( Para canción de acompañamiento a la entrada, pinchen akí)
A Sean Connery lo conocí hace casi dos años, en una zona de cruising muy concurrida de la capital, a las afueras, rodeado de pinos y en pleno monte. Cuando voy, voy a lo ke voy y no suelo conversar mucho aparte de las preguntas-excusa tal ke ” vienes mucho por akí” y esas tonterías.
Akella tarde el área estaba a rebosar de coches y un chaval con gorra de beisbol calada iba haciendo el loco, pegando acelerones y frenazos. Estaba a punto de irme pero preferí ponerme a un lado y esperar a ke se fuera . Aparké justo al lado de dos tipos ke hablaban. El gilipollas antes de irse, dió un par de curvas en plan Fernando Alonso y bajando el cristal de su ventana, se fue gritando “¡¡¡ Maricones!!!
¡¡¡ Hijosdeputa !!”; un espectáculo ke me hizo reir de ver lo colgá ke está la gente. Muy sonora debió ser mi risa porke uno de los tipos ke hablaban se acercó a mi coche y me tocó el cristal mientras me preguntaba “¿ Has visto ke imbécil?”
Había mucha luz akel día y justo detrás del tío ke me hablaba estaba el sol, así ke, cegado, apenas distinguía más allá de su silueta y su pretendido tono de buen rollete. Llevaba mis gigantes gafas de sol cual máscara de superhéroe pa zorrear, pero ni con esas conseguía verlo definidamente. Entonces pensé bajarme del coche pa poder tener una conversación medianamente normal y fue ahí cuando lo vi. O debería decir lo descubrí. O aluciné. O no di crédito. O me kedé muerto.
Él era como Sean Connery pero todavía mucho más guapo. El Sean Connery de bigote y sienes plateadas en todo su esplendor maduro, con casi metro ochenta y tantos de alto, cejas pobladísimas y unos gigantes ojos negros ke chisporroteaban y ke hacían imposible no kedarse hipnotizado. Y la sonrisa, una sonrisa abierta, franca, de las ke saben ke conkistan y bien ke le sacaba todo el provecho posible. Fue verlo y pegarme un bote la polla dentro del pantalón, de esto ke cuando más hablaba, más palote me ponía yo, más ganas me daban de cogerlo del cuello y comerle el bigote, la boca y todo lo demás. Seré sincero y diré ke su conversación me interesaba pokito, aunke como debía estar muy acostumbrado a encandilar, me hice el atento a sus palabras intrascendentes, como si no viera ke sus encantos eran una tramoya ensayada cientos y cientos de veces hasta dar con la formula de la representación ideal.
Sin embargo, estaba tan bueno, era tan irresistible, tan follable ke cuando me preguntó “¿ Por ké no te kitas las gafas para ke te vea los ojos?”, accedí. Él se kedó con la boca abierta, y dijo ke tenía los ojos más bonitos del mundo, ke no debería ponerme las gafas nunca, y aunke no me creí nada, me hice el avergonzado timidón. Así ke la escena sólo podía continuar de una única manera; follando encima del capó de su coche. Como si nos fuésemos a romper, mezclando los sonidos animales de nuestras gargantas con los metálicos de la chapa, todo frenesí y desvarío, sudor, mordiscos y desvanecimiento.
Sean Connery llegó a todo con retraso. Empezó a correr cinco kilómetros diarios cuando cumplió los 38 años ( ahora tenía 50) , y se dió cuenta de ke era maricón a los 35, despues de haber tenido cinco churumbeles ( CINCO) con su santa señora esposa, con la ke seguía casado, claro. También llegó tarde a eso de ser atractivo. Imaginándolo de joven uno se podía hacer a la idea de ke sería alguien normalucho, alto para su generación, más sin ningún atractivo específico. Pero la edad, el deporte y la seguridad de ke podía gustar lo habían convertido en una mákina de seducir; era como si hubiese esperado años para vengarse. Se vestía además como si fuera más joven, sin parecer ridículo, como si fuera más inteligente, sin parecer un pedante, como si no le importara, y le importaba muchísimo.
Sean Connery nunca te engañaba. Al menos a mí. Era de los ke te decía desde el primer momento ke jamás dejaría a su mujer. También te contaba sus escarceos amorosos con chicos de veinte años menos, presentándose como alguien bien intencionado, en busca del verdadero amor, pero con mala suerte con los tíos, jo. Sin embargo, en akellas historias ke me contaba despues de follar, fumándonos un cigarro, yo ya vi el peligro y me armé de defensas ante la posibilidad de enamorarme. En todas sus historias repetía siempre el mismo patrón; fogonazo inicial, enganche posterior super enamorado y al final decepción ; claro ke siempre era el otro kien tenía la culpa, como siempre los llevaba a su casa de Altea ( como me llevó a mí), como siempre vivía una relación clandestina y llena de peligros, como siempre exigia del otro una interpretación exacta de lo ke algunos llaman amor y con él se convertía en vulgar teatro…En definitiva; era el praticante más entusiasta del amour fou mentiroso.
A él yo le importaba tres pepinos; lo ke kería era gustar, seducir y manejar con sus encantos, claro ke de tan usados, ya llegaban a mí deslucidos y sin brillo. Por eso no me enamoré. Y precisamente por eso, él no se aburría nunca conmigo, porke siempre había reto, porke siempre había algo ke conkistar.
La cuestión es ke como persona no era digno ni de mi cariño, pero follábamos de cine . Siempre me ha parecido curioso ke lo de follar bien no tiene nada ke ver con la inteligencia, ni con ser buena persona, ni con ser licenciado en alguna carrera, por eso es mejor muchas veces no hablar y hacerle caso a Cernuda, dejando ke el deseo nazca del desconocimiento. Claro ke para llegar al polvo con Sean Connery, había ke pasar antes por los preámbulos tontos ke eran como una ceremonia de culto a su ego. Yo a todo decía sí, en todo decía ke había sido la hostia, con todo me comportaba apasionao y con entrega. Sólo era capaz de hablar de sí mismo y aunke a otros es muy posible ke los confundiese, tuve claro desde la primera vez ke lo único ke le preocupaba a Sean Connery en la vida era tener los cojones cómodos y ke fuesen adorados como ídolos sin igual ; los sentimientos de los demás se la traían olímpicamente al fresco y parecía ke toda la humanidad tuviera ke estar a su servicio. Era tan cruel cuando hablaba de su mujer ke inevitablemente surgió en mí una corriente de simpatía y pena hacia ella.
Luego, por fin, follábamos, y como pasa muchas veces, se establecía una sintonía ke nada tenía ke ver con mi opinión sobre él. Encajábamos a la perfección y punto. El pecho plateado de pectorales de hierro, el punto de chulo tierno, los muslos y el culo como granito, su manera de entregarse como si estuviese enamorado, de ser generoso pese a su egoísmo vital, las horas ke podíamos pasar enredados en un beso sin kerer ir más allá del propio beso…Esas cosas me trastornaban, lo reconozco.
Pero lo mejor de Sean Connery fue su manera de tomarse una relación conmigo, porke imponía sus condiciones como un novio a punto de casarse : prohibidas las llamadas entre semana, pohibido ver a otros hombres, prohibido intentar ke cambiara su vida, prohibido exigir verlo más pero si a él le picaba la polla yo tenía ke estar dispuesto y dócil como una geisha. Era muy macho, muy hombre, y kizás por eso no se tomaba muy bien el ke le llevaran la contraria o ke no se alabase algunas de las ke él creía, grandes ideas, así ke tenía ke forzar al máximo mis dotes interpretativas pa ke no se le bajase la erección. Para colmo era muy posesivo y celoso, tanto, ke llegó a estar un día entero en su coche vigilando mi puerta ( cuando para kedar a cenar había ke echar una instancia). Yo es ke no me lo podía creer.
En realidad era como un juego; èl pensaba ke me tenía atrapado pero era yo el ke lo tenía atrapado a él, porke evidentemente, nunca hice caso de sus peticiones aunke dijera ke sí a todo, al final siempre kedábamos cuando a mí me convenía y si me compensaba era porke lo pasábamos muy bien en la cama; dejarme apretar la cabeza por akellos muslos maduros de hormigón caliente era lo máximo.
Un día tardé media hora en responderle a un sms y me contestó con otro sms diciendo ke no kería verme más, ke lo había tratado muy mal, y ke estaba muy dolido ( ojo, por tardar media hora en un sms). Lo sentí como un peso kitado de encima, con un descanso ke me duró días, y aunke a veces me acuerdo de nuestros polvazos, nunca lo echo de menos a él, en concreto.
Sin embargo, la vida te da sorpresas y hoy, despues de casi un año sin saber nada, me lo he encontrado de nuevo en el mismo sitio. Es curioso porke aunke hacía frío, el sol volvía a tener una luz afilada y al principio sólo he visto un contorno ke me saludaba y me llamaba por mi nombre , hasta ke he cambiado de sitio y he visto ke era él. De nuevo, como un espejismo, una ilusión ke no es real, ke brilla pero ke es imposible de tocar porke está hecha de mentira.
Lo fuerte es ke está más guapo si cabe, más arrebatador, ha mejorado la técnica y ya casi no se distingue el cartón piedra ni el atrezzo en su personalidad. Con una sonrisa de las ke ciegan y la mirada de perro dócil ke pide perdón, me ha vuelto a contar dos historietas de las suyas ( las de siempre) con el mismo patrón, con el mismo tipo de chavales, pero esta vez no he dejao ke terminara; en menos de un plin estábamos recordando viejos tiempos encima del capó; ha sido fiero, salvaje, espectacular y básico; apenas nos ha dao tiempo a kitarnos la ropa; lo hemos hecho a botones arrancados y cremalleras rotas.
Despues, con el cigarro en las manos , me ha dicho ke kiere volver a verme, y como yo estaba pasando la mejilla por la nieve de su barriga, en ese momento he pensado ke sí, ke estaría bien. Sin embargo ha continuado con ke esta vez va a salir bien, me ha dicho ke kiere volver conmigo a Altea, ke nos merecemos un amor de verdad, me ha dicho ke está jugando al tenis y “mira como tengo los biceps”, me ha dicho ke la puta de su mujer le monta muchas broncas cuando él se está portando como un buen marido (!?!), me ha preguntado si lo veo guapo, si noto ke ha adelgazao y yo no despego la cabeza del pecho por no tener ke asentir. Creo ke hemos estado más de tres cuartos de hora de charla y en ningún momento ha preguntado algo sobre mí. No me ha visto casi en un año y no sabe nada de lo ke me ha pasado, si bueno o malo, y ni por esas ha sido capaz de preguntarlo; de hecho, dudo ke sepa muchas cosas más aparte de cuanto me mide o mi número de telefono.
Así ke cuando se ha empeñado en ke al próximo viernes sin falta tenemos ke vernos ( en mi casa, of course, sin preguntarme si yo podía), cuando ha insistido en ke tengo ke prepararle una gran cena de esas ke me salen tan bien, cuando me ha pedido ke compre un vino de esos ke con tanto tino suelo elegir, cuando me ha dicho ke me recorte la barba como le gusta a él , a todo eso le he dicho ke sí, siempre un sí arrebatado. Ya me ha mandado seis sms y yo los he respondido raudo, amoroso y veloz, pero cada vez ke me mandaba uno, se me iban kitando las ganas, y repasando todas estas cosas ke he contado akí, estoy pensando ke no, ke nada podría darme más placer ke kedarme él próximo viernes sólo en casita. Y como no le deseo ningún mal a nadie, ke a Sean Connery le den porculo. Pero no seré yo.