De vez en cuando cometo el error de repasar algunas de las cosas ke he escrito y termino con muy mal sabor de boca. No me gusta la imagen ke proyecto de mí mismo , ni estoy de acuerdo con muchas de las opiniones ke me he atrevido a despachar tan trankilamente. Supongo ke he de asumir, si kiero seguir escribiendo, ke un blog distorsiona. Me refiero a ke casi siempre escribo en momentos de furia, o de dolor,o de despecho y en general, mi vida no es así. Es lo ke tiene la urgencia; ni se miden las palabras ni su alcance.
Por eso hoy, en frío, más ke una entrada, lo ke voy a hacer es dar las gracias y poner en su justo lugar a una persona muy importante en mi vida, sin más intención ke darle una imagen en la ficción más parecida con la realidad y ( muy importante esto ke sigue) sin kerer ni esperar nada a cambio, porke escribo esto como kien escribe un testamento, por si alguna vez él lo pudiera leer ( ¿¿¿ Por ké coño siempre me estoy justificando???).
La cuestión es ke estoy harto de escribir de cabrones ke me han hecho sufrir, ke no merecen ni media palabra, ke nunca me kisieron o nunca me kisieron bien y sin embargo son los ke más aparecen entre líneas de lo ke escribo. Así ke hoy, al menos, se acabó;hoy hablo de alguien ke me amó bien y supo demostrarlo.
Dicho lo cual……
El regalo más bonito ke me han hecho en mi vida fue un viaje. Un viaje a Amsterdam como regalo en la noche en ke celebraba mi cumpleaños . Desde ke soy niño, hay tres ciudades ke he kerido ver especialmente y por diversos y variados motivos; Amsterdam, Roma y Estambúl, y eso era algo ke hablaba mucho con mi novio de akel entonces.
¿ Saben? Nuestra relación era una relación viajera, y no porke diera muchos cambios, sino porke cuando viajábamos, era perfecta. Jamás haré turismo como hacía con él; en coche, en avión, perdidos por la sierra o en una ciudad de idioma desconocido, los viajes con él me hacían sentir muy feliz de ver como nos entendíamos, como erámos lo ke tantas veces había leído; un sólo yo.
Con esos precedentes, no debía de haberme pillado por sorpresa akel regalo ke me ofrecía mi novio; los dos billetes de avión en la mano, su cara brillando con esa sonrisa de universitario americano lleno de salud y mofletes, mis amigos con la boca abierta mientras las velas se consumían en la tarta.
Se suponía ke salíamos a eso de las nueve de la mañana, y yo como soy absolutamente gilipollas en esos momentos importantes de la vida,en vez de agradecérselo, soltaba coces a discrección, kejándome de las prisas y del follón ke suponía hacer la maleta en tan pocas horas. De verdad ke me recuerdo en esos momentos y me daba de hostias; hay ke ser imbécil .
La cuestión es ke entre pataletas de novio malcriado y consentido, hicimos toda la ceremonia de recoger maleta en casa de los papis, hacer ekipaje, desayunar y sin dormir, ir al aeropuerto. En el avión ya empecé a reaccionar y darme cuenta de ke me estaba portando como lo peor y conociéndome no sería raro estar así los siete días ke nos kedaban en Amsterdam.
Pero yo olvidaba ke nuestro amor era un amor viajero, y fue poner un pie en akella ciudad, y dar comienzo el sueño de los sueños, el argumento de película más esperado. Todo era tan bonito y perfecto ke a veces tenía la sensación de estar en un musical, ke nuestros pasos eran acompañados por una melodía mágica y ke todo en akella ciudad tenía un ritmo y unos colores en cinemascope. Si diera detalles, parecerían ridículos, pero lo ke nos reímos, lo ke follamos, lo ke descubrimos juntos en esos siete días, nadie lo puede imaginar. No hubo un segundo ke no fuese maravilloso.
A la vuelta yo creo ke la resaca postAmsterdam nos duró meses y estuvimos viviendo de las rentas de akella felicidad hasta ke la cosa se jodió un año y medio más tarde.
Habían pasado algunos años despues de akello y yo atravesaba un verano de crisis existencial viajando en tren por Europa, pero ya sin mi novio. Lo nuestro se habia jodido de manera dolorosa y traumática ( al menos para mí). Íba con una amiga y surgió la posibilidad de acercarnos a Amsterdam; pos bueno, pensé yo; era tan bonita ke no me importaba repetir.

Con esa inconsciencia bajé del tren, hasta ke nada más salir fuera de la estación empecé a notar ke me pasaba algo raro. Caminando por akellas calles y eskivando al tranvía me di cuenta de ke tenía fijada en la memoria akella ciudad, de una manera increíble. Recordaba cada calle, cada tienda, cada lugar donde nos dimos un beso; de hecho, no necesitamos un callejero.
La ventaja de la orientación tenía un reverso; a cada calle y a cada lugar tenía asociado un momento con mi ex; recordaba hasta extremos increíbles detalles nimios y tontos, el recuerdo de la ternura, el cariño pegado a las fachadas donde hicimos akella foto y la pasión ke por allí fuimos dejando como un reguero paralelo a los canales ke no se había borrado. La sensación era la de poder entrar , despierto, a un sueño.
Porke Amsterdam permanecía exactamente igual de perfecta, esplendorosa en su disfrutar del Verano y volver era como tocar la felicidad ke un día había tenido, pero desde fuera, sin poder hacerla propia. Y eso me causó un dolor ke a media tarde hizo ke tuvieramos ke sentarnos en un banco porke no podía más;era tan físico, tan herida sangrante irreal ke me temblaban las piernas y la voz.
Perplejo y asombrado estaba de mi mismo y de mi reacción ( yo ke siempre he sido más duro ke el pedernal) , y la ciudad se me subió a la cabeza y dije tonterías y pensé tonterías más grandes aún. Pensé ke había sido más ke idiota por perder un novio tan bueno, pensé ke nunca estaría mejor ke una vez estuve en Amsterdam y también pensé ke kien dijo ke nunca se ha de volver a los sitios donde se fue feliz tenía toda la razón, joder ke sí.
Así ke saké el móvil y por unos minutos estuve a punto de llamarle, casi tres años despues de haberlo dejado. Si al final no lo llamé fue accesorio, cuestión de cara o cruz, porke la herida ya estaba de nuevo abierta y al volver a España notaba un pesar ke no me dejaba trankilo.
Estuve así, removío, al menos un mes, con la sensación de no estar en calma ni en paz. Y un día, como de casualidad, mi ex me llamó. Era para invitarme a no recuerdo ké, pero a la primera de cambio le dije ke había estado en Amsterdam, y en menos de tres frases me puse a llorar como un crío, intentando darle las gracias porke al volver a la ciudad de los canales me había dado cuenta de lo feliz ke fui allí; todo era gracias a él. Entre hipos y aspavientos de llorica, mi novio debió pensarse otra cosa y una vez acabé la historia me paró los pies, como curándose en salud, advirtiendome entre metáforas ke él no estaba por la labor de volver.
No me había entendido nada. O más bien yo me había explicado fatal. La cuestión es ke lo ke iba a ser una confesión y un agradecimiento, se convirtió en una retahila de reproches y culpabilidades sin sentido a esa altura de nuestra vida.
Una vez yo, otra vez él, está claro ke nadie es perfecto.
Hace un mes volví a Amsterdam y fue como sentirme, por fin, en paz conmigo mismo, con la ciudad y con mi ex, y decidí ke cuando volviera debía dejar constancia de mi agradecimiento. Porke nunca la vida mereció tanto la pena y debe kedar en este blog, para ke así cuando relea algunas entradas, la imagen ke vea de mí mismo y de los demás me haga sentir ke lo ke he vivido no sólo tuvo sufrimiento. Por eso escribo con todo su significado:
Yo fui feliz en Amsterdam.
Muchísimas gracias.