LO GANADO”…

CAPÍTULO 1:SANTI
CAPÍTULO 2: ÁNGELA
CAPÍTULO 3: TONI
CAPÍTULO 4: MARISA
CAPÍTULO 5: ROBE
CAPÍTULO 6: LUIS
CAPÍTULO 7: FERNANDO
CAPÍTULO 8: SALVADOR
CAPÍTULO 9 KEKA

Ocurrió después de salir de casa de Keka, fue en la puerta de su casa cuando me di cuenta. Yo ya no era el mismo. Salí convertido en otra persona y en aquella casa me había dejado órganos importantes y sentimientos que ahora sé ya no sentiría más. En cuestión de meses, había pasado de un estupor asfixiante al miedo más aterrador y en ese momento un coctel de delirio rabioso me subía hasta la cabeza en borbotones calientes. Habíamos pasado unas horas juntos y mi percepción de Keka también había cambiado; algo allí dentro nos había unido para siempre.
El taxi que vino era un monovolumen de nueve plazas “Yo era el único disponible en este momento”, me dijo el taxista, “La Navidad tiene estas cosas”.
Era Navidad y ni me había enterado. Poca alegría navideña veía en el mundo en ese momento.
Recuerdo la sensación de ir montado en la furgoneta, apoyando la cabeza en la ventana, y sentirme poseído por una furia que me daba ganas (reales y verdaderas) de matar, una fuerza irrefrenable que me obligaba a vengarme, de alguna manera. Y de alguna manera estaba entendiendo a Robe. Por fin. Me habían quitado el miedo.
A los minutos del trayecto, el taxista me dijo:
- Oye yo a ti te conozco. Al principio dudaba pero ahora por el retrovisor ya lo tengo claro. Tú eres Ernesto, y nos conocimos en la Universidad. Yo era de la pandilla de la facultad de químicas ¡José Alberto! ¿Te acuerdas? Bueno, por aquella época me llamaban ” el coma”, por coma etílico, por las borracheras que cogía…Menudos ciegos, jajajaja.
- Claro… ¡Claro que me acuerdo! Pero has cambiado un montón, no hay quien te conozca.
- La buena vida pero con cabeza. Me cuido mucho, hago deporte, llevo una existencia más que sana. Antes era un desastre, jejeje…No sé ni cómo llegue entero hasta aquí.
- Que bien ¿No?
- Sí, es lo que toca.

En esto que escribo no hay tono, entonación o maneras, pero yo se las describo; esa noche lo que menos me apetecía en el mundo era una conversación como la que estaba transcurriendo, y se me notaba, vaya sí se me notaba. Yo ya no era el mismo. Hubo unos minutos de silencio. Miraba por la ventana sin ninguna intención de continuar, y no era por el chaval, buen tipo; es que no me salían las fuerzas. Él por lo visto, tenía fuerzas por los dos.

- Recuerdo que en tu grupo estabais tú, Robe, que siempre ibais juntos a todos sitios. Y Marisa.

Y entonces caí en la cuenta: José Alberto era el que había dejado embarazada a Marisa.

- Pero cuéntame ¿Cómo estáis? ¿Seguís siendo amigos? Qué sepas que recuerdo aquella época como de las mejores de mi vida. Joder como nos lo pasábamos. Y que sepas también que yo creo que me cambiasteis la cabeza; erais muy abiertos, vivíais las cosas tan de verdad y como si fuera el último día.
- ¿Sí? Yo pensaba que era lo normal…
- Yo era de pueblo y no veas cuantos traumas por mis ciento diez kilos, pero ¿Sabes? Vosotros me tratabais como alguien corriente…No veíais mi grosor, jejejej, me veíais a mí. Eso no se olvida, porque fuisteis los primeros en no hacerme sentir un monstruo.
- Me alegro, aunque te confieso que no tenía ni idea de…
- Eso demuestra que os salía de manera natural, jejeje
- Nunca lo había pensado, si te soy sincero.
- Cuéntame cosas de vosotros. Yo mira donde he acabado, en un taxi. Cerraron mi empresa y las cosas se pusieron feas, pero encontré esto y al menos me da para mantener a mi mujer y a mis dos hijos. Tampoco me puedo quejar, porque después de todo soy libre y hago lo que quiero con mi empresa-taxi, jejeje.
- Pedazo de familia y cómo pasa el tiempo. Me alegra comprobar que hay gente medianamente feliz en este país. A veces no lo parece.
- ¿Marisa está bien?
- Sí…Eso creo…

Hubo una perceptible sensación de que la charla podía ponerse muy incómoda. También noté el esfuerzo que hizo por cambiar de tema.

- Bueno… ¿Y tú qué?
- Yo…-(¿Qué se podía decir en un momento y en una situación como aquella?)- Yo también estoy bien.
- Pues perdona que sea impertinente, pero llevas una cara que cualquiera lo diría, jejeje.
- He tenido muy mal día, perdona. No que quedan fuerzas más que para llegar a casa y meterme en la cama.
- Las cosas están difíciles ¿Eh? Para todo el mundo en general, pero más para vosotros….Quiero decir para los maricas…Quiero decir…Bueno, tú ya me entiendes…Lo de entender no iba con segundas, jejeje…
- Sí, están feas, sí.
- Son unos malnacidos. Este gobierno es lo peor que he visto en mi vida. Ningún país se merecía esto, ni siquiera el nuestro.
- Buff…
- ¿Estás bien? ¿Quieres que paremos? Estas muy pálido… Baja la ventanilla, te sentirás mejor.
- No es por ti, créeme, es que llevo unos días terribles. Esta noche no soy el mejor contertulio del mundo, lo siento. Ni siquiera me fío de ti, cualquiera sabe si no me dejarás en una cuneta…
-Jejeje…Puedes estar tranquilo que no me parezco en nada a estos nazis. Y no pasa na si no quieres hablar, soy un pesao, lo reconozco. Los taxis tienen mucho de confesionario y también de refugio. Paso tantas horas aquí que he inventado casi una filosofía del taxi, jejejeje. Oye, voy bien a tu casa ¿No? Esta zona no la controlo y…
- Sí, vas bien.
- Antes de que lleguemos, déjame que te ofrezca una cosa. Es posible que hayan pasado dos décadas desde que no nos vemos pero a mí el tiempo me suda la polla; para mí seguís siendo mis amigos. En el taxi se escuchan muchas cosas y sé que os están haciendo la vida imposible, habría que estar muy ciego para no verlo. Me sigo sintiendo igual de agradecido con vosotros y aunque sólo sea pa joder a este puto gobierno…A ver cómo te lo digo…Si alguna vez necesitas mi ayuda, para lo que sea, pídemela. En serio, te la ofrezco con todo el desinterés del mundo y sé, no lo niegues, que en breve la puedas necesitar. Llámame, para lo que sea. Ahora cuando lleguemos te doy mi tarjeta con mi número.
- Buffff
- ¿Suspiras? Si no te sienta bien, perdona. Que conste que lo hago con la mejor intención.
- No, en realidad el suspiro es…Por lo irónico que es todo; cuando ya no me quedaba ninguna esperanza en el género humano, pasan estas cosas. Gracias, no sabes cómo te agradezco esta conversación.
- ¿Es aquí, no?
- Sí, aquí, perfecto.
- No te voy a cobrar nada, no me da la gana.
- No hombre, es muy tarde y es Navidad…
- No te empeñes que no voy a coger el dinero.
- Pues…Gracias…Y sobre todo gracias por lo de antes. Ha sido un gran gesto. No te imaginas hasta que punto.
- ¿Sabes qué pasa? Que creo que siempre se puede hacer algo, aunque sea algo muy pequeño, por cambiar las cosas. Y yo no me voy a quedar quieto ante esta barbarie. Siempre se puede, siempre se puede hacer algo.
- Tienes razón. Mil gracias. De nuevo.

Siempre se puede hacer algo.
Aquella frase fue la llave que abrió el armario de mi desorden interior, cayendo desparramado y esparcido por mi cerebro. Después de la revelación de Keka, concluí que no volvería a pensar de manera racional de tan trastornado como me sentía, pero aquella frase y aquel encuentro lo cambiaron todo. Es posible que nada sea más potente que la bondad de los desconocidos y que se parezca a ordenar el desorden que cayó del armario.
Fue un patadón en el trasero que me hizo reaccionar, me puso en la órbita de la realidad y me dejó lejos de la gravedad que da el victimismo.
Durante horas la gran pregunta que me mantuvo ocupado es ¿Qué puedo hacer yo? ¿Qué cojones puedo hacer yo que sea de utilidad y sirva para cambiar alguna cosa, por pequeña que sea? Sé que sin el encuentro con José Ramón, hubiera pasado días, meses y hasta años lamentándome, maldiciendo mi suerte, gritando de dolor por Ángela y por todos los demás. Tenía que encontrar lo que yo podía y debía hacer, como ser una astilla más hasta formar parte de las muchas astillas que acabarían por pinchar la rueda. O por atascar la ruleta, la maldita ruleta que había convertido nuestra existencia en un juego macabro.

Era ya el amanecer cuando se me ocurrió… ¿Y si escribo? Me refiero a contarlo todo, hacer un diario del horror que dejara constancia, luchar con mis armas contra el olvido.
No soy famoso ni por mi valentía ni por mi inteligencia ni por mi agilidad ni por mi brillantez, pero es posible que al menos, sepa contarlo. Y esta historia alguien tenía que contarla. Más mal que bien, pero alguien tenía que contarla, porque el siguiente paso que llevaran a cabo estos cerdos miserables es borrarnos de la memoria de la gente, hacer que nos olviden, como si nunca hubiésemos existido y eso sí que no. Estuvimos aquí. Hicimos lo que pudimos y muchos nos sentimos orgullosos de la vida que hemos llevado. Eso ya no hay nadie que nos lo pueda quitar.
No somos unos putos números. Eso quisieran ellos.
Detrás de esos números, hay vidas reales, gente que sufre, que ama, que folla, que intentar sobrellevar el día, que hace lo que puede y le dejan hacer. Son vidas que en muchos casos merecieron la pena y yo he hecho el esfuerzo de contar algunas de ellas. Habría contado más; llevo dos semanas escribiendo de manera enfermiza, sin casi comer, sin casi dormir y podría haber seguido escribiendo semanas enteras, pero es hora de dejarlo ya, porque la realidad me reclama. No hay nada más importante en este momento, ni siquiera el seguir escribiendo.

Si ustedes están leyendo es que mi pequeña contribución a cambiar las cosas ha dado resultado. Si ustedes me han leído, ya no se olvidarán de Robe, de Fernando, de Santi, de Ángela, de Keka o de mí. Habremos conseguido joderles el plan, no se habrán salido con la suya y habremos vencido al olvido
Pero debo irme. Hoy ha ocurrido algo definitivo que ha encadenado un asunto con otro y el panorama ha cambiado. Ha sido todo muy rápido, he de irme y no tendré tiempo de corregir, así que es posible que tengan que perdonar la redacción.
Ha sido del siguiente modo:

Primero me llamó Robe:

- ¿Has visto la foto que te he mandado por correo?
- No, perdona. Hace siglos que ni me conecto; al final termino muy enfadado con tanto filtro y tanto control y decidí ahorrármelo… ¿Qué me has mandado?
- Unas fotos.
- ¿Pero qué fotos? Dímelo ya, hombre.
- No te va a gustar… ¿Estás preparado?
- Nunca estoy preparado para ciertos temas…¡¡Desembucha!!
- Han encontrado a Site Mato esta mañana. Muerto. Estaba irreconocible; tenía huellas por todo el cuerpo de una tortura salvaje y lo han colocado en un descampado como un árbol de Navidad, clavado con una estaca, adornado con espumillón, una bola de navidad en el culo y otra en la boca y no sé cuantas barrabasadas más. Le han puesto un gorro de Papa Noel y un cartel de Feliz Navidad…

Hubiera dicho que no me quedaban lágrimas ni capacidad para asumir más dolor, pero vaya, todo era cuestión de que me pusieran a prueba.

- ¡¡Hijosdeputa!! ¡¡Hijosdeputa mil veces!!
- No sé muy bien cómo, pero alguien pasó por allí y le hizo una foto. La foto lleva circulando horas por correos y móviles.
- ¿Sin censurar?
- No les ha dado tiempo a censurarlo. Toda la gente que lo recibe lo envía a todos sus contactos en todas sus cuentas de correo o en grupos de mensajes.
-¿Y quién lo empezó?
- Ni idea. En realidad da un poco igual ¿No? Lo importante es que todos lo estamos haciendo y van a tener muy difícil tomar represalias contra nadie, a no ser que quieran meter en la cárcel a un 15% de la población del país. Tú deberías hacer lo mismo; entrar en tu cuenta y mandar la foto a todo el mundo, que nadie pueda decir que no se enteró, que no consigan que se vea como algo cotidiano y asumido, que todos los que podamos mandemos la foto y no puedan investigar ni tomar represalias.
- Lo haré, lo haré.

Y eso hice, sin mirar la fotografía porque sabía que si la miraba la rabia y el dolor me petrificarían y no podía permitirme ese lujo. A Site le debíamos tanto que lo mínimo era tener la cabeza fría y no quedarnos con una imagen terrible que en realidad no era él.
No pasó mucho tiempo hasta que me llamó Santi.

- ¿Has visto la convocatoria?
- ¿Qué convocatoria? No sé de qué me hablas.
- Al menos sabrás que han encontrado muerto a Site Mato ¿No?
- Sí, eso sí lo sé. Menudos cerdos cabrones ojalá se pudran en vida y se los coman los gusanos…
- Se ha organizado una sentada. Esta tarde, a las ocho. Va ir todo el mundo.
- ¿Una senta…? Dame detalles que me sitúe, anda.
- Ha sido espontaneo. Todo el mundo está harto, Ernesto, ya nadie aguanta y yo que me alegro porque tampoco aguanto más. En todas las ciudades del país, en todas; se van a ocupar las plazas más importantes y haremos una sentada. Nada de violencia; aguantaremos hasta que nos echen y será pacífica a toda costa. Si nos van a matar, que lo vea todo el mundo, a ver si al menos una persona en este país tuviera capacidad de remordimiento, aunque yo ya lo dudo.
- ¿Y tú crees que la gente irá?
- ¡No sabes cómo está internet! Han saltado todos los sistema de seguridad a base de saturarlos… ¡Ha sido una ataque cibernético de puta madre! Ya no hay controles ni censura, los correos y los archivos han volado y todo el mundo dice que irá… Todo el mundo que merece la pena. Nadie se va a quedar en su casa y nosotros no vamos a ser menos. Se van a enterar…Tendremos que llevarnos comida, refrescos, ropa, alguna manta…
- Santi…Yo…No sé…Es todo muy rápido…No creo que la gente responda, si te soy sincero.
- Rápido es como debe ser, que no puedan reaccionar, que los pillemos de sorpresa. Ernesto, no pongas pegas porque es bastante evidente que ahora o nunca. O paramos esto de una vez o nos lamentaremos lo poco que nos quede de vida. Lo hemos hablado miles de veces, eso de que la gente no reaccionaba y tampoco nosotros…¡¡Pues por fin se hace algo!! Yo hubiera preferido algo más violento, pero no es el momento de ponerme tiquismiquis; ni yo ni tú ni nadie.
- Tienes razón, joder. Paso a por ti en un par de horas ¿De acuerdo?
- ¡Perfecto!
- Oye, Santi…Te escucho…Te escucho muy bien…Quiero decir… Con buen ánimo…
- Es que soy muy feliz, de verdad. Por fin nos movemos; la gente está reaccionando y es como si me hubieran insuflado vida, como si me hubieran despertado. La sensación de que nos estaban cazando sin oponer resistencia me comía por dentro. Tengo tantas ganas de darles lo suyo… Te juro que si los tuviera cerca los mataría uno a uno, con mis manos, sin piedad…Je…Pensar en esas imágenes me da un gustirrinín, jejeje… Me siento nuevo y además creo que aún hay posibilidades de encontrar a Chus, si esto cambia y los echamos, podremos investigar y seguramente lo encontraremos ¿A qué sí, a qué tú también lo crees posible?
- Es…posible…Sí…

Yo también me he sentido despertar.

Y despertando he descubierto que contar la verdad en esta situación que vivimos es una putada. Lo que Keka y yo sabemos no tienen porqué saberlo los demás y sufrir por ello. Ya no merece la pena.

He volado por mi casa buscando todo aquello que pudiera sernos útil en una situación como la que se nos venía encima y he llenado dos macutos grandes. El sudor me bañaba todo el cuerpo. Casi había acabado y me disponía a una buena ducha cuando he recibido una llamada de Keka:

- ¿Te has enterado? ¿Vas a ir a la sentada?
- Sí, estoy acabando de recoger y salgo ahora mismo.
- ¡Mi amiga no tiene coche para ir y vivimos muy lejos! Queremos ir y no sé cómo… ¡Mierda!
- En mi coche somos tres. Dos más no creo que sea problema.
- ¿Sí? ¿Harías eso? ¿Vendrías a por nosotras? Joooooder… ¡Genial!

Salía de la ducha cuando me llamó de nuevo Robe:

- Oye, me han pedido que lleve el equipo de sonido que guardo donde tengo el laboratorio de fotografía, pero ni en tu coche ni en el mío cabe ese pedazo cacharro y mucho menos los altavoces. Mis amigos del gimnasio también vendrán, pero el coche es muy pequeño y ahí no cabe ni de coña. No sé cómo solucionarlo, porque tener a alguien que lleve la voz cantante por un micrófono será importante, evitará malentendidos y confusiones, pero a ver de dónde coño sacamos una furgoneta, porque es en el único vehículo que cabe, eso está comprobado.
- ¿Sabes que creo que puedo conseguir un monovolumen?

Llamé a José Alberto y no sólo se mostró encantado de llevarnos en su taxi de nueve plazas; también me dijo que él y toda su familia vendrían a la sentada, que no se moverían de allí y nos acompañarían hasta el momento en que fuera necesario. Como José Alberto, muchísima más gente; cada dos minutos recibo un mensaje de alguien que dice o me confirma que vendrá, sin yo ni siquiera haberles preguntado. De algunos no tuve noticias en los últimos años y ahora preguntan si yo también iré… ¿Se lo pueden creer? Es como si de pronto el mundo también hubiera despertado, como si todos a la vez hubieran abierto los ojos y hubieran descubierto el horror.
Je…No hay quien se lo crea. Los creería…Los creería si no fuera porque he perdido la confianza en el ser humano, una frase que suena tan pretenciosa y ampulosa que sólo puede ser la pura verdad. A estas alturas de lo que he vivido ya no puedo creer en nadie y mi cerebro tampoco me lo permitiría porque consiguieron extirparme la glándula que te permite esperar algo de los demás. Ahora sólo creo en mis amigos; iremos todos juntos a la sentada y el sentimiento de sentirme arropado me hace rabiosamente pletórico y feliz, porque ellos son mi familia y por ellos mataría o sería capaz de morir. En esa furgoneta va todo lo que me importa en la vida y me da igual si sólo vamos a la plaza nosotros, que podría ser.
Y aquí estoy, esperando el monovolumen de José Alberto y despidiéndome de ustedes.
No sé cómo acabará esto. Ellos lo tienen todo a su favor; las armas, los métodos, el Estado, la fuerza y supongo que a la ciudadanía. No obstante, por primera vez en los últimos meses, me da lo mismo lo que nos puedan hacer y ha desaparecido cualquier resquicio de temor; no se imaginan que sensación de haberme quitado un peso de toneladas de encima. No les tengo miedo y estoy dispuesto a todo, porque el entusiasmo y la alegría de ir con la gente que quiero ya es un destino y un final. No me quita las fuerzas ni siquiera la convicción de que si ustedes han llegado al final de esta narración, justo en este párrafo, en este preciso momento que se acaba, con estas letras y estos signos de puntuación, es que no hubieron más vidas que contar y perdimos lo ganado.

FIN

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Nota de la redacción:
Hace cosa de un mes decíamos por aquí:

“Es una historia de terror marica pero no hay ni vampiros, ni zombis, ni fantasmas, ni sangre, ni gore, ni ironía, ni pollones, ni chulazos, ni posesiones, ni dobles lecturas, ni torsos desnudos, ni sustos, ni oscuridad, ni puta gracia, oiga, porque en realidad no es una historia de terror, pero da miedo. El argumento es real, adulto y posible, pero ante todo, debería dar muy mal rollo, y si ustedes la leen removiéndose en la silla, entonces lo habremos conseguido.Toda la trama responde a una sóla pregunta:
¿Y si…?”

Nunca, nunca, nunca nos vamos a cansar de agradecer a esa gente que desde el primer momento nos ha leído entrando en la historia y de nuevo, otra vez, como tantas veces, han practicando su generosidad lectora. Ojalá les haya merecido la pena. A nosotros por supuesto que sí. Tanto, que es como si hubieramos vivido una gran historia de amor y en este momento nos acabáramos de divorciar…A ver como lo superamos.
Se les quiere. Volvemos el Domingo con la programación habitual.

9.KEKA

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Anteriormente en “PERDER LO GANADO”…

CAPÍTULO 1:SANTI
CAPÍTULO 2: ÁNGELA
CAPÍTULO 3: TONI
CAPÍTULO 4: MARISA
CAPÍTULO 5: ROBE
CAPÍTULO 6: LUIS
CAPÍTULO 7: FERNANDO
CAPÍTULO 8: SALVADOR

La casa era una gran mansión a las afueras, construida hacía pocos años y convertida en un ejercicio de diseño arquitectónico pomposo con materiales ostentosos y aparentemente carísimos. Se encontraba enmedio de una urbanización de lujo con muros tan altos y setos tan frondosos que apenas se veía más allá del asfalto y de los muros; era como estar encerrado en un laberinto para ratones. Ratones muy ricos. Cárceles de lujo hechas viviendas, separadas por grandes parcelas que mostraban el poderío de los propietarios pero también su necesidad de mantenerse aislados y a una distancia prudencial de los vecinos. Si hubiera ido conduciendo yo me hubiera sido imposible dar con el número doscientos treinta y tres de la Avenida de las acacias, pero por suerte el taxista sabía de su trabajo y no dimos más vueltas de las necesarias.

“Deberías fiarte de mí y no te preocupes por las cámaras”, me había dicho Keka, ” Cuando tú llegues las habré desconectado para que no graben. Además, el personal de servicio ya se habrá ido.”

Y me fiaba. Qué remedio.

Uno de los efectos más curiosos de los nuevos tiempos era el hecho de cambiar la percepción y el baremo de las personas que te rodeaban. Algunos de los que antes eran amigos, pasaban a convertirse en villanos, otros conocidos a los que tenías admiración y respeto, habían pasado a ser basura infecta, y sin embargo otros a los que nunca tuviste en consideración, de pronto renacían de las cenizas de la baja estima. No extraña pues que en dos días hubieran cambiado mis sentimientos hacia Keka. De ser una persona que me caía francamente mal, ahora al menos, no podía obviar que sí, que se estaba jugando el cuello incluso por encima de su padre y eso de alguna manera demostraba su amor por Ángela, a su manera desquiciada y loca, sí, pero amor al fin y al cabo. Todo ello la hacía delante de mis ojos, mejor persona. Su característico ceceo ya no me hacía gracia, una consecuencia más de haber perdido la alegría, las ganas de reír, el que se escapara una sonrisa por asuntos triviales sin poder remediarlo.

“Tienes que venir a casa, es la única posibilidad de que veas lo que te quiero enseñar, porque si te lo cuento no me vas a creer, así que tienes que verlo ¿De acuerdo? Mi padre estará fuera y no vendrá hasta el viernes, así que podremos estar tranquilos”

Toqué el timbre y sin pregunta de por medio, se abrió la gran puerta metálica de entrada a la finca, en un silencioso movimiento pesado. Anduve por un camino de piedras entre césped perfecto que con la escarcha brillaba de tal manera que parecía falso, pero era real. El jardín estaba cuidado hasta el último arbusto y no se veía ni una hoja en el suelo, ni una rama sobrante. En la orilla del camino había farolas de hierro forjado y cámaras, muchas cámaras por todos sitios. Keka salió a recibirme a la puerta diciendo “¡Por fin!” y metiéndome adentro apresuradamente. Debían ser las nueve de la noche, fuera refrescaba y la humedad se me había pegado a la cara. Por aquella casa de espacios enormes, Keka, con botas militares y adornada de hebillas y cadenas, al andar recordaba a un tanque porque sonaba metálica y pesada y no paraba de hablar y gesticular, se la veía muy nerviosa y demacrada, como quién ha estado llorando durante días. Encadenaba formalismos sociales y palabras inconexas de las que apenas pude sacar una frase con coherencia, así que mientras caminábamos empezaba a plantearme si había sido buena idea o si serviría de algo.

Atravesamos buena parte de una casa donde relucían los mármoles, las maderas nobles y el olor a nuevo. Acabamos en lo que supuse, y así me lo confirmó, que era el despacho de su padre y en el que fácilmente habría cabido mi piso entero.

Si una estancia es el reflejo de quién la habita, el despacho dejaba poca duda de la clase de persona que era su padre; había varias fotos donde salía acompañado de grandes personalidades, diplomas enmarcados, premios y trofeos por allí y por acá, sillones de piel comodísimos y una mesa del tamaño de una pista de tenis. Hizo que me sentara frente a la pantalla de un ordenador tan grande que podría haberse llamado panorámica; nunca había visto algo parecido.

Keka estaba nerviosísima, de un lado para otro, y le costó al menos unos minutos empezar la conversación mientras yo la miraba y ella movía su pelo lacio con unas pocas mechas azules de un lado a otro de las sienes rapadas.

- A ver cómo te explico…Mi padre es un hijodeputa y un grandísimo cabrón ¿No? Aunque no dijera nada, sé que sabía que yo había vuelto con Ángela ¿Vale?
- ¿Habías vuelto con Ángela?
- Sí ¿No te lo contó?
- No de ese modo.
- Tal vez porque le importa mucho tu opinión y le da muchísimo miedo ser juzgada.
- Tal vez…

La tristeza se convirtió en lava ardiente que me subía por la garganta. Ángela no confiaba en mí y yo no había hecho nada al respecto. Y no, no puedo decir que no supiera que me tenía, de algún modo, miedo… Si pudiera decirle, si pudiera contarle lo que la estaba echando de menos y sincerarme al confesar lo importante que era para mí, el amor tan grande que le tenía y que nunca le había dicho. Si me hubieran dado la oportunidad de abrazarla, de decirle lo grandísima amiga que había sido, lo igual que me daba lo que hiciera con su vida porque lo que me importaba era ella y nada más. Si pudiera volver atrás hasta me casaría con ella si así hubiera evitado el perderla, el no saber dónde estaría, de qué modo y con quién. La preocupación como la carcoma que se ceba con la madera de la que está hecha mi corazón.

- Volvamos a mi padre. Conozco sus artes y apuesto a que hay alguien vigilándome o algo peor, no tengo pruebas pero lo sé, porque lo conozco y sé de qué es capaz.
- ¿Y no te da miedo que descubra que estoy aquí, contigo?
- Bah, no te conoce, y puede que hasta piense que me he vuelto hetero, je, pero lo principal es que me da igual ¿Sabes? Después de lo de Ángela ya me da igual. Mañana me voy de esta casa y espero no volverlo a ver nunca más en la vida… ¡A la mierda todo! ¡A la mierda mi padre y su moral asquerosa! ¡A la mierda mi carrera de filosofía y esta sociedad de hipócritas! Tengo amigas, amigas de verdad que me quieren como soy y que no intentarán cambiarme, que me esconderán y me protegerán el tiempo que haga falta.
- ¿Estás segura?
- Aunque no lo estuviera, vivir aquí con él es peor que estar condenada a torturas en una cárcel ¿Sabes? Ya soy mayor de edad, ya no puede enviarme a un internado otra vez.
- Si lo tienes tan claro…
- Clarísimo por lo que te voy a contar: cuando fui al piso de Ángela y vi todo destrozado, con la puerta forzada, no me cupo ninguna duda de lo que había ocurrido. Llamé a mis amigas, me acompañaron y estuvimos allí casi toda la noche viendo que podíamos hacer ¿Me sigues? Ahí ya decidí que me vendría a casa. Así que por la mañana, después de llamarte , vine aquí a recoger algunas cosas pensando en que no vería a mi padre. Pero sí estaba.
- ¿Y?
- Llegué descompuesta, llorando y dando gritos y portazos pero él no me preguntó nada; estaba tranquilo, sonriente, como si no le extrañara…Parecía como si lo supiera. Es difícil explicarte esto si no lo conoces ¿Sabes? Pero tuve un pálpito…Un pálpito por el que habría puesto la mano si alguien me lo hubiera pedido. Subí a mi habitación a llorar pero estaba tan rabiosa que volví a bajar a buscarlo y gritarle cuatro cosas; él estaba en su despacho, con esta pantalla encendida y hablando por teléfono. No me vio, y me quedé tras la puerta escuchando…Decía…Menudo hijodeputa…Le decía a alguien por teléfono algo así como “Ya está hecho…¡¡Y he ganado un dineral!! Nunca quitarse un problema de encima salió tan rentable…” Y se reía, el muy cabrón se reía a carcajadas…
- No entiendo nada…
- Espera que continúe. Después de escucharlo, decidí no abrir la boca. Volví a subir a la habitación y esperé, esperé durante horas a que se fuera, porque… ¿Sabes? Ya sabía que estaría de viaje institucional unos días. Fue escuchar la puerta y no tardé ni un segundo en bajar corriendo; no sabes la de horas que estuve revolviendo todo en este despacho; los cajones, los archivos…Con el ordenador ni lo intenté porque supuse que tendría contraseña. Creo que pasé toda la tarde, rebuscando aquí, luego en su habitación, en la biblioteca…Lo daba todo por perdido y llegué a pensar que se me estaba yendo la cabeza…Y entonces como última opción, probé con el ordenador ¿Vale?
- ¿Qué pasó?
- Compruébalo tú mismo…Enciéndelo.

Y eso hice; la pantalla azul iluminó el despacho y en unos instantes, el escritorio del ordenador apareció allí, sin necesidad de contraseña ni de clave.

- Mi padre es tonto; un hijodeputa, pero tonto sin remedio. Un poco como todos estos que llegaron al poder; se hicieron fascistas porque fue la única manera que tuvieron de destacar de la mediocridad en la que viven. Bueno, que me lío; creo que he entrado a este despacho dos veces en los últimos años y ha debido pensar que no había peligro de que yo curioseara por aquí. Pero se equivocaba…Como en tantas cosas. Y ahora mira y pásmate; te presento el juego online “La ruleta”.

Cliqueó un programa que había en el escritorio que por icono tenía una ruleta. En el acto, se abrió una página llena de números con fondo rojo y negro que construían algo parecido a una ruleta en espiral que daba vueltas, subiendo y bajando sin aparente motivo. Con un poco más de observación vi que los cuadrados con números se iluminaban con distintos colores antes de subir o bajar y quedaban enmarcados en un color luminoso, como un halo de líneas rectas. Verdes, naranjas, rosas, azules…

- No tengo ni la más remota idea de qué es esto o para que sirve.
- Es un juego. Pincha cualquier número.

Pinché el 1243 y se abrió una nueva ventana; nunca he visto una ficha policial en directo, pero el documento era lo más parecido. Encabezado con el número 1243, luego se leía en letras grandes “Mateo Prieto Gómez”. Primero una foto en gran tamaño, luego datos, pero no sólo los evidentes como dirección o teléfono. Peso, altura…Y más tarde lugar de trabajo, sitios frecuentados, hábitos y costumbres…También había una casilla donde se podían leer algo parecido a opiniones, insultos, comentarios…Al final de la ventana, un apartado con la casilla “amigos”; ahí, más números. Pinché uno y de nuevo un ficha “Cecilia Romero Cruz” y lo mismo. Abajo, al lado del apartado de “amigos”, había otro, esta vez ponía “pareja” con el número 7542 y claro, pinché: “Marta Alarcón Suárez” y lo mismo. Preso de la estupefacción fui de un número a otro, viendo caras, nombres, costumbres, amigos, frases inconexas, datos que me saltaban por un lado y por otro sin entender nada.

-¿Qué…qué coño es esto?

Cuando miré de nuevo a Keka, su cara era un pozo de rabia, apretaba los dientes, le temblaban los labios y tenía los ojos acuosos.

- Es…La mayor maldad que has visto nunca…Es la maldad convertida en algo frívolo, en un juego.
- No consigo ver de qué va ¿Esa gente, existe? ¿Qué significan los números? ¿Son fichas policiales? ¿Qué pintan ahí? ¿Y por qué los cuadrados donde están los números se iluminan en colores?
- No sé la de horas que tardé en averiguarlo ¿Sabes? Es un juego de apuestas, hay mucho dinero de por medio y se están jugando nuestras vidas.
-¿Qué…qué quieres decir…?
-Estamos todos fichados, TODOS. Maricas, bollos, transexuales. Los cabrones de la policía han debido colaborar pero a escondidas, porque a las claras el escándalo y la revuelta social hubieran sido de traca…Bueno, a lo mejor no…A lo mejor la gente de este país de mierda lo hubiera recibido con alegría y alborozo… ¡Su puta madre! Si los votaron masivamente, porqué no un juego de apuestas para cargarse a la gente sin que deje rastro.
-¿Cargarse? ¡Venga ya!
- Sabía que ni poniéndolo delante de tus narices me creerías. Yo también pensaba así hasta que descubrí la ruleta. Aún confiamos en no sé qué legalidad, en que la gente en el fondo es buena y nos quiere, en que vendrá un rayo cósmico y hará justicia, mandando a los malos al infierno y a los buenos nos salvará ¿Pero tú en qué país vives? ¿Has visto cuanta gente ha desaparecido? ¿A cuántos han apaleado en comisarías? ¿Cuántos conservan su trabajo? ¿A cuántos les están negando el acceso a la sanidad? Llevan años procurando un estado mental social que nos llevara a este punto, entre anestesiados e hipnotizados, estamos siendo pan comido, tan dóciles y ciegos… Nos hemos convertido en ganado, en galgos que corren y al acabar la carrera se sacrifican ¿Sabes? Y encima, para ellos es divertido y ganan dinero. Al tratarnos como un tumor han conseguido que todos crean que extirpar será la mejor solución.
- Si esto fuera verdad, hubiera trascendido ¿No? Nos habríamos enterado de algún modo, alguien se habría ido de la lengua o…
- Si te dije que vinieras a casa es porque este juego no es accesible desde cualquier ordenador, ya lo he comprobado. No entiendo mucho de informática, pero supongo que estará limitado el acceso, será una red cerrada y sólo cierta gente podrá acceder. Mira, mi padre tiene ahí, si pinchas, su casilla de usuario ¿Vale? Aquí lleva el control de sus apuestas, de lo que ha ganado de lo que ha perdido ¿OK?
-Pero las cantidades de dinero que salen…¡¡Eso es un pastizal, un disparate!!
- Nadie podrá decir que nos vendieron barato… Apostar también es una manera de alentar a las patrullas a que se lleven a gente, a que apaleen, a que la hagan desaparecer, porque es posible que ellos también estén jugando ¿Te das cuenta? Cada apuesta depende de la situación del número al que apuestes; mira… ¿Ves los cuadros de colores? Pincha y verás cómo cada color equivale a una situación personal “exiliado” “desaparecido” “reorientación sexual” “detenido” “expulsado del trabajo”…Bueno, ellos no son tan asépticos; en realidad pone “patadón al maricón”, “la bollo al hoyo” y cosas así…Debe resultarles muy divertido.
- No…No tengo palabras…
- Yo tampoco las tenía. Casi veinticuatro horas he estado viendo cómo funcionaba para entender la mecánica del puto juego. Por ejemplo, cada día hay nuevos apostantes; es posible que tengan una red de información ¿Sí? Supongo que con los chivatazos de la gente añadidos a las fichas policiales, han conseguido un archivo y un registro inmenso. Además, yo creo que también hacen jugar a gente que nos ayuda y colabora, porque en alguna ficha he leído “padre” o “madre” Es posible ¿No? Y luego está el foro…No sé si deberías leerlo…
- ¿Por qué lo dices?
- Porque para mí ha sido lo más duro; es donde la gente comenta y son tan mezquinos…Se ríen de cosas qué…Son tan crueles
- Déjalo, no, no quiero verlo. Supongo que mi ficha también estará por ahí.
- Supones bien. Pero hay tanta gente que se me hace imposible encontrar a alguien en concreto. Lo intenté con Ángela y al final desistí desesperada. Si tienen algún tipo de buscador, no lo he encontrado.
- Cualquiera sabe cuánto apostarán por mí…No creo que mucho, la verdad.
- Durante todo el tiempo que he pasado tratando de entender el funcionamiento de esta basura, he pensado mucho ¿Sabes? Y aunque todas las deducciones me llevaban al mismo sitio no los creía capaces, aún guardaba una mierda de esperanza ¡Que tonta! Y entonces, me di cuenta de que no estaba pensando como ellos y por eso no comprendía. Sólo quitándome los sentimientos, dejándome vacía y viendo a la gente como simples cifras, fui capaz de ponerme en su lugar, y vaya, los hemos minusvalorado y nos va a costar muy caro. Ha sido una jugada maestra, el plan les ha salido perfecto.
- Explícate; esta noche no me entero.
-Al convertirnos en apuestas nos han transformado en…Cosas…Ya no hay moral, ni sentimientos, porque sólo somos una apuesta, números inanimados, presas de una batida de caza y el país entero es su coto ¿Te das cuenta? Nadie debe tener remordimientos, están limpiando el país y lo están consiguiendo porque nos tratan como una plaga; nos tienen acorralados. Y encima están ganando dinero.
- Es tan enfermo y retorcido.
- ¿Verdad? Precisamente porque es enfermo y retorcido ¿Verdad qué los crees capaces?
- Sí…
- Asimilarlo, duele…
- Ya te dije la de horas que me costó asimilarlo a mí.
-Sí, sí…Pero entonces eso quiere decir que… ¿Ángela?…¿Chus?

Keka temblaba moqueando. No dijimos nada. No hubo necesidad.
Nos abrazamos con la intensidad de un terremoto.

Continuará

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8.SALVADOR

8b

Anteriormente en “PERDER LO GANADO”…

CAPÍTULO 1:SANTI
CAPÍTULO 2: ÁNGELA
CAPÍTULO 3: TONI
CAPÍTULO 4: MARISA
CAPÍTULO 5: ROBE
CAPÍTULO 6: LUIS
CAPÍTULO 7: FERNANDO

- Hijo ¿Estás bien?
A veces sólo una sencilla y simple pregunta puede hacer estallar una tormenta de sentimientos tan grandes que apenas deja articular una palabra. Pasaron demasiados segundos de silencio para que mi repuesta fuera tranquilizadora:

- Sí, claro. Estoy muy bien.
- Como hace tanto que no me llamas y nunca me coges el teléfono, pensaba que pasaba algo.
- Nada que no se pueda solucionar, jejeje. Sólo muy estresado y de trabajo hasta el cuello.
-¿Seguro?
- Seguro papá. No tienes de qué preocuparte.

Aparentar un buen estado de ánimo, apenas veinticuatro horas después de tomar conciencia de que también se habían llevado a Ángela fue una tarea durísima. Y digo “se habían llevado” porque a esas alturas era cómo lo nombrábamos y definíamos entre nosotros, pero siempre cara a cara, nunca por teléfono ni a través de internet. La policía los llamaba “desaparecidos”, “un desaparecido más”, nos dijeron en comisaría “se está yendo mucha gente si avisar, tendrá alguna cuenta pendiente”, como si alguien pudiera creerse tantas mentiras ya, como si todos no tuviésemos a alguien cercano, muy cercano o conocido que hubiera desaparecido desde hacía días, semanas o meses, como era el caso de Chus, como lo fue Ángela y otros cientos más. Es cierto que lo de Chus me había dolido, pero era más una cuestión de cercanía al dolor con Santi que real y verdadero daño. Sin embargo, con Ángela las cosas eran distintas y había pasado la noche llorando sin poder cerrar los párpados más de cinco minutos, preso de la pesadilla del insomnio en la que se había convertido vivir.

Aunque no hubiera sabido nada de Ángela, tampoco hubiera podido dormir; un vecino me regaló de madrugada una sesión donde pinchaba una y otra vez la canción “Puto…Matarilé al maricón”, a todo volumen, con las ventanas de su casa abiertas, colandose la horrible canción por todas las rendijas de mi casa. Nadie llamó a la policía y mucho menos yo, que sabía sin lugar a dudas que me la estaba dedicando en exclusiva. Por la mañana me desperté (más bien me levanté) tarde y llamé al trabajo y dije que no iría, después de todo estaba claro que era una cuestión de días que me dieran la patada y aguantar aquel ambiente podrido e hipócrita me superaba.

- Se escuchan tantas cosas en las noticias, hijo, que ya no sé qué pensar…
- Bah, exageraciones. De todas maneras, últimamente no es muy recomendable ver las noticias. Por el bien de la salud.
- Paso muchas horas en casa, y como estoy solo, la tele es lo único que puedo apreciar. La vista cada día la tengo peor y leer, sea en el ordenador o en libros, para mí ya no es posible.
- No exageres que no estás solo. Y además si te operaras los ojos, mejoraría tu calidad de vida una barbaridad, pero como te empeñas en que no sea así, pues…
- Para lo que me queda de vida, hijo, yo a un quirófano ya no me meto voluntariamente. Si alguna vez entro, será porque lo decidáis mis hijos y yo no esté consciente para negarme. Ya sabes que desde que se fue tu madre…
- Tu vida ya no es vida…Sí, papá, lo sé.
-Que sepas que no pienso colgar el teléfono hasta que me digas cuando vas a venir a verme.

El dolor por Ángela no era más que otra vuelta en el rodar de la bola de nieve que desde hacía meses se había ido haciendo más y más grande con el dolor de los demás, arrasando con todo lo que me importaba y tenía alrededor, en un movimiento que no parecía tener fin y que, ahora sí, también me arrastraría a mí. La única duda era el momento, el modo y el lugar…¿Cuándo? ¿Dónde? ¿Cómo? Preguntas que ocupaban poquísimo tiempo en mi cabeza; lo mío, mi posible daño no tenía ninguna importancia al lado del sentimiento de duelo por los demás, por los que estaban a mi alrededor, la terrible conciencia de estar quedándome solo o peor aún; me estaban dejando solo, me estaban robando a la gente que le daba a mi vida una apariencia de algo que merece la pena.
La impotencia, una parálisis tanto mental como física corrompiéndome el estado de ánimo las veinticuatro horas del día. Es posible que a esas alturas hubiera perdido unos cinco kilos, porque hasta el apetito me habían robado, como me habían robado las ganas de disfrutar de otros (aparentemente) insignificantes actos cotidianos; el ansia porque llegara el viernes, la alegría de saber que te esperaban horas repletas de amigos y cervezas, el pasear viendo escaparates entre risas sin importar la pluma o el qué dirán. Si me hubiera visto mi padre tan demacrado y pálido, lo hubiera preocupado sin remedio, y eso sí que no. Un hijo, a partir de cierta edad, aprende y entiende que hay algo que al menos puede hacerle como regalo a sus padres y es el no darles preocupaciones ni calentamientos de cabeza, o al menos así lo veo yo .

- Me pillas sin la agenda. Tengo que comprobar donde tengo tres días seguidos libres, porque son tantos kilómetros que ya que voy, que sea para estar un tiempo.
- A mí me dan igual los días. Con verte ya me vale.
- Ya pero las cosas hay que hacerlas con cabeza.
- Hijo, para los años que me quedan…
- La cabeza no te sirve de nada…Lo sé, papá, lo sé.

La parálisis también me estaba convirtiendo en una persona hosca, seca, cada menos sensible y receptiva a los estímulos del exterior, tal vez una manera natural de defenderse de las penurias morales que me sacudían todos los días. De hecho, mi padre era la primera persona con la que hablaba después de que me llamara Keka para avisarme de que se habían llevado a Ángela, hacía casi veinticuatro horas de eso. Hace meses la hubiera tratado de loca, pero ya no. Tampoco me hubiera esperado nunca que fuera Keka, precisamente ella, la que me llamara para comunicarme algo así. En el teléfono había perdido los nervios y entenderla entre llantos y gemidos me constó un esfuerzo de minutos. Creo que al final conseguí calmarla, pero su desazón se me pegó a cada centímetro de la piel con el efecto del alquitrán y así estaba, sin poder transpirar, plomiza, haciéndome sentir enfermo y de alguna manera, sucio, con una suciedad que la ducha no podía eliminar. Digo alquitrán pero podría haberlo llamado culpa, la profundísima, inmensa y absoluta culpa de no hacer, de engañarte diciendo que no está en tu mano, de ser un observador pasivo incapaz de encontrar la solución o al menos, intentarlo.

- ¿Cómo te llevas con Toñi, papá? ¿Ha mejorado vuestra relación?
- ¡Esa tonta no sabe ni tiene ni idea de nada! Tendrá muchos títulos y carreras pero no sabe una puñeta de tratar a las personas.
- Papá…De más de veinte entrevistas, a Toñi la elegiste tú, ni siquiera te dimos un consejo. Fue una decisión por entero tuya.
- Ya, pero es que como Lisarda no me cuida nadie…A ver porqué este gobierno de impresentables tuvo que mandarla a su país, si llevaba ya quince años y estaba criando a sus hijos aquí. Son unos cabrones, eso es lo que son. Gentuza.
- ¿Ves? Esta vez no te voy a quitar la razón.
- Lisarda es la persona que mejor me ha conocido después de tu madre. Me daba las medicinas sin ser pesada, me hacía caminar una hora al día y nunca me aburría en los paseos porque siempre tenía una conversación interesante. Y a mi edad, créeme, eso no abunda. Uno está aburrido de todo ya. Y esta Toñi es tan coñazo…
-Pues o aprendes a llevarte bien con ella o ya me dirás que opción nos queda.
-No creo que pueda.
-Inténtalo; a lo mejor si le enseñas a jugar a las cartas vuelves a echarte unas buenas partidas, como hacías con Lisarda.
- Qué te crees que no lo he intentado, pero esta mujer es tonta, tonta de remate y sin solución… ¡Ni siquiera sabe hacer trampas, ni tiene picardía para jugar!
- ¿Te quejas de qué es honrada y limpia en el juego? Jajajaja.

Mientras hablaba con mi padre, jugaba con el llavero que Ángela me regaló no sé la de años ya. Desde la tarde anterior, tras la llamada de Keka, no había podido soltarlo. Era un muñeco de plástico blando enganchado en una cadena, una caricatura de nuestro cantante favorito Site Mato, monumento a la mariconez y una de las pocas personas públicas que se había dejado la piel y la cara por defender nuestros derechos. Muy maricón, sí, con un nombre ridículo, también, pero con más cojones que nadie. Y encima cantaba tan bien, tuvo siempre tanto talento y sentido del humor que sus canciones, sin ser perfectas, eran la banda sonora de nuestra vida. Al principio, cuando todavía en los medios se podía leer alguna noticia no oficial, cuando internet no se había convertido en una trampa llena de censura y mentiras, era habitual encontrar a Site en manifestaciones, detenido o con el puño en alto. No sé la de veces que debieron romperle la cara. Ahora ya, por supuesto, imposible saber nada de él ¿Donde estaría? ¿Seguiría encadenándose a farolas vestido de lamé dorado y con unas plataformas de quince centímetros?

- Ernesto, voy a decirte algo que me gustaría entendieras en el mejor sentido y no te lo tomes a mal. Eres como tu madre y el orgullo te puede y te ciega, si te conoceré yo…
- No te pongas la venda antes de hacerte la herida, papá. Todos cambiamos, incluso tú.
- Verás…En la cuenta que tu madre y yo teníamos hay unos pocos ahorros. Los íbamos guardando por si ocurría algún imprevisto, pero ya sabes tú la vida tan normal y tranquila que hemos llevado, bien puedo decirlo. Ella se murió y no llegamos a necesitarlos. Ahora con mi pensión me basta y me sobra para mantenerme y además pagarle el sueldo a Toñi.
- No sé si quiero saber lo que me vas a contar.
- Quiero que te quedes ese dinero y te vayas del país. No te harás millonario, pero creo que en algunos países será suficiente para comprar una casa, tal vez un local y montar un negocio. Así podrás empezar una nueva vida lejos de este país. Pintas muy bien, hijo, aunque no hayas vendido ningún cuadro porque siempre los regalas; a lo mejor podrías dar clases de pintura, o vender tus obras, no sé.
- Papá…Yo…
- Tú y yo hemos tenido muchas diferencias, para que nos vamos a engañar. Seguramente si no se hubiera muerto tu madre, no habríamos podido recuperar una buena relación de padre e hijo, como tenía que haber sido hace tiempo y dejarnos de tonterías, que cuantos disgustos le dimos a tu madre. Han sido tantas peleas… Incluso eso se lo tenemos que agradecer a ella, que fue capaz de hacer cosas buenas hasta después de muerta.
- Papá…
- Déjame que siga, haz el favor. No soy la persona más informada del mundo pero escucho lo que dicen y tengo ojos y veo lo que están haciendo estos hijoputas, y a mi hijo no me lo van a tocar. Como me llamo Salvador Romero, a mi hijo no me lo tocan si no es por encima de mi cadáver, no lo pienso permitir- ( le temblaba la voz)- Me he dejado la piel para que seas un hombre hecho y derecho, educado, trabajador, responsable, he trabajado como un negro y ha sido un esfuerzo muy grande, así que no permito que te hundan.
-Ay papá…
- Y me siento muy orgulloso, porque mi hijo no ha matado ni ha robado, todo se lo ha ganado con esfuerzo y no ha necesitado jugar sucio. Siempre ha tratado de ser una persona justa y honesta, al menos lo ha intentado, porque tiene un fondo bueno, lo sé yo que soy su padre y eso nadie se lo puede negar. Por eso no me importa con quién se acueste; ni a mí ni a nadie le tiene que importar y menos este gobierno que nos lleva al desastre y la ruina. Hay además otra razón; si este país está lleno de mala gente, te voy a demostrar que todavía quedamos honrados y no somos pocos. En el parque, con todos los abuelos con los que me junto, todos opinamos igual, quién lo iba a decir, si la mayoría de ellos les votaron; a buenas horas se arrepienten. Lo que quiero es que te puedas sentir orgulloso de tu padre como yo me siento de mi hijo.
- No sé… qué decir…- (un río de lágrimas silenciosas me había empapado la camiseta)
- No tienes que decir nada. Tienes que coger el dinero, irte del país, y llamarme por teléfono todos los días contándome como te va, porque te advierto que no voy a consentir que lo gastes en vicios, copas o guarrerías.
- ¡Papá!
- Tienes que hacerlo por mí, dejarme que me muera con la tranquilidad…
- ¡No quiero que hables así! A ti te quedan muchos años de dar castigo.
- Pues voy a hablar como me dé la gana, que bastante tengo con que en el parque tengamos que hablar en susurros para que no nos escuchen. Como tengo el oído tan mal, no me entero de la misa la mitad y me paso la mañana tratando de leer en los labios de los otros viejos, que no sabes la de babas que me llevo. Y en el club de pensionistas, ni eso; tenemos prohibido hablar, directamente, o hacer conversaciones largas para evitar polémicas. No sabes lo aburrido que se ha vuelto el dominó ahora.
- No sabía…
- Sí hijo; a todos nos está salpicando la mierda y me tienen hasta los cojones. Si me muero sabiendo que mi hijo está siendo la carnaza de estos perros rabiosos, me iré al otro mundo creyéndome un fracaso como padre.
- Eso no es cierto.
- Si lo es; aunque estuviera en una cama inmovilizado, un padre siempre tiene que proteger a su hijo y para qué querría yo el dinero si no es para algo importante como es el caso.
- Aparte de que me estás haciendo un chantaje emocional de libro, no es tan fácil, también se está poniendo complicado irse a otro país. Y luego ten clarísimo que no te dejo sólo aquí ni en sueños.
- Tu hermana sigue viniendo cada dos o tres días, eso sin olvidarnos de Toñi. Y tú vives a cientos de kilómetros… ¿Qué más da unos cientos más?
- ¡Que te digo que no!
- Soy capaz hasta de enseñar a Toñi a hacer trampas si con eso te quedas más tranquilo.
. Menuda idea se te ha metido en la cabeza. Parece un chiste.
- No creo haber hablado más en serio en mi vida. Lo puedes tomar como la locura de un viejo que chochea pero no será verdad porque aunque me fallara la cabeza, te lo estoy diciendo desde lo más hondo de mi corazón. Y ya sabes lo que decía tu madre cuando cantaba aquella canción: “el corazón ni hace locuras, ni puede engañar”. Que nunca se te olvide lo orgulloso que me siento de ti.

Continuará

7.FERNANDO

219

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CAPÍTULO 1:SANTI
CAPÍTULO 2: ÁNGELA
CAPÍTULO 3: TONI
CAPÍTULO 4: MARISA
CAPÍTULO 5: ROBE
CAPÍTULO 6: LUIS

Las estaciones, la climatología e incluso el paisaje, a veces se acomodan a tu estado emocional y todo concuerda en una armonía de colores y sentimientos. La tarde en que me despedí de Fernando era plomiza, con la brisa húmeda y helada regalándonos la cara y a veces tímidamente algún rayo de sol se escapaba por entre las nubes y nos llegaba a través de las ramas desnudas.
Me propuso cenar en su casa pero le pedí por favor que saliéramos a la calle, que la sensación de vivir una vida enclaustrada me estaba asfixiando, que necesitaba ir a un restaurante sin miedo a nada, que tampoco íbamos a llevar peinetas y tacones, no había porque tener precauciones excesivas. En cualquier caso, sin darnos cuenta, habíamos adquirido costumbres que no puedo negar que hablaban de que ya nunca bajábamos la guardia, en una manera natural de estar alerta. Y todo a un ritmo tan rápido que apenas ocupaba unos meses; a veces es impresionante la capacidad de adaptación del ser humano. Y lo digo porque la mesa del restaurante era la más solitaria, al fondo, en penumbra, a una distancia prudencial del resto, y eso que habíamos llegado a una hora tan temprana que el restaurante se hallaba vacío. La conversación estuvo hecha de susurros, yo sin parar de preguntarle nimiedades todo el rato, sin darme cuenta de que por mucho que habláramos, esa conversación se acabaría en algún momento y yo no lo vería más, con todo el sentido y la gravedad que esa frase tiene.

- ¿Y qué harás allí cuando llegues?
- Uff…Aún no lo sé…Tengo que verlo con mis primos, a ver qué opciones laborales hay, pero aceptaré cualquier cosa que no sea un trabajo físico…Mi alcurnia no me lo permitiría
- Osea, que te vas para poder chupar pollas con guantes.
- Jajaja…Con eso no me importaría mancharme. Ahora en serio; ha sido todo tan rápido que ni he tenido tiempo. Soy consciente de que aspirar a trabajar allí de enfermero los próximos dos años va a ser complicado. Sin haber mandado curriculums y sin haber visto nada previamente, pero tampoco me voy a quejar, mi situación es privilegiada al lado de muchísima gente. Tengo la doble nacionalidad, un sitio donde alojarme y media familia desparramada por allí y encima es de los pocos países que quedan en el mundo donde aún nos respetan y no nos machacan con leyes nazis. Me muero por respirar el aire fresco de otro país y que no huela a podredumbre.
- Siento lo del hospital…
- Uy, yo no. Estaba deseando mandarlos a todos a la putísima mierda. Me han tenido casi ocho meses en la reserva con la excusa de la dichosa nueva cepa del virus. Que se lo crea la gente de la calle de este país, pues vale, pero… ¿Mis compañeros? ¿Le gente con estudios sanitarios? ¡¡Es gente que lleva trabajando años, que tuvieron que aprobar todos los exámenes de la carrera!! Y además, tomamos millones de precauciones… ¿Qué más dará que yo sea o no sea marica? El colmo es que no me llamado nadie, Ernesto, en todos estos meses no me ha llamado ni Dios para preguntarme qué tal estaba ¿Te lo puedes creer?
- Es una excusa para desplegar sus miserias y su odio.
-A mí me lo vas a contar; a esta sociedad putrefacta le hemos venido genial como desahogo. Cuando ayer me avisaron del despido sin una indemnización y después de tanto tiempo sin noticias y sin sueldo, lo tuve clarísimo. Aproveché que hoy tenía que pasar a recoger mis cosas y no veas cómo me he vengado, jejeje…
- ¡¡Esa cara malvada que pones me da mucho miedo!!
- Después de la llamada por la mañana, fui al supermercado y compré comida como si se acabara el mundo; he estado casi veinticuatro horas comiendo, no sé si hoy podré tomar bocado, jejeje.
- ¿Y eso? ¿Para qué?
- Era todo con mucha fibra y con fundamento…
- No te sigo.
- Hombre, siendo enfermero, es fácil tener acceso a los mejores y más efectivos laxantes del mundo.
- ¡No puede ser verdad!
- ¿Qué no? No sabes cómo se han quedado toooodas las taquillas…¡¡Van a necesitar una patrulla entera para desinfectarlo!! Creo que no he cagado más a gusto en mi vida, jajajajaja
- ¿¡No puede ser verdad!? Jajajaja
- Pero no sólo eso; me sobraba laxante y en el comedor lo he usado a discreción, mis compis tienen armarios abarrotaos de comida, paquetes de café como si se acabara el mundo y muuuchas botellas de agua en el almacén…¡¡Van a tener una semana temática de la mierda!! Que digo semana…¡¡Van a estar meses cagando!! Jajajaja
- Jajajaja.
- Con mis jefes lo he tenido más difícil; me he visto obligado a mandarles un paquete a cada uno de sus domicilios, así lo disfrutará toda la familia, jajajaja.
-Jajaja…¡¡Lloro de la risa!! ¡Y del asco!
- Anda, vamos a brindar; la botella me va a costar un pastizal y no puede sobrarnos ni una gota.

Lo que nos reímos. Nadie sabe lo que nos reímos. Las lágrimas se me saltaban de la risa, sí, pero también de pensar que era posible que no hubiera más posibilidad de que nos riéramos así, juntos, frente a frente. Los camareros desde la barra nos miraban turulatos y la comida se enfriaba en los platos. El vino nos calentó la boca.

- ¿No te da miedo que te detengan o te pase algo cuando descubran el atentado mierdero?
- Bah, me voy esta madrugada y ni siquiera saben mi dirección, hace meses que dejé el piso y vivo con mi hermana. No se lo he dicho a nadie.
- Es un plan siniestro jajaja
- Cambiemos de tema que no quiero acordarme ni una mierda, nunca mejor dicho, de mis entrañables compañeros de trabajo: te he traído un detallito…
- ¿Si? ¿En serio?

Sacó un paquete plano, envuelto en papel de regalo. Mientras yo rompía el envoltorio, Fernando seguía hablando:

- Lo conseguí hace un par de años; esperaba una grandísima ocasión para regalartelo, tipo tu boda, tu cincuenta cumpleaños, un ascenso o algo así porque sé lo que significaría este regalo…
- Ohhhh…¡¡Dios mío!!
- ¿Ves? Sólo por verte la cara ha merecido la pena la espera.
- ¡¡Es la edición especial del disco en directo de Site Mato!! ¡¡En vinilo!! Sólo se hicieron cincuenta copias…¡El vinilo es transparente! ¿Cómo lo conseguiste? En Ebay se paga una millonada.
- Yo no soporto a esa mamarracha, pero como a ti te gusta…
- ¡ Me dejas muertaaaaa !
- Pues espera a que veas la dedicatoria dentro…
- ¡¡ Esta firmada por Site!! ¡¡Y me lo dedica a mí!! ¿Cómo lo conseguiste?
- Con mucho esfuerzo y moviendo muchos hilos.
- ¡Ven aquí que te de un grandísimo abrazo!

Intentando abarcar a Fernando, abrí los ojos casi de casualidad. Los camareros cuchicheaban y se reían de nosotros sin cortarse un pelo. Volvimos a las sillas.

-¿Y tú, qué vas a hacer? Porque tienes que hacer algo, Ernesto, mira cómo está todo, mira cómo se están poniendo las cosas.
- Algo veré.
- Deja de hablar en futuro y ponte ya, me tienes muy preocupado; estas paralizado, inmovilizado, como en un campo de trigo esperando que pase la guadaña.
- Algo de eso hay, no te lo negaré. Deja de preocuparte por mí y hablemos de cosas chulas, cosas que merezcan la pena, anda, que sólo nos queda una hora más.
- ¿Te acuerdas de las pool partys en el Sunset? No hace ni tres años y parece qué ha pasado una eternidad. Las echo taaaanto de menos; nos lo pasábamos taaan bien todos los veranos. Puedo pasar sin libertad, y casi sin sexo, pero sin chulazos en bañador al borde de la piscina con un mojito en la mano, eso sí que no.
- Allí se conocieron Chus y Santi…
- Es cierto. Pobre Santi, me da la impresión de que se le está yendo la cabeza.
- No es tu impresión, es… así… ¡Pero hablemos de cosas buenas!! Brindemos otra vez, por las pollas que nos hemos comido, por cuando podíamos hacer cruising en medio del monte sin que nos cayera una condena de años…
- Fuimos felices… ¿No? Quiero decir…Nos lo hemos pasado muy bien juntos y hemos aprovechado lo que hemos podido sin hacerle daño a nadie. No ha estado tan mal ¿No?
- Fernando, hablas como si nos fuéramos a morir…
- Bueno, seamos realistas; si algo tengo claro es que no volveré a este país ni aunque me aten…¡¡Ni loca!!! Nunca, nunca volveré a este país apestoso que tanto nos ha hecho sufrir y que tan mal nos ha tratado.

Es ese momento, en esa pregunta, las horas, los días, el techo, la humanidad, el espacio, el tiempo, el restaurante, nuestro pasado y el que no sería nuestro futuro, todo eso, se me cayó encima. Fernando cambió de tercio.

- Vamos a brindar también por los cuartos oscuros. Y por el montón de veces que nos pilló el amanecer bailando en la pista de la disco y quisimos quedarnos allí para siempre.
- ¡Y por la Sauna California y sus ladillas! ¡Y por el Andros y su barra pegajosa!
- ¿Es necesario brindar por esos tugurios?
. Sí; hay que brindar por todo lo que hemos perdido y nos han robado esos canallas… Da igual si era bueno o malo…Nos lo han robado y un día tendrán que pagar por ello.
- ¡Pues vamos a necesitar toda la noche!

Y no fue toda la noche, porque apenas quedaba menos de una hora, pero lo hubiera sido. Brindis, risas, desparrames. Nos fuimos justo en el momento en el que los camareros empezaban a mostrarnos esos poco sutiles rechazos a los que nos habíamos acostumbrado, como dejar la bandeja de la factura con desprecio y sin mirarnos. Que se jodan, dijo Fernando. Que se jodan, repetí yo.
De paseo por la ciudad mientras lo acompañaba a su casa, tomamos los callejones más oscuros, las zonas más apartadas para así poder vivir tranquilos la despedida. Ninguno de los dos fuimos lo que se dice un amigo cariñoso, pero esa noche entrelazábamos un abrazo con otro, y aunque le había prometido no llorar, las lágrimas furtivas iban y venían caprichosas, ardientes, sin control. La sensación de soledad que esa noche me agarrotaba la garganta es una de las cosas más tristes que he sentido en la vida.

- Cuida de Santi y si sabéis algo de Chus, por favor llámame sea la hora que sea, aunque nos separen ocho horas de diferencia horaria, jura que me llamarás.
-No hace falta juramento, hombre; te llamaré…Seguro que lo encontramos y se encuentra bien, y en breve nos reiremos de todo esto.
- Sí, seguro… Sobre todo cuida de Robe…Nunca le perdonaré que no haya querido venir.
- Entiéndelo. Él tiene otra manera de manejar los sentimientos, es más de comérselos, de digerirlos dentro y sin testigos..¿Tú lo has visto despedirse alguna vez? Ni siquiera de un día para otro, siempre sale corriendo. Sabes que te quiere como el que más.
- Es más terco que una mula, pero joder…¡¡Era mi última noche!! Debería haber hecho el esfuerzo.
- Es mucho esfuerzo…No veas lo que me está costando a mí.
- Cuida de que se no meta en líos con esa pandilla de maricas paramilitares que ha montado. Un días los pillarán y ver quién lo saca de la cárcel, si es que sobrevive. Te vuelvo a repetir que te estaré esperando; si en cualquier momento decides venir, ya nos apañaremos, buscaremos algo… ¡Yo que sé!
-¿Y qué haré cuando pasen mis tres meses de turista? ¿Vivir escondido para que no me detengan por inmigración ilegal?
- Bueno, eso casi ya lo estás haciendo aquí…
- Eso no es justo. No me escondo. De hecho, he sido yo quien te propuso cenar fuera…
-No me refiero a ti en concreto, perdona, me he expresado mal. Mi alusión es a todos nosotros; sin darnos cuenta, nos hemos ido escondiendo cada vez más; ahora lo hacemos de manera subconsciente, pero hemos alcanzado una perfección en el mimetismo y el camuflaje que merecería un estudio, una tesis y hasta una enciclopedia. En vez de rebelarnos y luchar, nos hemos escondido como conejos en su madriguera. Y ojo que no me estoy excluyendo en la crítica, porque es posible que lo mío sea aún peor, que me escondo tan lejos que me voy a otro país, en el lado opuesto del mundo. Cuando llegue allí y no tenga que esconderme me voy a morir del gusto. El cuerpo me pide pasar los primeros días en la calle, soltando pluma y diciendo mariconadas a voz en grito. Tocaré el culo de los chulos y me sobaré en el metro. Y Dios pongo por testigo que siempre, siempre, siempre, hablaré en femenino.
- Menuda embajadoraaaa vas a ser.
- Como que te crees que le voy a contar a alguien que soy de este país. Empiezo de nuevo, Ernesto, no quiero tener nada que ver con esta pseudodictadura fascista nunca más, sólo con vosotros; lo demás me importa un carajo. Y no creo en Dios, pero rezaré todas las noches porque a este país se lo trague el mar y no quede ni un grano de arena.
- ¡¡Nooo, que no se nadar!!
- Lo que estoy pensando es que a ver cómo nos mantenemos en contacto. No quiero que os metáis en un lío si habláis conmigo y tocamos temas peliagudos, porque estos hijoputas son tan fanáticos que han sido capaces de gastarse todo el presupuesto anual en pinchazos a teléfonos o internet…La verdad es que no he pensado en nada, y deberíamos pensar ya en algún código, en algún método antes de que me vaya, porque claro, a ver cómo nos lo decimos luego si nos hemos comido una polla de veinte centímetros… ¿Tú has pensado en algo?
- ¿¡Qué voy a pensar si hace dos días que sé que te vas del país!?
- Me veo escribiendo versos gongorinos llenos de metáforas para que estos palurdos no entiendan nada.
- Jajajaja…Al final van a conseguir que nos culturicemos por cojones.

Fernando hizo un parón en nuestro paseo etílico, casi llegando a cada de su hermana. Se puso frente a mí para decirme:

-No te imaginas lo que me alegra que sea tu cara sonriente la última que me lleve de aquí.

Y nos abrazamos. Nos abrazamos tanto que podíamos haber parado el mundo. Nos abrazamos tanto que me hizo daño. Nos abrazamos durante tanto tiempo y sin poder evitarlo, fueron tantas las lágrimas que el hombro de su camiseta quedó empapado. Me separó un poco de él y preguntó:

- No has contestado a mi pregunta… ¿Estuvo bien?
-¿El qué?
-El ser mi amigo.

Continuará

6. LUIS

3b

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CAPÍTULO 1:SANTI
CAPÍTULO 2: ÁNGELA
CAPÍTULO 3: TONI
CAPÍTULO 4: MARISA
CAPÍTULO 5: ROBE

El devenir diario se estaba convirtiendo en un viaje en carrusel averiado que ha perdido el control y se acelera hasta salirse de los raíles, matando en cada vuelta a alguno de sus ocupantes. Ocurrían tantas cosas con tan poco tiempo para asimilarlas que era incapaz de asimilarlas en tan poco tiempo. No encuentro otra manera de describirlo sin que sea redundante.

En mi empresa no había día en que no notara como el ambiente se iba enrareciendo cada vez más, a pasos agigantados. Silencios en los grupos cuando yo me acercaba, desplantes de mis jefes a los que era imposible no encontrar en cualquier ocasión ocupados , archivos que me desaparecían, compañeros que no me cogían el teléfono, proveedores que nunca estaban, personal por debajo de mi categoría que me trataba con desprecio. El día que estoy escribiendo, volvía a casa hecho una furia. De hecho, había salido antes del trabajo dándome igual las posibles consecuencias. Pero es que si me hubiera quedado, me hubiera liado a hostias y no era plan, no quería rebajarme, darles en el gusto y que me vieran perder los papeles para así tener (más) razones para el despido. Algún hijodeputa me había puesto en la pantalla del ordenador un postit con la siguiente frase:

MUÈRETE, MARICÓN

La planta del edificio donde estaba mi sección era amplísima, sin paredes. Allí todos nos veíamos, comentábamos y podíamos saber perfectamente que hacía cada cual en su mesa, en un ambiente distendido, relajado, “moderno” y funcional. Por incentivar la creatividad, argumentaba la junta directiva. Intento decir que no me molestaba tanto que el sitio donde trascurría el trabajo diario se convirtiera en territorio enemigo (cuando siempre había sido un lugar amigable y cordial) como que al pasar por mi mesa (porque estaba muy céntrica en un lugar de paso) a ninguno de mis “amables” compañeros se le pasó por la cabeza quitar el postit y ahorrarme el disgusto.
Mierda de gente.

Que los que creías gente buena, sin profundidades pero cálida y de mentalidad abierta, supuestamente progresistas, que te harían un favor sin dudarlo, que esa gente de pronto se hubieran quitado la careta hipócrita y mostraran su verdadero rostro, tan podrido como su alma, me quemaba la sangre. Aunque me lo negara, era una parte más de la rabia y el dolor con el que me fui a casa. Hubiera deseado tener una máquina del tiempo y volver atrás para decirles a la cara y de uno en uno lo falsos y rastreros que serían en el futuro. Qué asco, joder. Ni siquiera el oasis en el que se había convertido Ángela me sirvió, porque llevaba un par de días en los que no tuvimos oportunidad de coincidir a la hora del almuerzo, por cambio de turnos en su sección.

Eran pensamientos que me cegaban, me tenían obsesionado, intentando situar tantas piezas nuevas en un rompecabezas de la realidad que no pensaba en otra cosa. Eso explica que hasta que no estuve a dos metros no lo viera allí, en mi puerta esperando, sentado en una maleta.
Era Luis.

Su presencia descontextualizada de Robe me trasmitía una sensación rarísima, porque nunca hubo ocasión de encontrarme con él a solas. Me sorprendió tanto que sólo me quedaron fuerzas para abrir la boca, sin poder articular palabra. Apuesto a que mi expresión era gilipollesca. El pelo rubio a media melena le brillaba lacio y acentuaba un habitual aspecto de púber noruego necesitado de que lo desvirgaran por detrás aunque ya tuviera más de treinta años.

- Hola Ernesto.
- Ho-ho-ho-la
- Te extrañará verme aquí…He venido porque tengo que pedirte un favor grandísimo. Me gustaría que le llevaras un recado a Robe. Pero no puedo hacerlo aquí, en la calle, tiene que ser en otro sitio.
- Oye, Luis…He llevado un día horrible no, lo siguiente. Te aseguro que lo que menos me apetece en el mundo es tenerte que escuchar; si acabo de ese modo el día definitivamente me suicidare,- (histriónico)- no podría resistirlo, así que si me dejas pasar…
- No lo hagas por mí, hazlo por Robe. Te juro que si me escuchas le harás bien.
- Te pido por favor que me dejes pasar, no tengo ninguna obligación contigo y estoy cansadísimo. Y además, el que deberías hacerle bien eres tú y dejarlo tranquilo, a mi no me metas.
- Me voy esta noche, puedes aplaudir si quieres. La última persona a la que veré antes de irme de esta puta ciudad de mierda eres tú, al que más conozco de todos los amigos de Robe y el único que es posible que entienda lo que trato de decir…También eres el único del que conozco su domicilio… ¿Por qué crees que vengo, si no? He tenido que recorrer media ciudad en autobús con este coñazo de maleta. Y menos mal que has llegado pronto, porque ya me veía esperando aquí cuatro putas horas.
- Está bien, sube a casa. Lo hago por Robe, que quede claro.

Qué difícil es esquivar las miradas cuando sólo dos personas van en ascensor y alrededor pesa el silencio. Y es que otro signo de los nuevos tiempos es que ahora mis relaciones se estaban reduciendo a una mínima expresión hecha de diálogos desesperados, confesiones vitales y desgarro continuo. Ya no bares ni copas. Ya no frivolidades y momentos intrascendentes, ya no mariconeo porque sí, ya no el disfrute de follar sin ataduras (un aspecto en concreto que me tenía desesperado). El mundo, mi mundo más cercano, estaba de luto permanente.
Ni una palabra nos cruzamos hasta estar en mi salón, cuando dije:

- Vamos a hacer una cosa. Tú me esperas aquí sentadito mientras me ducho, porque si no me doy una ducha no voy a ser capaz. Tardo nada, menos de diez minutos ¿Quieres algo?
- No, gracias. Te espero, sí, te espero.

Ducha rápida, albornoz y cerveza fresquita. Me senté en el sofá frente a Luis. Si todo fuera tan efectivo y placentero como una ducha…

– A ver, cuéntame el recado y espero que no te de por salir corriendo y dejarme a la mitad…
- ¿Te lo ha contado?
- Y aunque no lo hubiera hecho; es muy evidente que algo le pasó.
-¿Cómo está? Nunca me voy a perdonar…
-No, por favor, no busques mi lástima ¿Vale? No tengas el morro de encima hacerte la víctima.
- No sé cómo pude irme, no me lo explico.
- Pues explícaselo a Robe y deja que te diga que no me creo tu preocupación, pero esto tienes que escucharlo: ha tenido la cara destrozada, daba miedo. Ahora que empieza a remitir la hinchazón es otro aspecto, pero vaya, no da la impresión de que vaya a ser permanente …Eso sin contar la cicatriz.
- ¿Qué cicatriz?
- Una en la sien. Cinco puntos.
- Jooooder…¡¡Le dije que nos fuéramos pero no quise hacerme caso!!
- Poco se puede hacer ya al respecto.
-¡¡Eran siete, imposible que pudiéramos con todos a la vez!!

Lloró, lloró como había llorado Chus en mi sofá, justo en el mismo sitio, del mismo modo estremecedor. La vida convertida en una hélice cabrona y perniciosa donde la siguiente vuelta por el mismo sitio es mucho peor.

- Aunque no lo creas, me voy por Robe, porque si no me voy será imposible que me olvide y él me tiene que olvidar, por mucho que le cueste me tiene que olvidar porque se acabó el hacernos daño, no podemos seguir de este modo. Que sepas que es él siempre el que me llama, el que me busca después de meses sin verle, y yo nunca he sabido decirle que no, mierda. Lo mejor es poner tierra de por medio y que no nos veamos nunca más.
- Estoy de acuerdo ¿Y tienes algún sitio donde ir?
- Iré a ver a mis padres y luego ellos me llevaran a la clínica.
- ¿Qué clínica? ¿Estás bien?
- Estoy bien, relativamente. Voy a una clínica de reorientación sexual.

La confesión fue como encender la mecha de un depósito de dinamita que llevaba días esperando explotar. Me levanté del sillón dando gritos:

- ¡¿Qué coño le está pasando a todo el mundo??! ¿¡Os habéis vuelto todos locos!?
- No hace falta que me grites.
- Es que…Es que es superior a mis fuerzas ¿Cómo te han podido convencer de que es una enfermedad y se cura? Que lo piense el ciudadano medio de este país, vale, ¿Pero un marica? ¿Tú? No lo entiendo ¿Cómo se puede asumir que te van a destrozar la mente?- me apreté el dedo índice en la sien- Es con lo que pensamos, las neuronas, a ver qué vas a hacer sin ellas. Y encima te presentas voluntario y tan feliz.
- No tengo otra elección. Estoy sin trabajo, mi curriculum ya está marcado y mis padres me ayudarán sólo si accedo a la terapia.
- Nunca nos hemos llevado especialmente bien, pero escucha lo que te digo; ni a ti ni a mi peor enemigo le desearía lo que vas a hacer.
- Te repito que sólo me quitarán la marca del curriculum si hago la terapia, si no la hago nunca volveré a trabajar.
- ¿Y piensas que te dará alguien trabajo con el cerebro frito? Piénsalo.
- Estoy harto de ser marica, sólo me ha servido para sufrir y hacerle daño a Robe. No sé porqué no tendría que intentarlo, tener una nueva oportunidad para empezar desde cero.
- ¡Porque es una mentira cochina! ¿No te das cuenta? No funciona; ni tú, ni yo ni nadie conoce a alguien que se haya curado. Es otra asquerosa manera de sacarnos de la circulación. Una vez que te has quedado tonto, ya pueden hacer contigo lo que quieran. No tienen ni la más mínima intención de salvarte de nada.
- ¿Y qué? Mis padres estarán allí para apoyarme. Después de no sé cuantos años, mi madre es capaz de decirme palabras cariñosas, aunque sólo fuera por eso…De todas maneras las leyes, la gente, el gobierno que, por cierto, mis padres votaron, todo está apretándonos tanto el cuello que no vamos a tener otra salida si queremos respirar. O eso o salir del país.
- Te engañas…
- Tú sí que te estás engañando si piensas que podrás seguir fuera del armario por mucho tiempo y dando lecciones de moralidad. Y a mí… ¿De qué me sirve tener la cabeza bien si todo es una mierda? ¿Para darme cuenta de que todo es una mierda? Nunca, nunca volveré a pasar lo de la otra tarde con Robe, no quiero vivir algo parecido en mi vida.

De nuevo se rompió entre lágrimas. Nos separaba metro y medio pero estaba paralizado, el resquemor no me dejaba traspasar la barrera e ir más allá del papel que yo mismo me había adjudicado; ser testigo, pero no parte. Cuando se hubo calmado, quise ser un poco más constructivo.

- ¿Sabes? Últimamente me ha dado por pensar que si hace tres años, hace sólo tres años, nos cuentan lo que nos iba a pasar, nadie lo hubiera creído ni hubieran hecho nada al respecto. Han ido quitándonos cosas poco a poco, paulatinamente, con pequeñas variaciones que parecían no tener importancia pero la tenían, joder si la tenían. Ha sido como un juego de fichas de dominó, en el que una pieza golpea a otra para tirarla. Aparentemente no es nada, pero al acabar, todas las piezas están en el suelo, y así en dos años nos lo han quitado todo delante de nuestras narices y lo hemos permitido…A ti en unos días, te van a robar hasta el raciocinio. Lo peor es que no me extraña; el gobierno ha hecho tanta publicidad, ha montado tantas clínicas y se lo ha tomado tan a pecho que supongo que muchas lesbianas y maricas lo encontrarán irresistible. El discreto encanto de la reorientación sexual, hay que joderse.
- No tengo elección, no te das cuenta ¿Quién me ayuda si no lo hago? ¿Quién me va a dar trabajo ¿Tú? No, no tengo elección.
- ¡Si la tienes! Siempre la tenemos, no te quepa duda. Y desde luego, si hay que perder algo, lo que sea antes que la dignidad.
-Grandes palabras pero están huecas, vacías. Ni me dan de comer, ni la tranquilidad, ni una vida digna, que es de lo que hablamos ¿No?
- No; hablamos de que cuando te quede poco de vida te puedas mirar al espejo sin morirte de la vergüenza ni del asco porque has traicionado todo lo que eras, de eso hablamos.
- No quiero seguir con este tema, no vine aquí por eso.
- ¿Y entonces a qué?
- Pídele a Robe que no me busque. He bloqueado su número de telefóno y no pienso contestar a correos suyos, así que es posible que cuando haya pasado un tiempo sin saber de mí, decida buscarme. No es posible, lo conozco y seguro que lo hará. Es capaz de venir a la ciuad de mis padres pensando que ellos me secuestraron o algo por el estilo. Dile que no necesito que me rescate un príncipe, dile que se olvide de una puta vez, cuéntale una mentira, no sé, que me viste y que me reí de él, que estaba dándome el lote con otro tío…¡¡Lo que quieras!!Pero no dejes que me busque más, por favor, no dejes que se haga más daño…

Y ahí, sí. Ahí he de reconocer que sentí que Luis amaba a Robe, que sus palabras estaban tan llenas de amor verdadero como de dolor lacerante y que eran profunda, intensamente sinceras. Fue como si todo lo amargo de ese día se me subiera a la boca y lo estuviese saboreando, de golpe. Me hubiera gustado odiarlo, hacerle patente el desprecio, pero en ese momento fui incapaz. Mi tono se hizo mucho más comprensivo y amigable.

- Está bien; vete tranquilo que me encargaré de que no te busque.
- ¿Sabes? No me importa lo que pienses; a Robe lo he querido como a nadie y no creo que pueda encontrar a alguien a quién querer de la misma manera ni por asomo. Mi vida ya es un fracaso, porque nadie, nadie jamás estará a la altura. Y esa, tampoco me vas a creer, es la razón más importante por la que iré a la clínica de reorientación.

Continuará

5. ROBE

202

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CAPÍTULO 2: ÁNGELA
CAPÍTULO 3: TONI
CAPÍTULO 4: MARISA

No sabía que era tan sensible e impresionable para ciertos asuntos, tenía un concepto de mí mismo bastante más valiente del que era en realidad. Y es que fue ver a Robe con los cinco puntos en la sien y darme un mareo que tuve que sentarme mientras el se reía y me hacía aire en la puerta del hospital. Como llevaba el pelo muy corto y barba de días, en vez de afearle, la cicatriz le hubiera sentado hasta bien si no fuera porque su cara imitaba a un mapa en tres dimensiones.

-¡Estas blanco!- (me dijo)- ¡Que el herido soy yo, no tú! Y se suponía que viniste para llevarme a casa en el coche, no para que te llevara yo-(risas )-¡¡Y no me hagas reír que me duele todo, joder!! ¡¡Ay!!

Además, había perdido un diente y tenía la nariz y los labios tan hinchados que era casi imposible reconocerlo. En los ojos un cerco oscuro auguraba dos moratones que le durarían más de un mes. Su cuerpo menudo, apretado y fibroso, parecía más vulnerable. El resto de cardenales, vendas, magulladuras y contusiones no llegué a verlos. Sin embargo la camiseta que le devolvieron en urgencias, tras las curas, iba estampada en grandes manchas y chorretones de sangre que habían adquirido un color marrón oscuro.

- ¡Estoy por no lavarla! Me encanta como ha quedado…

Y el comentario lo hizo riéndose a carcajadas de su propia ocurrencia cuando me ayudaba a levantarme del banco. Por su manera de enfrentarse a la vida y por otros miles de pequeños detalles más, no podía querer más a Robe, mi amigo más viejo, más especial, con quién tanto había compartido, sufrido, reído, bailado, llorado y también peleado.
Robe fue noviete mío, pero hace tantísimo tiempo de eso que casi no tengo recuerdos de cómo fue, porque de aquel amor adolescente no quedaba rastro, erramos unos críos y sólo servía para que de vez en cuando sacáramos el tema entre un público suficientemente alcoholizado para echar unas risas. Durante un tiempo trabajó de reportero en un periódico y cuando lo echaron a la calle nunca sufrió por tener otros trabajos que no estaban a su altura, porque tenía talento, era un fotógrafo crudo, buenísimo, directo. Captaba la esencia que sólo los grandes saben captar. El mundo laboral había mejorado un poco y gracias a su obstinación pudo continuar haciendo fotos, esta vez por su cuenta, para más tarde venderlas al extranjero. Es cierto que su obstinación lo había convertido en un superviviente, pero también lo hacía, en muchos momentos y de muchas maneras, una persona difícil, inflexible, complicada y un poco antisocial. La mejora fue de un año a esta parte, y por fin podía sentirse libre otra vez mandando fotos fuera, sin censuras, sin jefe ni amo, dueño de su trabajo y por entero de sus fotografías, tan importantes para él. Las amaba como pocas cosas se pueden amar, es posible que demasiado, porque sufría, daba demasiado por ellas. Suya tengo una gran foto en mi salón que él mismo me regaló, en blanco y negro. Me la hizo en uno de nuestros viajes, sin yo darme cuenta; aparezco mirando por la ventana y pese a que nunca me he gustado en ninguna foto, esta es diferente. Cuando la miro me trasmite paz. Y eso es mucho. Con esa sensación es con la que quisiera morirme. De todas las fotografías que me han hecho en la vida esa es la que más me gusta y más me representa. Y me la hizo Robe.
Lo que intento explicar es que no me mareé por las heridas; me mareé por Robe, por verlo así. La imagen fue un mazazo cuyos efectos me durarían muchos días y que me venía cuando cerraba los parpados, cuando me iba a dormir, cuando intentaba abstraerme. Y sin embargo, su actitud era como si acabara de recogerlo a la salida de una fiesta.

En el coche le pregunté:
- Bueno, entonces…Ahora vamos a la comisaría a denunciar el robo con asalto ¿No?
Ahí ya dejó de sonreír. Una sombra oscura se le cruzó en la cara.
- No, no voy a denunciarlo.
-¿Estas majara? Así será imposible que te devuelvan o que encuentren la cámara, si además no hubo testigos lo tendrás complicado.
- En realidad, no fue un asalto como estás pintando. Tampoco me robaron nada y tampoco estaba solo.
-¿ Cóooooomo? No entiendo nada…
- Iba con Luis.
- ¿Con Luis? ¿Pero otra vez has vuelto a verlo? Bueno, me callo que no quiero echar sal en la herida… ¿Y él cómo está?
- Salió corriendo.
- Tenía que habérmelo imaginado…
Luis y Robe, Robe y Luis. Llevaban eones intensándolo pero nunca conseguían nada más que no fuera el hacerse daño. Meses sin verse, una nueva oportunidad, rayos y centellas, sapos y culebras y vuelta al principio. Su relación era un misterio que nunca conseguí entender, pero el caso es que así estaban, al menos que yo recordara, más de diez años. Supongo que sobra decir que no soportaba a Luis; era un niñato consentido que se daba aires de rebelde al que nadie comprende, cuando no era más que un maleducado antipático y estúpido. Sin embargo, para Robe no había más hombres en el mundo y ni siquiera lo intentó, al menos que yo lo viera, con otros. No supe nunca que le veía de especial y tampoco me lo contó, aunque después de tantos años yo había asumido que no era un capricho. Es posible que ellos lo llamaran amor, yo la percibía más bien parecido a una enfermedad crónica de la que nunca se curarían. En el coche, estuvimos minutos revolcándonos en el silencio, las luces de la ciudad nos regalaban claroscuros a ratos y su rostro en penumbra resultaba más impactante y aterrador.
- ¿Me lo vas a contar o tengo que adivinarlo?
- No sé si merece la pena; sufrirás, sufriré yo al recordarlo y encima no hay nada que hacer al respecto.
- Venga Robe; llevas la cara hecha un cuadro expresionista, no me puedes dejar en blanco.
- ¿Tendré que aguantar que nos juzgues?
- Haré un esfuerzo…
- Un esfuerzo no; o juzgas o no juzgas ¿De acuerdo?
- De acueeeerdo.
- Hemos vuelto a vernos desde hace unos meses. No te voy a decir que esta vez va a ser diferente, porque no lo sé. Esa es una de las razones por las que no hemos comentado nada a nadie. De hecho hoy casi la tenemos porque estoy harto de que nos veamos a escondidas, él no quiere ni salir a la calle…
- Típico.
- No, no es típico… ¿Tú crees que están los tiempos para que dos maricones se paseen haciéndose arrumacos en un parque?
- Tampoco exageremos…
- Je…
- ¿He notado cierto sarcasmo en ese “je”?
- Sí, has notado bien. Ese sarcasmo iba porque Luis, al menos esta vez, tenía toda la razón.
- Como no te expliques más…
- Ernesto, de verdad, a veces te cuesta, te cuesta…No nos han robado; nos han dado una paliza por maricones.
- ¡Venga ya!
- Mírame la cara, mírame la cicatriz y dime si crees que lo estoy inventando
-¡Pues entonces más razón para ir a la policía!
- Después de lo que ocurrió a Santi, con Chus tantos meses desaparecido ya, que estoy seguro que ni se han molestado en buscar, paso. No seré yo quien me plante allí para que me humillen o algo peor; me habrán apaleado pero me queda la dignidad y no la pienso perder, que antes me lio a hostias aunque me juegue el cuello. Además, tampoco lo comuniqué en el hospital, así que ya no tendría mucho sentido la denuncia.
-¿Por qué hiciste eso?
- Porque es posible que si hubieran visto algún matiz marica en la agresión, ni me hubieran atendido; es más, me habrían denunciado ellos. Con el puto bulo de la nueva cepa del virus nos tratan como apestados, es la excusa perfecta. Antes hubiera podido ir al hospital de Fernando, pero desde que está en excedencia, nos ha jodido el apaño .Y si no me equivoco, tú no podrías haberme cosido la herida…¡¡Te hubieras desmayado!!
- Si es tu decisión, la voy a respetar, me cuesta, como tú dices, me cuesta, pero la respetaré. Y ahora por favor cuéntame qué ocurrió.
- He tenido que sacar a Luis de casa a patadas y de los pelos, ya no soportaba vernos encerrados. Si fuera porque estamos follando, no me importaría, jejeje, pero el simple hecho de saber que lo hacemos por miedo me enerva, me saca de mis casillas. A mí no me encierra ni Dios, antes mato a alguien. Hemos dado una vuelta, nos tomamos una copa…Luis andaba mirando a todos lados, histérico. Como a mí también me estaba poniendo muy nervioso su actitud, le he dicho que nos acercáramos al Parque Sur, por estar tranquilos al menos. Y ya sabes cómo soy; la mezcla de naturaleza y oscuridad del atardecer me pone muuuy cachondo. Yo le metía mano, el se escabullía, yo le daba un beso, el me recriminaba, yo trataba de cogerlo de la cintura, él me huía. Pero hemos tenido mala suerte, joder, muy mala suerte y nos cruzamos con un grupo de niñatos, energúmenos. Eran unos críos de mierda, ninguno debía tener más de dieciocho años, pero eran bastantes, eso sí, unos siete. Nos insultaron, se rieron…Luis quería que saliéramos corriendo pero demuestra que todavía no me conoce; yo no he huído jamás, en la puta vida.
- Y les hiciste frente, como si lo viera.
- Tú sí me conoces… Pero es que cuando me dijeron follaniños se me fue la olla…¡¡Yo nunca me he follao a un crío en mi vida, que me gustan los tíos con pelos en los huevos!! Se pasmaron vivos cuando me encabroné a lo gallito, tal vez esperarían que las mariquitas locuelas salieran brincando cual cabritillos, jejeje…Qué imagen…¡Ay, me duele cuando me río!
- Me desarma que tengas ganas de bromear…
- Es que no pienso derramar ni una lágrima. Por eso no. La soltaré por Luis…Cuando se me pase este puto dolor en la cara…Ains…No tardó ni un instante en salir corriendo…Si al menos hubiera esperado una respuesta…Pero cuando volví la cabeza para decirle que se resguardara, ya se había ido…
- ¡Menudo gilipollas!
- Luis no es gilipollas, deja de meterte con él. Ha tenido una vida muy complicada y hace lo que puede, tiene miedo, como otros tantos y cada uno lo expresa a su manera. El miedo es salvaje, indomesticable, no se puede controlar…
- Cómo Luis…
- ¡Qué lo dejes ya! Nadie me obliga a estar con él, ni me ha hipnotizado ni me ha engañado, así que tenle un respeto por poco que sea. Hice una temeridad y nadie tiene ni tendría la obligación de seguirme en la temeridad, ni siquiera tú, yo nunca te lo hubiera pedido…De hecho…¿Te hubieras quedado?
- No sé…Creo que sí, pero más por no sentirme culpable el resto de mis días que por valentía, eso lo reconozco.
- Qué morro, jejeje… Te juro que estuve a punto de poder con ellos, con los siete; eran unos mierdas, no tenían ni media hostia, pero cuando me golpearon con el bate me dejaron KO y ahí aprovecharon para darme lo mío. Si llego a estar consciente, esos ni me tocan. Son tan lerdos que debieron pensar que estaba muerto y por eso me dejaron tranquilo y sin robarme nada, osea que después de todo, el bate me salvó la vida. Si te soy sincero, lo peor vino cuando desperté…No veas lo que me costó llegar al hospital, que apenas veía más allá de mis narices, bueno, ni eso. Al salir del parque encontré un taxi y el taxista dijo que no podía llevarme porque le mancharía la tapicería.
- ¡No me lo puedo creer!
- Pues es tal como te lo digo. Tuve que coger un autobús de línea y no veas cómo me miraban los pasajeros…¡¡Que risa!!
- Joooooder. Creo que me estoy mareando.
- ¿Otra vez? Abre la ventana, hombre, ábrela y que te dé el fresco, que nunca me había encontrado mejor..¡¡Si hasta me han hecho un favor!!Me han hecho un favor, Ernesto, en serio; me han quitado el miedo de un hostión. Ya nunca más voy a tener miedo y eso vale una millonada, no tiene precio. Se nace o no se nace con miedo y a mí me lo han extirpado con un bate. Casi tendría que agradecérselo. Por cierto que las pruebas médicas dicen que no hubo violación, ni siquiera un leve y pequeño intento de violación, una verdadera pena porque había chavales bien ricos y por estadística al menos uno de ellos debería ser maricón, jejeje…
Tuve que parar el coche en un arcén. No podía mantener la vista en la carretera. Un agobio inmenso me subía desde el estómago hasta el pecho, me impedía respirar, me llenaba los ojos de lágrimas que quemaban. Abrí la puerta, salí fuera y tomé todo el aire que pude. Robe me siguió y me puso la mano en el hombro.
-Tenemos que ir a la poli, Robe, esto no puede quedarse así.
-En el fondo envidio tu capacidad para ver las cosas con optimismo. Es increíble. Pero mantente tranquilo, que no se va a quedar así.
- ¿A qué te refieres?
- Hay un proyecto, vamos a llamarlo así, del que he hablado en ocasiones con la peña del gimnasio aunque nunca nos lo hemos tomado muy en serio. Pero después de lo de Chus y con esto mío ahora sí va a salir adelante, vaya si va a salir, ya me encargaré yo.
- No sé quién es la peña del gimnasio.
- Joder, Ernesto, te he hablado cien mil veces de ellos…Mario, Raúl, Miguel…No sé si incluir también al cateto de Juanra.
- ¿Y el tema es…?
- Agruparnos como patrulla para dar de hostias a las patrullas de niñatos. No me toques los cojones y no me digas que es una locura, que te veo venir y no quiero sermones. Esto es una guerra y yo no pienso ser una víctima, no pienso hacer de pasivo a la fuerza…Seré pasivo si me sale de la punta del rabo. Me darán porculo, ¡Ojalá!, pero no será con mi consentimiento y sin pataleo de por medio.
- Madre mía…
- No van a parar hasta que nos quiten de en medio, hazte a la idea de una puta vez, porque pensar de color rosa no te va a salvar la vida. Pero conmigo se van a encontrar con una sorpresa. Los cuatro hacemos un grupo muy preparado y somos capaces de repartir leña a toneladas; en el gimnasio lo he comprobado un montón de veces. Tenemos que boxear entre nosotros porque nadie nos quiere como rivales. Nos llaman las maricas rabiosas, jajajaja.
- Esto…esto no puede estar sucediendo…
- Pues lo está, y o te espabilas rapidito o te limpian. He pasado muchos días imaginando como lo haríamos, estudiando las posibilidades para que el plan tuviera éxito, y lo que vamos a hacer es imitar de la misma manera y hasta el último movimiento, su táctica y su estrategia. Tarde o temprano nos toparemos con una de esas putas patrullas y…¡Zasca! Se van a enterar…Creo que nada podría hacerme más feliz en la vida que ver a un hijodeputa de esos besarme las Martens. En algún momento nos cogerán, lo asumo, pero antes nos habremos quitao de encima a un buen puñado de cachorros nazis.
-¿Y qué ganas con eso? Violencia y más violencia y más…Es una espiral sin fin.
- El discurso a lo Gandhi te advierto que ya no cuela. Y si lo que me estás pidiendo es que me comporte como un buen cristiano y ponga la otra mejilla, tendré que reírme. No estamos hablando de una histeria colectiva que le ha dado a cuatro locas del ambiente; esto es real, nos quieren muertos y yo no se lo voy a permitir.
-Tengo miedo de que te pase algo, a ti, a los demás, a la gente que quiero, que te hagan daño.
-¿Más daño? Imposible. Acabo de superar el test de dureza…
- No bromees, Robe. Estoy muy asustado, en serio; mírate…¡¡Es horrible!!
- ¡Deja de llorar, hombre! A ver si van a pensar que eres mariquita, viene otra patrulla de mierdas y me rematan…Al final seré yo quien te consuele cuando soy yo el que necesita mimitos…Y no, no deberías tener miedo, es lo que ellos buscan, que nos quedemos inmovilizados. Ven, dame un abrazo…¡¡Pero tan fuerte no, que me duele!!
- Odio esto, odio este país, odio a este gobierno de fanáticos nazis que nos han traído aquí, odio a todos los hijosdeputa que los votaron, odio a los que se quedan callados y son cómplices, odio a la humanidad que no hace nada… Nunca imaginé que una pesadilla tan horrible pudiese hacerse real.
- Cierto, pero ya acabó el tiempo de lamentarse. Hay que hacer algo y hay que hacerlo ya. Yo a mí manera, tú, si quieres y te apetece, a la tuya. Pero si piensas que me voy a quedar quieto, el loco eres tú, pero loco de atar.

Continuará