Archivo de septiembre 2012

LAMPREA FARRA; CONFESIONES DE UNA DIPUTADA RUBIA (7)

CAPÍTULO 1: UNA SORPRESA INESPERADA
CAPÍTULO 2: GRANDE ES LA VENGANZA
CAPÍTULO 3: LIBRE DE ATADURAS
CAPÍTULO 4: CARA A CARA CON UNA NUEVA VIDA
CAPÍTULO 5: AL FIN DEL MUNDO YO FUI
CAPÍTULO 6: SOL QUE YA NO BRILLA

CAPÍTULO 7: CON TODO EN CONTRA

- Mami, queremos volver a casa.
- Ay Rodrigo, hijomío, yo también tengo ganas de veros, creéme, pero es mejor que esteis con la tita Fufi. Las cosas aquí son muy complicadas, teneis que entenderlo…
-¡La tita Fufi nos odia!
-No digas tonterías…
-Nos levanta todos los dias a las siete para rezar y nos tiene horas rezando.
- Bueno, si es esa la queja, debes saber que estoy bastante de acuerdo; os noto poco pendientes de Dios y os hará bien.
-Todas las noches cenamos verduras…Y anoche fueron coles de Bruselas…
- Si es eso todo lo importante que me quieres decir…¿Por qué no se pone tu hermano Alfredín?
- Bueno, ya sabes que èl no quiere hablarte…Además, no está aquí, que se ha hecho amigo de un vecino y siempre está en su casa.
- ¿Un vecino? ¿Qué vecino?
- No sé, un chico. A mí me cae bien porque tiene muchos pendientes en la oreja y el pelo rojo y además siempre lleva camisetas rotas y con agujeros. Se han hecho tan amigos que hasta la otra noche durmió en su casa y todo.
- Madre del amor hermoso…¿Y por qué deja tita Fufi que vaya con él?¿¿Donde está la tita Fufi, qué quiero hablar con ella ahora mismo??
- Se fue a comprar…
- ¡¡ Cuando vuelva dile que me llame inmediatamente !! Y ahora tengo que dejarte, que estoy muy ocupada.
- Pero mami, si hace más de cuatro días que no hablamos y te echo mucho de menos…

Ahí ya le colgué, porque a los niños si no les cortas estarían horas hablando al teléfono y además, bastante tenía yo con lo que tenía, que ya estaba en la puerta del macarra chulo esperando entrar. Esta vez ya no tenía miedo e iba con todas las ganas de hacerle frente y ser fuerte, porque era precisamente la debilidad la que me había llevado hasta aquella maldita puerta otra vez, a esperar a que me abriera. También había cambiado la estrategia; tomé un taxi anónimo y no le pedí que esperara, con la intención de estar preparada para cualquier posibilidad, si eso ya llamaría a otro. También cambié la indumentaria porque aún conservaba la esperanza de poder ir a la inauguración, así que me puse un traje chaqueta de color malva espectacular, y no es porque yo lo diga, pero cada vez que me lo pongo todo el mundo me pregunta y al final siempre tengo que reconocerlo; que sí, que es de Chanel.
Desde luego el traje no me lo había puesto para que me viera el chulo macarra que en ese momento me abrió otra vez la puerta y que seguro no sabría apreciarlo ni reconocerlo.

Como en un bucle, casi repetimos la misma situación que el día anterior; me invitó a pasar, le dije que tenía mucha prisa, me invitó a beber, insistí en que acabáramos cuanto antes, me pidió que me sentara … Volvía a ir descalzo, pero ahora con tejanos y sin camiseta, una imagen que si usan mucho las revistas femeninas es porque saben lo que nos gusta. Y ahí ya me di cuenta de que no era casual, de que en todas las ocasiones él iba preparadísimo para seducir, tenía estudiado hasta el último detalle para gustar y yo había caído en sus redes como una tonta. Sin embargo, iba tan concienciada a no sucumbir que en todo momento concentré mis ojos en sus ojos para que no se me fueran las pupilas a sus pezones y descubriera, de nuevo, mi debilidad.

– Bueno, dame las fotos y acabemos con esto, que menudo cachondeo.
– Ya te dije, chati, que tendrías que hacerme un gran favó…
– Un gran favor…¿ Te refieres a un favor sexual? ¡Ni lo sueñes! Eso se acabó; no quiero volver a tener nada contigo ni aunque me aten.
-Que chungo te lo montas, chati; en vez d´acerme la rosca, vuelves a tratarme mal y mira, ya m´e cansao. Las fotos pensaba guardarlas como recuerdo porque pa mí fue una noche que moló cantidá, chati, pero m´e cansao, tía, m´e cansao, porque me duele aquí cada vez que me tratas mal – ( y se daba golpecitos en el pecho con el puño)- H´estao mu mosqueao porque ni me llamas, ni quieres na, ni me tratas bien, y tenía ganas d´acértelo pagar, porque al menda ninguna tía lo trata así ¿Me oyes? Ninguna. Y entonces esta semana estaba viendo las noticias y de pronto…¡¡Te vi en la tele!! No me lo podía creer, chati…Lo flipé en colores. Salías en un mercao, con esos del Pp…Te reconocí rápido por la cara de asco.
- Si empezamos a ofender…Bueno, ve al grano de una puñetera vez.
- Vaaaaale, vaaaale, tranqui chati que lo vas a entender a la primera. La cosa es la siguiente; tú m´aces el favó y yo me olvido de las fotos y hasta te regalo el disco duro de la cámara pa que t´asegures que están a salvo. Si te pones tonta y no me haces el favó, pos…
-¿Pues qué?
- Pos las mandaré a los periódicos, a la tele…Seguro que por esas fotos me dan miles d´euros y tu carrera en la política, s´irá a la mierda.
- Ya será menos; yo no soy famosa, no le importo a nadie. A ver, enséñamelas.
- Claro chati, aquí tienes la cámara.

A la tercera foto me dio tal arcada que casi vuelvo a hacer una de las mías y me pongo como las locas a vomitar. Eran mil veces peor de lo que había imaginado, y mi cara, taaaan borracha, taaaan drogada, se veía perfectamente, vamos, que nunca podría decir que no era yo. Que mala me puse, madremía. Por mi cabeza pasó la idea de darle al botón de borrar pero cuando quise descuidarme, él me había quitado la cámara y se la puso por detrás, como escondiéndola.

- Y ahora vayamos a lo qu´importa.
-¿Cuánto dinero quieres? – saqué la chequera, muy dispuesta.
- Que no chati, que no seas tan materialista, que me tienes qu´acer un favó de amiga.
-¿Qué es eso de un favor de amiga? Yo no soy tu amiga ni ganas. No entiendo nada…
-Pos es el favor que m´aría una amiga.
-¿Quieres explicarme cual es el puto favor?
- Tienes qu´acerme un recadito; llevar un sobre a casa de unos coleguis y traer un paquete de vuelta.
- ¿Qué sobre? ¿Qué paquete? ¿Qué contienen? Uy, este asunto me huele muy mal..¡¿No será un asunto de drogas?!
- ¡Coño! ¿Cómo lo has sabío?
- ¡Lo decía por decir algo! Osea que son drogas…Ay Dios mío…
- Los maderos me tienen mu controlao y necesito qu´otra persona me traiga el paquete ya, que me quedo sin negocio…
- ¡No me cuentes historietas! No pienso mancharme las manos con un asunto así. Es que me lo juego todo; mi trabajo, mi familia, mi reputación…Vamos, tú debes haber perdido el juicio…
- Chati, va a ser que no tienes otra elección.
- Prefiero mil veces que publiques las fotos; me dan igual, mira lo que te digo.
- Tú no sabes con quién estás hablando.
- No, perdona, el que no lo sabes eres tú…
- Esto no es un juego, chati y no, no te da igual; a mí ya no m´engañas, que nos vamos conociendo.

La última frase fue como si la escupiera, mientras me agarraba del brazo muy fuerte. Le dije que me hacía daño y él no cejó. Además, le había cambiado la cara por completo; de la sonrisa de chulo putas pasó a una cara que en serio lo digo, me dio miedo. Parecía un mafioso, un gánster o algo mucho peor; un etarra. Quise levantarme y comprobé su enorme fuerza, porque me lo impidió volviéndome a agarrar y obligándome a sentarme de nuevo. Entonces deduje que me estaba quedando sin opciones y rápidamente puse en práctica otra estrategia, una que en toda ocasión me había dado resultado con Alfredo; poniéndole un brazo sobre los hombros, practiqué mi manera más sexual de comportarme para acercar mis labios a los suyos mientras le susurraba con voz inocente e infantil “¿Y no podíamos solucionar esto de otra manera?”, pensando en que siendo cariñosa, tal vez se apiadaría de mí, pero todo lo contrario; me quitó el brazo, se alejó y puso gesto de desprecio.

- ¿Ahora sí quieres tema, chati?. Pos ya no hay tema porque el menda s´a cansao…- ( y esto lo dijo agarrándose de manera muy vulgar, el paquete). Bueno…Mira, te voy a dar una oportunidá por los buenos tiempos qu´emos pasao y porque soy buena persona; si me dices como me llamo, nos olvidamos de to y te llevas las fotos.
- ¿Qué cómo te llamas? Pues…- (tierra trágame, que se dice)- Esto…¿Jonathan?
- No tienes ni puta idea ¿Verdá?
- No, no es eso, es que estoy muy nerviosa y…¿Héctor? ¿Juan? ¿Antonio? ¿Kiko?
- No t´importo una mierda. Déjalo ya…
- ¿Manolo?
- ¡Qué lo dejes! Y venga; arreando que s´ace tarde. Durante unos días pensé que podríamos estar juntos y vivir felices . Hasta pensé en arriesgarme y hacer el trabajito yo, pa cuando tuviera el dinero poder escaparnos juntos y…
-JAJAJAJAJAJA…¿Escaparnos juntos? ¿Yo contigo? JAJAJAJAJA ¿Pero tú te has visto? No me llegas ni a la suela de los zapatos…JAJAJAJAJA, Ay que risa…

Mi carcajada no debió sentarle muy bien que digamos, porque dio un puñetazo taaaaan fuerte a la puerta del salón que se le quedó metido el puño dentro de un agujero y a mí se me cortó la risa de golpe. Que susto, Jesús. Yo era una mujer atrapada por el miedo que a partir de ese momento no era responsable de sus actos, eso debe quedar muy claro a la hora de redactar la sentencia, porque hay que ver que cara de asesino mafioso etarra se lo puso, oye.

-¡¡De mí no se ríe nadie!! ¿Te enteras?- dijo sacando el puño lleno de esquirlas y rasguños y acercándomelo a la cara. Ahí ya sí que me asusté- Toma el sobre, ahí va la dirección; cuando estés en el sitio, pregunta por Azalea. Y vete antes de qué cometa una locura..
- ¿Azalea? ¿Qué nombre es ese?
- Es una tía. Cuidadín con los maderos y te quiero aquí antes de las nueve de la noche, sino, mandaré las fotos donde haya que mandarlas. Yo tengo mis contactos y están deseosos.
-Que locura, yo no voy a ser capaz ¿Y si me para la policía?
- En eso ya he pensao, chati; eres una tía respetá, política…A ti no t´arán na, y si te paran, saca el carné del partido, que mandais mucho, y santas pascuas, pero no te van a parar, m´apuesto lo que quieras; a las tías como tú nunca las paran, ni siquiera sospechan. Además, vosotros los políticos no vais a la cárcel ¿No? Pos eso.
- Ay Dios, debo estar viviendo una pesadilla…¿Y que les digo a esos amigos tuyos?
- Ellos ya t´están esperando; y una cosa t´advierto; ni una tontería. A mí no me la juegas, yo no soy un niñato al que puedas engañar, osea que mucho cuidao con llamar a la policia. Y pa´segurarme, dame tu móvil.
-¿Para qué? Me costó un dineral y no se lo dejo ni a mi hijos que…
- ¡He dicho que me lo des o te lo quito yo!

Y eso hice sacándolo del bolso con mano temblorosa, pasmada por el trascurso de los acontecimientos. Se puso a trastearlo durante unos minutos mientras yo lo miraba, de nuevo, otra vez, paralizada.

-Bien…Te he instalao un localizadó.
-¿Un queeeé? ¿Y eso para qué sirve?
-Pa sabé donde estás en to momento, así no podrás pegármela. Si desconectas el móvil, si vas a otro sitio o si me pasara algo, ten por seguro que lo pagarías mu caro, que tengo a mis socios pendientes . Allí debes estar antes de las siete y en la mía de vuelta antes de las nueve, si es antes, mejó.
- Necesito un vaso de agua, me estoy mareando…
- Claro, claro, pero enseguidica te vas pitando, que se hace tarde…
-¿Y como voy?
- Eso ya decídelo tú, chati, que no es mi problema.

Imaginen como salí de su casa. Yo, una mujer honrada, que se ha dejado la piel y toda su vida trabajando por España, que en mi vida ejemplar había cometido un error, que la única culpabilidad que se me podía achacar era haber sido demasiado tonta y haberme dejado llevar por el deseo de venganza ante el engaño y la infidelidad de mi marido, yo, una mujer decente y respetable, envuelta en un asunto de tráfico de drogas. Tenía ganas de llorar, de gritar, de pegarle a alguien.

Mi primer pensamiento fue llamar a papachu, para acabar con todo y que le diera una buena lección al chulo putas, pero el caso es que el tipo parecía hablar en serio y de verdad que tenía más miedo que nunca en mi vida he tenido, y el miedo, ya saben, es la fuerza que mueve el mundo; ese es uno de los argumentos que más nos repiten los politólogos en los seminarios que hacemos los del partido para que lo apliquemos si es menester en los mítines y en el programa electoral y tengo que darles la razón; siempre nos ha dado resultado.

Desde luego a mí el miedo me estaba moviendo, vaya si me estaba me moviendo; en tembleques que me iban y venían. Algo tenía claro; si papachu veía esas fotos, no sólo no me ayudaría, sino que me desheredaría y quién sabe, tal vez hasta me repudiaría. Todo eso y más acabaron por provocarme lo que ya me avisaba el estómago; una vomitona en el portal del edificio que superó todos los records posibles; vamos, el charquerío que monté fue alucinante. Increíblemente, fui capaz de mantener el equilibrio y la pericia para no salpicarme ni con una gota los zapatos, que me los había hecho un zapatero italiano a medida y valían lo que no está escrito. Justo en ese momento entraba una mujer anciana y encima, mientras que vomitaba, tuve que aguantar que me gritara “¡¡ Qué harta estoy de los yonkis y de los borrachos!! ”

Me pude recomponer, sí, porque a fortaleza a mi familia no nos gana nadie y despues de todo, ya empezaba a acostumbrarme a eso de vomitar a discreción sin quererlo, porque queriendo ya hubo una época en que sí, lo reconozco, sí que lo hice. Todo por culpa de Mari Ilu, que pese a sus embarazos continuados y sus maneras de comer como una muerta de hambre, mantenía un tipito que era la envidia de todas las amigas. Yo se lo decía, halagándola, no como ella, que siempre que ha podido me ha criticado, me ha humillado y me ha puesto verde a mis espaldas diciendo que si estaba echando lorzas, que si donde iba yo con esa barriga a ponerme vestidos ajustados y otras cosas de ese estilo navajero tan suyo. Un día le pregunté por el truco y me soltó: “Ay hija, pareces tonta; yo lo que hago es vomitar un poquito después de cada comida y cada cena, mantengo el vientre plano y no sabes lo que me ahorro en cirugías y liposucciones, y encima te libras de los postoperatorios, que no hay quien los aguante. Además, a los hombres, bien lo sé, no les gustan las mujeres que no comen porque creen que luego no son buenas en la cama, así que engullo igual que una descosida y luego hago una visitilla al baño; sólo necesitas dos dedos. Los primeros días cuesta un poquito, pero te acostumbras en un periquete”
Y eso hice, y la verdad, Mari Ilu, por una vez, tenía razón; no costaba nada, no tenía que privarme de nada, durante años mi peso fue la envidia de muchas en el hemiciclo y el morbo de muchos de los diputados, haciéndome respetar políticamente. Y es que a una mujer política se nos exige el doble de trabajo, el doble de honestidad y encima debemos ir siempre guapísimas y mantener el tipo, por eso me hace gracia cuando las feministas, esas marimachos totalitarias peludas, me critican y dicen que voy contra las mujeres…¿Sabrán ellas lo que de verdad es sufrir por ser mujer si nunca han tenido una pizca de feminidad en sus venas? A las feminazis las ponía yo un día con mi vida, para que vieran lo que son los sacrificios; vamos, me las imagino depilándose el bigote y las piernas, con lo aficionadas que son a ir con todo el vello a la vista, y me da la risa.
Todo fue bien hasta que un día me desmayé en pleno hemiciclo. Cuando el doctor Ruiz, amigo de papachu desde que eran niños, me reconoció y descubrió las magulladuras en mi garganta y en mi paladar. Entonces me amenazó con que o cambiaba de hábitos o tendría que avisar a mi marido y recomendarle que me ingresara en una clínica ; los pelos de punta se me pusieron sólo de pensar en el escándalo y en el qué dirán . A partir de ahí dejé los vómitos, pero claro, después de tantos años haciéndolo voluntariamente, como para quitarle a mi estómago la manía de arrojar. Sí; aquella vez tuve miedo, pero en este ocasión era más, mucho más y por eso hice lo que hice, claro, eso me exime de cualquier responsabilidad; estaba enajenada.

Recompuesta y respirando, esperé que llegara el taxi que había llamado y cuál sería mi sorpresa, cuando le leí la dirección y el taxista comentó , con toda la impertinencia ” ¿Cómo viene una señora como usted al culo del mundo de visita? Y ahora vamos a la milla de oro…Yo es que lo flipo”
Le grité que dejara de flipar y que se metiera en sus asuntos y ya todo el viaje fui mirando de reojo el bolso donde guardaba el sobre, sintiendo como si los minutos se me clavaran en el corazón. Aquellos momentos de viaje hasta la calle más cara de la ciudad los recuerdo en una neblina. También cuando subí en el ascensor hasta el sexto piso, hasta que llegué a la puerta y entonces fue como si me hubiera caído de una avión, tomando tierra con las narices. En la puerta había una placa en la que se podía leer:

AZALEA
Chicas de compañía

LAMPREA FARRA: LAS CONFESIONES DE UNA DIPUTADA RUBIA (4)

CAPÍTULO 1: UNA SORPRESA INESPERADA
CAPÍTULO 2: GRANDE ES LA VENGANZA
CAPÍTULO 3: LIBRE DE ATADURAS

CAPÍTULO 4: CARA A CARA CON UNA NUEVA VIDA

- Hooola chati.
- Perdone…¿Con quién hablo?
- Quién va a ser, chati, el Curro.
- Creo que se ha equivocado de número.
- Que me voy an´ equivocá, chati, si aún tengo el número apuntao en el espejo del cagadero, jejeje, que lo escribistes tú con pintamorros.
- No conozco a ningún Curro ¿A quién está llamando? Y le pido por favor que no me llame chati, usted no me conoce de nada.
- Joé si te conozco, te conozco íntimamente, jejeje…El sábado no estabas tan fría conmigo…Pensaba que t´estabas haciendo la dura y por eso no t´e llamao hasta hoy, pero al finá m´an podío las ganas. Y es que me gustas, chati, que yo soy de ir siempre de cara y…

Colgué. Otra llamada.

- ¡Deje de llamarme o avisaré a la policía!
- Oye chati, déjate de tonterías. Encima que te llamaba pa decirte que ta´bías dejao aquí la cartera…Y las bragas, jejeje…Toas las noches las huelo antes de acostarme…Huummm….
. ¿Mi cartera? ¿Está ahí? No sabía donde la había perdido…
- Pues chati, ahora soy yo el que se pone señorito y a ver cómo te lo montas pa convencerme de que te la devuelva…Tú misma…
- Bah, me da igual…Ya di de baja las tarjetas…
- Joé, chati, pareces tonta. Como si las tarjetas fueran lo fundamentá ¿ Me entiendes?
- Dame unos minutos para que piense. Luego te llamaré.
- Vale chati, pero como no trates con más cariño…

Y volví a colgar.
El sudor me había mojado la espalda de la blusa. Me temblaba hasta el último cabello rubio de la cabeza.
Diez días después, cuando parecía que mi vida empezaba a enderezarse, un nuevo acontecimiento me estallaba en la cara como una bomba. En la cartera estaban todos mis carnets, todas mis identificaciones y credenciales, las fotos de mis hijos, de mi marido y una estampita de la Virgen de los Desamparados regalo del padre Anselmo . El macarra de mala muerte las había visto y quién sabe que planeaba hacer ¿Chantaje? ¿Vender alguna exclusiva? ¿Ir a un programa de televisión? Estaba tan rabiosa que le di un golpe a la bailarina de Lladró que tenía en la mesa de despacho y la tiré al suelo. Definitivamente, son buenas, las condenadas; ni un trocito se le rompió.

A mí sí se me rompió algo; una uña, para más señas. Mari Ilu siempre me dice que son las mejores uñas que ha visto nunca y para que lo diga ella, es que debe ser muy verdad. También dice que me las cuide porque son una gran carta de presentación, y eso hago y me cuestan un dineral. Romperse una uña era tirar muchos euros a la basura y eso me daba mucha rabia. Todo me salía mal, estaba claro. Papachu siempre dice que hay que llevar cuidado con las envidias, que hace que se te peguen las malas energías, por eso hay que ser discreto, cuidando de no hacer demasiada ostentación ni de llamar mucho la atención, sin esconderse, pero sin levantar envidias. Pues si era como él decía, no entendía nada, porque yo había seguido esas reglas y vaya como me estaban saliendo las cosas. Si es que mis férreos valores, mi ejemplar carrera y mi vida sin mácula no podía hacer otra cosa sino levantaba envidias como quien levanta ampollas. La gente es muy mala con los que sobresalimos y nos destacamos de la media. Con tanto disgusto…¿cómo me iba a rabiar el estómago Fui a la pequeña librería y cogí el falso libro de las memorias de Manuel Fraga donde guarda una botella del whisky de 20 años y me puse un escocés doble, sin cubitos. Me lo tomé entero sin pestañear.
Que se hubieran disuelto las cortes de cara al verano y a la precampaña, podía considerarse una gran suerte, porque no tenía yo cuerpo de ir al Congreso en esas circunstancias. Es un trabajo que necesita de plena dedicación y esfuerzo y yo no estaba para trotes ni España se merecía que yo no ejerciera mi puesto en plenas facultades . Además, estar metida todo el día en el Congreso, con ese stress que hay allí y esa gente taaaan aburrida, se me hacía muy cuesta arriba. En esa semana había empezado la precampaña y tenía cientos de asuntos que resolver, miles de actos que preparar y un buen puñado de tiendas que visitar que me ayudarían a renovar el vestuario, y ni mi secretaria temporal ni mi chófer daban abasto. A mí me vino genial para mantener la cabeza ocupada e ir recomponiendo mi vida, mi nueva vida, que de tan mala manera había empezado.

¿Por qué la llamo secretaria temporal? Pues porque a la otra, la que durante más de diez años consideré mi aliada fiel, mi amiga, mi confidente aparte de mi secretaria, la persona en la que confíe poniéndome totalmente en sus manos, ya no estaba; le había dado la patada para echarla a la calle con ayuda de Mª Dolores, claro, que en la sede no se hace nada que ella no quiera. El fulminante despido se pudo hacer gracias a las leyes que instauró mi partido, para que luego digan que de normativas laborales no sabemos y que no sirven de nada. Lo malo es que no ocurrió como yo hubiera deseado, porque ni se volvió a presentar al despacho a recoger sus cosas, ni dio la cara ni pude contactar con ella para decirle de todo, osea, que todo el discurso humillante y barribajero que tenía preparado para cuando la viera con la intención de humillarla publicamente delante de todos, se quedó sin ser pronunciado, y no será porque no me sabía de memoria hasta el último insulto. Taaaaanta rabia me da recordar su traición que ni voy a decir su nombre, que capaz sería la tía guarra de hacer alguna entrevista para vilipendiarme y no pienso darle a en el gusto de cobrar una exclusiva a mi costa ni hacerle crecer el ego, pero si quiero señalar una cosa; yo le di su primera oportunidad cuando nadie la apoyaba pese a ir a cientos de entrevistas de trabajo con sus dos licenciaturas y tres masters ( o eso decía, que ahora lo pongo muy en duda). Venía de un barrio obrero y su padre creo que tenía un kiosko ( ¡¡Un kiosko!!) o algo igual de cutre y sin sustancia. Yo le hice un contrato de becaria durante años que encima le pagaba con el sueldo mínimo, que podía haber sido gratis, porque con lo que aprendió conmigo ya podía considerarse suficientemente pagada ¿Y ella a cambio se acuesta con mi marido? Si es que ya no queda moral, ni principios, ni gente honrada en la que poder confiar en nuestro país, pero la culpa, de nuevo, es mía, por hacerme tonta de tan buena. Luego hay algunos izquierdosos, de esos que babean como bolcheviques, que pretenden que todos tengan las mismas oportunidades. Sí ya…¿Y lo siguiente que será? ¿Vivir todos en una comuna fornicando unos con otros? A ver si queda claro de una vez; los que no tienen donde caerse muertos, los mataos de hambre, los legañosos y los miserables no saben valorar la oportunidad que se les da; es gente que no merece ni un pequeñito esfuerzo, porque seguro se desperdiciará, mangonearán, robarán o se aprovecharán del prójimo. Mi exsecretaria es el ejemplo clarísimo de que les das la mano y te la muerden; si su padre era kioskero, a eso es a lo que tenía que haber aspirado ella y dejar los puestos de responsabilidad en manos de gente que sepa valorarlo. Pero no quiero dedicarle ni una línea más, que me enervo.

Para tener tiempo de recomponer los pedazos de mi vida y que no fueran testigos de la debacle familiar, a los niños los mandé con Fufi con todo el dolor de mi corazón, y no por ellos, sino porque de Fufi no me fiaba ni un pelo. Como para fiarse de una mujer que había permitido a su hijo universitario, Jose Mari, ir de vacaciones a Cuba. Vamos, donde se ha visto que una madre responsable y que una familia honrada deje que su hijo vaya a un país lleno de comunistas, basura y enfermedades sexuales. Raro fue que no volviera con sarna o algo peor. La cuestión es que los mandé con mi hermana porque no tuve más remedio, y esta vez, extrañamente, no dijo ni mu, ni me preguntó nada y guardó un silencio sepulcral cuando por teléfono le pedí el favor, que para eso están las hermanas, le dije. Ya de paso también le pedí que fuera ella a recogerlos al campamento cristiano, que bastante tenía yo con lo que tenía. Vamos, como para tener que aguantar el silencio acusador de Alfredín estaba yo. Y es que Alfredín hace como dos años que no me habla, pero eso lo contaré luego, es un detalle sin importancia. Mi hermana colaboró y calló, y supongo que calló esperando el momento adecuado para humillarme y soltármelo a bocajarro, porque es de las que no olvida nada y todo se lo guarda para la mejor ocasión; en eso también ha salido a mamachu.

Separarme de mis hijos durante esos días fue duro. Cualquier madre lo entenderá. Duro, pero necesario. Me considero una gran madre de familia como Dios manda, que siempre está pendiente de mis hijos y ellos son lo primero. Si bien es cierto que el resto del año apenas los veía, los llevaba siempre en mi corazón. Las cosas eran así desde que estaban en el internado, hacía dos años de eso, así que tampoco los eché especialmente de menos. Pero sí, fue duro. Antes los veía a diario a eso de las 9 de la noche, cuando ellos ya estaban duchados y cenados, a punto de acostarse, y yo regresaba de mi despacho o de alguna reunión. Les daba un besito de buenas noches, rezábamos juntos y a dormir. Cursaban estudios en los maristas, que están a dos manzanas de aquí y hay confianza plena y los conocemos de toda la vida en mi familia, hasta que ocurrió el asunto de Alfredín. Bien puede decir Dios que ha sido el momento más duro de mi vida…Hasta que vi a su padre a cuatro patas, claro. Como me iba a barruntar yo que precisamente en mi casa, que precisamente mi hijo, mi primogénito, haría una cosa así. Aún lo recuerdo y se me pone el estómago al revés.

La culpa la tengo yo por no haberme dado cuenta antes, y no será que no tuve señales, sobre todo una, cuando Alfredín tenía apenas 8 años y lo pillé en mi tocador, pintándose como una mona, con mis dos pendientes de broche de esmeraldas, regalo de papachu, puestos en las orejas, con mi vestido de satén azul, con mi collar de perlas peregrinas. Recuerdo esos labios de carmín, esos ojos con sombras azules y me dan mareos. Ay la de gritos que le di y la de cachetes en el culo, cachetes que me dolían más a mí que a él. Perdí los nervios, lo sé y lo reconozco, pero…¿Qué madre como Dios manda no los hubiera perdido al ver a su hijo de semejante guisa? Ninguna madre está preparada para eso, ninguna. Ojo, que yo tengo amigos gays y los respeto, pero una cosa es ser gay y otra que sea tu hijo y encima te lo encuentres hecho una mamarracha ya taaan de pequeñito. Pero lo vuelvo a decir; la culpa fue mía al dejar que Alfredín usara su libertad para convertirla en libertinaje. A partir de ahí ya empecé a tenerlo más controlado, que no me fiaba ni un pelo de sus compañías, porque Alfredín en el fondo es bueno, pero los niños son taaaan manipulables y taaaan inocentes y en esta sociedad hay tantas tentaciones con las que un buen chaval con buena educación y de buena familia, puede sucumbir.

Lo fuerte, el verdadero supershock vino cuando tenía catorce años. Recuerdo que los niños acababan de tomar las vacaciones y fuimos a casa de Mari Ilu en su urbanización “superexclusiva” ( como a ella le gustaba repetir mil veces…) a disfrutar de su piscina olímpica. Alfredín me pidió permiso para llevar a un amigo y yo le dije que sí. Después de estar toda la tarde de juegos y chapuzones, Mari Ilu y yo tomábamos unos martinis ( pocos, un par de botellas creo recordar..) en su porche viendo el atardecer cuando se hizo la hora de irse y me di cuenta de que hacía rato que no veía ni a Alfredín ni a su amigo. Fui a buscarlos por toda la casa y no los encontré.

Decidí entonces acercarme al vestuario de la piscina y como me iba a imaginar yo lo que descubrí, madredelamorhermoso. Estaban haciendo cochinadas, pero cochinadas de las gordas, de las que te llevan directamente al infierno sin posibilidad de perdón…¡¡Estaba chupándole ESO a su amigo!! ¡¡ Y encima olía a porros!! Casi me muero. Maricón y drogadicto, que se dice pronto…Yo es que era incapaz de imaginarme una pesadilla peor. La única suerte es que Rodrigo, su hermano y mi hijo pequeño, no lo vio, que yo no sé que hubiera pasado con semejante ejemplo. Si ya lo dice el padre Anselmo, ; el pecado está donde menos te lo esperas. Encima, en vez de agachar la cabeza y aguantar mi chaparrón de gritos , reproches y llantos, Alfredín me plantó cara y me acusó de ser una mala madre ( ¡¡A mí!!), de no dedicarle tiempo, de que yo no respetaba su intimidad y su persona, de que no lo conocía ni un poco, de que ya estaba harto de que lo llamara Alfredín a sus catorce años, de que estaba deseando cumplir dieciocho para irse y tonterías así que no sé donde habría escuchado, pero no parecía él, no parecía el Alfredín que con tanto ahínco y esfuerzo había sacado adelante. Lo que se escapaba de su boca eran chiquilladas de venganza por haberlo descubierto en tan despreciable y antinatural práctica, pensé y sigo pensando. De buena gana le hubiera vuelto a arrear unos cachetes, pero ya con catorce años, en pleno estirón, no me pareció lo más adecuado; capaz era de devolvérmela y es posible que tuviera más fuerza que yo. Por otro lado, ni se imaginan la de malabarismos que tuve que hacer para que el asunto no trascendiera más allá de las cuatro paredes de nuestra casa, y sobre todo, de que no se enterara papachu, que el pobre se hubiera muerto de un patatus; ni que decir tiene que hubiera preferido mil veces un nieto yonki, sin brazos y rojales, que maricón, con eso lo digo todo.
Aquello fue una tragedia en nuestra familia. Alfredo propuso compresión, muchas y distendidas charlas y que lo lleváramos al psicólogo. Menuda lumbrera ha sido siempre mi marido, que todo lo solucionaría con psicólogos si estuviera en su mano. Para que nos saliera un psicólogo progre y le dijera al chaval que tenía que desarrollar su personalidad y encontrarse a sí mismo. Quita, quita.
En Septiembre lo apuntamos a un internado bilingüe llevado por unos jesuítas listísimos que nunca lo dejaban solo, recomendación de mi confesor el padre Anselmo, y de donde sólo salía en las fiestas escolares, Navidades y eso. Para prevenir contagios, Rodrigo también acabó en el internado, que hay gente que dice que eso de la homosexualidad se trasmite como un virus y cualquiera sabe . Lo que lloró el pobre con sus diez añitos cuando se enteró de donde pasaría el curso, no había manera de quitármelo de las piernas el día en que lo llevamos; se me enganchó y Alfredo tuvo que tirar de él y llevarlo a rastras. Pobreta. Si es que me hago querer. En esos momentos les dolió, pero tengo la certeza de que cuando sean mayores, los dos me agradecerán todo el sacrificio, la dedicación, las horas y el buen ejemplo que les hemos dado, sobre todo yo, porque lo que es Alfredo…

Y hablando de Alfredo, el Martes fue a mi despacho con toda la sinvergonzonería y el descaro. Me resultó raro verlo con un ojo amoratado y lleno de magulladuras y cardenales, además, llevaba una cicatriz en la frente de al menos cinco puntos. Como si no tuviera bastante con tantas mentiras, acusó a papachu de haber mandado a unos matones para que le dieran una paliza, mi padre, ya ves tú, que es incapaz de matar una mosca. Me reí en su cara y le dije que ya querría él parecerse a mi padre.
Como esa estrategia no le funcionó trató de darme pena. Me dijo que estaba en un hotel, que tuvo que comprar ropa. Luego ya vino la autohumillación; que por favor le perdonara, que había sido el mayor error de su vida, que ella no significaba nada y cosas así. Hasta lloró y se tiró al suelo clavando las rodillas y poniendo a Dios por testigo, el muy blasfemo. Ahora me vienes con Dios, le dije…Pues que sepas que ya he hablado con el padre Anselmo y me ha dicho que la nulidad por infidelidad es facilísima de conseguir. Le he contado todo y tengo su bendición para que siga adelante con la separación. Ahí ya Alfredo se rompió y lloró como Boabdil cuando huía de Córdoba…¿O era Granada? Ay no sé, con las cosas de los moros esos siempre me hago un lío…
Reconozco que estuvo muy convincente arrastrándose. La única vez que lo había visto tan compungido conmigo fue de novios, un día que cenábamos en casa de mis padres; el muy ignorante tuvo el valor de ponerme un sms preguntándome a qué hora era la cena en casa de papaTXU, y con todo su cuajo, lo escribió así, como si fuera vasco. Vamos, bastantes majaderías tenemos ya con los separatistas aberchales y su horrible dialecto de mierda que tratan de imponernos para que encima les siga el rollo quién iba a convertirse en mi marido. Una semana entera estuve sin hablarle, una semana. Luego ya me hice la blanda y le perdoné, maldita la hora en la que lo hice. Como bien decía papachu “El problema de Alfredo es que no se respeta a sí mismo”, y esa era una nueva demostración. En mi vida yo quería un hombre, no una nenaza que lloriqueaba por las esquinas; un hombre que llora no tendrá mi respeto jamás.No, no quería seguir viviendo con alguien cuya debilidad era taaaan grande que siempre, sin poderlo evitar, se convertiría en fuente de todos los problemas. La infidelidad era la muestra, pero no una excepción, era una más. Además, la repulsión física me hacía imposible tenerlo cerca. Le pedí que se fuera pero por lo que nos había unido, quise ser magnánima y misericordiosa, que es lo que me había aconsejado papachu que debía hacer en momentos de crisis para mostrar la grandeza de mi persona y cedí un poco, diciéndole que le mandaría una maleta con su ropa al hotel y que tendría noticias de mi abogado. Él siguió llorando un buen rato en la alfombra, parecía que no se le iban a acabar nunca las lágrimas de cocodrilo. Cuando ya estuvo un poco más repuesto, y entre hipos y gemidos infantiles que aún me hacían tenerle más asco, fue capaz de preguntarme…”¿De verdad no hay ni una posibilidad de que volvamos a estar juntos?” y yo, con temple y guardando la compostura, le contesté “Jamás he tenido algo tan claro en mi vida”. Se recompuso como pudo, primero incorporándose, luego arreglándose la ropa, atusándose el pelo y secándose las lagrimas. Creí que la cosa quedaría así, pero justo cuando ya cogía el picaporte de la puerta, se volvió, y con un gesto totalmente distinto, lleno de ira, rabia y unos ojos que se me clavaban como puñales, me dijo; ” Todos estos años he esperado sin rechistar un gesto de cariño, una palabra de ánimo, una demostración de amor pero jamás la he visto. He aguantado tus desplantes y continuo mal humor, he comprendido que tus hijos y yo siempre estuviéramos detrás de tu carrera política, he perdonado que me humillaras en público a la menor ocasión y ya ves, al primer tropezón, ya me condenas. Apuesto a que estabas deseándolo. Siempre supuse que eras una frígida sin sentimientos incapaz de enamorarse y amar a nadie que no fueses tú misma, pero en estos días, me he dado cuenta de que estaba equivocado; sí que estás enamorada…¡¡De tu padre!! ”
“¡Fuera o llamaré a seguridad!¡ No quiero volver a verte nunca! ¡Me das asco!”, le dije bien alto y sin que sus palabras me perturbaran ni un poco, porque… ¿Qué coño querría decir con aquella palabrería?¿ De verdad se refería a mí ? Porque no me sentía identificada para nada. Pero no se crean que la cosa acabó ahí.
Unos minutos más tarde escuché ruidos y tumulto en la calle. Al abrir la ventana de mi despacho en la sede del partido , mis compañeros también abrían sus ventanas para ver que ocurría, y entonces lo vi, con un megáfono, subido encima del capó del coche, rodeado de gente que miraba alucinada enmedio de la acera, mientras él se desgallitaba gritando una y otra vez ” ¡¡Lamprea rubia de bote, tiene el chocho morenote!”

Continuará

Nota de la redacción; como lo último que querríamos es dar pistas de las memorias de Lamprea, que todavía tienen que dar unas cuantas vueltas y giros inesperados, la redacción y su portavoz, MM, van a dejar de comentar sus comentarios por el bien de las sorpresas y de su disfrute, que seguro que lo entienden. Pero por Thor, no dejen de aventurar que creen que ocurrirá después de cada capítulo, que es de lo más divertido a la par que enriquecedor.

LAMPREA FARRA: LAS CONFESIONES DE UNA DIPUTADA RUBIA

PREPUCIO

El siguiente texto que les vamos a revelar es una exclusiva del Planeta Murciano conseguida tras muchos esfuerzos, tiempo y dedicación . El testimonio de una de las políticas que más relevancia ha tenido en los últimos meses en nuestro país convierte este documento en algo único. Nos llena pues de felicidad y estamos orgullosos de podérselo mostrar como un privilegio al que muy pocos tendrán acceso.
Su relevancia y extensión nos ha hecho dividirlo en capítulos, un riesgo bien gordo en tiempos donde leer más de 140 caracteres es un esfuerzo sobrehumano para la peña. Así que somos un mar de dudas…¿Mantendrán los lectores la atención unos cuantos capítulos? ¿Seremos capaces de enganchar?¿Ponemos todos los capítulos seguidos o los vamos alternando con la programación (tristemente habitual, you know) del Planeta Murciano? De mucho no va a servir, pero ustedes voten y opinen, que nosotros ya decidiremos según nos de la ventolera.

Pero nos estamos adelantando, porque a lo mejor no les gusta, a lo mejor les parece una basura y preguntar como que sobra. Por mucho que les prometamos que nos lo hemos pasao pipa leyéndolos, que ha sido una experiencia total tener acceso a estas confesiones, si a ustedes no les gusta, va a dar un poco igual.
Por ahora, sólo les vamos a pedir una cosa de verdad; que lo intenten, que le den una o varias oportunidades, que no les va a doler y encima a lo mejor les gusta y se lo pasan guachi, porque aunque la cosa empieza suave ira a más, mucho más, hasta la estratosfera.
Así que sean muy bienvenidos a LA OCTAVA TEMPORADA (madredelamorhermoso…)del Planeta Murciano
y con todos ustedes…

CAPÍTULO 1
UNA SORPRESA INESPERADA

Mi abogado me ha recomendado, bueno, en realidad me ha convencido para que cuente mi versión de los hechos por escrito. Yo no soy nada de airear las intimidades, no me tomen por una cualquiera que se arrastra por los platós para llevárselo calentito y hacerse famosa. No, yo tengo mis principios, tengo mis formas, tengo mi educación y mis modales y esto no entraba en mis planes, pero me han dicho que la cosa pinta tan mal que me quedaban pocas opciones. De hecho, sólo me quedaba esta opción, que yo la veo más bien como una huida hacia adelante, miren lo que les digo, pero bueno, haré caso a mi abogado que es el que se supone que sabe del tema.
También me ha pedido que sea lo más sincera posible, cómo si yo alguna vez en la vida hubiera mentido. Así que sabrán de primera mano la verdad, la auténtica historia y el verdadero acontecer de los hechos. Olviden lo que han visto en la televisión, lo que han leído en la prensa y en el resto de medios que han manchado, vilipendiado y arrastrado mi buen nombre y el de mi familia. Esta es la auténtica y fiable verdad. Cuando acaben, seguro que entienden las circunstancias que rodearon las dos semanas más terribles de mi vida y me perdonaran, como espero que el juez y el jurado también me perdonen, porque no hay justicia si una mujer como yo, que se ha dejado el alma por hacer de España un país mejor, una mujer honrada y limpia, buena cristiana y buena madre, está en la cárcel a la espera de juicio.
Pero si no empiezo por el principio, no me van a entender, y el principio podemos decir que fue con una llamada que lo desencadenó todo, quién me lo iba a mí a decir aquella tarde de presentación de la precampaña en la sede nacional del partido.

-Estoy en un atasco y el chofer me dice que aún tardaremos un buen rato en salir de aquí ¿Me harías el favor de subir a mi despacho y comprobar si el portátil para la presentación de la precampaña funciona bien? Me ha dejado más de una vez tirado y no querría hacer el ridículo delante del partido en pleno, y menos de los periodistas . Esos hijosdeputa están deseando tirárseme a la yugular.
-Tú nunca harías el ridículo, Mariano…
-Ya, ya…Gracias pero quiero asegurarme.
-Pero Mariano, yo no tengo la llave…
-La tiene tu marido..
-A mi marido hace horas que no lo veo.
-Entonces seguro que ya está en el despacho. Lo vi nervioso con su discurso y le ofrecí mi despacho por si quería relajarse y repasar. Seguramente ha apagado el móvil porque lo he llamado varias veces y me sale apagado o sin cobertura.
-Bueno, no hay problema, voy ahora mismo. Yo siempre a tu servicio, Mariano, jijiji
-Ya, ya…Nos vemos ahora, y discúlpame delante de la gente por no haber llegado ya.
-Hasta ahora

Si las cosas pasan es porque Dios quiere, o sea que si la tarde de autos pasó lo que pasó es porque Dios quiso que así fuera, o al menos es la conclusión que he sacado en estos días que llevo en prisión, que tiempo para pensar he tenido de sobra. Sí, definitivamente Dios quería que acabara con la mentira cochinota de mi vida marital.
En realidad la mentira de mi matrimonio había empezado antes, la noche de bodas más concretamente, que ahí ya me di cuenta de que lo nuestro fallaba por algo que contaré más adelante. Por eso creo que en realidad Dios quería que acabara de una vez con la farsa y me hizo entrar al despacho y descubrirlos allí a los dos, a mi marido y a esa furcia en la postura del perrito, como animales asquerosos, enganchados por sus partes bajas pero con la ridícula decencia de mantenerse vestidos. Aún lo recuerdo y me vuelven las arcadas. Nunca los perdonaré y sé que Dios me comprende y a mí sí me perdona; ustedes también me van a comprender y me van a perdonar cuando les cuente todo, así que no dejen de leerme y libérense de la imagen llena de prejuicios que han hecho de mí los medios de extrema izquierda . Ni soy una malvada sin escrúpulos, ni una bruja ni nada que se le parezca. Que sepan que tengo un gran corazón, tengo sentimientos que derrocho y soy una buena mujer, que muchas veces de buena se pasa a tonta, con eso lo digo todo. Los medios han rozando el terrorismo informativo, valga aquí mi denuncia, porque esa no soy yo, esa imagen no es auténtica y tarde o temprano tendrán que pagar en los juzgados por lo que han hecho. No saben con quién se han metido.
Antes, mucho antes de toda esta vorágine, Alfredo ( mi marido) y yo empezamos a salir con tan sólo dieciocho añitos. Éramos taaaan monos. Todo el mundo nos decía que éramos la pareja perfecta y así nos sentíamos y así nos comportábamos.

Nos conocimos en un congreso de Nuevas Juventudes donde yo, siempre acompañada de papachu, me disponía a ocupar mi primer cargo. Las dos semanas anteriores de ese maravilloso fin de semana (sin duda el mejor de mi vida) las pasé trabajando durísimo, pues tuve que aprenderme un discurso de dos folios. Por supuesto que no lo había escrito yo, faltaría más, que para eso cobra su salario la secretaria de papachu. En realidad, era un folio y medio, pero para mí aquello fue como tener que estudiarse la Santa Biblia. Entera. Y yo me sé algunos versículos, pero tanto como entera, pues no. Y es que nunca se me ha dado bien estudiar. A ver, no soy tonta, está a la vista; mi problema es otro. Mi problema es que no le veo sentido a estudiar cuando mi destino (y Dios) quieren para mí otra cosa. Además, a papachu tampoco le gustó nunca verme entre libros. Me los quitaba de un tirón mientras gritaba que los libros sólo me llenarían la cabeza de paparruchas, y entonces me llevaba con él, mientras cerraba tratos o hacía negocios. “Aquí aprenderás lo que de verdad importa” , me decía. Y así ha sido. Papachu es taaaan inteligente que algunas veces no me creo la suerte de tenerlo como progenitor. Es, sin lugar a dudas, el hombre más sabio y sin embargo, más bueno que conozco en La Tierra por debajo del Papa Benedicto y del Rey. Mirarlo me llena de orgullo y satisfacción y sus pequeños deslices (esos que mamachu no le perdona), me parecen naderías al lado de todas las cosas grandes y buenas que ha hecho en la vida. Yo sí se le perdono,siempre lo hice y además estoy segura de que Dios, también. Papachu siempre fue capaz de cumplir fuera y dentro de casa y quedar como un señor, un buen padre y un buen marido delante de todos, sin que se enteraran de sus insignificantes tropiezos los demás; los trapos sucios siempre los lavó en casa ¿Puede decir lo mismo Alfredo? ¿Puede? No sé ni cómo se me ocurre compararlos…De rodillas tenía que ponerse Alfredo cada vez que papachu le habla. O le hablaba, porque gracias a Dios papachu siempre ha estado de mi lado y desde el minuto uno de saber la verdad, dejó de hablarle a Alfredo. Si cuando yo digo que es el hombre más sabio…Mi padre tenía que ser.

Pero volvamos a aquel congreso de fin de semana donde Alfredo y yo nos conocimos. Fue papachu quien me animó a qué me presentara a la candidatura de presidenta regional de las juventudes y la verdad es que me pilló de sorpresa, porque no tenía ni idea de cómo iba a aquello de la política, ni conocía a nadie, ni tenía una pizquita de noción de cuál sería mi labor, o si, por ejemplo, debía hacer campaña. “Tú déjalo en mis manos”, dijo papachu. Y eso hice y de nuevo, papachu tuvo razón…¡¡Mayoría absoluta y sin un voto en contra!! “Tienes carisma, hija mía”, me dijo papachu. Y yo le creí. Lo que me extraño es haberlo conseguido sin hacer nada, pero bueno, para eso estaba papachu ¿No?

Qué feliz que fui aquellos días cuando todo parecía maravilloso y la realidad me sonreía ¿Cómo no hacerle caso a papachu si siempre acierta? No sólo es cuestión de saber manejar el cotarro ( que papachu es el mejor manejando cotarros de cualquier tipo en cualquier sitio)..¡¡Es que encima la suerte siempre le viene de lado!! ¿Cómo se explica sino que le haya tocado tantas veces la lotería? Pues está claro; la suerte está con los elegidos y papachu además de sabio y bueno, es uno de esos elegidos, uno entre un millón. Los que lo critican y dudan de su honestidad desconocen que todo es el resultado de haber sido un hombre bueno toda su vida, que ha sembrado tantas buenas acciones que la vida se las devuelve a cientos, porque no es que mi padre compre miles de décimos para que alguno le toque…¡¡Es que se los regalan!! Es llegar las Navidades y empezar a recibir cientos y cientos de décimos de gente que en alguna ocasión recibió una buena acción de papachu, que su secretaria no da abasto para abrirlos todos. Hombres a los que les buscó trabajo, familias que recibieron su ayuda en algún momento, cargos que subieron el escalafón gracias a un empujoncito de mi padre y mil casos más, todo de manera limpia y honrada, claro. Hay tanta gente a la que ha hecho el bien, taaaaantos que deben agradecerle tanto, que es lo mínimo eso de mandarle décimos como regalo ¿No? En qué mundo estaríamos si no fuera de ese modo.

En aquel congreso también la conocí a ella. Aún seguía siendo Presidenta del Senado y llegó para la clausura. Escuchó mi discurso, dio el suyo (grandísimo e impecable) y al acabar la ceremonia, se acercó a mí, me dio la mano y me dijo: “Espero que este sea el inicio de una gran carrera política y espero seguir teniendo noticias suyas” y así ha sido. Para su cumpleaños, le mando todos los años una caja de bombones belgas que escojo uno a uno y guardo en una pequeña cajita chapada en oro que me hacen en exclusiva en Tous. Además, la tengo agregada en facebook y twitter y se ríe cuando humillo con mis twitts a esos pijiprogres antiespañolistas ; lo que intento decir es que somos amigas. De verdad y de las buenas. En aquel congreso no era taaaan conocida, respetada y temida como hoy en día, pero su carisma casi la antecedía. Recuerdo su sonrisa franca, de buenísima persona. Recuerdo su modestia y su firmeza casi dulce, su fino y delicado cutis, su capacidad para decir siempre lo que todos pensábamos, aún a riesgo de que su sinceridad le hiciera daño a ella misma, pero siempre con una sonrisa bonachona, lo que demuestra la altura moral de sus miras y su gran capacidad para convertirse en una de las mujeres más importantes en la historia de este país, porque para ella lo principal es el bienestar de los españoles. Por eso quiero parecerme a ella. A mí, desde luego, ya me parece la mujer más importante de este país por debajo de la reina, más incluso que mamachu, y por eso la nombro aquí, porque es mi ídolo a alcanzar.

Con respecto a mamachu…Sí, ya sé que puedo parecer una mala hija, pero las cosas están asi y no atravesamos nuestro mejor momento. Y eso que yo siempre la apoyé en el divorcio y siempre he despreciado a esa sudaca buscona con la que ahora papachu cree recuperar su juventud, pero de nada ha servido. Mamachu está tan perdida en la vida y hace las cosas tan mal como Fufi, su hija predilecta y a la sazón, hermana mía a la que muchas veces veo más como un castigo que como una bendición, que Dios me perdone, pero mire usted, es que no hay por donde cogerla. Pese a ello, pese a ser dos personas tan difíciles, con todo mi esfuerzo y mi sacrificio, puedo decir que las quiero a las dos. Yo sin embargo, siempre he sido la hija predilecta de papachu, creo que se nota ¿No?
Mamachu se ha llenado de rabia y amargura tras el divorcio y se ha ido quedando cada vez más sola; apenas se cuida, nunca va a la manicura y lleva las mechas hechas un desastre. Hasta el otro día me di cuenta de que tiene abiertas las puntas… ¿Cómo se puede salir así a la calle? Soy perfectamente consciente del día en que dejé de admirarla como cuando era pequeña; fue en su cumpleaños, hace un par de años, cuando después de regalarle un precioso y flamante Louis Vuitton directamente traído desde Paris, lo dejó arrumbado en el sofá , apenas lo miró y ni le hizo caso. Luego jamás se lo he visto puesto ¡Que desagradecida! A la próxima vez, sacaré fuerzas de donde sea para poder entrar a una tienda de esas de chinos, donde todo es taaaan horrible y ellos hacen como que trabajan mientras se pegan la vida padre sin pagar ni un impuesto, y le compraré alguna tontería por dos euros. Es lo que se merece y seguro que es lo que sabe apreciar.
En su día, también dejó de acudir a las reuniones que organizaba el partido de madres y esposas católicas, abandonó su puesto en la Cruz Roja y ya no participa en los rastros benéficos. Parece que sólo encuentra tiempo para revolcarse en su dolor y despotricar a todas horas sobre papachu, y eso es muy injusto, como lo digo lo pienso. Luego se extraña si nadie la llama ¿Cómo la van a llamar?¿Para escuchar lamentaciones? Así que me llama a mí para consolarse, y yo, como buena hija que soy pese a todo, hago como que la escucho mientras me pongo a tareas realmente importantes; le doy al altavoz del móvil y hago mis cosillas, como por ejemplo aprovechar para limarle las uñas o decirle a la asistenta, la colombiana, venezolana o lo qué sea ,que limpie aquí o allá, que una siempre tiene que estar en todo.. Mientras hago esas tareas, a todo le digo “Sí mamachu…Te escucho mamachu…De acuerdo mamachu…” . Ella se queda tan agusto y yo también, que bastantes problemas tengo con la manchita de humedad que ha salido en la pared del comedor qué pintamos hace un año en estuco veneciano.
Fufi opina que mamachu tiene una depresión grave que puede estar empeorando por el alcoholismo…Que absurdo y qué tontería, pero sobre todo…¿Qué sabrá ella? Que estudiara durante tres años psicología no la hace una experta. Por supuesto no acabó la carrera, como nunca acaba nada; siempre cuenta la misma excusa infantil, aquella historia del accidente que la dejó imposibilitada durante casi dieciocho meses y con una cefalea y con unas jaquecas, según ella, permanentes, pero yo tengo muy claro lo que siempre dice papachu, esa frase que sólo un trabajador nato que se ha construido a sí mismo como él puede decir con dignidad; quien quiere, puede.
Con respecto a la alcoholemia de mamachu, no creo que su ignominia haya llegado a tanto; es taaaan de no tener ni una pizca de clase darse al alcohol. Fufi dice que una vez comiendo con ella llegó a beberse casi una botella de Rioja, y que ha encontrado varias botellas de Dyc medio vacías escondidas por toda la casa…¡¡Qué tontería!! ¿Dyc? Y que mal gusto, por otro lado. Si mamachu es alcohólica por eso ¿Entonces que sería papachu, que bebe durante todo el día escocés del bueno sin que le tiemble el pulso? ¿Y entonces que sería yo, que de vez en cuando me tomo una copita por calmar mis terribles dolores de vientre? Según Fufi, que mamachu haya tenido dos tentativas de suicidio justifica su teoría de la depresión. De nuevo, mamarrachadas, ganas de llamar la atención. Si de verdad hubiera querido suicidarse, no se hubiera tomado el tarro de pastillas (la primera vez) o se hubiera cortado las venas ( la segunda). Es muy fácil tener acceso a una buena pistola y ella lo sabe. Todo lo demás, como decía, ganas de llamar la atención típica de una persona débil e infantil a la que sabe que encontrarán antes de un fatal desenlace y le harán un lavado de estómago. En lo infantil e inmaduro, Fufi ha salido a mamachu. En cambio yo, gracias a Dios, he salido a mi padre en su fortaleza y entereza; nada nos perturba, nada cambia nuestro rumbo, siempre con la cara al sol; adelante, siempre adelante.

Adelante fui cuando Alfredo, sin conocerlo de nada, se me acercó a felicitarme ese fin de semana por mi puesto conseguido con tanto esfuerzo y dedicación, o eso me dijo. Ya con sus primeras palabras, me pareció el chico ideal. Tan bien vestido, con su polo Ralf Laurent azul marengo, sin una arruga en los pantalones, con el brillo de su Rolex impoluto reflejándose en sus ojos castaños y sin un pelo fuera de lugar, domados sus rizos por la gomina. Ay, es que lo recuerdo y me pongo más tontorrona y cursi…Por eso me pasó lo que me pasó; por tontorrona. De hecho, cuando me propuso acompañarlo de compras, pues necesitaba ropa para ir a trabajar y me dijo que yo tenía aspecto de tener muy buen gusto para la ropa ( ahí me ruboricé por su acierto, lo reconozco; fue la primera vez pero no la última), no le pregunté a papachu si era conveniente o qué le parecía el tal Alfredo, y claro, me equivoqué, en un error que voy a tener que pagar toda la vida. Tras varias corbatas Hermés, varios suéteres Tommy Hilfiger en todas las posibilidades del malva y el salmón, yo casi estaba convencida en que lo nuestro podría llamarse flechazo. Sin embargo, el momento definitivo ocurrió cuando salió del vestuario para preguntarme que le parecía un traje de Hugo Boss en gris perla que le sentaba como un guante, y ahí ya supe que él sería el hombre con el compartir mi vida, el padre de mis hijos y quién sabe, a lo mejor éramos una pareja abocada a un destino más alto que el de la media, puede que destinados a dirigir nuestra ciudad, o puede que nuestra comunidad, quién sabe si España estaba preparándonos un hueco en su historia.

Sin embargo todo eso se rompió porque Dios quiso, la tarde en que lo descubrí de rodillas mientras fornicaba con ella
(¡Mi secretaria!) precisamente con ella, tenía que ser ella, que a cuatro patas y vestida aún con su requetevisto vestido de Carolina Herrera falso ( el único que tenía y que llevaba a todas las circunstancias importantes) se dejaba magrear los pechos con lujuria y frenesí. Sudaban y gemían como descosidos, ambos con los ojos cerrados y Alfredo tenía una expresión como nunca antes le había visto conmigo, de hecho, nunca le había visto un gesto así. Olían a pecado y a infierno, a libertinaje y a salvajismo, y se comportaban como fieras, como felinos sin domar, como habitantes de Sodoma. Todo esto lo vi porque tras abrir la puerta del despacho, ninguno de los dos se percató de mi presencia durante al menos un minuto y hasta pude caminar unos pasos hacia ellos. Yo era incapaz de articular ni un suspiro, ni una palabra asistiendo al lamentable espectáculo. La impresión me dio tal patada en el estómago que casi hecho por la boca hasta la primera papilla que tomé. Mi estomatólogo el Doctor Ruiz, amigo de toda la vida de papachu, bien me dice que lleve cuidado con los disgustos y los nervios, que me sientan fatal al sistema digestivo. Yo cuando me vienen los síntomas, he descubierto que bebiendo un poco de alcohol se me pasa, y oye, tan feliz, pero esa tarde no tenía alcohol a mano. La rabia era tanta que sentí que me salía humo por las orejas y sangre de los ojos, pero de hecho, no pude aguantarlo y lo único que me salió fue una primera arcada llena de tropezones y líquidos de variados colores, taaaaan ruidosa y salvaje como un chorro de manguera a presión que se disparó desde mi boca hecha una enormidad de vómito. Una vomitona que llegó hasta donde estaban ellos, poniéndolos perdidos de baba, bilis, restos de comida, todos los cocteles que esa tarde había tomado y no sé qué más. Como para no descubrirme. La cara que se les quedó no sabría cómo definirla, pero lo increíble, lo inaudito es que en menos de un santiamén, subiéndose las bragas e intentando recomponerse su vestido de mercadillo, ahora lleno de pequeños adornos regurgitados y temblorosos, la que vino a darme explicaciones en medio de unas arcadas que también se le escapaban, fue ella, mientras Alfredo se quedaba paralizado, con la nariz goteando en vómito y enseñando su miembro sin gomita (¡Sin gomita, Dios mío, sin gomita!) que languidecía entre sus piernas.
“No es lo que parece” me dijo sin que se la tragara su propia desvergüenza al decir una frase tan manida y peliculera ” Yo no quería, me pidió que lo acompañara a comprar ropa porque me dijo que tenía muy buen gusto, y una cosa llevo a la otra y…”
La hubiera abofeteado allí mismo, la hubiera escupido, la hubiera apaleado y luego pisoteado con mis Louboutin recién estrenados esa tarde para continuar matándolo a él sin una pizquita de remordimiento. Increíblemente, supe guardar las formas como tanto me había insistido papachu (“Mantén las formas, hijamía, siempre las formas. Si lo haces así, engañarás a tus enemigos y tus amigos nunca tendrán nada que poderte reprochar.”). Aún así, no pude evitar decirle lo más fuerte que hasta ese día había salido de mi boca. Las palabras se me acumularon en la lengua y como un torrente le dije la frase más insultante que en ese momento se me ocurría, porque hasta ese día, nunca había tenido que decir una palabrota, ni utilizar expresiones sucias, ni un mínimo taco se me había escapado en la vida, bien lo sabe Dios, pero es que nunca había tenido que insultar a la guarra asquerosa que se estaba tirando a mi marido.
Así que se lo dije con todas las letras:
“¡Vete a la porra!”

Continuará