Archivo de septiembre 2012

LAMPREA FARRA; CONFESIONES DE UNA DIPUTADA RUBIA (7)

CAPÍTULO 1: UNA SORPRESA INESPERADA
CAPÍTULO 2: GRANDE ES LA VENGANZA
CAPÍTULO 3: LIBRE DE ATADURAS
CAPÍTULO 4: CARA A CARA CON UNA NUEVA VIDA
CAPÍTULO 5: AL FIN DEL MUNDO YO FUI
CAPÍTULO 6: SOL QUE YA NO BRILLA

CAPÍTULO 7: CON TODO EN CONTRA

- Mami, queremos volver a casa.
- Ay Rodrigo, hijomío, yo también tengo ganas de veros, creéme, pero es mejor que esteis con la tita Fufi. Las cosas aquí son muy complicadas, teneis que entenderlo…
-¡La tita Fufi nos odia!
-No digas tonterías…
-Nos levanta todos los dias a las siete para rezar y nos tiene horas rezando.
- Bueno, si es esa la queja, debes saber que estoy bastante de acuerdo; os noto poco pendientes de Dios y os hará bien.
-Todas las noches cenamos verduras…Y anoche fueron coles de Bruselas…
- Si es eso todo lo importante que me quieres decir…¿Por qué no se pone tu hermano Alfredín?
- Bueno, ya sabes que èl no quiere hablarte…Además, no está aquí, que se ha hecho amigo de un vecino y siempre está en su casa.
- ¿Un vecino? ¿Qué vecino?
- No sé, un chico. A mí me cae bien porque tiene muchos pendientes en la oreja y el pelo rojo y además siempre lleva camisetas rotas y con agujeros. Se han hecho tan amigos que hasta la otra noche durmió en su casa y todo.
- Madre del amor hermoso…¿Y por qué deja tita Fufi que vaya con él?¿¿Donde está la tita Fufi, qué quiero hablar con ella ahora mismo??
- Se fue a comprar…
- ¡¡ Cuando vuelva dile que me llame inmediatamente !! Y ahora tengo que dejarte, que estoy muy ocupada.
- Pero mami, si hace más de cuatro días que no hablamos y te echo mucho de menos…

Ahí ya le colgué, porque a los niños si no les cortas estarían horas hablando al teléfono y además, bastante tenía yo con lo que tenía, que ya estaba en la puerta del macarra chulo esperando entrar. Esta vez ya no tenía miedo e iba con todas las ganas de hacerle frente y ser fuerte, porque era precisamente la debilidad la que me había llevado hasta aquella maldita puerta otra vez, a esperar a que me abriera. También había cambiado la estrategia; tomé un taxi anónimo y no le pedí que esperara, con la intención de estar preparada para cualquier posibilidad, si eso ya llamaría a otro. También cambié la indumentaria porque aún conservaba la esperanza de poder ir a la inauguración, así que me puse un traje chaqueta de color malva espectacular, y no es porque yo lo diga, pero cada vez que me lo pongo todo el mundo me pregunta y al final siempre tengo que reconocerlo; que sí, que es de Chanel.
Desde luego el traje no me lo había puesto para que me viera el chulo macarra que en ese momento me abrió otra vez la puerta y que seguro no sabría apreciarlo ni reconocerlo.

Como en un bucle, casi repetimos la misma situación que el día anterior; me invitó a pasar, le dije que tenía mucha prisa, me invitó a beber, insistí en que acabáramos cuanto antes, me pidió que me sentara … Volvía a ir descalzo, pero ahora con tejanos y sin camiseta, una imagen que si usan mucho las revistas femeninas es porque saben lo que nos gusta. Y ahí ya me di cuenta de que no era casual, de que en todas las ocasiones él iba preparadísimo para seducir, tenía estudiado hasta el último detalle para gustar y yo había caído en sus redes como una tonta. Sin embargo, iba tan concienciada a no sucumbir que en todo momento concentré mis ojos en sus ojos para que no se me fueran las pupilas a sus pezones y descubriera, de nuevo, mi debilidad.

– Bueno, dame las fotos y acabemos con esto, que menudo cachondeo.
– Ya te dije, chati, que tendrías que hacerme un gran favó…
– Un gran favor…¿ Te refieres a un favor sexual? ¡Ni lo sueñes! Eso se acabó; no quiero volver a tener nada contigo ni aunque me aten.
-Que chungo te lo montas, chati; en vez d´acerme la rosca, vuelves a tratarme mal y mira, ya m´e cansao. Las fotos pensaba guardarlas como recuerdo porque pa mí fue una noche que moló cantidá, chati, pero m´e cansao, tía, m´e cansao, porque me duele aquí cada vez que me tratas mal – ( y se daba golpecitos en el pecho con el puño)- H´estao mu mosqueao porque ni me llamas, ni quieres na, ni me tratas bien, y tenía ganas d´acértelo pagar, porque al menda ninguna tía lo trata así ¿Me oyes? Ninguna. Y entonces esta semana estaba viendo las noticias y de pronto…¡¡Te vi en la tele!! No me lo podía creer, chati…Lo flipé en colores. Salías en un mercao, con esos del Pp…Te reconocí rápido por la cara de asco.
- Si empezamos a ofender…Bueno, ve al grano de una puñetera vez.
- Vaaaaale, vaaaale, tranqui chati que lo vas a entender a la primera. La cosa es la siguiente; tú m´aces el favó y yo me olvido de las fotos y hasta te regalo el disco duro de la cámara pa que t´asegures que están a salvo. Si te pones tonta y no me haces el favó, pos…
-¿Pues qué?
- Pos las mandaré a los periódicos, a la tele…Seguro que por esas fotos me dan miles d´euros y tu carrera en la política, s´irá a la mierda.
- Ya será menos; yo no soy famosa, no le importo a nadie. A ver, enséñamelas.
- Claro chati, aquí tienes la cámara.

A la tercera foto me dio tal arcada que casi vuelvo a hacer una de las mías y me pongo como las locas a vomitar. Eran mil veces peor de lo que había imaginado, y mi cara, taaaan borracha, taaaan drogada, se veía perfectamente, vamos, que nunca podría decir que no era yo. Que mala me puse, madremía. Por mi cabeza pasó la idea de darle al botón de borrar pero cuando quise descuidarme, él me había quitado la cámara y se la puso por detrás, como escondiéndola.

- Y ahora vayamos a lo qu´importa.
-¿Cuánto dinero quieres? – saqué la chequera, muy dispuesta.
- Que no chati, que no seas tan materialista, que me tienes qu´acer un favó de amiga.
-¿Qué es eso de un favor de amiga? Yo no soy tu amiga ni ganas. No entiendo nada…
-Pos es el favor que m´aría una amiga.
-¿Quieres explicarme cual es el puto favor?
- Tienes qu´acerme un recadito; llevar un sobre a casa de unos coleguis y traer un paquete de vuelta.
- ¿Qué sobre? ¿Qué paquete? ¿Qué contienen? Uy, este asunto me huele muy mal..¡¿No será un asunto de drogas?!
- ¡Coño! ¿Cómo lo has sabío?
- ¡Lo decía por decir algo! Osea que son drogas…Ay Dios mío…
- Los maderos me tienen mu controlao y necesito qu´otra persona me traiga el paquete ya, que me quedo sin negocio…
- ¡No me cuentes historietas! No pienso mancharme las manos con un asunto así. Es que me lo juego todo; mi trabajo, mi familia, mi reputación…Vamos, tú debes haber perdido el juicio…
- Chati, va a ser que no tienes otra elección.
- Prefiero mil veces que publiques las fotos; me dan igual, mira lo que te digo.
- Tú no sabes con quién estás hablando.
- No, perdona, el que no lo sabes eres tú…
- Esto no es un juego, chati y no, no te da igual; a mí ya no m´engañas, que nos vamos conociendo.

La última frase fue como si la escupiera, mientras me agarraba del brazo muy fuerte. Le dije que me hacía daño y él no cejó. Además, le había cambiado la cara por completo; de la sonrisa de chulo putas pasó a una cara que en serio lo digo, me dio miedo. Parecía un mafioso, un gánster o algo mucho peor; un etarra. Quise levantarme y comprobé su enorme fuerza, porque me lo impidió volviéndome a agarrar y obligándome a sentarme de nuevo. Entonces deduje que me estaba quedando sin opciones y rápidamente puse en práctica otra estrategia, una que en toda ocasión me había dado resultado con Alfredo; poniéndole un brazo sobre los hombros, practiqué mi manera más sexual de comportarme para acercar mis labios a los suyos mientras le susurraba con voz inocente e infantil “¿Y no podíamos solucionar esto de otra manera?”, pensando en que siendo cariñosa, tal vez se apiadaría de mí, pero todo lo contrario; me quitó el brazo, se alejó y puso gesto de desprecio.

- ¿Ahora sí quieres tema, chati?. Pos ya no hay tema porque el menda s´a cansao…- ( y esto lo dijo agarrándose de manera muy vulgar, el paquete). Bueno…Mira, te voy a dar una oportunidá por los buenos tiempos qu´emos pasao y porque soy buena persona; si me dices como me llamo, nos olvidamos de to y te llevas las fotos.
- ¿Qué cómo te llamas? Pues…- (tierra trágame, que se dice)- Esto…¿Jonathan?
- No tienes ni puta idea ¿Verdá?
- No, no es eso, es que estoy muy nerviosa y…¿Héctor? ¿Juan? ¿Antonio? ¿Kiko?
- No t´importo una mierda. Déjalo ya…
- ¿Manolo?
- ¡Qué lo dejes! Y venga; arreando que s´ace tarde. Durante unos días pensé que podríamos estar juntos y vivir felices . Hasta pensé en arriesgarme y hacer el trabajito yo, pa cuando tuviera el dinero poder escaparnos juntos y…
-JAJAJAJAJAJA…¿Escaparnos juntos? ¿Yo contigo? JAJAJAJAJA ¿Pero tú te has visto? No me llegas ni a la suela de los zapatos…JAJAJAJAJA, Ay que risa…

Mi carcajada no debió sentarle muy bien que digamos, porque dio un puñetazo taaaaan fuerte a la puerta del salón que se le quedó metido el puño dentro de un agujero y a mí se me cortó la risa de golpe. Que susto, Jesús. Yo era una mujer atrapada por el miedo que a partir de ese momento no era responsable de sus actos, eso debe quedar muy claro a la hora de redactar la sentencia, porque hay que ver que cara de asesino mafioso etarra se lo puso, oye.

-¡¡De mí no se ríe nadie!! ¿Te enteras?- dijo sacando el puño lleno de esquirlas y rasguños y acercándomelo a la cara. Ahí ya sí que me asusté- Toma el sobre, ahí va la dirección; cuando estés en el sitio, pregunta por Azalea. Y vete antes de qué cometa una locura..
- ¿Azalea? ¿Qué nombre es ese?
- Es una tía. Cuidadín con los maderos y te quiero aquí antes de las nueve de la noche, sino, mandaré las fotos donde haya que mandarlas. Yo tengo mis contactos y están deseosos.
-Que locura, yo no voy a ser capaz ¿Y si me para la policía?
- En eso ya he pensao, chati; eres una tía respetá, política…A ti no t´arán na, y si te paran, saca el carné del partido, que mandais mucho, y santas pascuas, pero no te van a parar, m´apuesto lo que quieras; a las tías como tú nunca las paran, ni siquiera sospechan. Además, vosotros los políticos no vais a la cárcel ¿No? Pos eso.
- Ay Dios, debo estar viviendo una pesadilla…¿Y que les digo a esos amigos tuyos?
- Ellos ya t´están esperando; y una cosa t´advierto; ni una tontería. A mí no me la juegas, yo no soy un niñato al que puedas engañar, osea que mucho cuidao con llamar a la policia. Y pa´segurarme, dame tu móvil.
-¿Para qué? Me costó un dineral y no se lo dejo ni a mi hijos que…
- ¡He dicho que me lo des o te lo quito yo!

Y eso hice sacándolo del bolso con mano temblorosa, pasmada por el trascurso de los acontecimientos. Se puso a trastearlo durante unos minutos mientras yo lo miraba, de nuevo, otra vez, paralizada.

-Bien…Te he instalao un localizadó.
-¿Un queeeé? ¿Y eso para qué sirve?
-Pa sabé donde estás en to momento, así no podrás pegármela. Si desconectas el móvil, si vas a otro sitio o si me pasara algo, ten por seguro que lo pagarías mu caro, que tengo a mis socios pendientes . Allí debes estar antes de las siete y en la mía de vuelta antes de las nueve, si es antes, mejó.
- Necesito un vaso de agua, me estoy mareando…
- Claro, claro, pero enseguidica te vas pitando, que se hace tarde…
-¿Y como voy?
- Eso ya decídelo tú, chati, que no es mi problema.

Imaginen como salí de su casa. Yo, una mujer honrada, que se ha dejado la piel y toda su vida trabajando por España, que en mi vida ejemplar había cometido un error, que la única culpabilidad que se me podía achacar era haber sido demasiado tonta y haberme dejado llevar por el deseo de venganza ante el engaño y la infidelidad de mi marido, yo, una mujer decente y respetable, envuelta en un asunto de tráfico de drogas. Tenía ganas de llorar, de gritar, de pegarle a alguien.

Mi primer pensamiento fue llamar a papachu, para acabar con todo y que le diera una buena lección al chulo putas, pero el caso es que el tipo parecía hablar en serio y de verdad que tenía más miedo que nunca en mi vida he tenido, y el miedo, ya saben, es la fuerza que mueve el mundo; ese es uno de los argumentos que más nos repiten los politólogos en los seminarios que hacemos los del partido para que lo apliquemos si es menester en los mítines y en el programa electoral y tengo que darles la razón; siempre nos ha dado resultado.

Desde luego a mí el miedo me estaba moviendo, vaya si me estaba me moviendo; en tembleques que me iban y venían. Algo tenía claro; si papachu veía esas fotos, no sólo no me ayudaría, sino que me desheredaría y quién sabe, tal vez hasta me repudiaría. Todo eso y más acabaron por provocarme lo que ya me avisaba el estómago; una vomitona en el portal del edificio que superó todos los records posibles; vamos, el charquerío que monté fue alucinante. Increíblemente, fui capaz de mantener el equilibrio y la pericia para no salpicarme ni con una gota los zapatos, que me los había hecho un zapatero italiano a medida y valían lo que no está escrito. Justo en ese momento entraba una mujer anciana y encima, mientras que vomitaba, tuve que aguantar que me gritara “¡¡ Qué harta estoy de los yonkis y de los borrachos!! ”

Me pude recomponer, sí, porque a fortaleza a mi familia no nos gana nadie y despues de todo, ya empezaba a acostumbrarme a eso de vomitar a discreción sin quererlo, porque queriendo ya hubo una época en que sí, lo reconozco, sí que lo hice. Todo por culpa de Mari Ilu, que pese a sus embarazos continuados y sus maneras de comer como una muerta de hambre, mantenía un tipito que era la envidia de todas las amigas. Yo se lo decía, halagándola, no como ella, que siempre que ha podido me ha criticado, me ha humillado y me ha puesto verde a mis espaldas diciendo que si estaba echando lorzas, que si donde iba yo con esa barriga a ponerme vestidos ajustados y otras cosas de ese estilo navajero tan suyo. Un día le pregunté por el truco y me soltó: “Ay hija, pareces tonta; yo lo que hago es vomitar un poquito después de cada comida y cada cena, mantengo el vientre plano y no sabes lo que me ahorro en cirugías y liposucciones, y encima te libras de los postoperatorios, que no hay quien los aguante. Además, a los hombres, bien lo sé, no les gustan las mujeres que no comen porque creen que luego no son buenas en la cama, así que engullo igual que una descosida y luego hago una visitilla al baño; sólo necesitas dos dedos. Los primeros días cuesta un poquito, pero te acostumbras en un periquete”
Y eso hice, y la verdad, Mari Ilu, por una vez, tenía razón; no costaba nada, no tenía que privarme de nada, durante años mi peso fue la envidia de muchas en el hemiciclo y el morbo de muchos de los diputados, haciéndome respetar políticamente. Y es que a una mujer política se nos exige el doble de trabajo, el doble de honestidad y encima debemos ir siempre guapísimas y mantener el tipo, por eso me hace gracia cuando las feministas, esas marimachos totalitarias peludas, me critican y dicen que voy contra las mujeres…¿Sabrán ellas lo que de verdad es sufrir por ser mujer si nunca han tenido una pizca de feminidad en sus venas? A las feminazis las ponía yo un día con mi vida, para que vieran lo que son los sacrificios; vamos, me las imagino depilándose el bigote y las piernas, con lo aficionadas que son a ir con todo el vello a la vista, y me da la risa.
Todo fue bien hasta que un día me desmayé en pleno hemiciclo. Cuando el doctor Ruiz, amigo de papachu desde que eran niños, me reconoció y descubrió las magulladuras en mi garganta y en mi paladar. Entonces me amenazó con que o cambiaba de hábitos o tendría que avisar a mi marido y recomendarle que me ingresara en una clínica ; los pelos de punta se me pusieron sólo de pensar en el escándalo y en el qué dirán . A partir de ahí dejé los vómitos, pero claro, después de tantos años haciéndolo voluntariamente, como para quitarle a mi estómago la manía de arrojar. Sí; aquella vez tuve miedo, pero en este ocasión era más, mucho más y por eso hice lo que hice, claro, eso me exime de cualquier responsabilidad; estaba enajenada.

Recompuesta y respirando, esperé que llegara el taxi que había llamado y cuál sería mi sorpresa, cuando le leí la dirección y el taxista comentó , con toda la impertinencia ” ¿Cómo viene una señora como usted al culo del mundo de visita? Y ahora vamos a la milla de oro…Yo es que lo flipo”
Le grité que dejara de flipar y que se metiera en sus asuntos y ya todo el viaje fui mirando de reojo el bolso donde guardaba el sobre, sintiendo como si los minutos se me clavaran en el corazón. Aquellos momentos de viaje hasta la calle más cara de la ciudad los recuerdo en una neblina. También cuando subí en el ascensor hasta el sexto piso, hasta que llegué a la puerta y entonces fue como si me hubiera caído de una avión, tomando tierra con las narices. En la puerta había una placa en la que se podía leer:

AZALEA
Chicas de compañía