El cuaderno austral 11 ( y fin)
Ya iba tardísimo, y encima Buenos Aires es inmenso, con su tráfico incluido, ke es un puro caos, así ke iba tardísimo y además asustado, porke mira ke si Sergio se hubiese ido ( con toda la razón).
Me faltan piernas para salir del taxi, pulmones para respirar mientras corro, ojos para llegar a Contramano y buscarlo por todos los rincones, las barras, las pistas. Pero no lo encuentro, mecagoenlaputa, y pienso ke me lo merezco por gilipollas. Vuelvo a subir a la planta de arriba y nada, a la segunda planta y nada. Como encima la disco está a reventar y muy oscura, se me hace dificilísimo distinguir las caras. No sé el tiempo ke paso buscando, cada vez más asustado. De pronto me parece ver un gorra de béisbol detrás de un muro de espejos, casi no se distingue. Me acerco con prisas, nervioso sin poderlo disimular, y allí está él. Imponente, inmenso. Nos miramos. Me sonríe. Me tiro a sus brazos, y lo aprieto tan fuerte ke casi me rompo. Èl me abraza y me ocupa, mientras siento en su pecho la sensación de una risa floja ke se escapa sin kererlo, risa de felicidad; como la mía. No hay necesidad de palabras.
Electricidad y kímica.
Le propongo ke nos vayamos; pese a ke he pagado el dinero de la entrada, no kiero estar allí ni un minuto más: kiero tenerlo toda la noche, estar con él a solas sin perturbaciones, poder desperdiciar minutos mirándolo, besándolo, asumiendo ke es real.
No nos soltamos ni el taxi, y subimos las escaleras de la casa de eNe como si nos llevara una alfombra invisible y mágica. Allí tenían todavía el jaleo montao y cuando me ven aparecer alucinan.
Luego vino la noche en ke sentí ke era devorado. La noche en la ke gritamos sin dolor, en la ke era imposible separarnos mientras nos reíamos borrachos de nosotros mismos , en la ke nos hicimos confesiones al oído mientras no podíamos dejar de tocarnos, de besar, tanto, ke las frases se kedaban a medio. Desnudarnos se convirtió en un rito sagrado, en el ke la parte del cuerpo descubierta era adorada, asumida, mimada hasta el extremo. Su sonrisa era un reflejo de la mía y nos contamos cosas de nuestra vida, de nuestras intenciones y cada vez me gustaba más y más, y más. Lo descubrí sin fisuras, sencillo, nada retorcido, con un toke tierno increíble dentro de un cuerpo como el suyo y con esa manera ( suya) tan bestia de follar. A veces me sentí digerido, masticado, engullido por un mar de carne, sudor y gemidos.
Pronunció la palabra miedo muchas veces, pero yo le tapaba la boca con la mano o un beso, porke , como le susurré al oido, no teníamos nada ke perder. Y lo más difícil ya era nuestro: la electricidad y la kímica.
Sin darnos cuenta, la luz entró por la ventana. Es increíble lo elástico ke puede llegar a ser el tiempo, pero siempre en contra de nuestros deseos, o por despacio, o por deprisa. Él debía irse a trabajar pero me negaba a soltarle, liándome en sus piernas, besándole el cuello para desviar su atención, como si los sueños se pudieran retener, como si fuese posible parar el tiempo. Pero el tiempo es ineludible, y Sergio era demasiado fuerte como para inmovilizarle los pies.
“Bueno”, me dijo, ya vestido, mirando al suelo” ya nos veremos ¿ No?”.
“Sigues sin confiar en mí”, le contesto.
“No es eso, es ke es tan difícil….”
“ ¿ Sabes ke voy a hacer? Antes de tomar esta tarde el avión, iré a verte al trabajo a despedirme de ti, kiero demostrarte ke voy en serio “.
“ No tenés ke hacerlo”
“ Es por ti y por mí. Me odiaría si no te vuelvo a ver teniendo la posibilidad”.
Nos abrazamos, él vestido, yo desnudo. No kerría ke se fuera nunca, pero se va.
La mañana vuela. El ekipaje, la larga despedida de los objetos, de las paredes, de la casa ke ha sido tanto, las ultimísimas compras. Apenas me keda dinero. Mis amigos me prestan plata para poder tomar un taxi y el tren de cercanías ke me llevará a Sergio. Me dicen ke lleve cuidado, ke la estación y los alrededores son muy peligrosos, y yo cojo lo imprescindible y me encamino, con la extraña sensación de lo nuevo, de la primera vez, del sabor a aventura ke tienen las cosas con catorce años, un sabor ke creí olvidado y ke no se puede comparar a nada. El sabor de saber lo ke se kiere de verdad y ke el resto de cosas no importen. El sabor del destino disfrutado. El tiempo ke hacía ke no lo sentía así…..
La estación era grandísima , un microcosmos poblado de miles de organismos humanos ke se mueven como hormigas, y aunke reconozco ke voy en alerta , todo resulta salir especialmente bien; encuentro la takilla para sacar el billete, encuentro el andén, encuentro sitio en uno de los últimos vagones de un tren larguísimo. Modesto, pero limpio y abarrotado de gente. Los veinticinco minutos ke paso montado en él son paisajes de suburbios hechos con casas de cartón de la gente ke vive cerca de los railes. Llevo casi un mes y no me acostumbro, joder. Veinticinco minutos de casas de cartón.
Alguien lleva una radio a todo volumen y ponen a Erasure. En España pueden pasar siglos sin ke los escuche y akí ya han sido tres veces; en el colectivo, en la discoteca ( si señores, en la discoteca) y akí. Siempre me han acompañado en los momentos importantes de una manera ke asusta, y además keda demostrado la grandísima cultura musical argentina.
Todo en esa mañana parece irme a favor. Pregunto a una chica por mi parada y se muestra muy atenta y simpática, y hablamos de España y me dice ke como están allí las cosas, ke está pensando en irse a la madre patria a vivir. Le digo ke esa pregunta me la ha hecho un montón de gente y ke en España hay crisis.
“ ¿ Crisis en España? “ se ríe ella “ Ustedes no saben lo ke es eso. En Argentina llevamos cien años de crisis.”
Cuando nos despedimos me da un beso tierno con los ojos entornados y me dice “Suerte”, y para mí pienso ke ya está conmigo, ke no necesito más.
El pueblo de Sergio es muy modesto, muy pobre, pero llenísimo de gente por todos sitios, con un bullicio y una alegría ke me recuerdan mucho al Mediterráneo, a Italia, a Murcia. Pregunto y rápidamente encuentro el casino donde trabaja Sergio. Él es jefe de sala, la sala de las tragaperras, ke pese a la pobreza del pueblo está llenísima de gente ke mira hipnotizada los ruiditos y lucecitas de las mákinas, metiendo montones de monedas, todo envuelto en la neblina del humo del tabaco.
Lo descubro al fondo, concentrado en su trabajo, dando ordenes y pendiente de todo. Es tan alto, tan imponente. Va vestido con un traje y parece totalmente otra persona, igual de impresionante y guapo pero de otro modo. Los pies me llevan, y sólo cuando estoy a cinco metros escasos de él, rodeados por la neblina del humo ke le da a todo un aspecto de ciencia ficción, de efecto especial no premeditado, me descubre.
Nunca olvidaré la cara ke puso.
La tengo akí, grabada en la memoria.
La pienso y casi me mareo.
Sus ojos chisporroteantes, la sonrisa ke se le escapaba sin kerer, el movimiento de cabeza como keriendo negarme, pero yo estaba allí, y me acercaba a él. Por esa expresión, por ese gesto hubiese ido al fin del mundo, merecía la pena el viaje, el último año vivido en suspenso, a contrareloj porke llegara Argentina. Apenas llegué frente a él me agarro del brazo, como si hubiese hecho algo malo, y tiró de mi; yo no sé como lo hacía pero nunca me produjo daño. Me llevó a los aseos, abrió una puerta, miro a ver si había alguien, entramos, me metió a un retrete, cerró esa puerta y entonces, respirando hondo, pasó sus ojos sonrientes y felices por mi cara y sentí casi como ke me tocaba con las pupilas. Luego fueron sus dedos, y antes de besarme, me dijo “Sos loco” . Duró tanto tanto akel beso, salieron tantas cosas de nuestros labios ke me kedé clavado en él y aunke he regresado a España , a veces creo ke en realidad permanecí allí para siempre.
También me kedé un poco con eNe; despedirme de ella se me hizo durísimo y la hubiera raptado para ke viniera con nosotros. Ojalá le sirva de algo nuestra estancia allí. Pienso en ella todas las semanas y suponerla sola y de nuevo, perdida, me kita el sueño. Ojalá esté bien.
La vuelta con Pe, JotaeSe y eLe fue de lo mejor. Irme con ellos fue una grandísima idea, y pese a lo malo, daría lo ke fuese por volver ; Argentina es droga dura y como tal, engancha.
Ha sido el viaje de mi vida, creo ke lo puedo decir sin muchas dudas, y aunke existen muchas posibilidades de ke Sergio y yo nos volvamos a ver, tampoco kiero sufrir por ello; fue tan bonito ke me vale así .
Una parte de mí se kedó congelada en akel aseo, pero yo me traje algo, el recuerdo de su rostro cuando me vió, un gesto ke decía ” te creo, confío en ti, sentimos lo mismo “, ke es lo más chulo ke me han dicho nunca sin palabras y ke me ha hecho recuperar la fe en ke es posible.
Y otra cosa; las marcas de su paso por mi cuerpo.

PD:Todo el cuaderno austral está dedicado a akellos ke lo han leído semana tras semana, nos han alentado ( porke a punto estuvo de kedarse a la mitad) y han entendido por donde keríamos ir . Especialmente a la señora meg y a la señora mj, sin cuya compresión esto no hubiese sido posible . Y es ke el cuaderno austral ha sido más ke escribir.
Gracias por su atención y por su tiempo.