LA CIUDAD SALVAJE
Tuesday, September 30th, 2008El tocho austral 3
Los Andes entre Santiago y Buenos Aires huelen a carne humana congelada .

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Llegamos a la capital argentina de noche, y desde el aire se ve tan inmensa y tan interminable ke instintivamente se respira con ansiedad. Enseguida se comprueba ke sí, efectivamente; es grandísima. En la Calle Corrientes, en Lavalle, en Santa Fe, los ríos de gente con cara ocupada y llena de prisas parece ke lo van a inundar todo.
Las avenidas no se acaban nunca, las medidas kilométricas tienen otra dimensión y el sentido de las distancias akí es de otro mundo. Y el ritmo, ese ritmo vital ke tiene Buenos Aires, salvaje y brutote, selvático y enganchante. Tanto, ke me supera. Desde el primer momento he sabido ke voy a tener ke echar un pulso con esta ciudad, y si kiero disfrutar, tendré ke ganarlo. Ha sido como meterse una dosis de droga dura; lo ke no sé es si me ha subido al cielo o me ha bajado al infierno.

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Desde ke llegamos a Argentina, JotaeSe se desvive porke conozcamos y disfrutemos de su país, de un modo ke si a veces los planes no salen bien, se moskea con las circunstancias. Nos mima, nos cuida, se preocupa, intenta siempre ke los tres estemos agustito….. Yo ya sabía ke era una persona excepcional, pero su demostración akí supera todo lo imaginable, y si antes lo kería mucho, ahora lo kiero más, mucho más
¿ Se puede kerer infinito? Pos eso. Seguramente no hacía falta haber viajado tanto para ver en persona un prodigio semejante, porke lo teníamos al lado, en casa.
Así ke gracias a él, hacemos todo lo ke hay ke hacer como si fuésemos argentinos, ke es lo ke mola cuando se visita un país; comemos pizza fucatella en Las cuartetas y en Guerrin para comprender ke la mejor pizza no se hace en Italia. Cenamos asado argentino, vamos a librerías de segunda mano y tiendas de discos, y los primeros días nos alojamos en casa de A y Eme, ke viven en un barrio megatrankilo llamado Villa Ortuzar y ke se portan con nosotros reketebién. Nos dan calor humano y muy buena compañía.
La primera noche nos dejan en casa solos y Pe llama a su novio a España. Tienen una mala conversación y explota lo ke se estaba incubando ya varios días; un tormentón emocional. Ayudados por cinco botellas de vino, a los cuatro se nos calienta la boca y hablamos y gritamos y descargamos. Pe cuenta cosas de su relación ke remueven fantasmas de las relaciones ke yo he tenido, y también la convicción (mientras lo escucho sufrir ) de ke un novio sí, pero a cualkier precio no. A estas alturas de mi vida, no. Con lo sano ke es de vez en cuando ke cada uno tome vacaciones por su lado . Con lo bonito ke es el amor cuando va bien y lo jodido ke puede ser cuando se avería .
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Sigo con insomnio. Por las mañanas me levanto hecho unos zorros sin fuerzas para nada. Hoy hasta me he kedado dormido en el jardín de eMe y A, después de comer; mi cuerpo ya no podía más.
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Además de follar y comer, en cualkier ciudad ke se visita hay ke ir a sus cementerios ke siempre se aprende y se alucina fijo. La Recoleta es un verdadero museo de escultura, y en Chacarita volvemos a alucinar con las tumbas más pobres y modestas. Cienes de hectáreas sembradas de túmulos de tierra ke se coronan con una cruz aún más modesta. Impresionaos nos kedamos sobre todo con una tumba paupérrima ke sin embargo tiene siete placas. Una por año. Leer como una hija echa de menos a su madre todos los años nos pone los güevetes en el galillo.

La tradición cuenta ke kien le pone un cigarro en la mano a la escultura ke tiene Gardel en su tumba, folla, pero yo como soy un descreído, como ke paso.

Algo me dice ke me voy a arrepentir….
El viaje de vuelta desde Chacarita lo hacemos andando y se convierte en toda una enciclopedia de la estratificación social argentina. Primero cruzamos por donde viven los cartoneros , al borde de la vía, en construcciones cutrísimas de puro pobre. Luego las casas más modestas con negocios pekeños y espacio justito. Luego llegan los edificios con olor proletario y más tarde las casa unifamiliares y , calles con arboles, cuidadas, trankilas y limpias.
A la semana hemos cambiado de alojamiento y A y Pe nos han hecho una parrillada de despedida maravillosa, sobre todo porke la cena ha estado llena de charlas interesantes y vino buenísimo. Y nos hemos reído un güevo. Esa misma noche dejamos el barrio familiar y trankilo por el centro histórico; San Telmo.
En la puerta nos recibe eNe ( ke, o es un manojo de nervios o está medio atacá ) y nos enseña la casa, una casa de los años veinte de techos altísimos y vidrieras art decó; increíble, alucinante, señorial, espectacular y mil adjetivos elogiosos ke se me puedan ocurrir.

ENe es fotógrafa , una fotógrafa importante, eso dice JotaeSe, y la casa está decorada de una manera diferente ; a veces me recuerda a un hospicio para muñecas rotas, a veces el sitio donde fueron a parar todos los juguetes ke se perdieron alguna vez. Da la impresión de ke es una especie de confesión de cómo es ella misma por dentro.

Corriendo, corriendo, sin apenas dejar las maletas, nos vamos a Niceto Club, ke esa noche de Jueves tiene la fiesta especial Club 69, /, uno de los vértices de la modernidá bonaerense, y por eso tiene una cola de impresión, típica maldición ke Dios mandó pa castigar a las modeLnas, por pavas y aborregás.
El boliche está a rebosar y lo primero es lo primero; hay argentinos guapos, sí, pero tampoco una cosa como pa correrse de sólo mirarlos . Es ke me habían dicho ke una de las cosas ke más impresiona es lo guapos ke son, (así en conjunto ), y tampoco es pa tanto.
Lo segundo; como empujan y ke cantidad de pisotones en cinco minutejos, oiga, ke dan ganas de volverse y darle una hostia a alguien. Y no son empujoncitos accidentales , ke coño; es arte y deporte en uno : practican judo con los codos , te tiran la copa a empellones , son unos maestros en el blokeo a lo fútbol americano y te hacen un zapateao flamenco en el dedo gordo del pie a la primera de cambio ¿ Ustedes dirán ke luego piden disculpas? Pos no. Lo curioso es ke luego dan muestras de una educación cívica envidiable; esas filas ordenaditas ke esperan el colectivo civilizadamente ya las kisiera yo pa España ¿ Entonces cual es el auténtico argentino? ¿ El educado o el grosero? Pa mí ke van a ser los dos, porke si algo puedo decir después de una semana es ke este es un país de contradicción , un país ke vive eternamente en una paradoja imposible ( ¡ Toma definición epatante!)
Total; ke el Club 69 estaba imposible de tanto modelito, tanto moderno, tanto brilli-brilli, tanta impostura…..Había también mucha mamarracha con lentejuela encima del escenario, a destacar La Cacho, toda una institución en Buenos Aires, ke como su propio nombre indica, está delgada cual sílfide ( ejem).

Lo ke no explica el nombre es como ha llegado “ tan alto” con ese sentido del ritmo, ke es el más nulo ke han visto estos ojitos; pero ke mal baila, leche. Tiene guasa ke a algunas les paguen por lo ke otras hacemos gratis ( y bailando bien).
La música mola y el ambiente ( mixto) está ke se rompe, pero así es imposible hacerse un hueco bailando, lo único ke se puede hacer es mirar, y comprobar como al final no somos tan diferentes, porke será muy moderniki, pero lo único especial ke tiene Club 69 es a las mamarrachas en el escenario haciendo de gogos, como tantos y tantos eventos de Madrid, Roma, Londres, Nueva York……A ver si los ke hacen fiesta de este tipo se van calentando un pokito más la cabeza. Con un pokito nos conformamos.
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El Viernes noche decidimos pasar de ambientes mixtos y Pe y yo nos tiramos a la calle a la caza del argentino gay, recalando en Alsina ke nos dicen ke está muy bien. Alsina es un clon del Cool madrileño pero en paños menores; menos musculocas; ambiente frígido, mucha miradita pero nadie se toca, gogos cual esculturas griegas… . Pinchan musicón y la mayoría de peña va empastillá hasta las cejas. Y todo el mundo se ha perfumado con Acqua di Gio. Se ve ke no existe otro perfume…… En realidad el ambiente no es divertido pese a la supuesta euforia afectiva ke provocan las pastis, ni se siente el thunda thunda ni na. Los tíos de Alsina van tan pendientes de su imagen y de sí mismos ke no miran a nadie, así ke es imposible socializar minimamente y no nos keda otra ke bailar, bailar un güevo mientras me acuerdo de Chile y de su ambiente supuestamente en ciernes. Y va y resulta ke lo echo de menos, fíjate tú, y más cuando uno de los camareros se ekivoca con el cambio y no me kiere devolver los cien pesos ke le di a cambio de una cerveza. Pos ke bien.
De nuevo compruebo ke no somos tan diferentes; la pista llena de cachaslocas sin camiseta y con gafas de sol aburre akí y allí. También se comprueba ke algunas gastan tanto dinero en la cuota al gimnasio ke no se pueden permitir un buen desodorante, porke maremía, ke pestazo.
En el aseo, un tío vende chucherías, otra ideaza del copón , porke a las cinco de la mañana, después de tropecientas copas, un chupachups como ke apetece. Puaggg!
Cuando suena esta canción, la gente se vuelve loca. Buenos Aires siempre se kedará pegado a esa música en mi memoria.
Ha ido pasando la noche y los únicos ke me han mirao son los más frikis y siniestros ( en el peor sentido de la palabra), porke yo hace tiempo ke me cansé de buscar una mirada argentina ke estuviese unos puntos por debajo de la altivez. Pero hete akí ke cuando ya me planteaba irme, descubro ke el gitanazo de metro ochenta y cinco ke tengo a mi lado, el de los labios morados, me está merendando con sus ojos grandes, negros y brillantes ¡ Albricias!
Así, tonteando, tonteando, nos presentamos ( se llama Pa ) y bailamos juntitos. Serán dos horas de buscarle la boca mientras él me la niega y roza mis manos, cierra los ojos y sonríe, mueve la cintura sin apenas mover los pies para bailar, poniéndome más caliente ke una perra, pero besos no. Compartimos copa pero besos no. Me pide ke le pase el porro pero besos no. De vez en cuando ( como sin kerer) roza su pakete con el mío pero besos no.Cuando le digo ke si no me besa se me va a ir la cabeza, el tío me ofrece un cigarro. Ke salao….
Kitan la música y cuando voy a por mi chaketa él me dice ke me esperará en la puerta ; yo, en el camino, me falta saltar de contento porke no puedo creer en mi suerte. Sin embargo, cuando salgo, él no está. Vuelvo a entrar y tampoco. Me acerco a las eskinas de la calle y ni rastro. Empiezo a temerme ke me han timao y no sólo con los cien pesos de la cerveza.
















