LA LLAMA

FUEGOS ARTIFICIALES 2

Esa noche apenas pude dormir imaginando mil y una escenas playeras ke sabía, en el fondo, sería imposible cumplir; a la realidad siempre le ha gustado subirme alto para luego dejarme caer y uno, con los años, va aprendiendo y prevenido.
La mañana pasó en un compás de espera. El viaje de ida, en un plin. Había llamado antes y cuando no me cogió el teléfono supuse ke mis neuronas me daban la razón.
Pero no.
Cuello de toro estaba empeñado en mandar cualkiera de mis predicciones a la basura.
? Estaba comiendo y no escuché el teléfono? fue lo ke me dijo al devolverme la llamada, y a mi esas palabras me parecieron las más bonitas posibles, con poder de curación. Así ke el viaje fue vuelo, y conducir, un placer.
Pero aunke grande, no se puede comparar al gustazo de acercarme con el coche y verlo esperarme, acercarse, saludarme, montarse en mi coche. Era real. Me había elegido a mí. No había malos rollos, ni historias raras retorcidas, no había trampas ni artificios. Hasta ahora había cumplido y había sido legal y honesto. Acostumbrado a la gentuza ke se mueve por esos ambientes del señor, agazapando sus malas formas bajo una ventana del chat o escondiendo sus miserias en un coche de una zona de cruising, se puede decir ke con eso me bastaba.

Muchas veces no es necesario esperar semanas para darse cuenta de si dos personas están en la misma sintonía. Basta un viaje en coche; si la conversación no se agota, si las palabras se solapan, si los temas en común son muchos, si la visión de las cosas es la misma, si los minutos se esfuman con sólo articular una frase, entonces es ke las ondas de transmisión son las mismas. Y así nos ocurrió a nosotros mientras llegábamos a la playa de C. , ke me pareció ke nos venía ke ni pintada.
A él lo del senderismo con bajada y subida de montes variados como ke no, pero a cambio resultaba más ke chistoso ver a alguien tan rotundo físicamente poner tantas precauciones a cada paso ke daba. Chistosamente tierno. Con más confianza, mi antiguo yo le hubiese dado la mano para ayudarlo, lo hubiese abrazado para ke no tuviera miedo de caer, le hubiese dado besos de ánimo en el cráneo rasurado, pero aún no era el momento. Todavía no.

” Oye….no me vayas a dejar akí sólo, te lo pido por favor; esto está muy lejos y me jodería un huevo”, decía medio en broma medio en serio, supongo ke acostumbrado como yo a la hijoputez de alguna peña.”Pórtate bien, sé obediente y no tendrás nada de ke asustarte. Si kieres….Te doy la mano…” fue lo ke le contesté, guiñándole el ojo para envolver en broma algo ke sentía casi como un dogma.
La cabeza sin gorra le brillaba bajo un sol inclemente, mientras gotitas de sudor le brillaban en el rostro ke trataba de mantener en un gesto de compostura, pero no; se le veía a la legua ke el senderismo no era su pasión.

Las hubiera limpiado con la delicadeza de alguien ke no soy yo, pero tenía tanto miedo a un no, a un apartarme la mano, a un gesto de distancia ke no lo hice. Si algo se pierde con la edad es la naturalidad y lo espontáneo. Echo de menos ser así, pero esta visto ke a los hombres con los ke me he cruzado les pudo y venció mi intensidad en el momento, así ke ahora ya no.

Sin embargo…
Sin embargo me moría por darle la mano.
En ese sendero hubo cienes de gestos ke me tragué y ke supongo me sitúan en una esfera más asumible para los demás y para él, principalmente, ke era kien me interesaba.

Llegar a la cala trufada con apenas cuatro personas y lanzarnos al agua fue un acto continuo, después de fumarnos ese cigarro ke según las autoridades médicas nadie debería fumar ( al menos después de una sesión de ejercicio físico ). Como un privilegio único, de reojo, observaba como dejaba desnuda toda su rotundidad corpórea compuesta de grandes piernas, espalda inabarcable, pezones en relieve carnal y una rotunda y categórica polla ke terminó de acelerar mi makinaria de la excitación.

El mar estaba pintado de azul intenso, con ese azul maravilloso ke sólo el Mediterráneo sabe vestir y para el ke nunca encuentro las palabras precisas ke lo definan en todo su esplendor. La arena naranja abrasaba y mantuve la distancia prudencial sentado en la toalla mientras los humos de nuestros cigarros se cortejaban, porke aunke me moría por acercarme, prefería tener las riendas del control, ke no me viera como un pesado o un baboso. Antes de correr hacia las olas, agarró mi toalla y la estiró hacia él y…Y….Y…
Y me besó.
Él me beso.
Su cara se puso traviesa para hacerlo, parecía controlar mejor la situación. Ahora era yo el torpe chistoso.

El verano ya no fue el mismo, y de algún modo, todo este maldito último año, cobraba un sentido, una explicación y un fin.
Todo por un beso.
Su boca era el gozo, un volver a nacer. Su saliva, el summun de los manjares. Su lengua me hablaba sin articular palabras, sus labios me señalaban el lugar donde me kerría morir.

Creo ke nunca había deseado un beso tanto. Fue un beso a la altura de mis sueños, largo y cuidadoso, a modo de exploración pionera y placentera . Fue un beso en el ke me hubiese pasado toda la vida, porke el tiempo seguía detenido y los astros en órbita kieta, apuesto a ke embelesados de como nuestras bocas encajaban perfectamente en una ecuación de máxima dificultad.
Yo ya no necesitaba nada más; hubiera podido alimentarme, respirar, tener las mínimas funciones vitales cumplidas, porke fue un beso ke era múltiples y distintos besos anudados unos con otros ke parecían no kerer tener fin.

Ke más daba el curso de las cosas, Madrid o su novio.
Ke más daba mi corazón.
Los besos se inventaron sólo para kien sabe dejarse llevar, está claro, y lo sabe todo el mundo.

Pude así, por fin , agarrarle el cuello, hacerlo mío durante esos primeros minutos de comunicación táctil y sensorial, y créanme: no hay satisfacción ke alcance al hecho de conseguir lo deseado con tanta ansia como yo lo había hecho; los budistas no tienen razón.

Por fin podía vengarme de un destino tacaño y descorazonador ke nunca se plegaba a mis deseos, así ke me recree en su cuello dejando ke las yemas de los dedos me guiaran, lo abarcaran, hicieran un mapa de pliegues y ondulaciones. Tanto, ke casi hoy podría dibujarlo en el aire sin apenas posibilidad de error.

Había algo más, algo totalmente desconcertante y maravilloso; no cerraba los párpados al besar. Sus ojos color miel se convirtieron a partir de ahí en una mákina hipnotizadora ke me hacían perder las instrucciones de uso de la situación. Bañarme en ellos mientras nuestros labios y lenguas se retorcían en suave y húmeda coreografía, intentar leer su lenguaje inescrutable acuoso e iriscente, tratar de ganarme sus pupilas con las mías , ke me vieran como yo los veía a ellos, le dieron una meta y un sentido a lo de vivir. Se hicieron tan íntimos, tan cercanos, como una ventana ke él me abría de si mismo y me enseñaba todo su interior, sin miedo a lo ke yo pudiera atisbar de oscuro, feo o vergonzoso.
Debería llamarlo intimidad.

Nunca, nunca en la vida voy a olvidar esos ojos mientras besaba; ojos ke eran el espejo de los míos, reflejo de mi placer y de mi gratitud, enigma y voz ke gritaban “ Si te pierdes, me pierdo contigo, si nos damos los ojos como kien se da la mano, no tendremos nada ke temer?

Corrimos al agua azorados y sudorosos, de nuevo yo marcando una distancia prudencial, de nuevo él buceándome, trayéndome hacia si. Hacía tanto tiempo ke nadie me buscaba, ke no era yo el ke tomaba la iniciativa, ke me parecía estar volando aún dentro del agua.
Las olas, traicioneras y celosas, intentaban separar nuestros labios sin éxito, mientras la luz de primera hora de la tarde y el agua salada hicieron resplandecer aún más sus ojos envueltos y atados a un beso marino con sabor a profundidad.
Y entonces él me tomó en brazos y me envolvió con su cuerpo.
Cerré los ojos apurando el placer hasta el último segundo, dejando ke mi piel cultivase la memoria de saberse tan bien tratada y kerida.

Escondidos tras una duna, más tarde, desnudos, perdimos la vergüenza ¿ Ké más daba ke nos miraran? No suelo ser yo muy exhibicionista ke digamos, pero no iba a permitirme perder semejante oportunidad de hacer de Burt Lancaster ( o de Deborah Kerr) en “ De akí a la eternidad?, aunke alguna malvada piense ke sería más digno de Olivia Newton-John… Y es ke muy pocas veces se tiene la ocasión de convertir la vida en una película, una película en la ke tú eres el protagonista y los siguientes minutos siempre son mejor, mucho mejor, donde la banda sonora , las actuaciones y el guión son casi casi perfectos. ? Cuidado con lo ke dices ahora porke te creeré? le comenté en susurro, otra vez peliculero, esta vez era Meryl Streep en Memorias de Africa.

Sólo faltaba ke sonara una banda sonora.

Acabamos bajo los pinos lo ke horas antes habíamos empezado en la playa, despedazándonos, haciéndonos el bien de la manera más directa y precisa posible; hubiera necesitado horas para hacerle todo lo ke kería hacerle. Un tío se acercó y mientras miraba masturbándose, hacía gestos para ser invitado.
Una vena posesiva ke desconocía de mí mismo habló : “ En otra ocasión puede, pero hoy no te comparto ni de cojones?. Una sonrisa se le escapó cuando me vió mandar al otro a la mierda, desde lejos.

Puede parecer ke esa tarde sólo dimos para follar y sería cierto hasta cierto punto, porke no era un simple polvo, era otra cosa mucho más extraña, especial y subyugante. En cualkier caso, con akel primer beso me hubiese bastado.
¿ Ké no se lo creen?
Yo tampoco, pero eso no kita pa ke sea absolutamente verdad.

Se había hecho una herida en una pierna mientras subíamos allí, y mi antiguo yo hubiese besado esa sangre como néctar ke da la vida, pero mi nuevo yo supo contenerse y bromear con lo costoso de echar un polvo en condiciones. En ocasiones intentábamos detenernos con la excusa de un cigarro o de iniciar una conversación, no obstante, la atracción , el magnetismo de pieles , la ley de los imanes se cebó con nosotros y no supimos negarnos.

Se escapaba el sol por entre las montañas dando fin a un sueño hecho película, porke en el coche de vuelta lo noté tenso mientras me hablaba de su novio, con una naturalidad ke hasta me hubiera parecido cruel sino fuera porke lo hacía de manera inocente. Pensé ke era una señal para mejor dejarlo así, pensé ke para ké kedar de nuevo, porke él regresaba el Domingo y aún podríamos tener un día más, pero kizás fuera hacerse una herida innecesaria, ahondar en un dolor ke, hasta ese momento, había sido signo de gozo.

El silencio del coche se llenó de preguntas venenosas ¿ Como sería su novio? ¿ Kien fue kien consiguió atraparlo, pegarlo a su lado para siempre, hacer con él una vida en común? ¿ Sería guapo o feo? ¿ Merecería la pena o sería un cabrón ? ¿ Habría posibilidad de fracturar esa pareja y tenerlo cerca sólo para mí?¿ Por ké siempre me tengo ke conformar con saborear el cielo de manera momentánea?¿ Por ké siempre estoy condenado a manejarme con lo imposible? ¿ Por ké ahora sabía ke había un hombre en el mundo a las alturas de mis grandes expectativas pero ke no sería para mí? Sentí unas terribles ganas de conocerlo, de saber kien, cómo y por ké. Un sentido de la posesión desconocido me inundaba .
Empecé a llenarme de rabia, y más cuando él se hizo el remolón al dejarlo cerca de su casa…Mañana….Podría ser….Es ke kería kedar con un amigo…Si eso te llamo…

Los sueños siempre tienen fecha de caducidad.

Le dije ke si alguna vez se kedaba soltero, no dudara en llamarme; él se rió, aunke yo lo decía completamente en serio.
Sin embargo al regresar a casa , ya muy tarde, escocido por la arena y la sal, con el calor de sus manos aún en mi cuerpo, el sabor de su saliva y de su semen aún removiéndose en mi boca y cansado, de nuevo, otro mensaje.
“¿ Kedamos mañana para ir la playa de nuevo??
Joooooooder.

( Continuará)

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